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Punto de partida

@Lapasita: “Soy influencer, ¿y qué?"

@Lapasita: “Soy influencer, ¿y qué?"

La fotógrafa María Paz Bezanilla abrió su cuenta de Instagram a comienzos de 2018 con el fin de convertirla en un negocio. Hoy tiene casi 30 mil seguidores y ser influencer le permite pagarse un sueldo ella y su hermana que la apoya en el emprendimiento. Aquí sus aciertos, errores e inspiraciones.

Por: María José Gutiérrez | Publicado: Domingo 9 de agosto de 2020 a las 04:00
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El video parte así: Chewbacca -el personaje peludo de Star Wars- maneja su auto y hace las compras en el supermercado. Está cabizbajo. Hasta que aparecen dos personas que le entregan una tarjeta de depilación láser. Chewbacca va al centro de estética a hacerse el tratamiento y cuando sale, se quita la máscara y el traje, y aparece una mujer de 35 años vestida con chaqueta de cuero y jeans, feliz con el resultado. María Paz Bezanilla, conocida en Instagram como @lapasita, recuerda ese icónico video. “Estaba iniciándome en este mundo de los influencers y cuando me pidieron que hiciera un video para la marca pensé: “Cómo lo hacemos, porque no voy a salir haciéndome la depilación láser, no es mi estilo”. Así que les dijimos ‘va a ser diferente’, ¿apañan?”, relata. La grabación se viralizó y el número de seguidores en la red social se disparó. “Ese video es un hit, lo repito cada cierto tiempo y sigue funcionando”, agrega. 

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@lapasita tiene más de 29 mil seguidores. Lo que partió casi como un juego hace dos años hoy es un negocio que le entrega un sueldo a ella y a su hermana Soledad, quien la apoya en las grabaciones, asesora los contenidos y está a cargo del área comercial. “Yo hago todo el material visual y lo edito. Muchas veces ella me dice: “Eso no lo puedes subir. Y le hago caso porque me esta salvando el pellejo”.

-¿Para que no hagas el ridículo?

-Claro, yo soy medio ridícula. Muchas personas me dicen que esto es un personaje, pero yo soy así, claro que en las redes sociales lo condimento un poco. Pero ella me para porque hay que tener ojo cuando uno tiene tantos seguidores. 

-¿Cuánta plata se gana en esto?

- Depende de la influencer, pero no te voy a decir los números. Si la marca te suma o te viste, cobras más barato. Si no, le cobras más caro. Uno tiene un tarifario por historia, o pack de historias, o por post en Instagram. Y está la posibilidad de ser embajadora. Ahí cobras un fee mensual por un número de posts y le das exclusividad a la marca. 

¿Y quién eres tú?

María Paz Bezanilla estudió Arte en la U. Finis Terrae. Pero en cuarto año se cambió a Fotografía. Trabajó en la agencia Salamágica hasta 2011. Ahí, dice, se metió en la edición digital. La maternidad -tiene tres hijos- la hizo poner en pausa su trabajo en la agencia y durante seis años tuvo una florería artificial con dos socias. 

En el verano de 2018, cuando el ritmo de venta estaba más tranquilo, ocupó el tiempo libre para hacer un video para el negocio de su mamá, la diseñadora textil María Paz Valdivieso. “No me demoré nada y me di cuenta que había generado un material excelente. ‘A esto hay que sacarle el jugo. Tengo el ojo, queda un material de muy buena calidad y a muy bajo costo. Esto es business’, dije”.

Lo primero que hizo fue vender su cámara Réflex para comprarse el mejor celular del mercado: el con más pixeles y memoria. Con su hermana comenzaron a llamar amigos que estaban emprendiendo y ofrecieron su servicio por $ 30 mil: incluía una serie de videos e imágenes para alimentar sus Instagram por un mes. “Son las vitrinas digitales de estos emprendedores. Entonces, si logras que sean cool y entretenidas, la gente te empieza a seguir y te compra”, dice. Pero cometieron un error: prometieron confidencialidad a los clientes. Y una vez que se les acabaron los contactos, salieron a tocar puertas y no tenían nada que mostrar. Entonces tomaron una decisión: “Tengo que abrir mi cuenta de Instagram, y vamos a ganar plata con ella”, relata. 

