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Personaje

Wolf von Appen en modo viñatero: "Le hemos tomado mucho cariño a este negocio"

Wolf von Appen en modo viñatero: "Le hemos tomado mucho cariño a este negocio"

En 2006 Wolf von Appen salió del directorio de Ultramar y entró como accionista a TerraNoble, donde al poco andar adquirió el 100%. En esta entrevista, una de las pocas que ha dado, el empresario de origen alemán celebra los 30 años de la viña, recorre su trayectoria, habla de su reservado estilo y de su forma de hacer empresas.

Por: María José López - Fotos: Verónica Ortíz - Video: Javiera Palma | Publicado: Sábado 15 de abril de 2023 a las 21:00
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-Esta es su primera entrevista desde que entró a la viña, en 2006. Decidió hacerlo porque TerraNoble cumple 30 años...
-Primero... La historia es más larga. 

Así comienza la conversación con Wolf von Appen en El Algarrobo, el campo que tiene en el sector Las Dichas, Casablanca, uno de los cuatro fundos de la viña a la que entró en 2006 como accionista con un 30% de propiedad y de la que terminó siendo dueño del 100% al poco andar.

El empresario -miembro de la familia que controla la naviera Ultramar- está sentado en la mesa comedor elaborada con madera. De fondo, los ventanales exhiben el campo que por esos días termina la cosecha de uvas.

Conocido por su reservado estilo, rompe ese sello para explayarse sobre sus pasos en TerraNoble: con su marcado acento alemán a ratos bromea e ironiza, declina profundizar en temas políticos, pero aborda su participación en el directorio de SQM y su aporte a Amarillos por Chile.

Cerca de las dos de la tarde de un miércoles de marzo, inicia el relato: “En el año 67, nuestro padre (Albert von Appen), que tenía ahí 66 años, decidió trabajar menos y se asoció con un amigo y comprar una viña en Pomaire. Papá se murió el año 71, mi hermano (Sven, quien murió en 2019) se fue esos años a Argentina, y yo me quedé a cargo de la empresa aquí, y con eso, de la la viña también. Y nosotros, mis tres niños (Marion, Richard y Beatriz) y mi señora (Wilma Lahres), íbamos los sábados a visitarla. Así me acerqué al mundo viñatero. Pero nos fue tan mal que al administrador que estaba ahí prácticamente se la regalamos”.

Encima del mesón se ven dos botellas, un Azara Carmenere y un Algarrobo Sauvignon Blanc, dos íconos de la firma. Más tarde contará que renovaron su imagen con motivo del aniversario.


-Su trayectoria siempre estuvo en otra industria. ¿Sabía de vinos al entrar aquí?
-Todavía no sé nada de vinos (ríe). La razón de por qué nos acercamos a este mundo tiene que ver con el campo. Al llegar de Alemania estuvimos viviendo un tiempo en Limache, y de ahí viene el origen de por qué miramos el campo. En el fondo lo que uno busca es darle vida al campo.

Wolf Hans Albert von Appen Behrmann nació el 5 de julio de 1937 en Hamburgo. Sus padres, Albert e Inge, al igual que otras familias del país europeo, dejaron sus tierras y viajaron al otro lado del mundo. “A mis seis semanas de vida llegué a Chile. Y mi señora después de un año de nacer”, recapitula.

Su familia se instaló en la V Región, junto a su hermano entraron al Colegio Alemán de Valparaíso y terminaron sus estudios en Santiago.

“Viví una infancia sin recursos. El colegio en gran parte fue pagado por un alemán en Valparaíso. Un alemán que no era familiar ni cercano. Como la guerra aquí en Chile llegó tan de sorpresa, y todo empleado que trabajaba en empresa alemana o para el gobierno alemán lo despidieron, se inició una solidaridad increíble. Y había dos focos que eran muy especiales: uno era el Cerro Alegre, donde estaba el Hospital Alemán, la iglesia, el colegio. Y lo otro era Chorrillos, que está al lado del Sporting Club, donde estaban los alemanes con los ingleses mezclados. Ambos tenían el mismo problema: estalló la guerra, ‘¿qué hacemos ahora?’”.

Su primer empleo fue como colaborador de la firma Saavedra Benard, una empresa de representaciones internacionales. Cuenta que ahí estuvo dos años y medio, luego se trasladó a Punta Arenas y Arica, y después se mudó cuatro años y medio al extranjero, a Inglaterra y Alemania.

“El 15 de diciembre terminé el colegio y el 3 de enero estaba trabajando. Tuve una universidad en terreno. En Londres fui a dos empresas, una naviera y una compañía de seguros. En Hamburgo hice exactamente lo mismo”, dice.

