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Cómo el quillay logró potenciar tres vacunas contra el coronavirus

Cómo el quillay logró potenciar tres vacunas contra el coronavirus

La compañía norteamericana Desert King desarrolla coadyuvantes para tres laboratorios que producen vacunas contra el Covid-19, una de ellas apoyada por Bill Gates. Para esto, la firma debe acudir a un árbol que solo se encuentra en Chile: el quillay. En 2020 los pedidos del producto aumentaron un 3.000%.

Por: Mateo Navas | Publicado: Domingo 11 de abril de 2021 a las 04:00
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En los rincones del bosque esclerófilo chileno, entre las regiones de Coquimbo y del Biobío, se encuentra un árbol endémico llamado quillay. Esta plantación —que puede alcanzar los 20 metros y que tiene una flor que brota en octubre— ayuda a tres laboratorios internacionales a desarrollar vacunas contra el coronavirus. Todo esto gracias a sus saponinas, moléculas que producen espuma y que actúan como coadyuvantes, es decir, potenciadores del antígeno que genera la respuesta inmune del organismo contra el SARS-CoV.

Desert King Chile es la única compañía que está detrás de este desarrollo científico. Es una filial de una empresa norteamericana que estudia y comercializa distintos compuestos químicos en México, Chile y Estados Unidos. Ellos tienen acuerdo con tres laboratorios internacionales que ya están produciendo vacunas contra el Covid-19. Uno de estos es Novavax, una biotecnológica estadounidense-sueca que ya fue aceptada por la Agencia Reguladora de Medicamentos y Productos Sanitarios (MHRA) del Reino Unido y que está ad-portas de recibir la luz verde de la FDA, en Estados Unidos. Es la que tiene el apoyo de Bill Gates, cofundador de Microsoft.

“El adyuvante permite que el antígeno ingrese al organismo de forma más efectiva, lo que genera una menor concentración de éste y que faculta a Novavax a escalar a nivel industrial”, cuenta a DF MAS Andrés González, gerente general de Desert King Chile.

Y si bien el quillay tiene más de 50 saponinas, las cuales, en su mayoría, se encuentran en su corteza, no se utilizan todas para la industria farmacéutica. Para Novavax, Desert King Chile utiliza dos: la qs7 y qs21. Con este desarrollo los investigadores lograron producir (y patentar) el primer coadyuvante vegetal del mundo, lo que podría cambiar el rubro farmacéutico, especialmente porque el movimiento antivacunas critica —sin evidencia científica actualizada— la utilización de potenciadores de aluminio y mercurio.

“Nuestro trabajo con coadyuvantes era a nivel experimental, a escala muy pequeña. Hacíamos pocos volúmenes, de 20 a 30 kg al año. Pero de la noche a la mañana Novavax nos pide casi 800 kg, y esa cantidad la triplicó para este 2021”

Pero, ¿cómo llegan a este compuesto? “Es una infusión donde extraemos la esencia del quillay. Ese líquido lo vamos concentrando en sucesivas etapas de filtración, eliminando el agua, sólidos extraíbles e impurezas, hasta llegar al nivel de saponinas lo más concentrado posible, que es un 99%. Ese proceso de filtración es nuestro aporte y nuestro secreto”, revela el gerente general de la compañía, quien agrega que para algunos clientes ese líquido se puede pasar a estado sólido. Ese es el producto que le venden a Novavax.

Desert King no habla de precios, pero ha trascendido que un pequeño frasco de este líquido podría costar fácilmente US$ 50 mil. Según cálculos de Andrés González, un kilo de este compuesto se puede utilizar para producir más de 1.100.000 dosis de vacunas contra el coronavirus.

Los inicios

Fue a mediados de la década de los ‘80 cuando el entonces académico de la Universidad Católica Ricardo San Martín comenzó a investigar las propiedades del quillay. En ese proceso, de hecho, ocurrió una coincidencia que 25 años después cobró sentido: se vinculó con Bror Morein, uno de los fundadores de Novavax.

Muy temprano San Martín se dio cuenta de que el árbol tenía un potencial único a nivel mundial. Y lo que comenzó como un ejercicio académico terminó en la creación de Natural Response, una compañía que comercializó los primeros productos en base a las saponinas del quillay.

A lo largo de los años Natural Response desarrolló diferentes compuestos. Comenzaron con la industria minera, luego avanzaron con el rubro de la agricultura. Años después ingresaron al mundo de los alimentos para humanos y para animales. El último descubrimiento fue el potencial farmacéutico.

Sin embargo, el primer objetivo fue justamente llegar a influir en la industria farmacéutica. “Natural Response nació así, pero para llegar a eso, como se requieren muchos años de investigación, comenzaron a crear productos alternativos para financiar la operación. Todo se logró tres años atrás”, recuerda González.

En medio del desarrollo científico de Ricardo San Martín apareció Desert King. Partieron con una alianza estratégica en 1996 y cuatro años después la compañía norteamericana compró un pequeño paquete accionario de Natural Response, hasta que hace unos años se quedó con el 100% de la empresa chilena. San Martín, eso sí, sigue ligado a la firma. Hoy hace clases en Berkeley y participa del Saponin Research Center, un centro de estudios ligado a Desert King. El académico tiene el 20% de la propiedad de la sociedad.

