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Así se armó la constelación de Elon Musk en Chile

Así se armó la constelación de Elon Musk en Chile

Desde 2019, SpaceX avanza en su proyecto para llegar al país. Creó una empresa llamada Tibro domiciliada en la torre Costanera, que después se transformó en Starlink Chile y pidió permisos para empezar las pruebas. La firma ha seguido el mismo guion en casi todo el mundo.

Por: Fernando Vega | Publicado: Domingo 31 de enero de 2021 a las 04:00
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Tibro. Que si se lee al revés, significa Orbit. Con este pequeño nombre y un modesto capital de $ 6,83 millones fue creada el 25 de julio de 2019 la empresa con que SpaceX la red satelital de Internet del dueño de Tesla, Elon Musk debutará en Chile, en los próximos meses.

Tibro pidió el año pasado a la Subsecretaría de Telecomunicaciones (Subtel) permiso para instalar en el país siete estaciones satelitales terrestres que se conectarán a Starlink, una constelación de más de mil satélites pequeños que orbitan la tierra para proveer internet de alta velocidad.

El servicio Starlink de SpaceX, está actualmente en pruebas en Estados Unidos y Canadá. Sin embargo, en el transcurso de 2021, la compañía espacial de Musk planea llegar a una buena parte del mundo habitado. Y los preparativos ya están en marcha: la firma también solicitó acceso para hacer pruebas en Argentina y varios países de Europa, donde otras sociedades también llamadas Tibro fueron registradas como proveedores de servicios y dispositivos de Internet.

La ministra de Transportes y Telecomunicaciones, Gloria Hutt, indicó que luego de la instalación de las siete estaciones, la filial de Starlink pedirá un permiso experimental para comenzar a realizar pruebas en el país (ver recuadro).

La internet de Musk apunta especialmente a las zonas rurales o extremas con baja conectividad y alta demanda de datos. Fuentes de ese negocio indican que la firma estadounidense buscará posicionarse inicialmente entre los grandes exportadores: salmoneras, frutícolas y mineras, cuyas faenas están ubicadas lejos de las redes de los operadores actuales y que requieren capacidad para utilizar las nuevas tecnologías de inteligencia artificial ya disponibles para sus respectivas actividades.

A ello se debería que la solicitud de Elon Musk considere establecer estaciones de bajada y subida de datos en Caldera, Coquimbo, Pudahuel, Talca, Puerto Saavedra, Puerto Montt y Punta Arenas, sostienen en el mercado.

Según los registros mercantiles, Tibro SPA tiene su domicilio en el piso 19 de la torre Costanera. En el rascacielos más alto de Sudamérica están -entre otras- las oficinas del estudio de abogados Baker& Mackenzie, que fue el que hizo la inscripción de la firma.

En el registro figura el ex socio de esa oficina, Diego José Ferrada Walker, inscribiendo la sociedad por acciones (SPA) en julio 2019, al mismo tiempo que SpaceX lo hacía en otros países.

Como accionista de Tibro SPA también aparece Michael James Sylvester, el director senior del área de impuestos de SpaceX, un hombre de 54 años descrito como un ejecutivo clave y que figura en la misma condición en casi todas las inscripciones y modificaciones de la sociedades Tibro creadas en el mundo: Holanda, España, Francia, Gran Bretaña, Austria, Irlanda, Japón, Australia, México, Filipinas, etc. Elon Musk ha comentado que llegará también a la India y el Caribe.

Junto a Sylvester hay otros dos ejecutivos estadounidenses cuyos nombres se repiten en Chile y el extranjero: Lauren Ashley Dreyer y David Joshua Anderman. Ambos, figuran como accionistas y después como representantes en todas las sociedades Tibro o similares creadas por la firma.

Lauren Ashley Dreyer es una ingeniera estadounidense de 37 años, directora de recursos humanos y operaciones comerciales que ha trabajado toda su vida en SpaceX; mientras que Anderman es un reconocido abogado de propiedad intelectual de California que estuvo 16 años en Lucasfilm, la factoría de los creadores de la exitosa zaga de películas de Star Wars. Según medios estadounidenses, fue él quien negoció por el imperio del entretenimiento de George Lucas la venta a The Walt Disney Company en US$ 4.050 millones en 2012.

Anderman y Dreyer figuran hoy como asesores generales de SpaceX y además como directores de algunas de las sociedades registradas por la firma en decenas de mercados.

El 14 de octubre del año pasado, Starlink Holdings Netherlands tomó el control de Tibro SPA de Chile, que desde entonces pasó a llamarse Starlink Chile SPA. Y como sus directores fueron nombrados Dreyer y Aderman.

Esta movida, de partir como Tibro y después transformarse en Starlink con el apellido de cada país se repite en todas partes.

En Chile, SpaceX además inscribió sus marcas en el Instituto de Propiedad Intelectual (Inapi) a través del estudio Albagli Zaliasnik y como sus auditores fichó a BDO. Tiene Rut, pero no registra actividad comercial. Todavía.

Desde que en 2019, SpaceX iniciara la inscripción de su constelación terrestre de sociedades Tibro, en casi todos los mercados ha seguido los mismos pasos. En foros y sitios especializados se ha especulado que la maniobra busca adelantarse a otros competidores como la británica OneWeb que aliada a la india Bharti Global -y con los bolsillos llenos tras un millonario aumento de capital- está en camino de comenzar a vender sus servicios de conectividad en el Reino Unido y el Ártico para fines de este año. Su plan es expandirse al resto del mundo en 2022. En Chile también tiene operaciones.

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En los últimos meses, Elon Musk ha conseguido poner en el espacio más de mil satélites para su red de Internet satelital. El proyecto Starlink, iniciado en 2015 y cuyos primeros satélites despegaron en mayo de 2019 tendrá al menos 40 mil satélites orbitando a unos 440 kilómetros de altura respecto de la Tierra.

En ese espacio, se consiguen velocidades superiores a cualquier conexión terrestre por fibra óptica. La apuesta de la masificación de la internet satelital es competir con el 5G sobre todo en áreas menos pobladas.

Su oferta se basa en llegar a donde nadie más lo haga y con velocidades superiores a las de las zonas urbanas mejores conectadas. Sobre todo, en países como Chile, donde hay grandes espacios difíciles de conectar a las redes tradicionales. Pero se trata de un servicio caro: en Norteamérica, el costo de la Internet espacial alcanza a US$ 499 para el receptor con antena parabólica, más una mensualidad de US$ 99.

Otros servicios de Internet satelital disponibles en Chile cobran precios similares, en todo caso.

La conexión requiere de una antena y un kit que la misma firma entrega cuando se contrata el servicio, llamado "Better than Nothing" (mejor que nada). De hecho en su página web cualquier persona puede inscribirse para cuando el sistema esté disponible y no hay restricciones de zonas. Ni siquiera es necesario poner la dirección, si uno tiene activada la función de localización, porque la ubicación la entrega por defecto.

En Estados Unidos casi un millón de personas ya se inscribieron para contar con Starlink cuando esté disponible para cualquier consumidor.

Según detalló la Subtel, la concesión de Servicio Público de Transmisión de Datos para Starlink tendrá 30 años de vigencia y el despliegue en fase prueba comenzará en la próximos meses. Cuando todos los satélites de Elon Musk ya están en órbita. O en Tibro, si te gustan los juegos de palabras.

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