Tras la repentina muerte de su padre, capitán de marina mercante, se hizo cargo de las tres firmas que aquí fundó su antecesor entre 1952 y 1969: Ultramar Agencia Marítima Ltda, Sociedad Naviera Ultragas (subsidiaria de Ultramar que con un solo buque transportaba gas licuado entre Porvenir y Punta Arenas) y Transmares Naviera Chilena, con la que opera un tráfico de carga general entre Brasil, Argentina y Chile.

Ya alejado de esos negocios (hoy a cargo de la tercera generación), encabeza su family office Inversiones Volcán Choshuenco, a través del que además de TerraNoble controla las firmas Noracid, Naviera Limache y la Fundacion Educacional Choshuenco.

“Tenía un trato con mi hermano: a los 68 nos teníamos que retirar de la empresa. Eso ocurrió en 2006. Yo conocía a Patricio de Solminihac, que administraba los negocios de la familia Elgueta, y me preguntó si tenía interés en entrar a la viña TerraNoble. Mi familia estuvo feliz de que yo tuviera una nueva entretención. Así partió esto, por una razón -diría yo- un poco sentimental. Uno llega a los 68 años y algo quiere hacer todavía, entonces se dio eso”, relata.

“Cuando compramos yo entendía muy poco de viñas y vino”

“En ese tiempo yo realmente entendía muy poco de viñas y de vino también. Antes de meternos, viajé con personas que habían trabajado en esto en varios campos, por lo menos visité unos 15 campos, y obviamente a través de eso me empecé a entusiasmar. ‘Aquí podemos hacer una gran cosa’, pensé”, dice.

En 2006 la firma, con Von Appen a la cabeza, inició un plan de expansión y comenzaron a buscar nuevos campos. Partieron con el fundo en San Clemente, en la Región del Maule, que hoy es la casa matriz y donde se procesa el vino, y con los años fueron sumando nuevas propiedades: el primero fue Marchihue, zona destacada para el carmenere, luego Los Lingues, ambos en Colchagua, ambos con 165 hectáreas productivas; y en paralelo adquirió Las Dichas, en Casablanca, hoy con 65 hectáreas productivas y una sala de degustación.

“Lo hicimos simplemente por el vino blanco, siempre se creía que aquí era mejor que en otra parte, y eso no es 100% verdad. Además, Casablanca estaba más cerca de Santiago, era más fácil venir. De lo nuevo que fuimos comprando, este fue el primer lugar donde hicimos plantaciones nuevas, en todos los otros campos había plantaciones”, recuerda.

Al año se invierten US$ 650 mil en proyectos de sustentabilidad, equipamiento productivo y plantaciones, entre ellas, destaca la construcción de una bodega con instalaciones y capacidad para procesar 2.500.000 kilos de uva y almacenar en total 4 millones de litros de vino. Adicionalmente se remodeló una casona de 800 mts2 y se ha invertido en instalaciones de oficinas, sala degustación y sala de venta. Todo esto en San Clemente.

En cuanto a las ventas de vino embotellado pasaron de 149 mil cajas a US$ 22 en 2006; a 180 mil a US$ 32 en 2012; y en 2023 se vendieron 120 mil cajas a US$ 42.

“El plan a 2030 es alcanzar las 200 mil cajas a US$ 45”, complementa Alejandro Abarca, gerente general de TerraNoble, quien se suma a la conversación y destaca una “casualidad” que se dio estos años.

“Cuando se comenzó el trabajo de la viña, el plan era para producir un buen merlot, y se hizo campo para merlot. Se plantó el 93 en San Clemente y el 94 se descubrió que era carmenere. Al principio fue un problema, pero después se transformó en una oportunidad. Y de ahí es la cepa con más plantaciones en nuestro campo y con importantes proyectos de innovación en la variedad”, comenta Abarca. 

-¿Qué otros hitos destaca en este tiempo?
-WVA: Ha habido una evolución en las viñas en general, y nosotros hemos sido parte de eso. Tuvimos un tiempo en que las ventas eran mucho más fáciles que hoy día, y creo que eso ayuda al negocio. Una de las cosas que a nosotros nos ayudó mucho es que los antiguos dueños tenían relaciones internacionales, ellos vendían todo al extranjero. Y hoy todavía en gran parte, nosotros la exportamos (12% de queda en Chile y en total se vende a 38 países, siendo EEUU, China, Japón, Brasil y Alemania los principales mercados).
Al mismo tiempo a nosotros nos costaba mucho vender aquí un nombre que era poco conocido y teníamos que competir con las grandes viñas que ya estaban en el mercado desde hace muchos años...

