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Personaje

El camino propio de la tercera generación Senerman en Londres

El camino propio de la tercera generación Senerman en Londres

Desde Londres Eitan, el hijo del presidente de Sencorp Ricardo Senerman y nieto del arquitecto Abraham Senerman, está armando su propio camino como emprendedor, pero también ligado a la industria inmobiliaria. Se llama Spatial y es un laboratorio de innovación orientado a las nuevas construcciones, donde el centro es la data y el diseño centrado en las personas. Nació hace cuatro meses y ya tiene clientes en Inglaterra, México, Estados Unidos y el resto de Europa.

Por: Antonieta de la Fuente | Publicado: Sábado 3 de septiembre de 2022 a las 21:00
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Eitan Senerman (24) no se siente chileno. Vivió en el país hasta los 7 años, cuando partió a Miami con su familia. Volvió a los 14 años a terminar el colegio en Santiago, y siempre supo que no sería su ciudad de destino. Su mentalidad creativa y artística lo alejó del negocio familiar, Sencorp, una de las inmobiliarias más reconocidas del país, y lo llevó a estudiar cine y teatro en la Universidad of Southern California. Pero estando allá se dio cuenta de que su camino iría por otro lado. 

“Cuando uno es chico y en general eso pasa en Chile, las cosas son harto más blanco y negro. Mi pregunta era ‘me voy a estudiar finanzas o arte’. Eso es vivir dentro de una burbuja. En Estados Unidos e Inglaterra se te abre la mente altiro. Me fui a estudiar una carrera más orientada hacia el negocio del cine y ahí me di cuenta de que puedes hacer negocio dentro de las artes”, cuenta el hijo del presidente de Sencorp, Ricardo Senerman y nieto del arquitecto Abraham Senerman. 

Cuando terminó los cuatro años de carrera fue en búsqueda de  nuevos caminos. A inicios de 2020 partió a Londres a estudiar un Master en Administración de Innovación a Central Saint Martins, considerada la mejor escuela de diseño del mundo.

En paralelo empezó a trabajar en la oficina de arquitectos Perkins & Will. Ahí, fue parte del área de innovación de la firma, donde evaluaban cómo incorporar tecnología a la construcción de edificios, principalmente headquarters de grandes empresas y oficinas de gobiernos.

¿Cómo pasó desde el teatro a la arquitectura? Dice que sabía que quería trabajar en el mundo creativo y que le gustaban los negocios. “¿Qué estaba en la mitad de eso? La arquitectura. Es una buena mezcla de hacer negocios e implementar creatividad. Y también por mi abuelo, inconscientemente ese tema siempre ha estado ahí. Me di cuenta que tenía una veta empresarial y me encanta el mundo inmobiliario, era de lo que se hablaba en mi casa, pero también tenía un interés en el mundo creativo. Ahora estoy juntando las dos cosas”, dice. 

 

Usuarios, data y Elemental

“Yo trabajaba en el equipo de Perkins & Will al que le decían: ‘¿Qué más le vamos a agregar al edificio para que sea cool?’ Participé en varios proyectos de compañías tecnológicas de las más grandes”, cuenta.

Cuando llevaba un año y medio, uno de sus profesores le ofreció ser consultor en una nueva firma que estaba creando: Creative Friction. Desde ahí prestaban asesoría a oficinas de arquitectura más pequeñas que no contaban con su propia área de innovación. “Esto es como era marketing hace 50 años. Ahora todos tienen un equipo de marketing en la empresa, pero antes lo contratabas desde afuera”, dice.

Eitan es muy crítico de cómo ha avanzado la innovación en el mundo inmobiliario. “Con todo respeto, encuentro que somos los dinosaurios comparados con el resto de las industrias”, plantea categórico. Pero agrega que eso es lo que más le entusiasma, “que no se está haciendo tanto”. 

Explica que para él innovación no es poner más sensores en un edificio, aunque reconoce que en general eso es lo que hacen las oficinas de innovación hoy. 

“Lo que a mí más interesa es diseñar para ver qué realmente quiere la gente que está viviendo adentro. Si ves la data, te das cuenta de que las personas no quieren miles de sensores adentro de sus casas. En el mundo inmobiliario, uno construye un edificio y después mete a las personas, versus el mundo de la tecnología donde lo primero que piensas o por lo menos el 30% de la primera plata y tiempo que gastas es en ver qué quiere el usuario. Y en términos económicos, cuando construyes una app que te cuesta US$ 100 mil, te vas a gastar US$ 20 a US$ 30 mil dólares en ver qué quieren las personas, y un edificio te puede costar US$ 100 millones de dólares, pero no preguntas al usuario para saber qué quiere, para mí eso es una locura. Especialmente porque esos edificios van a estar acá por 100 años, hay ahí una gran responsabilidad”, dice. 

