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Opinión

La columna de J.J.Jinks: Secretos

La columna de J.J.Jinks: Secretos

Una serie de reuniones entre el empresariado y múltiples ministros en casa de un reconocido lobista tiene cuerpo de lobby, patas de lobby y orejas de lobby. Es lobby.

Por: J.J. Jinks | Publicado: Sábado 6 de enero de 2024 a las 21:00
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Unas crujientes hojitas de parra rellenas para untar en una salsa de yogur, un cordero tierno adobado en menta y para terminar unos deliciosos baklavas y aristelos junto a un buen café. Nadie se puede resistir a las delicias de la comida árabe, y dado que no hay una mejor explicación eso debe haber sido un factor determinante en el desfile de ministros por el departamento del exalcalde Pablo Zalaquett.

La ministra del Interior, la ministra de Medio Ambiente, el ministro de Relaciones Exteriores, el ministro de Agricultura, el ministro de Economía, es decir, el corazón del gobierno del Presidente Boric pasó a degustar estas delicias mientras conversaba con empresarios que hasta el momento no tenemos el gusto de saber quiénes son y menos de los temas e intereses que se trataron.

En un arranque jesuítico el Presidente ha dicho que su mandato ha sido “dialogar hasta que duela” (sic) y que estas reuniones secretas, pues secretas son o eran, se enmarcan en esta máxima. Quién en su sano juicio podría estar en contra del diálogo entre el Gobierno y el empresariado, especialmente cuando hace pocos meses todo lo que oliera a empresa privada y lucro (ya no se escucha esa palabrita) era un anatema para el oficialismo. Sin duda, hay algo positivo que rescatar en que los temas se conversen, especialmente cuando se requiere con urgencia que el país recupere la senda de crecimiento fatalmente extraviada.

Sin embargo, una cosa es valorar el coloquio y otra cosa es derechamente hacerse el tontón (la alternativa no pasó el filtro de mi pulcra editora). Una serie de reuniones entre el empresariado y múltiples ministros en casa de un reconocido lobista tiene cuerpo de lobby, patas de lobby y orejas de lobby. Es lobby. ¿Hay algo de malo en ello? Nada, salvo negar que lo es y tratar de engañar a la población. La reacción del Gobierno es la de un niño pillado en falta, y han optado por arrancar hacia adelante.

Como les suele ocurrir, esto escaló rápidamente hasta el mismo Presidente que con su seguridad habitual espetó que aquí no se ha incumplido ninguna ley. Llama la atención la convicción con que señala algo que es al menos controversial. Para los efectos, hay que considerar que hace un año dijo con idéntica seguridad que los indultados eran jóvenes que no eran delincuentes. Hay que reconocer que ese track record no le ayuda.

Más allá de si no informar estas reuniones cumple o incumple formalmente la ley sobre el lobby, es evidente que transgrede el espíritu detrás de la disposición legal. Y como tanto les gustaba decir antes a quienes hoy nos gobiernan, más allá del rasero de la ley está la ética de por medio.

No hay ninguna institucionalidad que resista si el Gobierno en masa decide burlar los preceptos establecidos ya sea apoyándose en el descaro de los hechos consumados o en una interpretación en los márgenes. La utilización de subterfugios para no cumplir con la ley ha tendido un manto de duda totalmente gratuito e innecesario sobre conversaciones que el país requiere con urgencia.

“No todo diálogo es lobby” ha dicho circunspecta y adusta la ministra Vallejo. Tiene toda la razón, pero, lamentablemente para ella, en este caso al lenguaje no le alcanza para crear realidad. La realidad está ahí en el departamento de Zalaquett, Lobby puro, duro e insolente.

¿Deben ser más transparentes los salarios?

Las políticas de transparencia salarial se sitúan en un espectro. En un extremo, algunos estados de EEUU protegen el derecho de los trabajadores a debatir sus salarios entre ellos. En el otro, Suecia, Finlandia y Noruega hacen públicos los ingresos de todos.

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