El gerente general complementa: “Uno de los hitos en estos 30 años es la calidad. La industria en general en Chile exporta gran volumen, y yo creo que TerraNoble siempre se ha diferenciado en potenciar vinos de calidad. Eso se nota en la selección de los campos, en los asesores que hemos trabajado en la historia cómo hemos llegado a elaborar este producto de calidad. Eso es un valor de excelencia que viene bien desde la familia Von Appen”.

“Es uno de nuestros principios: nosotros hacemos los negocios transparentes, nos preocupamos mucho de nuestra gente y de ser un buen competidor”, dice el empresario.

-En comparación con los otros negocios, ¿le dedica harto tiempo a la viña?
-No vengo tanto, pero en los otros negocios ya no estoy, lo hace la familia. A lo que le dedico más tiempo es al family office. Voy cuatro días a la semana, durante la mañana.
De todos los negocios, para Von Appen “sin duda” la naviera es al que le tiene un cariño especial. “Lo formamos con mi hermano. En el fondo fue un regalo que recibimos de nuestro papá porque él nos dio las pautas y condiciones”.
 

La reserva y el bajo perfil

Como parte de la celebración en marzo TerraNoble eliminó la categoría “Reserva” y “Gran Reserva” y lanzó una nueva imagen de sus vinos Azara, Civis y Algarrobo. Se trata de una evolución de su packaging hacia etiquetas contemporáneas, potenciando los lugares y elementos de terroir donde la viña tiene sus viñedos: valle del Maule, Colchagua y Casablanca.

“En la industria todo terminó siendo Reserva. La categoría se chacreó un poco, no es que haya bajado la calidad del vino, sino que usó mucho la palabra. Entonces estamos generando marcas que nos identifiquen más con la categoría del vino”, explica Von Appen.

-¿Qué ha sido lo más difícil como viñatero?
-Yo soy un vendedor y contactador innato. Y creo que lo más difícil es vender el producto, tanto en Chile como en el extranjero. Como no es muy alto el porcentaje que vendemos aquí, no es fácil, y llevamos hartos años en esta industria. Y el nombre recién está un poco más familiarizado. La gente ya busca si hay TerraNoble, pero antiguamente de las 100 o 150 viñas que venden productos buenos, éramos uno más de ellos. Y por el otro lado, nosotros siempre hemos sido de muy bajo perfil y si era posible no aparecer, mejor. No queríamos venir nosotros a hablar. Esta es la primera entrevista que doy de la Viña en toda la historia.

-¿Por qué no quiso hacerlo antes?
- Simplemente no, no lo necesitamos, no lo queremos. No.

-Para la promoción a veces es bueno ver a los dueños hablando...
-Sí, pero no lo hicimos. También me daría vergüenza. Por ejemplo, veo a Eduardo Chadwick, un tipo que sabe, yo no puedo. Si usted quiere, yo le vendo transporte y logística, ya ahí estoy metido, pero no, no tengo y nunca he tenido la capacidad realmente de meterme y aprender en detalle sobre la viña.
Es una costumbre de los alemanes ser muy restrictivos en todo lo que era personal. Así es como fuimos formados. Yo estoy seguro de que si hubiéramos nacido en Chile y asistido a colegios chilenos, seríamos mucho más abiertos. Pero ese es el sello y lo queremos defender hasta que se pueda.

-¿Se ve con otros empresarios alemanes, como Horst Paulmann?
-Sí, lo veo. Con quienes estamos en la colonia alemana, uno se encuentra aquí y allá, y su hermano estaba conmigo en el colegio. Lo encuentro fantástico, por la flauta.

-¿Cuál es su vino preferido?
-El CA1 (Carmenere Andes, el CA2 es Carmenere Costa) de TerraNoble.

-¿Y de la competencia?
-Tomo poco, pero me gusta Montes.

-Un momento complejo para la industria fue la pandemia: se cerraron hoteles, restaurantes... ¿Cómo lo vivió?
-Mire, llevo hartos años en el negocio, y he aprendido que hay negocios buenos hoy día y hay un negocio malo mañana. Y uno tiene que armarse de tal manera que no sufra ninguno. 

-¿Qué viene ahora? ¿Están mirando otras zonas para seguir creciendo? 
-No, solo estamos renovando y mejorando lo máximo que podamos. También el medio ambiente para nosotros es muy delicado y por eso invertimos en proyectos de sustentabilidad, no lo hacemos por monería, sino por convicción. Y lo que hay que ver ahora es cómo se va a desarrollar el mercado en el futuro. Es un desafío, a pesar de que hay un gran crecimiento en las poblaciones que nunca han tomado vino.
Por otro lado, hay mucho de la juventud que no quiere tomar vino. Entonces eso hay que complementarlo. Pero nosotros no tenemos planes para comprar otro campo, queremos seguir con esta viña y si mañana nos agrandamos, nos agrandamos. Lo único que está claro es que no nos vamos a achicar.

