Opinión
La columna de J.J.Jinks: Seriedad

La columna de J.J.Jinks: Seriedad
Hoy no hay ningún miembro del gobierno perteneciente al Frente Amplio que se haya ganado el respeto de la ciudadanía dada su gestión en el Gobierno. Y seamos francos, ninguno es bien poco. La falta de capital humano de esta generación que vino a reemplazar a la izquierda tradicional es dramática.
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El Gobierno cumple tres años y va de salida, gracias a Dios pensarán algunos. Si bien es temprano para hacer balances, es probable que en año electoral no sea mucho más lo que se haga y lo que hemos visto sea prácticamente la película completa. Dado el rechazo en el plebiscito del 4S y la falta de votos en el Parlamento, terminó siendo un gobierno mucho menos dañino de lo que en su momento pareció.
Para ello basta comparar con los efectos permanentes en lo tributario, educacional, sistema electoral e inmigración de Bachelet 2.0 para reconocer que, por la razón que sea, el gobierno de Boric está bien lejos de las pesadillas iniciales.
El frenteamplismo terminará el gobierno con resultados mediocres, pero nada inhabilitante como para no pretender volver a vendernos la pescá en los años venideros. Lo que sí será más difícil de esconder es la absoluta falta de capacidad profesional de la gran mayoría de sus cuadros. Hoy no hay ningún miembro del gobierno perteneciente al Frente Amplio que se haya ganado el respeto de la ciudadanía dada su gestión en el Gobierno.
Y seamos francos, ninguno es bien poco. La falta de capital humano de esta generación que vino a reemplazar a la izquierda tradicional es dramática. No es que falten cartones que mostrar, pero pareciera que haber pasado toda la educación universitaria en los patios y en asambleas no fue gratis.
Detrás de esta triste realidad hay un mensaje importante para la derecha que comienza a hacerse los crespos para gobernar. Los vientos globales parecen muy propicios para nuestros K (Kast y Kaiser) y es por eso que no han demorado en tratar de apropiarse de Bukele, Milei y Trump buscando capitalizar ideas foráneas que poco y nada tienen que ver con nuestra realidad.
El atractivo comunicacional de estos personajes es evidente, pero los riesgos también. ¿Cómo se entiende que nuestros ultra liberales defiendan las medidas económicas trumpistas con lógicas cepalianas de los ‘60? ¿Cómo se entiende que el genio de Milei al cual hay que imitar en todo caiga (en el mejor de los casos) en el cuento del tío moderno?
Son los riesgos de colgarse de ideas ajenas y no desarrollar las propias. Nos llenamos de frases para el bronce, tuits y mucha indignación, están muy enojados los K. Lo que no hay son propuestas desarrolladas sobre qué cosa distinta se pretende hacer y menos equipos preparándose para ejecutar la dificilísima tarea de gobernar en estos tiempos.
Estamos viviendo los efectos de la falta de profesionales capacitados, por lo que no es alivio el pensar que en el camino se arregla la carga. Ya sabemos que eso no es así y el país no resiste cambiar gente sin preparación por otros igualitos de otro signo.
En por esto que la puesta en escena de Matthei de mostrar profundidad en los equipos que la apoyan, trabajo y capacidad profesional, genera un cierto alivio. No se ganan elecciones con ello, pero la tarea es tan monumental que es muy importante que al menos alguien se la esté tomando en serio.