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Gonzalo Blumel: “La vuelta puede ser larga pero no puede ser eterna”

Gonzalo Blumel: “La vuelta puede ser larga pero no puede ser eterna”

Cuando están a punto de cumplirse cuatro años desde el18 de octubre de 2019 y con un libro recién publicado con su recuento de la historia -“La vuelta larga”-, el ministro del interior de Sebastián Piñera que llegó al cargo sin quererlo repasa cómo la crisis social sigue marcando la política actual y su propia vida.

Por: Angélica Bulnes - Foto: Verónica Ortiz | Publicado: Sábado 14 de octubre de 2023 a las 21:00
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-¿Qué tan frecuentemente piensa en el 18 de octubre de 2019?
- Muy frecuentemente.
Tan seguido ha pensado en esa fecha los últimos cuatro años Gonzalo Blumel, el militante de Evópoli que fue ministro del Interior de Sebastián Piñera en plena crisis de 2019, que recientemente publicó un libro: La vuelta larga: crónica personal de la crisis de octubre (Ediciones UC). El libro salió a la venta en agosto y ya está a punto de agotar su tercera edición, lo que para el estándar local es muy buen logro. 

En esas páginas Blumel describe su recorrido político, los años que trabajó con el expresidente Piñera desde su primer gobierno hasta el estallido. No lo dice todo, pero hay bastante más de lo que habitualmente uno encuentra en este tipo de libros.

Ajusta cuentas con varios actores, de la oposición de esa época y de su propio sector. Relata la angustiosa mañana en que terminó asumiendo sin querer el ministerio del Interior en el momento más difícil de la crisis social, y los sucesos que vinieron después, especialmente el 12 de noviembre, que describe “como la noche que estuvimos al borde del colapso” y que desembocó en el acuerdo del 15 de noviembre. 

“El 18 de octubre”, dice Blumel, “hubo una serie de decisiones muy equívocas, en particular de sectores de izquierda, que no sólo coquetearon con la violencia sino que la homenajearon, que buscaron interrumpir el mandato presidencial, que tensionaron al máximo las instituciones con ideas como la del parlamentarismo de facto, pero finalmente terminó reconduciéndose y se evitó un conflicto mayor e irreversible, producto de que algunos actores, no muchos, entendieron que el acuerdo es preferible a la confrontación, que fue lo que ocurrió el 15 de noviembre”.

Eso es lo que él llama la vuelta larga, que le da título al libro. La corta era sacar a las FFAA a la calle, como voces dentro de la derecha pedían y todavía piensan que debió hacerse. “Creo que con el tiempo se empiezan a comprender e incluso a justificar las decisiones que tomó el Gobierno”.  
- ¿Incluso cuando estamos metidos en un segundo proceso constitucional?
- Aun cuando no sabemos si va a haber un acuerdo y cuando puede que incluso fracasemos en un segundo proceso constituyente, creo que la gente ha ido comprendiendo que eso es mucho menos costoso que haber enfrentado una crisis terminal de la democracia en octubre de 2019.

Hoy Gonzalo Blumel está dedicado a una empresa en temas de energía renovable que creó hace dos años con su socio Javier Álvarez. Dice que no está interesado en volver a la primera línea en política y que el libro es una forma de dar vuelta la página y de rendir cuentas ante la gente.   