Hoy, exportan a Indonesia, China, Europa, Estados Unidos y África. Tienen 225 trabajadores en Chile y administran diversos proyectos en simultáneo. Las ganancias de 2020 se multiplicaron por seis y proyectan que se tripliquen las de este 2021.

Clonación de árboles

Absoluta reserva. Ese es el lema en las oficinas de Desert King Chile cuando se habla de la industria farmacéutica. Tienen acuerdos de confidencialidad firmados con todos sus clientes ligados a la vacuna del coronavirus. González, de hecho, afirma que pueden hablar de su vínculo comercial con Novavax solo porque el laboratorio sueco-estadounidense decidió transparentarlo en sus informes. Los otros dos los mantienen bajo completa discreción.

Con la crisis sanitaria todo cambió. A finales de 2019, cuando estaban desarrollando la tecnología para la vacuna de la gripe estacional, llegó el coronavirus y cambió todos los planes de la compañía, aumentando su producción en un 3.000%. “Nuestro trabajo con coadyuvantes era a nivel experimental, a escala muy pequeña. Hacíamos pocos volúmenes, de 20 a 30 kg al año. Pero de la noche a la mañana Novavax nos pide casi 800 kg, y esa cantidad la triplicó para este 2021”, enfatiza. “Tenemos supply agreements a siete años con distintos laboratorios”.

A partir de la avalancha de pedidos, comenzaron a construir una planta farmacéutica en Curauma, en la región de Valparaíso, que se centrará en investigación, producción y vínculos comerciales con laboratorios. Tendrá, acorde al ejecutivo, tecnología de punta y se inaugurará en junio. “Es una realidad que ampliamos la empresa varias veces en un año: en términos de venta, utilidades, metros cuadrados. Esto no es algo del futuro. Esto es ahora”.

Además, están desarrollando un proyecto que se basa en la clonación de árboles especialmente para la industria farmacéutica. “Nosotros sacamos material genético de un árbol que tiene la concentración de saponinas que queremos. Luego desarrollamos una patente de clones específica para esa especie. Una vez patentado, se procede a la plantación en lugares pequeños, con alta densidad forestal. Cada uno de esos árboles los cuidamos como si fueran lingotes de oro”, describe el ejecutivo.

Pero no todo es clonación, también trabajan con árboles nativos que están en el bosque esclerófilo chileno. Junto con la Conaf se contactan con distintos predios privados y les ofrecen podar los quillayes en sus terrenos. “Esta poda potencia la vida del árbol porque le baja la cantidad de biomasa, la cual tiene que ser surtida con la menor cantidad de agua posible”, cuenta González. Esa biomasa, que es el resultado de la poda, la utilizan para generar el proceso científico. “No somos depredadores del bosque nativo”, advierte.

Los otros negocios

Espuma. Ese es el elemento central de las saponinas. En el caso del quillay, este árbol las produce y almacena —la mayoría— en su corteza para proteger la biomasa. Genera una especie de barrera natural para protegerse de agentes externos y evitar la oxidación, además de “ahorrar” agua. Estas saponinas se utilizan para diferentes industrias. Desert King, en el ámbito de la minería, trabaja con Radomiro Tomic, proyecto de Codelco, para evitar la neblina ácida que afecta a muchas cupríferas. También tienen diversos compradores del mismo producto en África, en el cinturón de cobre de ese continente.

También tienen vínculos comerciales con Coca-Cola, Pepsi y la cervecería irlandesa Guinness. En todos estos casos, las saponinas se utilizan para realizar espuma. En el mundo de la agricultura, comercializan las saponinas como un potenciador de la salud de las plantas, generar crecimiento radicular y un nematicida natural.

Sin embargo, el principal mercado antes de la crisis sanitaria era la industria de los alimentos para animales, especialmente para salmones, cerdos y pollos. “Nos hemos dado cuenta de que las saponinas tienen propiedades que mejoran el sistema inmunológico de los animales. Logramos reducciones de un 70% en la cantidad de antibióticos para alcanzar un igual nivel de salud”, aclara González, quien cuenta que toda esta tecnología está patentada y certificada. Además, señala que la mayoría de estos productos se exportan porque las empresas nacionales siguen utilizando muchos antibióticos, especialmente en el rubro de la salmonicultura.

Y si bien seguirán potenciando esos negocios, con la llegada del coronavirus no hay vuelta atrás. La crisis sanitaria, acorde a González, aumentará como espuma la producción de adyuvantes naturales. Y si bien, por ahora, son los únicos actores en el mercado, en el futuro puede surgir competencia.

Es por eso que no comparten su receta para conseguir niveles de purificación tan altos y al mismo tiempo obtener una producción industrial. No participan de concursos de innovación justamente para no dar a conocer la tecnología que han desarrollado.

Además de la vacuna contra el Covid-19, Desert King Chile está desarrollando potenciadores para otras inoculaciones, como las de la viruela, malaria, dengue y la gripe estacional. En paralelo, ya están comenzando investigaciones científicas en otras plantas que también producen saponinas, como la de la quínoa, el té y la yuca.

El próximo objetivo, de acuerdo al ejecutivo, es desarrollar un proyecto de educación sobre el bosque esclerófilo chileno. Para eso ya firmaron un acuerdo con el Jardín Botánico de Viña del Mar. Construirán un pabellón para educar a las familias de la región de Valparaíso sobre esta zona. Además, van a plantar 11 hectáreas de quillay en los faldeos del jardín para potenciar el conocimiento de este milenario árbol nacional.

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