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Punto de partida

La “explosiva” energía de Juan Pablo Swett en su emprendimiento eléctrico

La “explosiva” energía de Juan Pablo Swett en su emprendimiento eléctrico

“Acá hay un gringo que tiene una idea loca, por qué no lo escuchamos”. Con esa frase partió iEntropia, un desconocido proyecto energético eléctrico –en base a un compuesto químico que se detona con agua oxigenada y acetona– encabezado por Juan Pablo Swett desde 2013. Esta es la primera vez que habla públicamente de la iniciativa.

Por: María José López | Publicado: Domingo 31 de enero de 2021 a las 04:00
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Fue bautizado como "el terrorista del zapato". Richard Reid tenía 29 años cuando el 22 de diciembre de 2001 se subió a un avión de American Airlines que viajaba de París a Miami. Originario de Gran Bretaña, creyó que los explosivos que llevaba en la suela de sus zapatos, con los que pretendía hacer volar un avión con 197 personas a bordo, pasarían desapercibidos. Pero no.

Tres meses antes dos naves habían desplomado las Torres Gemelas en Nueva York, por lo que las alertas estaban encendidas. La CIA y el Mossad -agencia de inteligencia de Israel- determinaron que se trataba de peróxido de acetona, un químico conocido como TATP, (hoy recurrente en las series de espionaje tipo House of Cards y Homeland). Por Reid, simpatizante de Al Qaeda, desde entonces hay que sacarse los zapatos en el aeropuerto.

El gringo Christopher Stone (68) puso atención a la potencia de este componente. Y acostumbrado a hacer negocios -estuvo en desarrollos vitivinícolas en los 60 en California- exportó la idea a Chile. No como explosivo. Si no que para generar energía a través de un sistema híper revolucionario.

En un supermercado de Osorno, al ingeniero Carlos Fabres (1931-2020), se le acercó Stone. Corrían los últimos meses del 2013: el norteamericano le contó que había comprado un sitio en Río Bueno y que se había instalado a vivir aquí. Y se hicieron amigos.

En una de sus conversaciones iniciales, le habló a Fabres sobre un asunto que venía estudiando los últimos años: el TATP. "Tengo ganas de meterlo en un generador. Pienso que con la fuerza de su detonación, podría producir energía a través de un motor generador de pistones opuestos", le planteó una noche.

El chileno, sin ser experto, tomó nota de lo que Stone le explicaba: que mediante un proceso de síntesis química de acetona y agua oxigenada se obtendría el "combustible" llamado TATP. "Su fuerza expansiva es equivalente al 80% de la del TNT (explosivo que se utiliza para proyectiles, entre otras cosas) y no genera calor", le explicó su nuevo amigo.

Es decir, había una fuente de energía renovable, no contaminante, y que era capaz de mover el pistón de un motor. El chileno se contactó con Juan Pablo Swett, quien entonces era presidente de la Asech.

"Hay un gringo que tiene una idea loca, por qué no lo escuchas. Yo no sé cómo se levanta plata ni cómo se emprende", le manifestó Fabres. Stone, por su parte, había desarrollado proyectos de ahorro de combustibles para la industria de transporte ferroviario y naviero.

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Enero de 2021. Han pasado aproximadamente ocho años de aquella conversación, y, según cuenta Swett a través de la pantalla, "la idea ya no es nada de loca". En ese momento se la comentó a su socio de toda la vida, Felipe Hurtado, con quien fundó Trabajando.com en 1999.

Juntos pusieron los primeros US$200 mil y durante 8 meses investigaron. "Nos juntamos con químicos de la UC para validar todo esto, porque yo con suerte sabía prender y apagar un enchufe", confiesa. Uno de ellos recomendó el perfil del ejecutivo o ejecutiva que debiesa liderar la iniciativa. Medio en broma la dupla Swett-Hurtado buscó en "Trabajando". Y tuvieron suerte.

"Había una sola persona con esas características. La llamamos, y prendió", relata Swett. Así, Fernanda Pérez se unió al equipo. La profesional les dijo que desde que era alumna del Liceo 1 Javiera Carrera, soñaba con algo así. Se doctoró de Química la Universidad de Chile en 2014 y comenzó a investigar.