- ¿Qué ha pasado desde que fue publicado hace dos meses? 
- Creo que se ha ido tomando conciencia, y este libro ha ayudado a la discusión, de que enfrentamos una crisis muy feroz, que estuvimos muy cerca de un colapso democrático y que para que esto no se vuelva a repetir hay que comprometerse con ciertos principios democráticos básicos, los mismos que se torcieron o derechamente se vulneraron a partir del 18 de octubre: que la violencia nunca es admisible y que a los presidentes de cualquier color se les respeta su mandato democrático. Que los países no se refundan, sino que se van construyendo paso a paso y que el estado ideal de las cosas, el mundo perfecto o la utopía posible, finalmente son caminos que causan daño y muchas veces terminan desbarrancando a las sociedades.
En muchas conversaciones que he tenido a raíz del libro la gente se pregunta, y yo también me lo pregunto, cómo es que una primera línea violenta y destructiva tuvo tanto apoyo de ciertos sectores políticos y cómo fue que buena parte de la sociedad se embarcó en esta borrachera hiper ideologizada y refundacional: los medios de comunicación, los matinales, la intelectualidad, la academia y obviamente, cierta dirigencia política.
Después del 18 de octubre todo estuvo bajo cuestionamiento, incluyendo las cosas más básicas como el uso de la fuerza legítima del Estado para oponerse a la violencia, que es una cuestión gravísima, porque cuando el Estado no es capaz de darle seguridad a las personas, impera la ley de la selva.

- La fuerza pública tampoco tuvo un buen desempeño...
- Evidentemente hubo situaciones reprochables que no debieron ocurrir, pero Chile le debe muchísimo a sus instituciones de orden y seguridad y en particular a Carabineros. Con un esfuerzo y un compromiso monumental fueron capaces de sostener la delgada línea de la democracia. Cuando la violencia estaba desatada, cuando La Moneda estaba aislada, cuando el Congreso estaba asediado, fueron los carabineros los que sostuvieron las instituciones. Por supuesto que había y siguen habiendo cosas que cambiar y mejorar, modernizaciones que es una vergüenza que no se hayan aprobado en el Congreso, pero en resumen, si no hubiéramos contado con el compromiso de las policías, probablemente hubiéramos tenido un colapso democrático profundo y quizás irreversible.
 

El cuero de chancho

- Hay un aspecto que no toca en el libro y es que como ministro del Interior tuvo varias querellas por violaciones a los derechos humanos. ¿En qué estado están? 
- Desde el mismo 18 de octubre todas las autoridades que teníamos responsabilidad en materia de seguridad y orden público, el Presidente, fuimos sujetos de querellas presentadas por agrupaciones y organismos vinculados a la izquierda. El senador Alejandro Navarro, funcionarios de Revolución Democrática o la Comisión Chilena de Derechos Humanos, dirigida por personas afines al PC, abusaron de instrumentos penales para lograr objetivos políticos, lo que es muy dañino para la democracia. Hemos ido a declarar varias veces, aportado toda la información y hasta hoy siguen sin mayores avances pero tengo la más profunda convicción de que todos los antecedentes demuestran y van a seguir demostrando que las acusaciones fueron absolutamente falsas y que lo que hubo fue un intento de aprovechamiento político que espero que no se vuelva a repetir.
Sobre Sebastián Piñera: “Fue una década juntos, le tengo gran afecto, hay grandes recuerdos, mucho cariño, pero en la vida hay etapas y esa etapa ya fue”.
- ¿Cómo ha sido para usted estar querellado por violaciones a los derechos humanos? 
- Obviamente uno nunca se ve en esa situación, y es muy ingrato. Pero cuando uno tiene la convicción de que actuó apegado a sus obligaciones constitucionales y también éticas, te da tranquilidad. Pero no sólo tiene un impacto personal, este festival de querellas y acusaciones que en general no conducen a nada también acentúan la desconfianza en las instituciones y en los liderazgos.

- Hubo otras situaciones como cuando lo entrevistaron en el colegio Manquehue, su colegio, y hubo apoderados que se quejaron. ¿Cómo fue en lo personal?
- Son situaciones difíciles y reflejo de lo que es Chile hoy, ¿no? Pasado el tiempo las reacciones de la misma gente o en la calle son lo contrario, de afecto, de simpatía, mientras que para el 18 octubre hubo mucha odiosidad y polarización. Hoy va asociado al cargo tener que enfrentar este este tipo de situaciones que pasan de lo público a lo personal y privado, pero creo que hay poco que hacer. Es malo porque mucha gente no quiere participar en política por lo dura que se ha vuelto, pero bueno, es un fenómeno global, hay que tener cuero de chancho y aguantar.

