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Punto de partida

Fondo irlandés invierte por primera vez en Chile y apuesta por startup de nanoburbujas

Fondo irlandés invierte por primera vez en Chile y apuesta por startup de nanoburbujas

Tras casi un año de negociaciones, la firma europea Hatch Blue desembolsó US$ 2,2 millones en ChucaoTec, startup local que recupera suelos marinos. En 2023 facturaron US$ 2,9 millones y están probando su tecnología en la industria minera.

Por: Juan Pablo Silva | Publicado: Sábado 24 de febrero de 2024 a las 21:00
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Nanoburbujas. Suelos marinos. Minería. Tecnología. Irlanda y Puerto Varas. Todas esas palabras están involucradas en la historia de ChucaoTec, startup chilena con sede en Llanquihue. Y para conocer los detalles de cada concepto, hay que remontarse a 2018.

Ese año Tomás Bravo, José Pablo Puga y Paulo Jorquera fundaron una empresa enfocada en la recuperación de fondos marinos afectados por la industria acuícola.

“La materia orgánica de las jaulas de salmón cae al suelo marino y hace que los índices de oxígeno, PH y otros parámetros se vean afectados. Eso hace que mate toda la biodiversidad y fauna que vive ahí, apunta Tomás Bravo, gerente de finanzas.

Con esta problemática en mente desarrollaron una solución basada en nanoburbujas, una tecnología enfocada en la producción de burbujas ultra pequeñas (del tamaño de un virus), imperceptibles al ojo humano, que tienen en su interior algún tipo de gas (que puede ser oxígeno, nitrógeno, ozono, entre otros). Su tamaño les permite tener comportamientos particulares, como liberar energía, siempre y cuando entre en contacto con otro elemento con carga positiva.

Con la tecnología lista y los permisos aprobados, en 2020 iniciaron operaciones con su primer cliente: Marine Farm. Ese año facturaron cerca de US$ 1 millón.

La llegada de Australis

Con el éxito de este proyecto cayeron nuevas oportunidades, y lograron cerrar un contrato con la salmonera Australis. Desde ahí, se expandieron rápidamente por la industria acuícola nacional: a la fecha, ChucaoTec ha trabajado con más del 50% del mercado local y han recuperado más de 300 hectáreas de suelo marino. Su tecnología es aplicada en todo el proceso productivo del salmón, “porque el oxígeno es fundamental para mejorar las tasas de crecimiento y evitar enfermedades que generan desastres ambientales”, apunta Bravo.

Y añade: “El problema es que históricamente el oxígeno siempre ha sido un insumo muy caro, pero nosotros logramos adaptar la tecnología a la industria para crear una forma de producir nanoburbujas con muy poca necesidad de presión y energía”.

Entra Hatch Blue

Desde que comenzaron con la empresa, la tesis era hacer bootstrapping (no levantar capital privado), sin embargo, los socios se dieron cuenta de que su solución podría interesarle a fondos extranjeros.

Conversaron con más de 15 VCs y se dieron cuenta de que lo mejor era buscar un partner que se alineara con su visión, basada en una acuicultura sustentable. Con esta idea llegaron a Hatch Blue, un fondo de inversión irlandés enfocado en el desarrollo de tecnologías verdes.

En enero de 2023 empezaron las negociaciones y a mediados de febrero de 2024 se firmó el acuerdo: invirtieron US$ 2,2 millones en ChucaoTec, la primera firma chilena de su portafolio. Este fondo tiene también una aceleradora de startups incipientes con sedes en Hawái, Noruega y Tailandia, pero los chilenos calificaron para la etapa más avanzada.

Trabajan muy fuertemente con la industria acuícola y tienen experiencia en el mundo del camarón, donde la empresa de Llanquihue también está probando su tecnología. De hecho, este año están abriendo oficinas en México y Ecuador.

La decisión de Hatch Blue llegó después de un exigente due diligence donde compararon muchas de las empresas que existían de nanoburbujas en el mercado y “logramos defender la tesis de que somos el sistema más eficiente en cuanto a consumo de energía y transferencia de gas al agua, además de ser la única firma en Latinoamérica que tiene una patente propia, lo que nos da flexibilidad en relación a la competencia que integra tecnología de otros países”, dice Bravo.

La última semana de diciembre los ejecutivos del fondo viajaron al sur de Chile para hacer un due diligence técnico, el último antes de cerrar el acuerdo. Les mostraron el taller, los equipos, las reuniones con clientes y visitaron las plantas. “Tú de repente te encuentras con un fondo de Nueva York que sólo te pregunta por unit economics, pero Hatch Blue realmente tiene una misión”, dice Bravo.

El objetivo del viaje era proporcionar una comprensión profunda del mercado y la tecnología de nanoburbujas. Fueron cinco días intensos donde los europeos cambiaron el traje y la corbata por bototos, overoles y conversaciones con las comunidades.

Piquero a la minería

En paralelo a las negociaciones con el fondo irlandés, los emprendedores buscaron ampliar su oferta de servicios y entrar al rubro minero.

En simple, a través de las nanoburbujas, son capaces de recuperar más cobre. Ya han tenido experiencia en laboratorio, donde han logrado recuperar un 4% más de lo habitual. Aseguran que al 2030 habrá una escasez de 8 millones de toneladas del metal rojo, por lo que la industria está buscando una forma de mejorar la eficiencia. A la fecha han validado su tecnología con la gran minería de Chile, Perú, Canadá y Australia, y proyectan que a mediados de 2024 estarán cerrando contratos comerciales de largo plazo.

Parte del aumento de capital va a ir a esta nueva línea de negocios. El año pasado facturaron US$ 2,9 millones y creen que si logran entrar al mercado minero, las cifras pueden multiplicarse “por varios números”. Trabajan 48 personas, y casi el 50% está enfocado en la remediación de suelos.

Los equipos de camarones están en Ecuador y México y para el tratamiento de agua son asesorados por el investigador indio con estudios en Harvard, Yatin Pandit. Además, han tenido acercamientos con Orica, una de las empresas más grandes del mundo en venta de explosivos y cianuro en la industria del oro.

No al hardware

A pesar de que hoy los emprendedores sonríen, la situación no ha sido fácil, confiesa Bravo. Su línea principal de negocio, la remediación de suelos, les ha permitido sobrevivir bien, pero, “por algo salimos a levantar capital, porque si queremos hacer cualquier proyecto extra requerimos plata. Hoy vivimos del permanente cobro a los clientes”, aseguran.

Además, debido a que producen software y hardware, la gran mayoría de los fondos en la región -que prefieren el software- les cerraron las puertas, ya que su negocio requiere de más capital. Hoy, con el dinero recién inyectado, afirman que tienen 24 meses para seguir creciendo y probando nuevas industrias.

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