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Cultura

Marilú Ortiz de Rozas y su libro sobre Vicente Huidobro: “No obtuvo mayor reconocimiento en nuestro país”

Marilú Ortiz de Rozas y su libro sobre Vicente Huidobro: “No obtuvo mayor reconocimiento en nuestro país”

La muda, la musa y la viudita son Manuela Portales, Ximena Amunátegui y Raquel Señoret, respectivamente. Los tres grandes amores del poeta chileno a través de cuyas voces literarias, la escritora aborda a Huidobro, en toda su complejidad de “Pequeño dios”.

Por: Por Sofía García-Huidobro | Publicado: Viernes 5 de mayo de 2023 a las 15:35
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“Lo primero que quise en la vida fue ser poeta”, admite la periodista de la Universidad de Chile y doctora en Literatura en la Sorbonne. “La poesía siempre me ha bullido adentro. Pero ser poeta es como querer ser pájaro y la realidad es que no tengo alas, tengo dos hijas y me ha tocado ser jefa de hogar, poner los pies sobre la tierra y proveer”, comenta Marilú riendo. 

Sí ha dedicado parte de su carrera profesional a escribir sobre poetas y artistas como Pablo Neruda, Pablo de Rokha, Mario Carreño y Vicente Huidobro. Lo ha hecho en distintos formatos: tesis académicas, investigación periodística y también versiones infantiles, como Viaje al corazón de Neruda (Amanuta, 2014).

Esa última experiencia abrió un camino paralelo en su trabajo como escritora, porque se fascinó con el lenguaje. “Mi mundo literario es bastante oscuro con personajes artistas y muchas tragedias, y cuando la editorial me invitó a escribir ese libro sobre Neruda para niños, lo pasé tan bien y fue una experiencia tan bonita, que me dije: ‘¿por qué no?’ Ahora tengo proyectos en los dos mundos. La literatura infantil se parece a la poesía porque uno escribe más corto y recurre a imágenes de forma evocadora”.

Pequeño dios (Alfaguara, 2023), es el título del libro donde Ortiz de Rozas le da voz a las tres mujeres del precursor del movimiento creacionista, Vicente Huidobro. A través de Manuela Portales, su primera mujer y madre de tres de sus hijos, descendiente directa de Diego Portales y Andrés Bello; luego Ximena Amunátegui, la joven que lo deslumbró y a quien pasó a buscar a la salida del colegio para fugarse juntos a Argentina y desde ahí a París; y por último Raquel Señoret, amor de sus días finales.

Escrito en primera persona, la autora repasa sus respectivas vivencias junto a Huidobro y desde ahí las muestra a ellas, como las mujeres sensibles, cultas, apasionadas y modernas que fueron. También filtra las luces y sombras del poeta. El resultado, que se lee como una novela romántica, con todo el amor y el drama que eso implica, es fruto de una nutrida investigación que devela un conocimiento acabado de las obras completas del autor de Altazor, pero también prensa de la época, cartas y una serie de entrevistas que Marilú sostuvo con familiares, cercanos y entendidos. 


 
Voces de mujeresAhora, con el libro recién publicado, cuando le preguntan por qué decidió darle esa forma a un relato sobre Huidobro, señala que simplemente se le ocurrió. “He escrito harto de hombres, quise que fuera a través de mujeres”.

Agrega que tuvo un proyecto sobre Gabriela Mistral que al final no funcionó y ahora está escribiendo un libro donde la protagonista es una artista mujer, cuya identidad todavía prefiere reservarse. 

Por otro lado, le costaba asumir la voz del poeta: “Él tan autorreferente, tan seguro de sí mismo, tan opuesto a mí”. Ellas en cambio le fluyeron: “Fueron compañeras de un tremendo artista, mujeres adelantadas a su época que no iban a contar sus vidas como quien sale a comprar pan. No me las imaginé como meras administradoras de una casa. Me salió natural identificarme y me entretuve mucho al investigarlas”. 

Además, cada una representa el retrato de una época. Hay una cuarta mujer, que, aunque no tiene capítulo en Pequeño dios, está presente de manera constante: María Luisa Fernández, madre de Huidobro. “Su figura es gravitante en su vida. Ella le inculcó que el poeta es un ser supremo y fue su mecenas. Él no tuvo que trabajar nunca. Murió creyendo que era el mejor”, explica la escritora. Fue sin duda uno de los mejores, afirma, pero no obtuvo mayor reconocimiento en nuestro país.