- Como dijo el expresidente Piñera, ¿fue un intento de golpe no tradicional?
- No tengo ninguna duda de que, por diversas vías, se buscó sacar al Presidente Piñera de La Moneda y hacer un asalto a las instituciones del poder democrático. No sólo fue el Palacio de La Moneda, también fue el Congreso y fue la violencia bastante extendida cuyo propósito fue poner en jaque el Estado de Derecho. Lo que venía a continuación no era simplemente desalojar a una coalición o Presidente sino que imponer un programa político, que fue el que se expresó posteriormente en la convención liderada por la izquierda y la Lista del Pueblo.

- ¿Cree que el 18 de octubre fue una acción diseñada para botar al Gobierno?
- Primero fue obviamente una cuestión menos orquestada y mucho más basada en la insubordinación popular y callejera, donde había un grupo, la autodenominada primera línea, cuyo propósito fundamental era enfrentarse a las instituciones del Estado cometiendo muchos hechos de violencia. Pero a partir del mismo 19 de octubre comienza una arremetida de sectores de izquierda dura por sacar al Presidente de La Moneda.
El hecho más simbólico es la declaración del expresidente del PC, Guillermo Teillier, que la mañana del 19 de octubre pide su renuncia. Luego vienen las acusaciones constitucionales, las querellas, los intentos de declararlo incapaz mentalmente, las solicitudes de adelantamiento de elecciones que incluso fueron valoradas por el presidente de la Democracia Cristiana. Desconocer esos hechos es una falta de coraje político. Pero no tengo grandes expectativas de la izquierda radicalizada, porque creo que sus convicciones democráticas son débiles o nulas. 
 

“Yo pertenezco a un mundo político que es mucho más tajante en condenar la violencia”

- Habiendo sido usted ministro del Interior, ¿qué ve cuando ve a la ministra Toha?
- Algunas similitudes y varias diferencias. Similitudes porque enfrenta un sector de gobierno que está haciendo todo lo posible por hacerle la vida imposible especialmente en los temas de seguridad.
El ejemplo más reciente es el veto a la Ley de usurpaciones que su propio sector, el más a la izquierda, le está rechazando, o los indultos del Presidente Boric, que le hicieron pedazos el acuerdo de seguridad, que era muy importante. Es muy difícil ser ministro del Interior cuando la propia coalición te da poco respaldo. También veo muchas diferencias porque yo pertenezco a un mundo político que es mucho más tajante en condenar la violencia y en entender que el Estado tiene que cumplir un rol más activo para enfrentarla. Ella tiene una convicción en ese punto, pero probablemente en su sector hay menos y en Apruebo Dignidad casi nada. 

- ¿Lo que pasó el 18 de octubre fue una revuelta espontánea o un acto coordinado? 
- Probablemente un poco las dos cosas. Hay revuelta espontánea y también hay elementos de coordinación que han aparecido en las investigaciones penales de grupos anarquistas radicalizados y barras bravas que se organizaron para atacar las estaciones del metro. Ahora, una de las partes más lamentables del 18 octubre, es constatar que a cuatro años todavía no hay una respuesta formal por parte de las instituciones que tienen obligaciones en materia investigativa y penal sobre quién quemó la red del Metro. 

- ¿Por qué no se resuelve?
- Porque definitivamente las instituciones en materia de inteligencia, de seguridad e investigación penal no tienen la robustez suficiente para enfrentar este tipo de fenómenos complejos de violencia, porque en Chile estas cosas no pasaban. 

- Se ha vuelto ya casi un facilismo echarle la culpa de todo a que no se pueden lograr acuerdos, ¿o no?
- No estoy de acuerdo. Nosotros hicimos todo lo posible para lograr acuerdos y nos encontramos con una muralla en el Congreso, la izquierda siempre nos cerró la puerta. Por eso a mí tampoco me gusta que la oposición hoy día le cierre completamente la puerta al Ejecutivo a implementar su programa. 

