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Personaje

La nueva vida de Carlos Massad en Pichidangui

La nueva vida de Carlos Massad en Pichidangui

Este 2022 Carlos Massad cumplió 90 años y desde su nuevo hogar repasa capítulos y desclasifica episodios que marcaron su historia: desde los casos Inverlink y Banco de Talca, decisiones que tomó al liderar las políticas económicas de Chile; hasta el Alzheimer con el que batalló su mujer por dos décadas.

Por: Jaime Troncoso R. | Publicado: Sábado 5 de noviembre de 2022 a las 21:00
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El pasado 29 de agosto, los cinco hijos, nietos y bisnietos de Carlos Massad llegaron a Pichidangui a celebrar el cumpleaños número 90 del expresidente del Banco Central.
 
El economista de la Universidad de Chile y máster en Chicago -quien estuvo a la cabeza del Instituto Emisor durante dos períodos, primero con el Presidente Eduardo Frei Montalva y luego, con Eduardo Frei Ruz-Tagle y Ricardo Lagos- hace dos años se instaló en esta pequeña localidad de la IV Región, en una casa que él describe como su refugio: la compró junto a su mujer María Lidia Guzmán -Lily- a fines de los años ‘80.
  
“Recorrimos muchos lugares en esta zona, hasta que nos topamos con este terreno. ‘Este es el lugar’, pensamos”, recuerda el exministro de Salud de Eduardo Frei Ruiz-Tagle, mientras apunta una roca aledaña a la casa que ellos diseñaron. “Es ahí donde se sentó Lily cuando llegamos la primera vez”, añade. Fue hace dos años también cuando Massad enviudó. La historia de su señora, quien sufrió Alzheimer por dos décadas, se hizo conocida cuando Massad decidió visibilizar enfermedad. 
 
Mirando el mar desde su nuevo hogar, reflexiona: “Tras su partida hablé con mis hijos (María Lily, Carlos, Patricia, Paulina e Isabel Margarita) y fueron ellos los que me incentivaron a que me viniera. Aquí me entretengo mucho. Tengo mi laboratorio (la cocina) en donde estamos siempre inventando, y también maestreo un poco. No faltan cosas por hacer”.
  
La celebración de los 90 años fue íntima. Una nieta organizó un video en el que participó toda la familia: Massad, cuenta ahora, se emocionó hasta las lágrimas. El nombre de ella, y el de los otros 16 nietos, están escritos en veleros que decoran la casa, mientras que los de los 15 bisnietos, flotan en pequeños botes elaborados por artesanos de Chiloé. “Nunca pensé que iba a vivir más de los 65 años. Tenía una afección cardiaca y por ello cometí varios errores financieros pensando que me iba a morir joven. Pero me operaron a corazón abierto y quedé re bien”, ríe.
  

La inflación y la apuesta con Frei

Sus padres, ambos inmigrantes libaneses, llegaron a Chile en los años ‘20 buscando nuevas oportunidades para surgir. Su padre Riggi Massad se mudó desde Ashkout a Santiago, mientras que por el lado de su madre, María Abud, fueron sus abuelos quienes se instalaron en Vicuña, IV Región. Creció en el barrio Meiggs y tras salir del internado del Barros Arana -donde fue compañero de Juan Cúneo, expresidente de Falabella-, entró a Ingeniería Comercial en la Universidad de Chile. Desde estudiante siempre tuvo preocupación por la inflación, dice. De hecho su memoria abordó este tema y fue publicada en el primer informe económico sobre Chile del Instituto de Economía de la Casa de Bello. 
  
Asumió la vicepresidencia del Banco Central en noviembre del 1964, durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva, cuando la inflación alcanzaba el 40%. “El primer año hicimos una apuesta con el Presidente: bajaríamos la inflación al 25%. Si no, me debía subir al escritorio y bailar ‘Zorba el Griego’. De lo contrario, él pagaría el reto. Llegamos a fines de diciembre con 25,8%. Partimos a La Moneda con Sergio Molina (Presidente del BC en esa época) y le dijimos: ‘Presidente, cumplimos’. Frei no respondió. Sacó la silla, la puso al lado del escritorio presidencial, se subió y bailó arriba”, recuerda entre risas. En 1967 ausumiría como presidente del Instituto Emisor. 
  

Banco de Talca y los Piñera

A lo largo de la conversación, Massad revela antecedentes de casos que para él fueron “dolorosos”, como el Banco de Talca. “Durante la crisis financiera de los años ‘80 tenía una empresa de consultoría. El Banco de Talca -controlado por los empresarios Miguel Calaf y Alberto Danioni- estaba en una muy mala situación y la Superintendencia de Bancos les sugirió tomar una asesoría externa. Y nos invitó. Yo era socio de José Piñera, pero a él lo llamó el gobierno, por lo que invité a otro Piñera, a Sebastián, quien venía llegando de Estados Unidos y estaba en la Cepal”, explica.
  
“Acordamos que yo sería el presidente y Sebastián el gerente general. Esto fue el año 78. El 79 fue un buen periodo, con utilidades. El 81 vino la debacle con el alza del tipo de cambio, el banco fue intervenido y él fue acusado por infracción a la Ley de Bancos".
  
“Un día llegaron los abogados del gobierno y me pidieron que firmara un documento para ceder todo mi patrimonio. Me negué. Les dije que lo haría cuando probaran que había sacado un peso del banco’”, recuerda.
 
