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Personaje

La apuesta de turismo exclusivo de Luis Chadwick

La apuesta de turismo exclusivo de Luis Chadwick

El empresario, luego del éxito de su resort para yates en Isla Jéchica en Aysén, se alista para levantar un segundo negocio de viajes. Quedará en Puerto Natales y buscará generar un nuevo tipo de turismo. Ya compró un catamarán, y ofrecerán recorridos personalizados por los campos de hielo de la zona.

Por: Mateo Navas | Publicado: Domingo 25 de abril de 2021 a las 04:00
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En 1999, en una de sus tantas travesías náuticas, el empresario y oficial de marina Luis Chadwick (80) conoció una isla. Después de recorrer decenas de caletas en Chiloé, unos pescadores de la zona le contaron sobre un lugar perfecto para “fondear”, concepto que se utiliza en el mundo de la navegación para descansar y protegerse de posibles temporales.

La isla se llamaba Jéchica y, según relata el empresario, fue amor a primera vista. El terreno, que queda en el corazón del Archipiélago de las Islas Guaitecas, estaba lleno de la biodiversidad característica de la Patagonia. Y fue ahí, en un paño de 8 mil hectáreas rodeado de espesos bosques nativos, donde se le ocurrió levantar un resort para yates para albergar a los navegantes que recorrían el sector. “No existía un destino para dormir y descansar luego de estar varios días en el mar”, recuerda Chadwick en una videoconferencia desde el piso 27 de la Torre Santa María, desde las oficinas de la Agrícola San Clemente, la exportadora de frutas que él preside.

El ejecutivo comenzó los trámites con el ministerio de Bienes Nacionales, pero la rotación de ministros que sufrió esa cartera a inicios de siglo interrumpió sus planes para sellar la compra. No tuvo suerte hasta que Adolfo Zaldívar lo apoyó y logró acelerar el proceso de concesión. El trámite tomó forma a mediados del 2000, por lo que invirtió cerca de US$ 2 millones para levantar el negocio. Siete años después, en 2007, lo inauguró. El recinto fue bautizado como Isla Jéchica Marina y Refugio y comenzó con un muelle, una casa para navegantes, un club house, cabañas familiares y un centro de comunicaciones. En la construcción participaron los arquitectos Gustavo Munizaga, Lawrence Sargent y Alberto Fernández.

La única manera de llegar a Isla Jéchica es desde Puerto Montt, cruzar hasta Quellón y pasar por Melinka. Hasta ahí han llegado familias empresarias ligadas al mundo de la navegación, como los Matte y los Ibáñez, y políticos como Edmundo Pérez Yoma.

Actualmente la administración del complejo está en manos de su hija Carmen, que se hace cargo de toda la logística turística. El recinto abre, eso sí, tres meses al año (de diciembre a marzo), ya que las condiciones meteorológicas son muy adversas. “Los otros nueve hacemos mantención. El invierno es muy crudo, el muelle se congela”, afirma Chadwick.

El éxito que cultivaron durante los primeros 13 años se frenó en seco con la crisis sanitaria. Si en un año normal recibían 50 yates, durante el verano pasado acogieron a solo tres embarcaciones. Pero a pesar de la corriente en contra, ya se preparan para lanzar un segundo proyecto a 800 kilómetros de Jéchica. Y este nuevo negocio, dentro de todas las aristas comerciales que tiene Chadwick (empresas ligadas a las industrias de la iluminación, vitivinícola y agrícola), es el que más lo anima.

Un turismo exclusivo

Con los años el empresario se dio cuenta que Jéchica, una isla con una superficie de 8.000 hectáreas en el Archipiélago de las Guaitecas, tenía potencial. Fue así como decidió comprar un catamarán, contratar a una tripulación y lanzar un negocio de turismo exclusivo. La idea era crear paquetes para familias que no tenían embarcaciones y que querían recorrer las más de mil islas de la zona. El proyecto fue un éxito.

“El catamarán se puede tomar en Puerto Cisnes o en Melinka. Y de ahí partir y hacer todo un tour por las islas”, cuenta Chadwick, quien afirma que se recorren lugares como la Laguna San Rafael, la Isla Kent —conocida por historias sobre una supuesta actividad de ovnis—, la Caleta Gatos y Jéchica, donde los clientes pueden hacer trekking, navegar en kayak, bucear y pescar. El plan es para un grupo privado de ocho personas. Cuentan con un capitán, Alejandro, y con un chef privado para los siete días de navegación. El paquete puede costar, en total, unos US$ 15 mil.