El ex Asech armó una presentación –con la historia de Ried como punto de partida– y se acercó a inversionistas. En esto tiene vasta experiencia: en total, desde 1999, ha levantado US$ 16 millones. "De todas maneras –confesará más adelante– este ha sido lejos el levantamiento más atípico".

Tras la primera ronda juntó US$ 1 millón 600 mil. Los aportantes fueron él, Hurtado, Pedro Pablo Díaz (hijo) y Jorge Prieto, creador del "Kanka", quien además asesora en el diseño industrial. Obtuvieron el permiso para operar de la DGA -porque trabajan con un compuesto químico explosivo- y construyeron un laboratorio en Renca con una sala de detonación "tipo Breaking Bad", ejemplifica Swett.

Fabricaron el combustible y lo condensaron en un pellet similar a una aspirina. Así se introduciría en el generador. La primera detonación fue en julio de 2014. "El bombazo fue heavy. La cámara debía tener sensores y simuladores de primer nivel", recuerdan. Primera noticia positiva: efectivamente no generaba calor. "Por lo que no es contaminante", explica.

Tras esa fase, viajaron a Estados Unidos, a Utah, donde está Rocky Mountain, empresa experta en seguridad –colabora con la Armada de EEUU– y autos eléctricos. Ahí testearon la capacidad de generación de su proyecto.

Tras 8 meses de simulación en mega computadores en 2D y 3D, el análisis arrojó que un generador de 1 metro de ancho por 3 metros de largo, era capaz de producir entre 3 y 5 MW/hora. "¿Y qué pasa si juntamos muchas de estas turbinas?", se preguntaron entonces.

La respuesta fue lo que sedujo a los inversionistas: si se ubican 500 de estos generadores juntos (ocuparían un espacio similar a la mitad de una cancha de fútbol) producirían 2 mil MW, la misma capacidad que prometía HidroAysén. "En un espacio significativamente menor", recalca Swett. 

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La comparación con HidroAysén, profundizan, no es porque sí: "La tendencia que se viene es la energía distribuida o descentralizada. Ya no van a necesitarse las grandes centrales. El problema de ese proyecto (HA) es que requería un tendido enorme. Y todos los players del mundo empezaron a pensar cómo instalarse de forma descentralizada, sin depender de grandes torres".

Por eso el otro dato que arrojó Rocky Mountains fue tan relevante: que esta tecnología se podía instalar en cualquier parte del mundo a un costo de inversión por mega, entre US$50.000 a US$100.000. "No es lo más bajo, pero es bajísimo", asegura el emprendedor. Como referencia: el sistema eólico o solar, promedia US$700 mil.

Lo más caro de todo, dice, es la compra de la acetona. "Es el 80% de toda la inversión", afirma Juan Pablo Swett. Pensaron, ¿habrá una manera de producirla internamente? Acá es donde vuelve a la escena Christopher Stone. Él contó que en el mundo la acetona era un derivado de la biomasa (desechos naturales), antes de convertirse en químico. Y que las aguas servidas eran una gran fuente de ello.

"Por casualidad, por esos meses nos reunimos con un profesor de la UNAB, que tenía un proyecto que convertía las aguas servidas en acetona. Era un match perfecto, porque él no tenía a quién vender su investigación", adelanta Swett.

Esto podría bajar el costo de generación a unos 8 dólares el MW hora". Y añade: "El proyecto permitiría a las ciudades reciclar sus aguas servidas y que estas las ocupen generación de energía".

Después de todo eso, en 2016 patentaron la idea a nivel internacional, de acuerdo a las bases que establece la WIPO (World Intellectual Property Organization). Le pusieron iEntropia. Según ellos, "no hay nada similar en el mundo". Y "nadie puede hacer energía con este compuesto químico".

En todo caso, reconocen que no fue fácil el proceso. "El uso que le dan los terroristas puso los ojos encima. Los abogados norteamericanos nos insinuaron que la investigación podía ser incautada por el Departamento de Seguridad Nacional de EE.UU", cuentan

Pero ellos estaban seguros de lo que hacían. De hecho jamás hablaron en clave cuando se enviaron mails entre el equipo: se referían al TATP cada vez que hubo que hacerlo, pese a que esa palabra despertara inquietud en la CIA.

La "prueba fatal" -como ellos le llaman-, ocurrió en junio de 2013, cuando Swett fue parte de la comitiva que acompañó a Sebastián Piñera durante su primer gobierno a la Casa Blanca, a reunirse con Barack Obama. "Pasamos las mejores barreras", bromea el ahora presidente de la Multigremial Nacional.

