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De una práctica en la Penitenciaría al caso Factop: quién es el fiscal Juan Pablo Araya

De una práctica en la Penitenciaría al caso Factop: quién es el fiscal Juan Pablo Araya

Este viernes el bullado caso que protagonizan los hermanos Sauer y Rodrigo Topelberg vivió otro capítulo, al quedar en prisión preventiva este último. Tras esta causa, está este persecutor que lleva casi 20 años en el Ministerio Público. En su faceta más personal, Araya toca la guitarra, es un ávido lector de historia de Chile, y en 2001 concursó en el programa Quién quiere ser millonario, que conducía Don Francisco, retirándose en una etapa bien avanzada, con un millonario premio.

Por: Azucena González - Foto: Jonathan Durán | Publicado: Sábado 20 de abril de 2024 a las 21:00
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Radicado como fiscal adjunto en la Fiscalía de Las Condes, Juan Pablo Araya lleva más de 400 causas, pues no tiene dedicación exclusiva. Pero una de ellas hoy lo ha hecho cobrar mucha visibilidad pública.

Es el fiscal que está llevando la bullada causa Factop
, que hoy tiene formalizados a seis personas y en prisión preventiva a los hermanos Daniel y Ariel Sauer desde el miércoles 10 de abril, y que este viernes sumó un nuevo capítulo. Tras apelar en la Corte, la Fiscalía logró que además Rodrigo Topelberg quedara en prisión preventiva, algo que también empujaron diversos querellantes.

Si bien es Felipe Sepúlveda el fiscal jefe de Las Condes, es Araya quien ha alegado en la que se considera la causa basal o madre, como lo tildan varios, del llamado Caso Audio, y que tiene que ver con la emisión de facturas falsas, entre otros varios delitos imputados.

Ambos fiscales -dicen testigos- aparte de compartir formalmente en el trabajo, actúan genuinamente muy en dupla. Son amigos y se conocieron en la universidad. Eso sí, no fueron compañeros de promoción, pues Sepúlveda iba en un curso más bajo, dado que Araya entró muy joven a la carrera.

Instituto Zambrano y quinto en la lista de selección en la Universidad de Chile

Hijo del ingeniero civil Pedro Araya y de la asistente social Orieta Paredes, el fiscal Juan Pablo Araya Paredes (48) nació en Santiago en 1975, y estudió en un colegio de Estación Central, el Instituto Zambrano -entre 1981 y 1991-, establecimiento ya desaparecido, que era de los Legionarios de Cristo.

Allí también habían estudiado en el pasado el ex presidente del Banco Central, Carlos Massad, y el almirante Jorge Martínez Busch,
a quien -cuentan compañeros de Araya- conocieron, pues el ya fallecido almirante acostumbraba invitar a cursos del que había sido su colegio, a Valparaíso, a la Escuela Naval.

Araya salió tempranamente del colegio, con 16 años, dio la entonces Prueba de Aptitud Académica (PAA), y obtuvo un puntaje que le permitió entrar holgadamente a la escuela de Derecho de la U. de Chile, a la que aspiraba: quinto en la lista de selección.

Entró en 1992 y allí fue compañero de promoción de varios estudiantes que luego tendrían cargos de connotación pública o en el ejercicio privado. Por ejemplo, de Lorena Pavic y Jessica Power, dos abogadas que hoy son socias del estudio Carey; de Macarena Navarrete, managing partner de EY; de Cristián Paredes, quien fue fiscal regional de la Araucanía; de la diputada Ana María Bravo; de Augusto Prado, ex subsecretario general de Gobierno en la primera administración de Michelle Bachelet; y de Gabriel Méndez, el recién nombrado vicepresidente de Asuntos Corporativos y Sustentabilidad de Codelco.

Aún en la universidad, fue procurador en dos estudios de renombre. Uno fue Espina Hinzpeter y Zepeda -vinculado a los exministros Alberto Espina y Rodrigo Hinzpeter y al fallecido Carlos Zepeda-, y el otro, el bufete de Carmen Gloria Valladares que años después sería conocida públicamente, pues como secretaria relatora del Tribunal Calificador de Elecciones (Tricel) presidió la instalación de la Convención Constitucional.

De la Penitenciaría a la Fiscalía

Aunque al fiscal Araya no le gustaba el sistema penal antiguo -con el mecanismo de los actuarios-, raudamente su carrera profesional se enfiló hacia este ámbito del derecho. Por ejemplo, su práctica, hecha desde diciembre 1997 y 1998, la hizo en la Penitenciaría de Santiago, haciendo el consultorio de los privados de libertad, in situ, con una oficina adentro del recinto, y vinculándose con los delitos más duros. Y desde esa vereda le correspondió alegar varias veces en la Corte.

