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Personaje

La (casi) idéntica ecuación de los Otero: gemelos, economistas UC, doctorados en San Francisco y ahora profesores de Columbia

La (casi) idéntica ecuación de los Otero: gemelos, economistas UC, doctorados en San Francisco y ahora profesores de Columbia

Los hermanos Sebastián y Cristóbal Otero (34), ambos economistas de la UC -el primero doctorado en Stanford y el segundo en Berkeley-, este semestre vuelven a coincidir en una casa de estudios, esta vez como profesores en la Universidad de Columbia. Aquí hablan de su historia, de lo mucho que los une y de aquello que no tanto.

Por: María José López | Publicado: Sábado 2 de septiembre de 2023 a las 04:00
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“Seba, tú estás más atrás en el tiempo. Parte tú contando”, le propone Cristóbal Otero (34) a su gemelo, Sebastián, quien el martes 21 de agosto, día que se concreta esta entrevista, aún vive en San Francisco, EEUU. Ahí son las 10 am. En Chile, las 13:00. El miércoles 30 se mudaría a Nueva York, ciudad en la que su hermano aterrizó tres semanas atrás: ambos fueron contratados por la Universidad de Columbia para ser profesores a partir de este semestre.

Cristóbal vive en el Upper West Side, justo abajo de la universidad, en la 114; Sebastián, a un par de cuadras, en la 120. Antes de llegar a este punto donde la vida los une “de una forma insólita”, según dicen ellos, hay otros varios años de similitudes. Pero también hay caminos en los que divergieron.

La “pataleta” y la política

Sebastián y Cristóbal Otero son los hermanos de al medio de los seis hijos que tuvieron Jorge Miguel Otero con Carolina Ruiz-Tagle. “Mi mamá supo que esperaba mellizos recién a los siete meses de embarazo”, cuenta Sebastián. 

“En esa época no se hacían muchas ecografías, y cuando llegó el momento, le dijeron, ‘aquí hay dos corazones’”, agrega Cristóbal. Siempre se habló de que eran mellizos. Hasta que, por inquietud propia, a los 32 años los hermanos Otero se hicieron un examen genético llamado 23andme: el resultado arrojó que eran gemelos.

Sebastián nació cinco minutos antes. Cristóbal tiene 2 centímetros más de altura (1,81 vs 1,79), “la posición en el útero hizo que él recibiera más comida: estaba arriba, estaba beneficiado. Pero intelectualmente eso no tuvo muchas repercusiones”, bromea Sebastián. 

Y tiene razón. De niños eran casi idénticos, los vestían igual, compartían los deportes, la pieza, los amigos. Y eran igual de mateos: salieron del colegio ambos con promedio 6,9. Pensaron en estudiar Derecho, pero su padre, abogado, les recomendó no hacerlo. 

“Cuando nos entregaron los puntajes de la PSU, que nos fue bastante bien, nos dijo: ‘Les voy a dar un consejo: no estudien Derecho’. Se lo agradezco hasta el día de hoy”, cuenta Sebastián.

Entraron a Comercial en la UC. Sebastián en el puesto 2 o 3, Cristóbal en la posición que le seguía. Tras terminar, los dos se inclinaron por especializarse en Economía, disciplina en la que ambos hicieron un magíster en esa casa de estudios. Al salir Cristóbal fue reclutado por el gobierno de Michelle Bachelet 2, Sebastián trabajó como investigador en J-Pal, centro de investigación con foco en la pobreza que fundaron los premios Nobel de Economía (2019) Esther Duflo (Francia) y Abhijit Banerjee (India, EEUU).

“Hicimos toda la carrera bastante juntos. Y cuando llegó el momento de decidir qué hacer después, Cristóbal dijo ‘no me gusta la Economía’, le bajó una pataleta contra la Economía. Y tomó un camino totalmente distinto al mío: Yo me fui a Stanford, y Cristóbal se fue a estudiar un magíster en Filosofía a Londres (LSE)”. Era la primera vez que tomaban caminos tan diversos.

- ¿Por qué fue la pataleta?
- Cristóbal Otero (CO): Más que una pataleta, yo creo que en general la gente que se autodenomina libertario o socialista, lo hace con etiquetas que uno adopta, pero el fundamento de esas convicciones vienen de la conversación del domingo, de los amigos. Yo quería ponerle un poco de contenido.

Cuentan los economistas que por su educación y formación, lo “normal” hubiera sido seguir un tipo de pensamiento político y religioso asociado a la centro derecha. Su familia es conocida en ese sector -su abuelo es el histórico RN Miguel Otero-, y ellos, de alguna manera se rebelaron a seguir la pauta. “De toda nuestra familia, Cristóbal de todas maneras es el más a la izquierda. Y luego vendría yo”, adelanta Sebastián.