Volvieron a recurrir a amigos emprendedores. Hicieron un video de una librería donde María Paz apareció por primera vez en cámara. “Lo subí a mis redes y varios me plantearon hacer un Instagram de videos. Y yo: ‘tranquilos’”, cuenta. Segundo video, le ofreció a una pastelería a cuya dueña no conocía. “Hola, me gustaría recomendarte”, le dijo. “¿Y quién eres tú?”, le respondió la pastelera. “‘Tengo un Instagram, @lapasita, tengo 800 seguidores. Igual te puede servir para tener un video bonito’. La Sole me grababa, yo me juraba famosa, probando los chocolates como que fuera una rockstar... Le pusimos música y funcionó”, agrega. Tercer video: las contactaron. Y de ahí en adelante nunca más tuvieron que ofrecer su trabajo. “Cuando decides abrir tus redes y tirarte a la piscina está la duda si te va a funcionar o no. Y estás expuesta a toda la gente que te está viendo. Pero siento que si tienes las ganas, le dedicas el tiempo necesario, y lo tomas como un trabajo, te va a resultar”, asegura.

-El modelo mutó y hoy la marca eres tú...

-Es que el influencer partió siendo muy orgánico, de recomendaciones naturales. Pero cuando empezaron a entrar las lucas, las marcas, las recomendaciones empezaron a verse falsas. Nosotros ahí apostamos por mostrarlas de manera entretenida e inteligente para que gusten sin que sean recomendaciones orgánicas, generando un contenido que divierte y te quede el nombre dando vueltas. 

-Y así te convertiste en influencer.

-Claro. Me convertí en influencer y nunca le tuve asco a la palabra. Lo vi como un negocio. Igual siempre estoy generando contenido propio para que no todo sea comercial: por una publicación pagada, hago otros dos, quizás uno divertido y otro de un emprendedor que muestre algo. Así relleno la agenda del mes con contenido que a mí me gustaría ver. 

Los memorables

Otro de los videos “memorables” de        @lapasita es el que muestra los “tipos de mujeres bailando en matrimonios”. Ahí recrea distintos pasos según el estilo: la buena pa’ la vuelta; la tropezona; la que no sacas de la mesa por nada del mundo; la manos locas; la que devuelve el hielo; la lavadora; la folklórica; la pechito; la que no conoce la canción... “Ese ha sido el lado humorístico que le hemos puesto más en esta cuarentena porque no nos ha quedado opción de salir a buscar contenido. Armamos el set de estudio. Hacemos guion antes de cada video, anotamos ideas y grabamos. El resultado se ve fluido y rápido, pero todo es pensado”, dice.

También se viralizó uno en el que aparecía comiendo en la despensa, al inicio de la cuarentena. “La idea es captar en qué está la gente, las conversaciones en Whastsapp, y hacerlo rápido. Ideas todo el mundo tiene, la diferencia está en el que las hace”. 

-¿Donde está el techo en la carrera de influencer? Muchos de los que eran famosos hace un par de años, hoy han perdido relevancia. 

-Si vas a dedicarte a Instagram tienes que tomártelo como trabajo y dedicarle las mismas horas. Empiezo a las 8 u 8:30 hasta las 5 o 6 de la tarde, me refiero fuera de la cuarentena. Puedo estar toda la mañana en Youtube viendo tutoriales de cómo hacer cosas entretenidas en Instagram, buscando técnicas nuevas. Estoy siempre informándome de lo que está saliendo y lo trato de aplicar. Otra cosa importante es responder cada mensaje. Instagram es una comunidad y tienes que dedicarle tiempo a cada persona que se dio la lata de entrar. Así la comunidad empieza a ser útil. 

-¿Como manejas la privacidad? Porque muestras a tus hijos, sobrinos, hermana...

-Trato de no subir tanto a mis niños como quisiera y jamás publicaría una foto que sienta que los avergüenza. Al tener una red abierta te pueden criticar o alabar, y las dos cosas pueden ser negativas si las llevas mal: una niña que recibe 1000 likes en una foto y después nada, no sabe cómo llenar ese vacío. Yo agradezco que esta opción la pesqué más de grande, más resuelta, casada, con hijos porque sé un poco como manejarla. Pero tiene su lado peligroso. 

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