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Enrique Paris: “Me duele mucho que digan que este fue el peor Gobierno de la historia”

Enrique Paris: “Me duele mucho que digan que este fue el peor Gobierno de la historia”

Por: María José Gutiérrez y Juan Pablo Silva - FOTO: José Montenegro | Publicado: Sábado 12 de marzo de 2022 a las 21:00
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El lunes me emocioné mucho, yo no sabía que el Presidente iba a venir. El domingo en la tarde me avisaron que quería estar presente. Él se sentó y fue todo muy espontáneo: cuando nos paramos y nos abrazamos.

Además a él se le ocurren esas frases como pequeño gran gigante, eso no estaba con teleprompter, se le ocurrió en el minuto. Estaba tan emocionado que se me quebró la voz, casi lloro, porque no me lo esperaba del Presidente.

No fue un llanto de pena, no me da pena dejar el cargo, ha sido muy agotador. Soy un poco llorón, es verdad. Me acuerdo cuando estaba en el programa de la Eli de Caso y de repente mostraban un drama familiar, de salud, generalmente se me caían las lágrimas. Y ella lo aprovechaba. ‘Enfoquen al doctor’, les decía.

Otra vez que me emocioné fue cuando me escribió una prima, una que es bien izquierdista pero con la que hablo mucho, que ha sabido reconocer lo que ha hecho el gobierno en el aspecto sanitario. Su papá hizo el himno de la familia Paris, que dice “nuestra generación de los Paris no claudicará y la tradición hasta el fin se mantendrá desde la primera mujer hasta el último varón”.

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Mi abuelo llegó de Francia a Puerto Montt y ahí se casó con mi abuela que era de Chiloé. Creció rodeado de primos en el sur. De niño soñaba con ser músico, practiqué violín por cerca de 12 años, de hecho cuando ingresé a la universidad teníamos un grupo de cámara en la Católica. Después aprendí a tocar el piano.

Pero me tiró más la medicina, mi mamá tenía una farmacia que se llamaba Farmacia Angelmó, las puertas eran de madera y las vitrinas me acuerdo que las llenábamos nosotros. Yo ahí me empecé a involucrar en esto de la medicina, escuchaba como mi mamá atendía. Una de las cosas que más me emociona del ministerio es que creé la dirección de farmacia. Eso fue un poco en honor a ella.

Cuando me recibí de medicina tenía dos opciones, irme a Chiloé o al norte a las salitreras. Estuve cuatro años en Achao como médico general de zona. Lo pasé muy bien, pero en esos tiempos las condiciones de la medicina eran muy precarias.

Después fui profesor en la Universidad Católica, fundé el centro toxicológico, me fui a Bélgica a la Universidad de Lovaina, pasé por la Universidad Finis Terrae un tiempo y después me fui a la Mayor, donde fui decano de la facultad de ciencias. A lo mejor tengo la posibilidad de volver a la universidad.

También fui miembro del directorio de la Clínica Las Condes y Presidente del Colegio Médico. En el Colmed cuando formé la lista para competir invité a Begoña Yarza (la nueva ministra de Salud) a que se sume. Yo no conocía cuál era su tendencia política, la llamé porque me parecía que era una persona que tenía prestigio entre los médicos, tenía buenas referencias. Pero no se concretó. Probablemente me dijo ‘lo voy a pensar, llámeme de nuevo’.

Yo había participado del programa del Presidente Piñera porque Mañalich me pidió que entrara. Empezamos a tener muchas reuniones con la sociedad civil y empecé a figurar como probable ministro de Salud, al final no me nombraron... yo tenía muchas ganas de ser ministro.

Sin embargo, el Presidente me seguía llamando para preguntarme datos técnicos. Un día me llama y le digo, “Presidente, ya le averigüé lo que me pidió”, y él me dice: “No doctor, lo llamo porque el ministro Mañalich presentó su renuncia y me propone que lo nombre a usted como ministro”. Le dije que quería discutirlo con mi familia y contestarle después, pero me dijo que le gustaría una respuesta ahora. Tapé el celular y les pregunté.