A pesar de su inmensa figura poética, apunta Marilú, del creacionismo, los caligramas, los poemas pintados, de su rol en las vanguardias europeas y latinoamericanas, de ser precursor de una poesía que se vincula a la ciencia, en Adán, a la metafísica, en Altazor

“Desde joven fue muy profundo e iluminado. No es un poeta que relata lo que está pasando a su alrededor, va más allá”, agrega. Organizador de tertulias y publicaciones literarias en Europa, amigo de intelectuales y artistas como Juan Gris, Guillaume Apollinaire, Erik Satie, Tristan Tzara y Pablo Picasso.

“Dime tú qué calle, universidad o institución se llama Vicente Huidobro”, se pregunta Ortiz de Rozas. Añade que la fundación que lleva su nombre lucha constantemente contra la falta de recursos, el museo en Cartagena (que este año cumple una década) estuvo a punto de cerrar y su tumba está prácticamente abandonada. 
 
El arrebato del narcisoLa escritura de Pequeño dios partió hace unos seis años, repartida entre sus múltiples ocupaciones como periodista y escritora freelance. Marilú hace clases, es fotógrafa, ha escrito para Artes & Letras de El Mercurio y hoy es colaboradora de la Revista del Domingo y la publicación cultural La Panera. Primero, en 2017, postuló a un Fondo de creación del libro que no obtuvo, pero que la obligó a entregar 50 páginas de adelanto.

Comenzó en orden cronológico con Manuela Portales. Y cuando llegó la pandemia y disminuyó su carga laboral, se dedicó a escribir los capítulos de Ximena Amunátegui y Raquel Señoret. Realizó decenas de entrevistas, la mayoría de ellas telefónicas, desde el encierro.

Antes tuvo la oportunidad de juntarse con el hijo menor del poeta, Vladimir García-Huidobro Amunátegui, quien murió en 2018. “Vladimir adoraba a su padre (murió cuando tenía 13 años), cuando me habló de él dijo que eran muy ‘collera’”, recuerda. 

El año pasado la autora viajó a Francia y su editor de la Revista del Domingo le encargó una nota que fuera “El París de Huidobro”. Coincidencia y oportunidad perfecta para recorrer los lugares donde vivió el poeta chileno durante los años que habitó la capital gala.

El teatro donde lanzó sus poemas pintados, el trayecto de su departamento a la casa de Satie, el café donde firmaron la carta en apoyo a Tzara. “Fue muy entretenido de investigar y acreditar. Lo loco y lo triste es que quedan más de esos lugares en París que en Chile. Acá sólo queda la casa de Santa Rita y Cartagena, que está a medio morir saltando”, comenta Marilú. 

-¿Qué tuvieron en común estas mujeres, además del poeta?
“Que no fueron mujeres convencionales. Manuela Portales, su primera mujer y probablemente la más damnificada, no quiso ser mantenida por su exsuegra tras el abandono de su marido. Prefirió pasar penurias que vergüenza. Y a Ximena Amunátegui la encuentro ídola. Fue capaz de hacer con su vida lo que quiso. Mandarse a cambiar con Huidobro y después dejarlo por otro poeta (Godofredo Iommi) con quien podía ser más feliz. En esa época eso lo hacían los hombres, no las mujeres”.

-¿Después de todo lo leído e investigado, crees que Vicente Huidobro fue capaz de amar?
“No soy psicóloga clínica como para decir si tuvo trastorno de personalidad narcisista, pero claramente tenía algunos rasgos. Cuando busca a su presa cree que se enamora. Uno lee en sus cartas mucho despecho, amor disfrazado, especialmente por Ximena que lo dejó por otro. Me sorprendió lo reflexivo que fue en su poesía y lo arrebatado en su actuar. La pulcritud de sus textos contrasta con su otro ser que hacía zamba canuta”.

Por lo mismo el título del libro, cuenta Marilú, le fue fácil de definir. “Pequeño dios lo ilustra demasiado bien”, dice mientras recita de memoria parte del poema. 

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