La buena recepción de su primer proyecto turístico dejó al empresario con ganas de seguir en el rubro, por lo que lanzará un negocio similar. Lo llama “sucursal 2 de Isla Jéchica”. Acaban de terminar de construir la base del recinto, el cual tendrá el mismo objetivo: ofrecer una alternativa de turismo exclusivo para recorrer el extremo sur del país. Estará a 15 kilómetros de Puerto Natales, muy cerca de Torres del Paine, en un pueblo llamado Puerto Fjord. El modelo de negocios será similar, con un catamarán último modelo de 42 pies para recorrer los fiordos de los Campos de Hielo Sur hasta el Cabo de Hornos.

Tendrá una bahía cerrada, un club house y un refugio para descansar. El objetivo, de acuerdo a Chadwick, será ampliar su presencia en el turismo exclusivo del sur, atraer a familias nacionales y extranjeras, y potenciar la actividad náutica en la Patagonia.

El hotel que no fue en NY

A 96 kilómetros de Times Square se puede encontrar una viña llamada Brotherhood, que tiene tres particularidades: es la más antigua de Estados Unidos (fundada en 1838), es el lugar más famoso para realizar matrimonios en Nueva York, y es propiedad de dos chilenos: Luis Chadwick y la familia Castro, dueños de Casas Patronales.

La historia se remonta a 2005, cuando Chadwick conoció a César Baeza, enólogo de Brotherhood. “La viña estaba en una situación económica muy complicada. César y los empleados de la compañía se habían quedado como dueños de la empresa, pero no tenían capital”, recuerda Chadwick.

Y fue ahí cuando el empresario vio una oportunidad y actuó rápido. Se asoció con Pablo Castro y compraron en partes iguales Brotherhood, viña que tiene centenarias bodegas.

Pero lo que compraron no es lo que hay ahora. “La recibimos quebrada, con una parte incendiada y sin clientes. Y en estos 15 años hemos logrado recuperar la confianza y reconstruir los lugares que son históricos”. Refaccionaron el salón central, que data de 1839, y volvieron a desarrollar todo el proceso de producción. Además, plantaron nuevas cepas y abrieron un restorán, el cual tiene más de 600 metros cuadrados. Ficharon al exgerente general del Banco de Chile en Nueva York, Hernán Donoso, para que se hiciera cargo de la operación.

Antes de la pandemia, todos los fines de semana realizaban ceremonias de matrimonios y recibían turistas que buscaban recorrer los rincones de la viña. “Antes iba unas seis veces al año para juntarme con los bancos de Estados Unidos, pero ahora, con la crisis sanitaria, no he podido viajar”, señala Chadwick.

Al año llegan más de 100 mil personas y comercializan 600 mil botellas. Su nombre se hizo conocido: son el mayor cliente de pequeños productores de Nueva York y se convirtieron en una de las viñas más importantes para vinos “privados” en EEUU, es decir, ediciones limitadas para empresas específicas que piden botellas con ciertas características. “Son creaciones que se venden en comunidades irlandesas o para restaurantes africanos que tienen otro tipos de cepas”, afirma Chadwick.

Tanto fue el éxito que pensaron construir un hotel, pero desecharon la idea para dedicarse a los eventos y el vino.

Su principal producción es de pinot noir, merlot y chardonnay. Facturan cerca de US$ 20 millones al año y quieren potenciar el área turística del lugar. 


El plan de expansión de Agrícola San Clemente:

El 2020 pusieron en marcha un plan quinquenal para aumentar la producción de la exportadora. “Plantaremos mil hectáreas y en cinco años llegaremos a las 2.300 hectáreas en producción, ya que la manzana se demora entre 4-5 años desde que se planta hasta que se cosecha”.

Agrícola San Clemente es una de las exportadoras más grandes del país. Se enfoca en la producción y transacción de manzanas y cerezas, y tienen actividad desde Ovalle hasta Chile Chico. Exportan a más de 40 países y tienen cuatro oficinas internacionales: China, Estados Unidos (donde también tienen una planta frigorífica), Inglaterra y Holanda. En 2020 facturaron US$ 130 millones, exportaron 3,5 millones de cajas de manzanas y más de mil contenedores de cerezas. Si bien su principal mercado es China, tienen un plan para “dejar la concentración en ese país”. “Hemos abierto el abanico de otros países de la región: exportamos a Singapur, Tailandia, Taiwán, Corea, Japón. Vamos a llegar al 25% de fruta no china”, cuenta el empresario a DF MAS. En el futuro aspiran a seguir con su plan de expansión en Asia y en Europa.

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