- ¿Cuándo y cómo ocurrió?
- Sebastián Otero (SO): Te lo cuento yo. En comercial, Cristóbal se hizo muy amigo de Diego Vela (ex jefe de gabinete de Giorgio Jackson), de Rodrigo Echecopar (División de Coordinación Interministerial en la Segpres) y de José Manuel Möller (fundador de Algramo).

Juntos empezaron un movimiento que se llamaba Involúcrate, que representaba el ala más social. Yo también me sumé. Y luego, cuando en 2008 surge el NAU (Nueva Acción Universitaria), que era la vertiente progresista de la UC, estas dos corrientes se unieron, fue entonces cuando se iniciaron las manifestaciones estudiantiles en las calles. Muchos de los amigos de Cristóbal empezaron a ganar palestra pública: Giorgio Jackson, Noam Titelman... yo no era particularmente amigo de ellos pero me había cruzado con ellos. Y ahí Cristóbal se mete mucho en política... 

- CO: Fui Presidente del Centro de Alumnos de Ingeniería Comercial, en 2012. Por ahí creo que pasó gran parte de este giro en mi visión política. Porque durante la universidad me di ese espacio para reflexionar. Y me di la oportunidad de cambiar, obviamente a un costo personal gigante: perdí un montón de amigos y a nivel familiar fue complicado. Yo creo que todos aprendimos. Aprendimos a tratarnos, a respetarnos más, a estar abiertos. Fue un proceso de maduración para todos. Estoy contento porque en el fondo significa que estuviste dispuesto a cuestionar tus convicciones más personales y más íntimas y llegaste a una respuesta distinta. Estuve dispuesto a aceptarla a pesar de las consecuencias.

- ¿Fue difícil a nivel familiar?
- SO: Para mí fue más fácil porque Cristóbal siempre era el radical de izquierda, yo era el que estaba un poco más a la izquierda.

- CO: No fue fácil. O sea, fue cero fácil.

- ¿Qué fue lo que le costó a tu familia?
- CO: No entendían, y me preguntaban: “¿Por qué piensas esto, si esa idea está mal?” En estas tribus, que son grupos de gente que piensa igual, ya sea de derecha o izquierda, cuando alguien dice algo distinto, sorprende. Pero cuando uno se acostumbra a conversar, la cosa cambia. A todos nos sirvió, y de hecho, para hablar temas políticos, hoy mi familia es un refugio. No hay nada más cómodo que conversar con mis papás, mis hermanos. 

RD y la cultura del escándalo

Por Vela y Echecopar, Otero conoció a Jackson, con quien si bien no son cercanos, dice que tienen “una relación amistosa”. Y así llegó a Revolución Democrática, partido en el que militó por tres años. Hasta marzo del 2020, tras el estallido social. 

“No me gustó la forma en que RD estaba haciendo oposición. Se polarizaron demasiado las posiciones, y así como el gobierno hoy día la tiene difícil, creo que lo que corresponde es apoyar al gobierno. Y en ese minuto no fue una oposición muy constructiva. No me sentía cómodo, no quería ser parte de eso”, explica.

Y añade: “Pero sin duda que compartimos un montón de cosas. Le tengo mucho cariño, pero no es donde está mi corazoncito ahora”.

De todas maneras siguió vinculado a este grupo. De hecho colaboró en temas tributarios durante la campaña presidencial de Gabriel Boric. 

- ¿Tú, Sebastián, has militado?
- SO: No, nunca. Si bien mis ideas filosóficas y morales son de centro izquierda, no le hago el asco a votar por la centro derecha. Pero jamás extrema derecha, ni extrema izquierda.

- ¿No votaste por Boric?
- SO: No, yo anulé. En mi caso fue un voto de castigo, porque tampoco me gustó la forma en que se manejó el estallido social y la pandemia. Creo que el Frente Amplio tuvo un muy buen rol en poder reproducir la demanda y descontento social, pero se quedaron sólo en eso y no en conducirlo.

- CO: Se instaló una cultura del escándalo, de la sospecha. Y creo que le está rebotando ahora al gobierno. O sea, todo es escandaloso, todo sospechoso. Que se crea que Giorgio Jackson se robó los computadores del Ministerio, habla justamente de eso. En política hay que pensar que el adversario tiene las mejores intenciones y no las peores. Y creo que ha sido al revés.


La identidad y el reencuentro

“Es entretenido ser gemelos, pero también tiene sus dificultades”, reflexiona Cristóbal durante la conversación por Meet. 

-¿En qué sentido?
-SO: Somos bastante unidos, aunque hemos tenido altibajos como todo hermano. Aunque las relaciones de gemelos son un poco más complejas. 

