Punto de partida
El camino de Nivelat para ser adquirida por Talana
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La startup de recursos humanos Talana, propiedad de Venturance, sigue de compras. Hace pocas semanas anunció la adquisición de People First, una firma de desarrollo organizacional.
No contentos con eso, recientemente compraron Nivelat, una startup de capacitaciones en línea. Sus fundadores, Esteban Errázuriz y Matías Orellana, hoy celebran, pero confiesan que pasaron por “meses de terror”. Post pandemia crecieron de 15 a 45 personas y a los pocos meses tuvieron que despedir a casi todos los nuevos contratados.
La historia de esta firma empieza arriba de un skate. Orellana era aficionado de este deporte y lo usaba como medio de transporte. Mientras era CTO de Lemontech (la startup fundada por Ignacio Canals y adquirida por Accel KKR) estudió un MBA en la Universidad de Chile. Ahí, recuerda, conoció a Esteban Errázuriz, psicólogo de profesión y quien había desarrollado una empresa de capacitaciones luego de renunciar a Komatsu.
Corría 2014 y el primer punto en común entre ambos fue el skate. Siempre había sido uno de los sueños de Errazuriz moverse en uno. Por eso, a la semana siguiente a que se conocieron, éste llegó en su propio skate a clases y desde ese día se fueron siempre juntos al metro. En esos trayectos aprovechaban para conversar y conocerse. Hasta que un día dijeron que podían armar un negocio.
La primera idea fue una aplicación para enseñar. “Nos gustaba mucho el modelo Duolingo y encontrábamos que los cursos de capacitación eran un desastre en general”, recuerda Errázuriz. “Empezamos a iterar con una plataforma para enseñar primeros auxilios infantiles”, agrega.
El MBA tenía un semestre fuera de Chile, y Errázuriz partió a Australia. Desde ahí, conectados con horas de diferencia, probaron un primer MVP (producto mínimo viable). Su primer cliente fue el área de marketing de Clínica Alemana. Esto -dicen- les generó una gran comunidad, pero no era escalable. Llegaron a tener 200 mil usuarios.
Ya era 2016 y con esa validación se movieron a la siguiente etapa: “Dijimos ‘hagámoslo con otro tipo de materiales’. Partimos transformando manuales de salud y seguridad ocupacional de una minera en formato Duolingo”, describe Orellana.
Desde el comienzo fueron rentables y por eso decidieron seguir el camino del bootstrapping (mantenerse con sus recursos generados). “Mirando en retrospectiva, quizás para ese momento teníamos razón. Y quizás para otro pudimos haber acelerado más”. Facturaban cerca de $ 40 millones al año y crecían 40% mes a mes.
Todo iba bien. Orgánico y con un equipo de 15 personas trabajando todos remotamente. Pero siempre ocurre algo que altera la normalidad.
Despedir a 3/4 del equipo
La pandemia aceleró las ventas. “En el primer lockdown crecimos muchísimo, porque se acabó la capacitación presencial”, destaca Errázuriz. En ese entonces el equipo se multiplicó por tres: llegaron a 45 personas. Todo se veía bien, “pero el año comercial en 2022 no partió”, recuerda Orellana. “Fue nefasto”, describe. Tuvieron que despedir a tres cuartos del equipo.
2021 había sido el mejor año de su historia, y todo apuntaba a que 2022 seguiría esa senda. “Quedamos con caja a favor y eso nos daba un horizonte de runway hasta abril”, cuenta Orellana. Con el crecimiento estaban quemando mensualmente cerca de $ 120 millones pero en marzo se dieron cuenta de que el año venía mal, y empezaron los recortes. En junio ya eran nuevamente 15 personas.
- ¿No pensaron en cerrar?
- (Errázuriz) No, porque los números daban con la estructura correcta. Pero en 2022 lo pasamos muy mal y el equipo que se quedó seguía destruido. Cuesta recuperar la confianza y decirles: “Oye, estamos bien”.
- ¿Cuál es la autocrítica que hacen?
- Tuvimos exceso de optimismo y eran tiempos muy difíciles de leer porque venía una pandemia dando señales muy buenas. Esto es previo a que las grandes startups empezaran a cortar gente. Como nosotros eramos bootstrapeados, no teníamos la caja que tenía una firma que había levantado plata y que podía quemar un año. Si uno piensa, al año siguiente le pasó a todos los emblemáticos. Debimos haber sido más conservadores, pero uno no le puede pedir eso a un emprendedor.
El exit
2023 fue un año de estabilización y 2024 volvieron a recuperar el camino del crecimiento. Llegaron a tener 70 clientes y 30 mil usuarios (el cobro es como un SaaS, desde 0,1 UF por usuario).
Entre ellos conquistaron a Lipigas, WOM, Caja Los Andes y Rappi. Con estos últimos, los fundadores de Nivelat entregan un ejemplo de cómo funciona su solución: “Un repartidor se equivoca en un pedido y se le levanta una cápsula nuestra que explica cómo no equivocarse. Y si no contesta bien la cápsula no puede tomar pedidos de nuevo, hasta que lo conteste bien”.
A finales de 2023 se acercaron a Talana buscando una alianza comercial. Buk ya había comprado a una startup de este segmento, llamada Boost. Pero no les fue bien en esa primera instancia. A mediados de 2024 volvieron a insistir y ahí “supimos que estaban activamente buscando una plataforma para comprar”, cuenta Errázuriz.
En la primera reunión Talana les preguntó qué querían hacer con la empresa. “‘Hacer una alianza comercial’, les dijimos. ‘De hecho, ya estamos integrados a ustedes’. Ellos no sabían eso, incluso teníamos varios clientes en común. Eso dio pie para una segunda reunión”.
Las conversaciones siguieron avanzando. “¿Están dispuestos a vender?”, les preguntaron. Y desde ahí no pararon: contrataron al estudio ACR Legal y por el lado de Talana trabajó Bofill Mir Abogados. Fue una negociación rápida, confiesan los fundadores. Había buen fit desde el inicio y hacía sentido la operación. El acuerdo incluía que todo el equipo de Nivelat se quedara en Talana para hacer crecer el negocio con sus más de 6 mil clientes. “Si la oferta hubiese sido: ‘Tienen que entregar la plataforma e irse’, no lo hubiéramos aceptado”, afirma el CEO.
El 17 de diciembre sellaron la venta tras intensas semanas de negociaciones. Y al día siguiente -dicen- cerraron su primer cliente como parte de Talana. Por eso, agregan, empezaron con pie derecho.