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La columna de J.J.Jinks: Socratismos

La columna de J.J.Jinks: Socratismos

Seguramente como no soy millenial no he logrado llegar a un entendimiento cabal del valor intrínseco de la criptomoneda más allá de ser un activo que se mueve por la oferta y la demanda como todos, pero que no genera flujos y es bastante cuestionable de que sirva como medio de pago con tanta volatilidad.

Por: JJ Jinks | Publicado: Domingo 18 de abril de 2021 a las 04:00
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La estrella de esta semana en Wall Street fue el IPO de la plataforma de criptomonedas Coinbase. La compañía que es el principal sitio para comprar o vender criptomonedas en Estados Unidos comenzó a transar con el ticker COIN estabilizándose en los primeros días en una capitalización bursátil de 60 mil millones de dólares (not bad).

Este es un hito en el desarrollo acelerado que ha tenido este mercado en los últimos años pues el hecho que Coinbase transe en Nasdaq no solo es importante para la propia compañía sino para toda la industria de criptomonedas que se ha visto bajo ataque en los últimos años. No hace mucho la banca en Chile intentó cerrar las cuentas a los principales plataformas locales las cuales tuvieron que recurrir al Tribunal de Libre Competencia para impedirlo.

Debo llevar aproximadamente seis meses tratando de entender que es lo que le da el valor a las criptomonedas para cual he leído bastante y conversado al respecto aún más. Seguramente como no soy millenial no he logrado llegar a un entendimiento cabal del valor intrínseco más allá de ser un activo que se mueve por la oferta y la demanda como todos, pero que no genera flujos y es bastante cuestionable de que sirva como medio de pago con tanta volatilidad. Mientras yo humildemente he gastado mi tiempo en tratar de entender con resultados mediocres a la vista, un Bitcoin ha pasado de valer 10.000 dólares en octubre 2020 a 60.000 dólares en la actualidad. Me ha salido caro tener la cabeza dura.

El hecho de no tener las respuestas a fenómenos globales nos hace sentir pequeños en nuestro conocimiento. No es el caso de los presidentes de los partidos de oposición quienes publicaron una carta atacando al gobierno por el manejo de la pandemia dado el alto nivel de contagios. Poco les importó el éxito resonante de la campaña de vacunación, para ellos el gobierno estaba deliberadamente poniendo en riesgo a la población cosa que rápidamente fue traducida con la habitual mesura y ecuanimidad de las redes sociales bajo el hashtag #gobiernogenocida.

Alemania, Francia, Estados Unidos y para qué decir Argentina y Brasil sufren hoy de momentos críticos de contagios, lo sufrió también Israel previo a que las vacunas comenzaran a hacer su pega. Las cifras de muertos en prácticamente todos los países son similares con algunas diferencias entre los que han sido responsables, Chile entre ellos, y los irresponsables, pero la brecha tampoco es tan importante pese a que las medidas que se han aplicado varían enormemente de país en país.

La pandemia es más fuerte que nosotros, cuando creemos que la hemos controlado se vuelve a escapar y por eso la soberbia es muy mala consejera para enfrentar a la opinión pública. Es cosa de mirar Uruguay, país modelo durante meses en su manejo bastó que se le metiera la cepa brasileña y hoy sus números son aterradores.

Hemos crecido en una cultura donde el hombre como centro de la naturaleza es capaz de derrotar a cualquier fuerza mientras se esfuerce y sea diligente, la pandemia nos ha recordado que hay fenómenos que son inmanejables y que uno solo puede y con mucha dificultad atenuar sus efectos. Solo sé que nada sé es la famosa frase atribuida a Sócrates que aplica bien para la pandemia, y en mi caso, lamentablemente también para las cripto.

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El imperio que se construyó sobre la imagen de mujeres curvilíneas con mucha piel a la vista y lujosos atuendos se encuentra dando un giro radical a su propuesta. Las lecciones del caso son abundantes.

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