El siguiente paso: armar un prototipo. Para ello debían levantar más recursos. En 2017 se acercaron a Khosla Ventures, fondo de capital de riesgo de EE.UU. y uno de los más grandes que invierte en energía. "¿Dónde falla su proyecto?", les preguntaron en Khosla a los socios de iEntropia. "Si no lo saben, no les puedo dar plata porque significa que está todo ok", insistieron.

Mientras conversaban, comprobaron que su problema era el pellet. "Nuestro desafío era meter 4 pellets por segundo dentro del generador y hacerlo detonar. Eso equivalía a 2400 pellets por minuto", explica Swett. Khosla les propuso: "Solucionen eso y después hablamos".

Volvieron a investigar. Así llegaron a la idea de un líquido combustible (y no pellet) para inyectarlo en este generador. Tal como todo motor lo hace. Entonces buscaron un socio: la firma Lucas Diesel. Sus dueños –Alfonso Dittborn y familia– los asesoraron en la metodología y se sumaron al equipo.

A principios de 2020, la científica logró, a través de la química de flujo, crear el combustible líquido. Ahora sólo falta desarrollar la tecnología para inyectarlo y así generar electricidad. "Prender la ampolleta", simplifican.

También se acercaron a Siemmens, firma que tiene una incubadora mundial -NEXT47- y viajaron a sus oficinas en México. Estuvieron con ellos trabajando dos días y la conclusión fue: "Esto funciona y los números están correctos". Pero coincidieron con Khosla que había que eliminar el pellet. Llegó la pandemia y las rondas de inversión se frenaron.

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Juan Pablo Swett cuenta que este 2021 es el año clave. Que tiene que volver a levantar recursos –US$1 millón– para una fase que determinará el éxito del proyecto: generar la prueba de concepto, es decir, inyectar el líquido en el generador y que este funcione.

Ya se sumaron los abogados de Barros y Errázuriz; Pablo Guerrero, Luis Alberto Letelier y Carlos Ducci; Jaime García (ex gerente general de Embotelladora Andina); y la ex presidenta de la Asech, Alejandra Mustakis. También hay animadores de televisión que vieron en iEntropia una buena idea: entre ellos; Cristián Sánchez, su mujer Diana Bolocco; y la actriz Josefina Montané.

Pretenden conversar luego con el biministro de Energía y Minería, Juan Carlos Jobet para darles a conocer su trabajo. En otros lados no les ha ido bien. "Presentamos la iniciativa a Corfo y Codelco y ahí derechamente no les interesó nada", confiesan. Tampoco tuvieron apoyo de grandes empresarios.

"Esto es innovación pura. Y en Chile no hay espíritu ni convicción para apoyar algo así", reflexiona. A sus inversionistas les advierten: "Esto es como ir al casino. No hay términos medios. Pero si te va bien, multiplicas por 50 o 100 tu apuesta. Y, de paso, habrías participado en un proyecto que cambió la energía del mundo".

Por el nivel de riesgo, la ficha máxima permitida son US$100 mil (unos 72 millones de pesos). Los cálculos establecen que si se vende licencia a 20 países, en impuestos el país recaudaría US$150 mil millones.

"Es un análisis estimativo si llegáramos a representar el 15% de la matriz energética de 20 países de la OCDE. Hoy el presupuesto del Estado son US$75 mil millones", ejemplifican. "Estas cosas que demuestran que Chile es un país poco innovador", lamentan.

Después de la prueba de concepto, que estiman que concluirá este año, deben juntar US$ 100 millones para crear el primer prototipo del generador. "Lo que queda es bastante solucionable: es un desafío mecánico eléctrico. La gran innovación química, que no ha sido menor, ya está lista", explican. Su esperanza está en Khosla y Siemmens, con quienes ya hay camino avanzado. Si resulta, tendrían el prototipo en 2024 ya operativo. "Y habríamos hecho historia", remata.

El emprendimiento campestre de la familia Longueira

Tomás y Alejandro Longueira están a cargo del negocio familiar que tiene cuatro aristas: paisajismo, producción de compost a partir de residuos de la cosecha de champiñones, viveros y traslado de árboles adultos.

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