-Algunas viñas han innovado en zonas más exóticas para la industria, como Isla de Pascua, Chiloé...
- No es pega nuestra. Lo que queremos también es empujar mucho la creación de marca y productos de calidad. Dentro del entorno de la industria vienen tiempos más competitivos, más volátiles y creemos que las variables de calidad y marca son las que garantizan los próximos 30 años. Eso es muy importante.

También, complementa Alejandro Abarca, están sondeando la elaboración de un nuevo espumante. Junto con la Universidad de Talca están participando en un proyecto regional para producir un espumante con una denominación del Maule específico.

De todas maneras, dice el ejecutivo, “más que otras cepas, estamos explorando el potencial del carmenere y estamos bien focalizados en potenciar la nueva imagen como foco comunicacional. El foco es fortalecer la marca y -claro- el producto y calidad”. En eso trabajan codo a codo con el enólogo Marcelo García, quien venía de San Pedro y se sumó al equipo.

-WVA: Hay una cosa que hay que mencionar. Creo que la calidad de TerraNoble ha mejorado sustancialmente en este período de los 30 años. Ahora, hay que tomar en cuenta que las técnicas han mejorado y hay equipos que uno no tenía antes para a producir vino. Hoy, por ejemplo, en la bodega que tenemos en San Clemente, no es 100% automática, pero realmente la hemos modernizado. Todo lo que se necesita para elaboración tiene que ser top.
-¿Ve esto como un buen negocio? Hay quienes dicen que las viñas en general no lo son.
- Yo no diría que no es un negocio.
-¿Le va bien a TerraNoble? ¿Es un negocio con cifras azules?
- Creo que le ha ido muy bien, en los últimos años ya no hemos tenido que invertir en nuevas cosas, se genera solo. Es un negocio azul. Si estuviera goteando, Alejandro no estaría aquí.

-¿Ha pensado vender?
-No, ¿para qué? Mientras yo esté vivo y yo creo en mi familia también, no vendemos. Le hemos tomado mucho cariño a la viña.

-¿Cuál de sus tres hijos es el que más participa?
-Los tres son buenos para tomar (bromea). Estuvimos en la viña ya dos veces toda la familia el año pasado con todos los nietos (son 16, de 28 a 13 años). Por lo menos saben que es nuestro, que se involucren. Y eso para mí es lo que más vale. Mi señora viene y le gusta. Ella también me acompaña. Nosotros somos una pareja ideal, por decirlo así. Llevamos 60 años casados, hemos sido muy afortunados, hacemos la mayor parte de las cosas juntos.

-¿En qué negocios ella ha participado más activamente?
-En el holding. Hoy día ya no es tan activa. Pero estuvo diez años muy activa, participando y escuchando qué es lo que estaba pasando en las distintas empresas.
 

“Vamos a pasar tres años malos como imagen (de Chile)”

Wolf y Sven von Appen trabajaron con asesores con quienes diseñaron un plan de sucesión para el futuro, y establecieron ciertos requisitos: las generaciones venideras debían tener estudios universitarios en Chile y en el exterior, y el año de retiro de la cabeza de los negocios y directorios sería a los 65 años. “Y después lo subimos a 68”, añade. “Yo todavía le digo a mi hijo que en lo posible no se pase de los 65. Él va a cumplir 58”.

-¿Por qué cree que es mejor salir de la primera línea antes?
- Por muy entusiasmado que uno esté, hay estilos distintos hoy en día en las empresas. Nosotros íbamos a la calle a vender, hoy son otros los requerimientos y el mundo está cambiando. Es bueno ir cambiando a la gente, especialmente en esos negocios que son muy dinámicos. No tengo ningún arrepentimiento de haber salido a los 68. Obviamente que me costó mucho y a mi hermano le costó mucho más todavía.

“Nosotros creemos en este país, pero sabemos que vamos a pasar tres años malos como imagen. económicamente a lo mejor no será tan malo como uno siempre percibe o escucha”.

-¿Cómo ve la situación económica actual del país? ¿Es de los críticos del manejo económico y político del país?
- Figúrese lo que somos. Lo que hemos llegado a ser hoy día en la familia, se lo agradecemos a Chile. No hay nada de nosotros que se pueda decir ‘que van a ir, que se van a llevar la plata para afuera’, no. Obviamente llevamos plata para afuera, pero en dólares, y por las expectativas que hay aquí, no políticas, sino que generales.
Nosotros creemos en este país, pero sabemos que vamos a pasar tres años malos como imagen. Yo creo que económicamente a lo mejor, depende en qué negocio uno está, no será tan malo como uno siempre percibe o escucha, pero vamos a pasar años malos porque el gobierno no sabe qué hacer. Eso es un hecho.

