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Personaje

La reinvención del Buin Zoo tras la pandemia

La reinvención del Buin Zoo tras la pandemia

La pandemia obligó a Ignacio Idalsoaga, el dueño del Buin Zoo, a reinventar su negocio. Si antes sus ingresos provenían casi exclusivamente de las entradas, hoy está diversificado: un zoo móvil, gift shop, venta de comida y el apadrinamiento de animales, que lanzó como medida desesperada en mitad del Covid.

Por: Antonieta de la Fuente | Publicado: Sábado 26 de marzo de 2022 a las 04:00
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Las alarmas se encendieron el 12 de febrero pasado. Por 11 votos a favor y siete en contra, la Comisión de Medio Ambiente aprobó ese día una norma que prohibía la exhibición de fauna silvestre. En definitiva, el fin de los zoológicos.

El grupo de convencionales, liderados por la activista socioambiental Constanza San Juan, planteaba la necesidad de abordar un periodo intermedio de adaptación para la reconversión de los zoológicos en centros de rehabilitación de fauna silvestre.

Ignacio Idalsoaga, el dueño del Buin Zoo, estaba de vacaciones cuando fue alertado por su equipo. De inmediato, se puso manos a la obra.

Contactó al director ejecutivo de la Asociación Mundial de Zoológicos, Martín Zordan, quien publicó una carta en La Tercera defendiendo el rol de estos centros como bastiones para evitar la extinción de animales silvestres; con su equipo envió información a los convencionales para explicar el rol de los zoológicos en el rescate de especies dañadas y abrió una campaña en Change.org que en 48 horas logró juntar 25 mil firmas con el hasthag #SialosZoo.

En una semana logró dar vuelta el veredicto: el 23 de febrero la comisión de Medio Ambiente suprimió el polémico artículo.

Cerdos y elefantes

A un mes del episodio, Idalsoaga reflexiona sobre lo ocurrido. “Nos dimos cuenta de que hay mucha desinformación y nos hacemos parte del problema. No hemos tenido la visión de mostrar el trabajo que hacemos detrás de la actividad del zoológico”, dice, mientras participa de una expedición en la precordillera para soltar a tres cernícalos y una serpiente que rescataron con su equipo hace algunas semanas.

Una actividad que realiza desde los años ‘80 cuando llegó recién titulado de veterinario a hacerse cargo del criadero de cerdos de su familia en Buin. Como era el único especialista de la zona, llegaban muchas personas con cóndores con las alas rotas, zorros que habían caído en trampas de ratones, y quiques dañados, para que los curara.

El año 94 ya tenía un cóndor, un puma, un león rescatado de un circo, que se lo había entregado el SAG para que lo alimentara, y varios animales silvestres. Decidió lanzarse y abrir el Buin Zoo.

Han pasado 27 años y hoy, con 2.500 animales y casi 30 hectáreas, es el zoológico más grande del país y disputa el segundo lugar en cantidad de visitas (cerca de 45 mil al mes) entre los otros centros de Latinoamérica.

Pero los últimos años no han sido fáciles. El estallido social y la pandemia obligaron a Idalsoaga a dar una vuelta de tuerca al negocio. Si antes sus ingresos provenían principalmente de las entradas, hoy exploran nuevos formatos.

“La experiencia de vida de estos últimos dos años nos cambió la forma de ver la empresa. Teníamos los huevos en una sola canasta, se cortó el agua, la gente dejó de entrar y nos vimos muy vulnerables. Ha sido un cambio brutal que nos ha obligado a hacer muchos cambios”, dice el empresario.

200 mil padrinos

345 días. Ese fue el período que estuvo cerrado el Buin Zoo durante la pandemia. Un periodo oscuro en el que alimentar a los animales se hacía cada vez más difícil y en el que la cantidad de trabajadores del centro bajó desde 400 a 80.

Mientras los créditos se demoraban en llegar y las 12 hectáreas que habían comprado antes de la crisis para levantar un Safari y una Granja no se vendían, Idalsoaga tuvo una idea: buscar padrinos para los animales. La idea la lanzó en la televisión y a los cuatro días ya tenía la plataforma lista para que cualquier persona pudiera adoptar una especie.

Se demoró dos meses en lograr los 20 mil padrinos con una donación promedio de 2 mil pesos y logró financiar el 20% de las operaciones del 2020 gracias a esta medida. “Fue la primera racha que nos permitió salir de un año complejo hasta que llegaron los créditos”, rememora Idalsoaga.

Pero de ahí en más la idea siguió creciendo: llegó a tener 200 mil padrinos.

Se suponía que sería una campaña de sobrevivencia, pero las lecciones de esa experiencia lo hicieron recapacitar. Inspirado en lo que han hecho zoológicos de otras partes del mundo como el Central Park Zoo de Nueva York, decidió que quería mantener y potenciar la experiencia.

“Estamos perdiendo padrinos todos los meses porque la gente entiende que el zoológico se abrió y que ya no estamos tan complicados. Pero hay muchos que todavía nos siguen acompañando, así que hace dos meses hicimos click: queremos que esos colaboradores sean parte de la Tribu Buin Zoo, una especie de un club de fidelización”, explica.

Para eso, están diseñando experiencias especiales para este grupo: visitas nocturnas, descuentos en la tienda, mensajes personalizados y cierre del parque solo para ellos, una iniciativa que hoy pueden administrar debido a que todas las entradas se compran online, lo que les permite manejar mejor la cantidad de visitantes por día.

Hoy tienen 40 mil padrinos y con sus aportes el parque financia el 6% de su mantención. Por estos días el animal que más interés genera es Ichiha, la panda rojo, que está causando furor tras el estreno de la película Red.

Pero el plan de Idalsoaga es multiplicarlo por 20. “No estamos inventando la rueda. En EEUU esto es común, pero nos dimos cuenta de que hay una cultura que pensábamos que no estaba en Chile y la estamos creando”, agrega el director del zoológico.

Granja, safari y jardín infantil

Ignacio Idalsoaga vive al lado del zoológico. Cuenta que su vecino más cercano es el rinoceronte y que en varias ocasiones los animales se han criado en su patio antes de pasar al parque. Así sucedió, por ejemplo, con un grupo de leones cachorro que hace 15 años uno de sus hijos alimentaba con mamadera.

El dueño del Buin Zoo tiene 10 hijos entre 38 y 15 años y hoy cinco de ellos trabajan en el parque. Dos son veterinarios y se dedican a mantener sanos a los animales; una de sus hijas se dedica el área de Recursos Humanos; la educadora de párvulos hace dos semanas lanzó Massai, el primer jardín infantil dentro de un zoológico; y el diseñador industrial es quien imagina y diseña los nuevos proyectos, como el Safari que tuvieron que dejar stand by por la pandemia y que hoy están replanteando.

El proyecto que sí está ad portas de abrir es La Granja, una ampliación de 2,5 hectáreas para el baby zoo, donde los más pequeños podrán ver cómo se ordeña una vaca e interactuar con animales del campo.

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