Después, en su vida laboral tomó diversos rumbos. Trabajó en solitario, también con un compañero de curso; tuvo un paso por el MOP en Talca -hasta el 2000, cuando regresó a Santiago- y trabajó en dos estudios, con un amigo y con su padrino y tío, Jorge Paredes.

Y aunque había salido de la Casa de Bello en 1996, y dio el examen de grado bastante rápido, la tesis demoró la titulación de Araya, ya que éste había optado por un tema de derecho minero que se complejizó -las nulidades del derecho minero-, por lo que decidió cambiar, decantando su tesis por un tema de jurisprudencia civil, recolección de fallos.

Así, en 2005 obtuvo su título. Y como ya había comenzado la implementación de la reforma procesal penal, tuvo claro que quería ser fiscal y comenzó su postulación al Ministerio Público, lo que logró a principios de 2006. Su primera destinación fue en Temuco como fiscal adjunto, y luego vendrían varias destinaciones que combinaron Santiago con el sur de Chile (ver recuadro).

¿Por qué la Fiscalía y no el área corporativa del derecho? “Le gustan los juicios”, aseveran varios cercanos, quienes coinciden en que, si bien Araya por su forma de ser, amable, tranquila o quitado de bulla puede dar la apariencia de clemencia o debilidad, en su rol profesional busca llegar a juicios y condenas, y no a abreviados.

“Es implacable. Llega hasta el final. Es un tipo muy metódico, estudioso, hace una pega reservada, de atrás, dando un muy buen back office, con datos y buena investigación, y busca y logra condenas”, dice un cercano.

Magister en derecho penal, la especialidad de Araya es delitos económicos, y tiene a su haber estudios y cursos prácticos, por ejemplo, uno en Indonesia sobre piratería de televisión, y otro de lavado de dinero, de la UAF y la Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito (UNODC).

Ávido lector y un concurso
con Don Francisco

En su faceta más personal, amigos del fiscal Araya cuentan que tiene variados gustos intelectuales y artísticos. Toca guitarra -de hecho, en la universidad participó de un curso electivo que lo hizo ser parte de un conjunto folklórico, Afolex-, y remarcan que es muy culto, un gran lector de historia, en particular, de la historia de Chile y de la Guerra del Pacífico.

En ese marco, personas que lo conocen recuerdan que hace más de dos décadas, en 2001, postuló y fue concursante del programa que en ese entonces conducía Don Francisco en Canal 13, Quién quiere ser millonario. Allí llegó hasta una etapa muy avanzada, ganando $ 25 millones. Un amigo relata que llegó hasta la etapa de los $ 50 millones, pero ante la pregunta sobre quién diseñó el Palacio Cousiño, prefirió retirarse con lo ya obtenido en la pregunta inmediatamente anterior.

Otros cercanos añaden que Araya es también un amante de la buena comida, de las carnes en especial.

El fiscal tiene un hermano abogado, Ignacio Araya, un profesor de derecho comercial, magíster de la Universidad de Chicago y quien se ha desempeñado en la Universidad de Chile y la Usach. Y tiene otro, Carlos Araya, quien estudió Derecho, pero que no se ha titulado, pues se dedicó a una faceta artística.


Vio la causa de la fallecida sobrina de Renato Munster

La primera destinación del fiscal Juan Pablo Araya fue en Temuco como Fiscal Adjunto, época en la que vio múltiples casos, desde delitos comunes, violaciones, asaltos, desarticuló una banda de cobradores de cheques robados y otra de chatarreros, por receptación de cables robados, entre muchos.

En 2012, buscando volver a Santiago, postuló y llegó como fiscal adjunto a Santiago Centro. Luego se fue a Villarrica -con mejor grado-, entre 2014 y 2015. Y luego permutó con otro colega para regresar a Santiago Norte, entre 2016 y 2019. Y de ahí, por permuta nuevamente, llegó a la fiscalía de Las Condes.

Desde esta posición, ha visto casos connotados. Por ejemplo, la causa que se desencadenó cuando en octubre de 2020 el empresario gastronómico Max Raide fue golpeado al intervenir en favor de dos mujeres que estaban siendo acosadas en Vitacura, caso que terminó con condena a los imputados. O el caso de una cirujana plástica a la que se le murió una paciente que era sobrina del actor Renato Munster.

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