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Cultura

Pablo Stipicic: “La escena musical chilena necesita más autoestima”

Pablo Stipicic: “La escena musical chilena necesita más autoestima”

El productor musical trabaja con nombres como Javiera Mena, Gepe, Gianluca y Princesa Alba, entre otros nacionales, y viene llegando de una estadía en México donde produjo a otros artistas latinoamericanos. Además, junto a Rubio, creó la música original de La caída, película de Lucía Puenzo que se acaba de estrenar en Amazon Prime Video.

Por: Por Sofía García-Huidobro - Foto: Hilda Pellerano | Publicado: Viernes 18 de noviembre de 2022 a las 14:43
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Una clavadista de alta competición se sumerge en el agua envuelta por las melodías del productor Pablo Stipicic (38) en conjunto con Rubio, proyecto musical de Fran Straube.

Es una de las muchas escenas de La caída, cinta dirigida por la argentina Lucía Puenzo y protagonizada por la actriz mexicana Karla Souza, que se estrenó la semana pasada en Amazon Prime Video.

Se trata de una historia que se sitúa en los meses previos a los juegos olímpicos de Atenas 2004 y está inspirada en distintos casos reales que dan cuenta de abusos sexuales en el mundo del deporte. 


“Nos dijeron ‘juéguensela con hacer algunas canciones y van a competir con otras propuestas. Nos dieron cuatro escenas. Tres eran con música instrumental y había una canción que es el tema con la que termina la película y que la idea es que sonara grande, épica, emocionante. Con esas escenas hicimos nuestra propuesta y gustó tanto que finalmente hicimos la banda sonora original. ‘Después de ahogarme’ es la canción que, creo, hizo que nos ganáramos la pega, porque nosotros no habíamos visto la cinta y la letra fue como adivinatoria”, comenta Stipicic sobre su participación musical en La caída

Con Rubio ya han producido dos discos juntos y están trabajando en un tercero. “Funcionamos como dupla creativa, nos entendemos, trabajamos bien, somos complementarios. He podido participar de una manera quizás más involucrada creativamente que con otros artistas”, dice el productor musical.

Algunas de sus composiciones han sonado en otras producciones audiovisuales, como la española Elite y también en la serie mexicana Señorita 89, también dirigida por Puenzo. 

La sillita musical
“Cuando haces música para una película o para una serie, hay mucha información que ya está: hay colores, una estética, un tono. Eso hace que sea más fácil y fluido. Cuando te juntas directamente con un artista hay mucho enfrentamiento con la nada y procesos internos. Hacer música es vulnerable. Hay mucho de sicológico, mucha maleza que sacar. Y la producción es una exploración conjunta”, comenta.

Pablo tiene algunas herramientas extras, porque estudió psicología antes de dedicarse 100% a la música. La vuelta fue larga, cuenta. Su primer acercamiento con la música fue a los 10 años cuando su hermano mayor se compró una guitarra.

“Cuando tenía como 14 empecé a tomar clases de guitarra, y el instrumento se quedó conmigo. Pero cuando llegó la hora de la universidad, de puro gallina me metí a Bachillerato. Luego me salí y entré a música en la Uniacc pero me desilusioné de la carrera y tampoco sentía que mi relación con la música tenía que ver con convertirme en músico de escuela. La música se estudia, pero a fin de cuentas es un oficio, una artesanía”.

Su papá le sugirió volver a dar la prueba de admisión y como sacó buen puntaje, no se atrevió a descartar una carrera universitaria y entró a Psicología en la UC.

“Nada que ver. Retrocedí y estuve varios años ahí, aunque en paralelo tenía algunos clientes como productor musical. La psicología para mí era siempre un plan B. No me atreví a dar un paso más firme. Y hubo un momento en que dije ‘Ya. No más’. Me acuerdo de haber hecho las paces con la idea de que me fuera mal económicamente. ‘Si soy alguien que tiene una vida muy sencilla con muy poquitas lucas, igual démosle”.  

En el colegio tuvo algunas bandas con amigos, pero nunca le gustó la idea de subirse a un escenario y hacer música en vivo.

“Me ponía muy nervioso. Lo pasaba horrible, pero no se me había ocurrido otra forma de relacionarme con la música. Y cuando descubrí esto, que es la producción, me acomodó muchísimo más: estar en tu estudio, tener una rutina que no fuera de noche, sin nerviosismo. Sentí que era mucho más para mí. No soy adrenalínico. No me gustan las motos, ni las montañas rusas. Ni siquiera disfruto mucho los conciertos, se me hacen largos y siento que está muy fuerte la música. Prefiero meterme a mi cuevita y quedarme horas ahí”, explica. 