-¿Ha tendido algún tipo de puente con el gobierno o con algún representante de esta administración?
- Es que yo no estoy en las empresas. No tengo nada. Ahora es mi hijo.

-¿Cómo ve el papel que ha jugado Richard como presidente de la Sofofa?
- Como papá tengo que estar orgulloso. Por supuesto, no lo ha hecho tan bien como lo habría hecho yo (ríe). Es una perspectiva, una formación muy distinta. Y creo que él tiene una gran ventaja, que sabe hablar relativamente bien frente a la prensa o frente a la gente. Esa bondad no la tuvo ni mi hermano ni yo. Él es un comunicador realmente. Nosotros no lo hacíamos. Nos negábamos a todo.
¿Es que sabe una cosa al respecto? Antes le mencionaba algo. Yo empecé a aparecer a los 50 ó 55, estaba en Icare, en el CEP, era más visible. Entonces iba a una charla en alguna parte y al salir venía una persona a hacerme preguntas; y yo le decía ‘oye pero si yo solo vine a escuchar’. ‘Ah es que usted no da entrevistas’. Es fregado ese tema y hoy día creo que debe ser mucho peor.

-Usted fue uno de los aportantes de Amarillos por Chile. ¿Por qué lo hizo?
- Creo que es una buena alternativa en Chile. Nunca fui democratacristiano, pero el pensamiento me gustaba. Yo creo que cometimos un gran error los empresarios en no apoyarlos en su momento, años atrás, nos debiéramos haber preocupado por ese sector que después se fue más para la izquierda. 

-¿Aportó para apoyar al centro como contrapeso a la izquierda más dura?
- Para irnos más por el medio.

Su entrada y salida del directorio de SQM

-Al salir de Ultramar en 2006 entró, además de TerraNoble, a otros directorios...
-En 2006 ó 2007 tuve la suerte de que en SQM había una disputa entre los canadienses y Julio Ponce, y alguien que todavía no sé quién fue, no fue Julio Ponce, dijo ‘¿oye, por qué no le preguntan a Von Appen ahora que no trabaja en la naviera?’
Y ahí entré. Y eso fue una satisfacción, porque uní a ambas partes. La empresa empezó realmente a crecer durante todo ese periodo, no por mí, es lo que me tocó, yo era absolutamente pájaro nuevo, no conocía a nadie. Ni a Julio Ponce lo conocía tan directamente.
-Le tocó enfrentar los directorios posteriores al destape del Caso SQM. Al año se fue.
-No fue aceptable para mí. Diez años estuve en la empresa, y me quedé durante todo el tiempo que duró la investigación. No me podía ir, con todo lo que pasaba mucha gente me dijo ‘oye córrete de ahí’. Me quedé, y no estuve defendiendo a Julio, me quedé defendiendo a la empresa y que no vaya a irse al tacho. Y ahí dije que con todo el lío de las cascadas y la plata política, oye por qué voy a seguir. Yo no tengo nada contra Julio Ponce. Lo encuentro un genio. Lo que ha hecho con SQM, con el porcentaje que tiene...

Von Appen ve con preocupación la discusión que ahora se está dando en torno al mineral no metálico y la participación del Estado en empresas de este tipo. “Cuánta plata pierde Codelco si uno ve las inversiones que ha hecho en la historia. Cuando son tan grandes las empresas del Estado es muy difícil que lo maneje bien”, añade.

-Mirando para atrás, ¿le habría gustado participar en política, en algún gobierno?
- No, yo creo que en la manera que yo he actuado le ayudé mucho y tuve mucho contacto con todos los gobiernos durante el tiempo que yo estaba más o menos activo, y ayudaba a otros en las relaciones con el gobierno. Y claro, llega un momento que dice: '¿Saben qué? Hagan ustedes la pega y no me metan más'. 

-¿Piensa salir del family office? 
- Sí. Voy a dejar que los niños decidan cómo lo quieran hacer. No sé cuándo áun.

 El sol pega fuerte a esa hora del día. Wolf von Appen toma una copa de carmenere para la sesión de fotos, acomoda un sombrero en su cabeza, se instala bajo un parrón.

Y concluye: “Estoy orgulloso de haber producido, junto con la gente que es mucho más importante que yo, uno de los mejores vinos de Chile”.

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