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El lento despegue de ventas en la industria escolar

El lento despegue de ventas en la industria escolar

El Ministerio de Educación ya oficializó que el 1 de marzo los colegios deben recibir a los estudiantes. Pese a ese llamado, los negocios ligados a la educación -como la venta de uniformes, útiles escolares y textos escolares- no han levantado sus ventas y están muy lejos de los números de años anteriores, considerando que el verano era donde mayores ganancias tenían.

Por: Martín Ayala Vasallo | Publicado: Domingo 7 de febrero de 2021 a las 04:00
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"El panorama está malo", dice Fanny Palma, dueña de Stitch confecciones, apenas se le pregunta por la venta de uniformes escolares. Pese a que históricamente enero y febrero siempre han sido los meses de mejores ventas, el rubro no goza de un buen momento.

"Febrero era un mes fuerte, se vendían cerca de 10 mil productos, pero en estos días debemos llevar 20 prendas", menciona Palma, quien lleva más de 20 años fabricando uniformes. Partió con la confección de ropa para un colegio de San Miguel y hoy se encarga de otros 14 de la comuna. Los nulos ingresos debido a la pandemia la obligaron a reducir su personal, de 20 trabajadores, se quedó con tres. "Gracias a la venta de mascarillas y mi 10% no cerré", complementa.

Similar es lo que ocurre con Scolari, un taller de indumentaria escolar con 30 años en el mercado, enfocado en colegios del sector oriente de la capital. Comentan que sus ventas se desplomaron durante el 2020, producto de los seis meses que estuvieron cerrados, por lo que también debieron desprenderse de una veintena de trabajadores, dejando lo mínimo para funcionar: cinco personas.

"En un año normal vendemos cerca de 70 mil productos y el año pasado no llegamos ni a un 15% de eso. En lo que va de 2021 llevamos el 10% de lo que se generaba en estos dos meses", comenta José Villarreal, jefe de la tienda Scolari, ubicada en Las Condes.

Blanca Palma es apoderada del colegio Almenar de Pirque, donde sus hijas cursan kínder y primero básico respectivamente. Desde la institución se dijo que los estudiantes debían asistir con sus uniformes tradicionales y que el pantalón podía ser modificado por unos jeans, en algunas ocasiones.

"El año pasado no ocuparon los uniformes que compramos y desembolsamos como $ 100 mil en cada una. Ahora, habrá que revisar lo que les queda bueno y lo que no; serán compras específicas", manifiesta la apoderada.

Su decisión es una tendencia de la que los talleres ya se hicieron parte. Saben que los apoderados esperan reducir al máximo sus gastos y que solo reemplazarán algunas prendas. "Antes, los padres compraban cuatro poleras al inicio del año, las que tienen un valor de $ 8 mil cada una; hoy están llevando una. Los talleres más pequeños no resistieron y tuvieron que cerrar", reflexiona la dueña de Stitch confecciones.

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Los útiles otros damnificados
Desde el Ministerio de Educación el llamado fue claro: las clases presenciales deben comenzar el 1 de marzo. De todas formas, hicieron sugerencias para que los colegios revisaran si era conveniente el uso del uniforme escolar y que flexibilizaran las solicitudes de los materiales.

La compra de los útiles escolares es una pausa obligada en las vacaciones de varios estudiantes chilenos. Un lugar que suele concentrar la venta de estos materiales es Dimeiggs, local ubicado en Estación Central. Sus trabajadores comentan que el flujo de personas es bajo en comparación a años anteriores. "La venta aún está lenta. Anteriormente, a estas alturas ya veíamos una subida en ventas con miras a un peak en la última semana de febrero", menciona Macarena Soto, jefa comercial de la tienda.

Ella distingue tres razones por las cuales los apoderados no están comprando: "Los colegios redujeron las listas en comparación a otros años, hay algunos que irán solicitando materiales durante el semestre y hubo casos donde no ocuparon los materiales y los reciclarán. Por este motivo es que hemos estirado la temporada de ventas hasta abril", reflexiona Soto.

Si bien en el local se logra divisar a algunos apoderados con sus hijos, en general se ven pocas personas con la lista en mano. Un panorama opuesto al de años atrás. "Nosotros en ciertos horarios debíamos bajar la cortina porque el local se atiborraba. Hoy la situación no es así", agrega la jefa comercial.

Falabella, que también apuesta durante los meses de verano a la venta de diferentes productos escolares, optará por una estrategia similar, alargando la temporada y potenciando otras áreas que se han visto mejor demandadas en la pandemia.

"Es esperable que la demanda de artículos escolares se concentre en marzo, así como también que exista un alza en computadores, escritorios, impresoras y otros artículos necesarios para la temporada escolar en los hogares", expresa Jorge Fuenzalida, gerente de Negocios de Falabella Retail.

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Menor demanda de textos
Algunos colegios han decidido flexibilizar las compras de textos escolares solicitando libros solo para algunas asignaturas. Mientras que por el lado de las editoriales, SM, por ejemplo, decidió modificar la forma de entregar los contenidos, entregando uso de licencias digitales.

"Adaptamos los costos de la crisis económica mediante la venta directa, a través de un e-commerce que permite eliminar los costos de intermediación, o canales de venta, y transferir este menor precio a las familias", analiza Francisco Tepper, director general de SM Chile.

Desde la Corporación Nacional de Colegios Particulares (Conacep) entienden las condiciones extraordinarias y que eso está golpeando el mercado escolar. "Habrá una baja en las exigencias de los textos escolares, tal vez pidan reutilizar o incluso aceptar fotocopias de estos. Lo mismo sucederá con los útiles escolares. Repercutirá en el mercado, pero lo principal es acomodarse a las necesidades de las familias", declara Hernán Herrera, presidente de la institución.

Blanca Palma, apoderada del colegio Almenar, destaca que, si bien el colegio solo exigió la compra de libros de inglés y matemáticas (tres tomos), igual desembolsó $ 120 mil en los textos para su hija mayor, que cursa primero básico. "No tengo certeza si es que los van a ocupar todos, ya que son muy extensos, pero uno igual los termina comprando. Se ahorra muy poco". Además, agrega: "Aún no confío en los protocolos para el regreso a clases presenciales, por lo que, de momento, mantendré a mis hijas con clases online".

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