“Con todo el hate que recibe, el reggaetón ha logrado cosas por la cultura latinoamericana”

Viene llegando hace pocas semanas de Ciudad de México, donde estuvo viviendo y trabajando durante cinco meses. Uno de sus principales proyectos fue un disco de la cantante argentina Daniela Spalla del sello Universal. Se armó un estudio y el plan es volver a instalarse ahí durante varios meses de 2023. 

Pienso que la música chilena es maravillosa. Tenemos ese discurso nacional de sentirnos poco. ¿Quién inventó que Chile no tiene cultura? Nos convencimos de eso. Somos un accidente geográfico y no hay que ser esotérico o pachamámico para pensar que eso tiene una repercusión en la cultura

“Allá en México se organizan muchas sesiones musicales, se juntan artistas que no se conocen y hacen demos y canciones. Hay una promiscuidad creativa y un espíritu de apertura muy distinto a Chile, que para mí fue porque soy tímido y es como trabajar el músculo de salir al mundo”. 

Stipicic cuenta que la primera mitad de su vida laboral la pasó prácticamente encerrado. Las pegas le llegaban de milagro, dice, o por boca a boca. “Y me acuerdo que un año dije ‘tengo que tratar de ser un poquito más social’, e hice una lista de personas a las que quería contactar. Esa vinculación fue consciente, porque sé que me cuesta, el productor tiende al hermetismo y a la cosa ermitaña. Pero el lobby y los contactos también son pega y hay que tratar de llevarse bien con la gente, que cuando trabajas con alguien esa persona se lleve una buena impresión de ti, no solo en lo profesional, también en lo humano”. 

-¿Qué hace exactamente un productor musical? 
“Siempre lo explico pésimo. Pero trato de partir por la palabra producir. Si soy productor de sillas, por ejemplo, me preocupo de que la madera sea la que yo creo que tiene que ser, que la persona que la va a barnizar sea la adecuada, que el diseño funcione. En música te juntas con un artista o un sello y vas tomando decisiones: cómo queremos que suenen las canciones, revisemos la letra, qué se quiere decir, cómo se canta, cuál es la estética. Y luego toda la parte final; grabar, mezclar, masterizar. Hay productores que son más compositores, otros más ingenieros o más gestores, que funcionan como autores intelectuales y convocan a otros”. 

-Trabajas con muchos músicos chilenos como Gepe, Javiera Mena, Rubio, Gianluca y Princesa Alba, entre muchos otros. ¿Cómo es el desafío de producir distintos estilos musicales?
“Creo que todo lo que hago es relativamente pop. Mi búsqueda es que la música sea honesta, que no suene genérica. Los artistas te guían, te traen un mundo, una estética, un relato. Si eres técnicamente competente y capaz de llevar a cabo lo que a ellos se les está ocurriendo, fluye. Ahí entra también la psicología, porque a veces tienen miedo a perder lo ganado, o se sienten más viejos y obsoletos, y el camino equivocado sería ponerlos a hacer reggaetón. Mejor es ayudarlos a ser ellos”.

Recalca que no tiene ningún prejuicio en el reggaetón. “Con todo el hate que recibe, el reggaetón de alguna manera ha logrado cosas por la cultura latinoamericana. Aunque mucha gente diga que no es música, que no es arte. En Chile me parece increíble que haya gente como Polimá Westcoast, traspasando barreras con tan poco pudor, siento que nos hace bien”. 

-¿Y cómo ves el resto de la escena musical chilena?
- “Chile tiene artistas talentosísimos. No me deja de impresionar y siempre los ha tenido. La escena musical chilena lo que necesita es más autoestima. Yo pienso que la música chilena es maravillosa. En general, no solo en la música, tenemos ese discurso nacional de sentirnos poco. ¿Quién inventó que Chile no tiene cultura? Nos convencimos de eso. Somos un accidente geográfico y no hay que ser esotérico o pachamámico para pensar que eso tiene una repercusión en la cultura. Desde chicos nos han enseñado que hablamos mal, pero eso se llama acento. Y a veces en otro país te dicen ‘qué lindo tu acento’. Es lindo porque es rarísimo. Somos una rareza geográfica y cultural”.

Una Fotonovela del Metro

Y Descubrimos la Belleza se llama la exposición fotográfica y textual de Justine Graham, que además da vida a un libro homónimo, y que muestra el ejercicio creativo de más de 530 trabajadores y trabajadoras de la empresa estatal de transporte en su lugar de trabajo, pero creando escenas de ficción muy alejadas de sus quehaceres cotidianos.

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