Era un viernes feriado. Acepté y me dijo que el lunes tenía que ir a jurar. Pero la decisión se adelantó. El sábado en la mañana me estaba afeitando después de la ducha y me dice: “Doctor -casi nunca me dice ministro-, ¿podrá venir a La Moneda altiro? Quiero que empiece ahora”. Ese fue el día que hubo más casos en la primera ola de Covid-19. Al día siguiente empezaron a bajar.

Yo estaba en la Mesa social Covid, y al principio tenía una buena relación con Izkia Siches; era bastante dialogante y conversábamos harto. Hasta que un día ella dijo que yo no tenía que estar ahí porque no representaba a nadie... le daban esos arranques de repente. Entonces ahí yo renuncié a la mesa social, pero Blumel me defendió. Yo creo que ahí se empezó a quebrar la relación con la Izkia porque nadie la apoyó.

Cuando ocurrieron los grandes aumentos de casos de Covid-19, ahí las llamadas eran no tanto que faltaban camas, sino que tenemos que trasladar a un paciente de Valdivia a Concepción, otro de Concepción a Santiago. Hay que conseguir el avión. Esos eran los momentos críticos.

O cuando no llegaron las vacunas o avisaban que el avión no llega hoy, llega pasado mañana y sabíamos que los alcaldes a los dos días estarían reclamando que no tenían vacunas, Eso era lo que nos consumía mucho, mucha adrenalina, además de lo que pasa en el ministerio siempre: atacaron un consultorio, nace una guagua en el baño, se cayó una señora de la mesa de pabellón. Eso llega todos los días.

Nunca pensé en renunciar. Todo lo contrario. Cuando empezaron con la cuestión de la renuncia, que fue el Colegio Médico y algunos parlamentarios, el Presidente me empezó a dar signos de apoyo indirecto, me llevaba en su auto. En fin. Nunca hablamos de ese tema, nunca.
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Tenía dos perros, los dos rescatados. A los pocos meses que asumí se murió el primero, fue una de mis grandes penas, lo tenía hace 18 años. Se llamaba Koba por Stalin: mi hijo Juan Pablo -a quien le gusta mucho la historia- le puso así. El otro es el Ocoa, que lo rescaté de un fundo que tengo en La Campana, donde me gusta ir a regar, plantar, hacer jardinería, limpiar la casa y ordenar.

Me gusta mucho leer y la música, uno de los personajes que más admiro es Winston Churchill, de hecho más de alguna vez lo cité en el punto Covid, pero nadie se dió cuenta. Lo mismo con las canciones de Queen. Cuando estábamos en lo peor de la pandemia, yo dije ‘voy a aprovechar esta parte de la canción We are the champions que dice Mi vida no es un lecho de rosas, mi vida no es un viaje de placer. No sé qué entendió la gente cuando yo dije eso, pero porque era verdad. El unico que se dio cuenta fue Lucas Palacios, porque es rockero.

Con el Presidente hablábamos mucho de historia y de los libros que nos estábamos leyendo. El último fue un libro sobre la revolución del ‘91 que me regaló el historiador Alejandro San Francisco y yo le regalé al Presidente. A los dos nos llamaba mucho la atención la rapidez con que los gobiernos posteriores se perdonaron. Después de tres elecciones un exministro de Balmaceda fue Presidente, o sea hubo una reconciliación real y absoluta.

Me duele mucho que digan que este fue el peor gobierno de la historia, porque esto no es así. O sea, no solamente Chile ha sido juzgado por el tema sanitario, también ha sido alabado por todos los informes de The Economist, rankings de Bloomberg, el manejo global de la pandemia, no solo desde el punto de vista sanitario, sino también económico, las ayudas de los IFE.

Chile fue reconocido como el mejor país para vivir en pandemia, y cerrarse los ojos ante esa realidad no es bueno, decir que es el peor de la historia genera anticuerpos. Entonces cuando ellos cometan errores, como el de ahora del ministro de Agricultura, van a sufrir ese mismo tipo de respuestas, y ese clima de confrontación no conduce a nada, deberíamos pacificarnos más.

Ahora que se acaba esto quisiera volver a mi labor docente probablemente, o también me gustaría mucho trabajar en un centro de estudios públicos dedicado a la salud. Creo que eso sería más tranquilo para mí. Tengo la posibilidad de volver a la universidad, y debo confesar que también me gustaría volver al mundo privado, lo pasé muy bien en la Clínica Las Condes”.