-CO: Para mí, quizás el tema más de fondo es la identidad, todo el mundo cree que por ser gemelos, somos iguales, todo el mundo te dice ‘oye, si son lo mismo’. Y no, yo tengo mi identidad propia, somos distintos, pero al mismo tiempo estamos siguiendo un camino parecido. Por ahí nos decían ‘son lo mismo con otro nombre’. La primera vez la broma es divertida, pero a la décima ya no tiene mucha gracia.

-SO: Estoy de acuerdo. A los dos nos iba bien en el colegio y en la universidad. Y claro, había un esfuerzo por entender cuál era la identidad de cada uno. Y en esa búsqueda, de niño, me empezó a gustar escribir poesía. Y después a Cristóbal le dio con eso. Y me dio rabia porque yo lo había hecho primero, entonces me puse a escribir más poesía (ríe). A Cristóbal le dio con que a él le gustaba la filosofía y después yo también me puse a leer filosofía. No es una competencia, pero sí hay como una suerte de disputa por quién se identifica con qué principios y con qué hobbies. Por lo mismo, tal vez, nuestras vidas post 25 años han sido bastante distintas. 

De hecho, cuentan, tras la opción de Cristóbal por estudiar Filosofía, su plan inicial era alejarse de la Economía. “Todos creíamos que finalmente nuestros caminos divergían”, dice Sebastián. Pero después de vivir un año en Londres, Cristóbal cambió de idea. Y siguió los pasos de su hermano, quien en ese momento ya había iniciado su doctorado en Economía en Stanford, cerca de San Francisco. En 2016 postuló a varias universidades: quedó en la Universidad de Nueva York y en Berkeley, a solo una hora de su gemelo. Lo irónico, dice Cristóbal, es que Sebastián terminó su doctorado y después, en 2022, sin que él postulara, de Berkeley le ofrecieron hacer un postdoctorado. 

“Seba encontró que estábamos muy alejados (bromea) y me pidió usar la oficina que yo compartía con otros tres amigos. Ahí estuvimos un año”. “El destino nos llevó a estar juntos de nuevo”, comenta Sebastián.

Al terminar esa etapa, llegó el momento de buscar trabajo. Lo que en jerga académica es conocido como el “job market”: con su tesis deben salir a buscar ofertas para desempeñarse en el mundo universitario. “El mercado laboral de los académicos economistas está súper centralizado. Entras a una plataforma web -siempre en el mes de noviembre-, subes tu tesis, tus advisors suben sus cartas de recomendación, y luego postulas a 200, 250 universidades. Ahí las universidades y organizaciones que buscan contratar economistas revisan tu perfil y si pasas los filtros del comité de búsqueda empieza el proceso”, explica Sebastián. En el caso de los Otero, los entrevistaron cerca de 30, y los invitaron de 10 lugares a presentar presencialmente. 

Sebastián inició este proceso un año antes que su hermano, en 2021, y en febrero de 2022 recibió ofertas de trabajo como profesor de Columbia y de Chicago. Optó por la primera. Pero postergó su llegada un año pues decidió hacer un postdoctorado en Berkeley. Mientras, su madre, cuentan, “rezaba para que quedáramos en la misma universidad”. “Yo le respondía: ‘Primero: Dios no existe, y, segundo, quedar los dos juntos es prácticamente imposible’”, rememora Sebastián. 

En noviembre de 2022 Cristóbal inició su proceso. En febrero lo llamaron de Wharton y de Columbia. Optó por esta última. “Las posibilidades de que eso ocurriera, eran casi iguales a cero”, dicen. Pero sucedió. El rezo de la madre tuvo resultado, bromean. 

Sebastián estará en el departamento de Economía haciendo clases relacionadas a economía laboral y política educativa a alumnos del doctorado; y Cristóbal, en la facultad de Negocios, donde enseñará en el MBA. Junto a ello estarán dedicados a la investigación.

-De las 200 que postularon, ¿cuál era la opción 1?
-SO: ¿Cuál era mi favorita? No creo que mucha gente se haga esa pregunta. Es como si le preguntaras a un futbolista si prefiere Manchester City o Barcelona. El equipo que llegue, es excelente.


Gobierno: “sobran los activistas y faltan los profesionales”

- ¿Estás desilusionado de RD y de lo que ha pasado con el Caso Convenios y Democracia Viva?
- CO: Me dio mucha pena porque uno ha invertido tiempo y ganas porque cree en un proyecto y ese proyecto después termina siendo no tan real como uno pensaba. Es bien decepcionante y bien triste. Pero al mismo tiempo te da sentido de realidad. Es un balde de agua fría, pero nos va a servir a todos para pensar que lo importante es generar buenas instituciones.

