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La columna de J.J.Jinks: El sartén

La columna de J.J.Jinks: El sartén

Es cierto que el gobierno ha tenido al frente una oposición dura e intransigente, pero las responsabilidades del gobierno son evidentes de nunca haber logrado conectar con la ciudadanía.

Por: DF MAS | Publicado: Domingo 23 de mayo de 2021 a las 04:00
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Durante años el Presidente Piñera fue considerado un astuto y sagaz negociador. Mientras estuvo en el mundo privado, aprovechó cada debilidad de sus contrapartes para obtener jugosos réditos, tanto cuando participaba del grupo de control como en Latam, o en posiciones minoritarias como en las Chispas de Enersis o en las cascadas de SQM.

En su paso a la política volvió a mostrar la misma audacia, inteligencia y dotes en la negociación en una arena probablemente más áspera que los negocios. Después de todo no cualquiera llega dos veces a la presidencia de la República sin contar con especial carisma.

Lamentablemente para la derecha y, a la luz de los resultados del domingo pasado, para el país esa habilidad parece haberse esfumado después del estallido de octubre del 2019. Toda negociación o intento de negociación posterior ha sido un estrepitoso fracaso. Es cierto que el gobierno ha tenido al frente una oposición dura e intransigente, pero las responsabilidades del gobierno son evidentes de nunca haber logrado conectar con la ciudadanía.

Dado que nadie sabe para quién trabaja, la centroizquierda logró desfondar a la administración de Piñera pero junto con ello hizo a su vez su propio harakiri, siendo barridos junto a la derecha por los sectores más extremos.

El misterio de la pérdida del poder de negociación del Presidente radica en que toda la vida negoció desde posiciones de poder donde lo hacía magníficamente bien. El problema es que las habilidades que se requieren para alcanzar acuerdos cuando se tiene el sartén por el mango son totalmente distintas a cuando se está en una posición de debilidad. Y desde el campo de la debilidad, el Presidente no mostró ni de cerca la misma muñeca que le había permitido llegar tan lejos.

A veces es necesario reconocer que se va a perder, y por tanto poner el foco en hacerlo dignamente buscando abrochar una posición desde donde se pueda volver a construir cuando los vientos cambien. Tiene su épica ver al arquero en el área contraria buscando hacer un gol cuando el partido está perdiéndose, pero muchas veces la historia termina mal. Una cosa es ser derrotado y otra cosa es que sea con escándalo.

La derecha entra a la Convención Constituyente después de una fuerte paliza y es importante que quienes tienen la responsabilidad de representarla cuenten con una estrategia clara y definida para lograr consensuar un texto que no eche por la borda lo alcanzado por el país. La capacidad de establecer relaciones humanas, empatizar con los anhelos de quienes piensan distinto, defender con inteligencia las ideas propias, serán claves para alcanzar una derrota digna. En la hora de los maximalismos no es muy sexy hablar de derrotas dignas, pero ojalá prime el realismo por sobre cualquier otro elemento. Una cosa es no tener más el sartén por el mango y otra es estar dentro del sartén.

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