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COP26: Crónica de un emprendedor desde Glasgow

COP26: Crónica de un emprendedor desde Glasgow

El fundador del medio especializado en medioambiente Ladera Sur aterrizó el miércoles en Escocia y se quedará durante 10 días en la feria climática. Esto es lo que ve desde allá. Y lo que espera del encuentro.

Por: Martín del Río | Publicado: Sábado 6 de noviembre de 2021 a las 04:00
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Llegué el miércoles en la mañana a Edimburgo. No lo conocía pero a las pocas horas te enamoras de su historia, belleza y su envidiable escala en donde todo es caminable o con un sistema de buses y tram impecable.

Además, es una ciudad costera silenciosa que te recibe con gaviotas y que está a 45 minutos en tren de Glasgow, ciudad donde se realiza la COP26. Como típico chileno, uno lo compara con su tierra natal: su geografía, clima y colores me hacían recordar a Chiloé. Ante mi tardía decisión de venir a la COP, Glasgow no tenía una sola cama disponible, por lo que gran parte de las personas que participan están también en Edimburgo.

Esta es mi segunda COP. Este año era distinto, entre Madrid y Glasgow habían pasado dos años y una pandemia que aún hace de las suyas. El poder llegar a entrar implicó varios trámites y un sinfín de PCRs (uno diario para poder ingresar al recinto). 

La COP se ha transformado en mucho más que solamente la negociación de las partes. Esta conferencia se ha convertido en el evento mundial donde todos los que trabajan, investigan o colaboran de diversas maneras con temáticas del medio ambiente y cambio climático quieren estar. Lo que a mi parecer lo hace un experimento que aún, ya en su 26va versión, está en desarrollo y que también deja preguntas.

¿Quién la financia? ¿Cuáles empresas y de qué manera participan? ¿Qué tanto hay de “greenwashing”? ¿Cómo todo lo expuesto acá llega a más personas? ¿Cuánta basura genera el evento? Y así muchas preguntas sin respuestas muy claras.

Esta COP en UK es mucho más grande que la de Madrid. Estando aún en pandemia, es en la que más personas han participado en la historia de las COP. Chile entregó la presidencia del evento a Reino Unido, y ahora pasa a ser una de las 197 partes. El país anfitrión juega un rol muy importante, por un lado quiere posicionarse como un actor clave en la temática y por otro lado ser el que logra un acuerdo mundial.

Están con toda su artillería: aquí ya han pasado desde el Príncipe Carlos, Boris Johnson y el admirado -mi ídolo- documentalista de naturaleza de la BBC David Attenborough, hasta el vocalista de Belle and Sebastian Stuart Murdoch y el ilustrador infantil Oliver Jeffers, entre muchos otros.

Lo realmente importante es la negociación política de los países frente a los acuerdos que se quieren proponer y lograr (podríamos publicar otra columna con todo esos puntos y sus urgencias), pero de eso uno no se entera de mucho estando acá, o yo por lo menos.

Va a depender de que cada delegación vaya transmitiendo cómo van las conversaciones y las organizaciones observantes comuniquen sus apreciaciones. Estamos en la primera semana de la COP y es la segunda semana cuando uno empieza a sentir y a saber si las metas propuestas se van a lograr o no.

Paralelamente a esto, que inicialmente era un encuentro netamente político, de negociación entre las partes, ahora es también el lugar donde los países, algunas ONG internacionales, instituciones, entre otros, se muestran como protagonistas de la lucha contra el cambio climático y salen a exponerse como pavos reales.

Me recuerda a la FISA, esa antigua feria donde cada país mostraba sus novedades y atracciones. Los países deben pagar por tener un lugar y es ahí donde se despliegan diferentes programas con destacadas charlas, seminarios y los mejores expertos de cada área, funcionan como salón de conferencias.

El networking en su máximo esplendor. Estar presente aquí es demostrar una intención como país, el qué tanto o de qué forma me interesan y abordan estos temas. Este año Chile no tuvo pabellón. 

Por último y no menos importante, la propia organización de la COP habilita y da los espacios para que miles de personas de todas partes del mundo que trabajan en estas áreas se reúnan y expongan sus investigaciones, presenten sus informes y se lancen grandes acuerdos.

Todo lo explicado de manera resumida es la Zona Azul de las COP, donde es casi imposible de acceder para un ciudadano común: se necesita la acreditación. Las COP ahora tienen una Zona Verde pensada para que pueda participar la ciudadanía. Aún no visito la de acá, pero no veo que logren un real impacto ni gran atracción.

A mi juicio, la COP es un evento muy necesario, ya que creo que el multilateralismo es el camino en un mundo globalizado para lograr acuerdos y cambios. Independiente a la negociación de las partes, tiene muchos “debes” que tiene que mejorar. Por destacar uno y que me toca ver, creo que todo el conocimiento que se publica y genera estas dos semanas no puede quedar solo aquí.

Qué ganas de poder compartir y que millones de personas pudieran nutrirse, educarse, aprender e inspirarse con el conocimiento colectivo. Por aquí pasan los mejores científicos del mundo, los representantes más importantes de cada área, líderes positivos, entre otros. 

Y esta versión está más a prueba que nunca. Eso sí, la confianza está débil y si esta COP no logra la urgencia de cambios que se necesita, habrá una desilusión tan grande que cada año a la ONU y a los países les costará más defender este evento. Las evidencias están claras: fue el propio informe devastador del IPCC que confirmó que el cambio climático está corriendo demasiado rápido.

Los cambios no solamente vendrán desde aquí. La ciencia ya hizo su parte con fuerza. Es hora de buscar la esperanza en otros lugares también: en la sociedad civil, que está organizada y unida; en el movimiento juvenil que llegó con una fuerza nueva; en las organizaciones con más experiencia que guían y contienen a los más jóvenes; y en las miles de iniciativas locales alrededor del mundo para mejorar el equilibrio de la naturaleza y del clima.

También en los emprendimientos y empresas que sí están dispuestas a cambiar sus estructuras y sumarse a crear un nuevo modelo de desarrollo y, en general, en el movimiento ambiental que sigue firme. Ahora más que nunca, es fundamental que cada uno, desde su vereda, se sume.

Pd: Está permitido andar sin mascarilla por las calles, qué necesario y urgente gesto de felicidad absoluta. Podríamos copiarlo.

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