- Has hablado con gente de RD, deduzco...
- CO: Sí, pero prefiero guardarme eso. Lo más triste es que perdimos el foco: uno hace política porque quiere ayudar a personas que están en situaciones más desventajadas. Pero hay gente que hace política porque se quieren ayudar a ellos mismos, mucha gente un poco enamorada de sí misma, con el puño en alto y olvidando que los políticos representan a la gente.

Por eso al Apruebo le fue tan mal, porque nos enamoramos de un discurso y no supimos escuchar. Y está esta frase desafortunada de que fuimos más rápido que el pueblo... ese tipo de cosas me llevan a pensar que hace bien parar un poquito, ser un poco más receptivo y escuchar.

- ¿Cómo ven al gobierno de Boric?
- SO: Soy crítico, pero optimista. Cuando este gobierno empezó, uno nunca supo en qué iba a terminar. Empezó con un grupo de jóvenes, en principio de extrema izquierda. Si tomaba una vertiente más latinoamericana, se dijo que podría ser como Venezuela, Ecuador, Argentina. Y distó mucho de eso. El Presidente tiene un tono bastante republicano, no creo que sea de ninguna forma un agitador social, cumple siempre con las leyes, me parece una persona bastante democrática. Entonces eso viene a desmitificar los miedos. Y significa que hay una nueva generación de izquierda que, estando en el poder, puede hacer las cosas bien. Ahora, en el día a día, tengo muchas diferencias de cómo se hace política.

- CO: Claramente hay una época de aprendizaje. Y tiendo a pensar que en este gobierno, sobran los activistas y faltan los profesionales. El activismo está bien un rato, pero cuando uno es gobierno no aporta mucho.

- SO: Lo que yo veo, es que hay un desprecio hacia la técnica.

  • CO: No te explico todas las veces que me han dicho tecnócrata. Yo trabajaba asesorando a algunos convencionales, y había asesores directos que hablaban de su idea de descentralizar los impuestos. Yo les decía “¿pero saben lo que están haciendo? Tenemos un sistema que funciona, una recaudación que funciona, un SII que es un lujo, y van a descentralizarlo.

    ¿Cómo lo van a hacer? ¿Qué están haciendo? ¿Cuál es la evidencia que van a seguir? ¿Cuáles son los modelos?” Como respuesta, me decían “es que tú eres un tecnócrata, es que tú no te das cuenta de la importancia de descentralizar las cosas”. Yo estoy muy de acuerdo con descentralizar, pero hagámoslo bien. Ahí había gente que estaba pasada varios pueblos, y bueno, eso se notó después en cómo le fue a la Convención. 

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Sebastián ganó en Stanford la distinción a la mejor tesis aplicada en Economía. Investigó el caso brasilero sobre acceso a la universidad y movilidad social, donde se dictó una ley de cuotas que reservaba el 50% de los cupos de universidades federales para estudiantes de colegios públicos. “Es considerada una política súper importante porque estas son las mejores universidades del país. Tuve que convencer al Ministerio de Educación que me dieran acceso a los datos de ingreso a la educación superior.  Comparé la trayectoria académica de los estudiantes beneficiados y desplazados por las cuotas. La conclusión fue que a los estudiantes beneficiados por las cuotas les termina yendo bien en la universidad. Los que fueron desplazados no se ven muy afectados porque terminan accediendo a buenas universidades privadas con buenos retornos laborales. En otras palabras, aumentó la equidad sin disminuir la eficiencia del sistema”
 
Por su parte, Cristóbal fue reconocido entre los mejores egresados de doctorado de su generación, siendo uno de los cuatro seleccionados por el China Star Tour para presentar su tesis en diferentes universidades en China, por lo que en mayo estuvo en Hong Kong, Shanghái, y Beijing. “Mi investigación buscó entender cuánto y cómo afecta tener personas talentosas en altos cargos públicos para que la acción del Estado sea lo más efectiva y eficiente posible”. Analizó el caso de los hospitales públicos en Chile, accediendo a una gran cantidad de datos de los hospitales y de sus directores, concluyendo que el sistema de alta dirección pública ha mejorado de forma notable la selección de los directores, incluso generando una disminución de la tasa de mortalidad hospitalaria.
 
Entre los chilenos economistas que han seguido una carrera académica afuera, destacan el caso de Sebastián Edwards y Andrés Velasco. En su generación mencionan a Claudia Allende, Nano Barahona, Ignacio Cuesta, Felipe González y Tomás Larroucau. 
 
El contrato de los Otero con Columbia se extiende por siete años. Puede terminar antes si alguno decide cambiar de rumbo. También puede renovarse y extender su estadía allá.
-¿Su plan es hacer carrera afuera de Chile?
-SO: No hay planes de volver a Chile por ahora. Mi pareja es Inglesa/Ucraniana, por lo que en términos profesionales se hace más difícil volver. Pero nunca se sabe.
-CO: Está por verse. Vamos paso a paso.

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