- ¿La derecha cierra puertas al Gobierno? 
- En algunos momentos efectivamente sí, pero también es cierto que el Gobierno no ha reconocido que tras la derrota del plebiscito del 4 de septiembre y de la elección del 7 de mayo el escenario político cambió y tiene que sacrificar algunas cosas de su programa para construir esos acuerdos. Hoy día se cree que coraje en política es confrontar, pero en realidad es ser capaz de pagar costos y sacrificar para llegar a acuerdos. Y quien tiene la primera responsabilidad de hacerlo en un régimen presidencial es el Ejecutivo.

- ¿Está haciéndolo el Presidente Boric? 
- No, no han hecho esfuerzos de fondo que implica sacrificar cosas que duelan. 
 

“Me hubiera gustado ver mayores diferencias (con PR)”

- En el proceso constitucional, la o las derechas tienen la mayoría: ¿están ejerciendo su liderazgo para llegar a acuerdos?
- No, definitivamente falta un esfuerzo mucho mayor. Farrearse esta posibilidad sería una irresponsabilidad histórica porque la vuelta puede ser larga, pero no puede ser eterna. Al final del día dejar los problemas irresolutos los aumenta y los problemas de la democracia chilena son bastante profundos como para seguir tentando a la suerte.

- Con el proceso así de avanzado, ¿que estaría votando el 17 de diciembre?
- Falta todavía para decidir responsablemente. Pienso que tanto los expertos, pero especialmente en el Consejo Constitucional, tienen que entender que no va a haber una tercera oportunidad. Este proceso nos da una posibilidad única, no sólo de mejorar el sistema político, de modernizar el Estado, sino que lo más importante, nos da la posibilidad de relegitimar a sus instituciones fundamentales. Al final el 18 de octubre ¿qué es lo que fue? Un momento en que mucha gente dejó de creer en las reglas del juego democrático y por lo tanto darle más adhesión a las reglas es un seguro para evitar nuevos conflictos como el del 18 de octubre en el futuro.

- ¿Cómo ha conducido el proceso el PR?
- Indiscutiblemente no hay punto de comparación respecto a las mayorías radicalizadas del proceso anterior. Esa comparación que algunos intentan hacer es injusta. Pero sí creo que el Partido Republicano (PR) tiene que entender que una Constitución no es un programa de gobierno, que el viento cambia y que la mayoría de hoy puede ser la minoría de mañana. Lo hemos visto en los últimos años. Al final el futuro de nuestra democracia se juega en que este texto constitucional logre aprobarse por una mayoría amplia. 

- Chile Vamos, incluido Evópoli, ha votado buena parte de las enmiendas junto al PR. 
- Me hubiera gustado ver mayores diferencias porque las tenemos. Hay sintonía en temas como el respeto del Estado de derecho, de la importancia de la seguridad y el orden público, pero hay otras cosas en las que no, y a mí me hubiera gustado ver mayores diferencias. Hay que mirar cómo la Concertación o la Nueva Mayoría, que se mimetizaron con el Frente Amplio y el Partido Comunista, hoy día están reducidas a su mínima expresión. 

- ¿Podría participar en un gobierno de JAK?
- No puedo tener más diferencias con el Partido Republicano. Somos proyectos políticos distintos, así es que no. 

- Otra situación hipotética, un tercer período de Sebastián Piñera, ¿trabajaría ahí?
- Tal como él dijo, su principal tarea es ahora ser un buen exPresidente. Él ya hizo una gran contribución a Chile y por lo tanto no creo que tenga mucho sentido teorizar sobre algo que él mismo ha dicho que no va a pasar.

- ¿Volvería a trabajar con él, en otra cosa?
- Fue una década juntos, le tengo gran afecto, hay grandes recuerdos, mucho cariño, pero en la vida hay etapas y esa etapa ya fue.

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