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Las plagas de las que se hablará en Egipto en la COP 27

Las plagas de las que se hablará en Egipto en la COP 27

¿Esta el mundo muy ocupado para enfrentar el cambio climático? Lo sabremos a partir de este domingo con la inauguración de la COP 27, cumbre climática en la que la ministra de Medio Ambiente chilena, Maisa Rojas, tendrá una misión especialmente delicada.

Por: Angélica Bulnes | Publicado: Viernes 4 de noviembre de 2022 a las 08:48
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Greta Thunberg. En 2019 si la niña y activista sueca venía y cómo a la COP 25 en Chile, era noticia internacional. Este año, la joven que ya tiene 19 años, acaba de anunciar que no irá a la cumbre climática que comienza este domingo en la ciudad egipcia de Sharm el-Sheikh porque dice que este foro solo sirve para el lavado de imagen de empresas y gobiernos.

Claro que fue noticia, pero la verdad es que nadie está demasiado preocupado por la inasistencia de Greta. Los delegados, activistas y los líderes de los países que estarán en Egipto tienen asuntos más complejos que atender.

A diferencia de 2021 en Glasgow, donde se realizó la última COP en la que se habló mucho de aumentar la ambición y primó un espíritu cooperativo entre gobiernos y privados post pandemia, este año la cumbre sobre el Cambio Climático de la ONU llega en tiempos aun más difíciles: la guerra en Ucrania se ha traducido en una doble crisis energética y alimentaria a la vez, urgencias que pueden hacer retroceder las negociaciones para reducir las emisiones de carbono en un momento crítico.

De hecho, ya está ocurriendo. En los últimos meses, varios países, desde Japón a Holanda están reabriendo o posponiendo los cierres de plantas de carbón e invirtiendo más en esas fuentes de energía. El Reino Unido levantó la suspensión que había impuesto en 2019 al fracking, un método de extracción petrolera muy cuestionado por los ambientalistas.

A eso hay que sumarle China. Este país es hoy el principal emisor de gases de efecto invernadero por lo que las decisiones que tome o deje de tomar tienen un impacto profundo para el cumplimento de las metas de reducción del calentamiento global. Sin embargo, los representantes chinos, prácticamente no han participado en las conversaciones de preparación para esta COP. Tras la visita de Nancy Pelosi a Taiwán, en represalia, se han restado de cualquier conversación en tema climático en que esté involucrado Estados Unidos.

Como si eso no fuera suficiente, está el factor Egipto. En las anteriores COP la participación de la sociedad civil ha sido crucial para llevar a estados y sectores empresariales a hacer compromisos relevantes. Sin embargo, esto será más difícil esta vez, ya que Egipto hace años que impone severas restricciones a la libertad de reunión y limita las manifestaciones.

Si bien, las autoridades han dicho que en esta ocasión, serán excepcionalmente más flexibles, las ONG y activistas temen que haya dificultades de acceso y que los participantes locales después de terminada la cumbre sufran represalias. 

En este contexto, el optimismo no es lo que ha cundido previo a la cumbre. Mientras tanto, el mundo parece alejarse de las metas propuestas para reducir o al menos desacelerar el calentamiento global.

Según un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), así como vamos la temperatura del planeta podría aumentar 2,6 grados hacia fines de siglo, muy por encima de los objetivos del Acuerdo de París que fija el objetivo de contener el calentamiento "muy por debajo" de los 2 grados sobre los niveles preindustriales, y si es posible mantenerlo en 1,5.

Los efectos son cada vez más notorios, inundaciones, huracanes, sequías y otra clase de fenómenos más graduales pero no menos catastróficos como la desertificación o el aumento del nivel del mar.

Ante eso, cada vez cobra más fuerza el concepto de “pérdidas y daños”.

La respuesta al cambio climático tiene distintas alternativas en términos de definición de estrategias y políticas: una, la mitigación, es decir, cambios en la actividad económicas y de las personas para disminuir la raíz del problema, es decir, las emisiones de gases de efecto invernadero.

Está también la adaptación, que son acciones tendientes a moderar los impactos negativos y reducir la vulnerabilidad frente al cambio climático. Un tercer pilar, uno del que es más difícil hablar es el de “pérdidas y daños”, porque implica asumir que hay efectos irreversibles que no se van poder evitar. Hielos que se han derretido, ecosistemas que van a desaparecer. Es asumir de cierto el fracaso.

Quienes pagan más duramente las consecuencias de esa derrota son los países más pobres y los más chicos, que tienen menos posibilidades de mitigar de manera importante y no tienen recursos para invertir en adaptación.

Las grandes potencias y los países industrializados han hecho todo lo posible por evitar que este tema entre en la agenda pública. Hacerlo podría costarles muchísimos recursos. Hoy los modelos computacionales les permiten a los científicos determinar o tratar de aproximarse al menos a la cuota de responsabilidad que le cabe en ciertos desastres naturales al efecto cambio climático.

Si eso ocurre, entonces los afectados estarían en condiciones de pedir indemnizaciones que acumuladas podrían llegar a miles de miles de millones de dólares. Y se sabe quiénes han sido en la historia los principales emisores y quiénes tendrían que pagar.

Pero la presión en relación a este tema aumenta cada año y en cada COP. En septiembre una el grupo de Países Menos Desarrollados que reúne a 46 naciones dijeron que definir un mecanismo financiero para pérdidas y daños debe ser una “prioridad fundamental” para la Cop27. La ONU también está presionando en este sentido.

Egipto, el país que no solo aloja la cumbre de este año, sino que la preside, se ha comprometido con este tema y ha creado la Mesa de Pérdidas y Daños de la COP27 para que busque acuerdos significativos entre todos los países sobre financiamiento para afrontar los efectos adversos de quienes ya están sufriendo el cambio climático. Ahí es donde entra Chile.

Porque para facilitar el diálogo y alguna clase de acuerdo que permita al menos incorporar de manera más decidida en la agenda de la cumbre y las futuras, ese país le pidió a la comisionada del clima de Alemania Jennifer Morgan y a la ministra de Medio Ambiente chilena, Maisa Rojas, que lideren esa instancia.

La elección tiene una lógica interesante, Morgan fue jefa ejecutiva de Greenpeace, conoce bien la demanda de los activistas y Rojas es una científica con una amplia trayectoria en el área, que entre otras cosas participó en la redacción del ultimo informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) por lo que está muy al día sobre los efectos el tema climático y entiende qué puede y no puede demostrar la ciencia al respecto.

Este es uno de los temas más conflictivos que se verán en las próximas dos semanas en la ciudad egipcia. De hecho, si era conveniente o no aceptar el nombramiento fue algo que se discutió en el gobierno pero tomar el reto era lo coherente con el discurso del nuevo gobierno que plantea que el cuidado del medio ambiente es una prioridad, cueste lo que cueste.

Ahora ambas ministras, chilena y alemana, tendrán que usar todas sus habilidades políticas, para liderar estas controvertidas discusiones.

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