En ese sentido, Senerman reconoce que uno de sus referentes es el arquitecto chileno Alejandro Aravena, quien a través de Elemental ha sido pionero en levantar viviendas sociales en conjunto con sus usuarios finales. También plantea que el paradigma de comprar un terreno, diseñar, levantarlo y seguir, ya se está terminando y que recoger data previa, durante y post el proceso, es ahora clave para el negocio.

“Ya en términos legales ya hay ciertas responsabilidades de constructores y arquitectos después de levantar una obra, cómo vamos a medir el carbono, el impacto humano. La pregunta es cómo hacer lo mejor para la gente”, agrega. 

Aunque hoy su mundo está basado en Londres, mantene contacto con Chile. El año pasado participó como expositor en un programa de la Escuela de Negocios de la UAI donde expuso sobre el proyecto Viviendas Felices que realizó en Perkins & Will. “El proyecto trataba de ver qué tecnología era necesaria para medir la felicidad en los edificios y también me invitaron a hablar sobre la cultura de trabajo del futuro. Acá a la gente no le importa si eres gay, tienes tatuajes o cómo te vistes”, cuenta. 

 

Spatial

Mientras estaba en Creative Friction, las ganas de levantar algo propio lo empezaron a inquietar. Y su mismo jefe lo alentó a dar el paso. “Tienes buenas ideas, buena educación, has trabajado un par de años en compañías grandes, lánzate. Si fueras mi hijo, no te dejaría quedarte acá”, le dijo. 

Así fue como hace cuatro meses el chileno creó Spatial, un laboratorio de innovación para la industria inmobiliaria. “Nosotros vamos desde la ideación hasta la implementación.

Estamos basados en tres pilares: diseñar siempre centrados en el ser humano, tener conocimiento de las tendencias que la llevan en el sector inmobiliario y estar extremadamente basados en data. Yo creo que la época de diseñar porque te tincó que esto se veía bien ya está pasando de moda, aunque todavía existen los rockstar arquitects que pueden hacer eso”, dice. 

Hasta ahora, Spatial está compuesto por cinco personas, entre arquitectos y analistas de datos. Pero además tienen un equipo de 10 que entra por proyectos. Aunque dice que no puede dar nombres, explica que ya están trabajando con asset managers en Europa, Inglaterra y un par de personas en México y EEUU. “Son inmobiliarios o fondos que levantan capital para hacer proyectos. Al final del día nosotros estamos entre el desarrollador y los arquitectos”, explica.

-¿Sencorp no te ha contratado?
-(Se ríe) Profesionalmente no estamos relacionados. Yo opté por vivir afuera ya y personalmente me llevo increíble con todos, pero profesionalmente no me meto en verdad. 
-Pero estás haciendo algo que complementa el negocio de todas maneras.
-Vamos a ver. Veamos primero cómo va esto. Definitivamente no es mi meta, ni algo que esté en los siguientes proyectos, pero estamos abiertos a ver hacia dónde van las cosas. 

La pareja que viste a Harry Styles


La oficina de Spatial queda en un cowork ubicado en West London. Eitan vive cerca y se mueve en bicicleta por la ciudad, un medio de transporte que se acostumbró a usar comúnmente cuando vivía en Chile y subía a Farellones con frecuencia.


Desde hace algunos meses comparte departamento con su pareja, la estrella emergente de la moda Harris Reed, quien viste a figuras como Emma Watson, Harry Styles y Adele y que en la última premiación de los MTV VMA sorprendió con el traje de plumas de Lil Nas X.

“Nos conocimos acá y vivimos juntos. Es mi partner. Yo pensaba que era creativo hasta que lo conocí, pero él tiene un don. Es un genio para todo lo creativo y también tenerlo a él me empuja a hacer más cosas. Es el tipo más cariñoso y buena onda del mundo, pero también es una persona que la rompe y no sigue las reglas. Él, cuando tenía 9 años decía que cuando grande iba a ser diseñador de moda y ahí te das cuenta cuánto uno realmente se toma para poder cambiar las cosas. Cuando él comenzó en el mundo de la moda, le decían: ‘¿Pero esta ropa es de hombre o de mujer?’ De los dos, de ninguno, para todos. Hoy, cada vez es menos tema”, dice.

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