Y continúa su relato: “En agosto del 82 me llama por teléfono un vecino amigo y me dice ‘necesito que vengas a mi casa urgente’. Me acompañó Lily y cuando llegamos, me cuenta: ‘Mi abogado en los tribunales vio sobre el escritorio del juez una orden de detención en tu contra’. Llamé a quien fuera mi fiscal en el BC, Fernando Coloma -padre de los Coloma-, y le dije ‘¿Estarías dispuesto a defenderme? No sé de qué me acusan, pero necesito un abogado’. Tomó el caso y me sugirió: ‘Escóndete, si te toman preso no puedo responder qué pasará contigo’. Benjamín Mira, representante del BID en EEUU, me llama y me dice ‘quiero que te vayas a esconder a mi casa’. Le respondí: ‘Si me pillan serás cómplice’. Y él me refuta: ‘¿Tú crees que te buscarán en la casa de un pinochetista?’. Estuve un mes ahí, y Lily me acompañó”.
 
Su abogado recurrió ante la Corte de Apelaciones, presentando el 3 de septiembre de 1982 un recurso de amparo, que fue rechazado. Luego recurrieron a la Corte Suprema, la que acogió su recurso, sobreseyéndolos el 20 de septiembre. Entonces partió a su casa. “Estaba bajándome del taxi y en la puerta, había un auto de Investigaciones. Me dicen que estoy detenido. Les explico que la Corte había declarado que no. Llaman y me responden: ‘Disculpe señor’”
  
Massad cree que todo esto fue una persecución política. Esta es su explicación: en diciembre de 1975, cuando él era director ejecutivo por Chile del FMI -fue invitado por el ministro de Coordinación Económica y Desarrollo, Raúl Sáez-, expulsaron del país a su amigo Hernán Fuentealba. “Indignado, le digo a Sáez que renunciaría. Me responde que hable con Pinochet. Pinochet me indicó que había sido un error y que se iba a corregir. Pero no pasó nada. Entonces le envié mi carta de renuncia por causales de derechos humanos”, rememora.
 

La Crisis Asiática

Massad fue designado consejero del Banco Central por Eduardo Frei Ruiz-Tagle para reemplazar en la presidencia a Roberto Zahler, quien había renunciado por discrepancias con el Consejo, asegura. Durante su mandato enfrentó la Crisis Asiática de 1999, que muchos en un comienzo creyeron que no llegaría al país.
 
Era febrero, Massad viajaba por un safari en Sudáfrica, cuando comenzó la debacle en Chile. Cuenta que hubo desacuerdos con Hacienda por mantener la inflación. Explica las acciones que tomó para calmar al mercado que llevó la tasa de interés sobre 100% en algunas jornadas. Cuenta que llegado el momento de actuar “le informé al Presidente ‘voy a subir la tasa de interés al 14%, pero no durará más de dos semanas’. Y fue así. Dimos el golpe, terminó la especulación y bajamos rápidamente las tasas. Eso tuvo un costo, pero hubiese sido mucho mayor si no lo hacíamos. Cuando te metes en una situación así, no puedes salir sin costo”. 
  
Por esto, Massad fue responsabilizado por economistas de la caída del crecimiento. Incluso el experto estadounidense Rudi Dornbusch bautizó este periodo como la Crisis Massad. “Cuando uno toma decisiones de este tipo, debe estar dispuesto a asumir consecuencias. Hice lo que había que hacer y resultó muy bien para la economía chilena”, sentencia.
  

Inverlink y su salida del Banco Central 

Otro golpe en su carrera, dice, fue el Caso Inverlink. En febrero de 2003 se reveló que su secretaria personal, Pamela Andrada, quien lo acompañó desde el Ministerio de Salud, enviaba información confidencial -sobre la condición financiera chilena y extranjera- al entonces gerente de Inverlink, Enzo Bertinelli.
  
“Me di cuenta de que había rebotado un correo que yo no había enviado. Llamé al jefe de informática del BC. Solicité poner en vigilancia mi computador. Y así confirmaron que era Pamela Andrada (quien intervenía su correo)”, recuerda. Se formó una comisión de sumario y se decidió presentar los antecedentes del caso a la Justicia: la llamaron a declarar y ella confesó. Massad entonces optó por salir del Banco.
  
“Cuando ocurrió esto decidí renunciar. Pero preferí no hacerlo mientras no hiciera los cambios necesarios para reducir la probabilidad de que esto volviera a ocurrir”, explica. Entonces se formó una comisión para evitar un futuro incidente. “Tras ello, fui a hablar con el Presidente Lagos. Le dije: ‘Presidente, usted sabe lo que ocurrió en el Banco. Ha llegado el momento en que deje el cargo ya que este hecho afecta mi capacidad de manejo. Voy a renunciar’. Él dijo que respetaba mi decisión”.
  
Al día siguiente llegó a La Moneda, le entregó la carta de renuncia, y Ricardo Lagos agradeció su trabajo. “Decidí no tomar ningún empleo que pudiera utilizar mis conocimientos del Banco Central en beneficio privado: acepté un puesto con los monjes benedictinos y uno no remunerado como director de la Clínica Familia del padre Baldo Santi. Estuve en eso bastante tiempo hasta que (en 2004) acepté un directorio en Corpbanca”, argumenta.
  

La pesca y la soledad

Desde que se instaló en Pichidangui, Massad se ha convertido en todo un personaje en la zona. Mientras recorre la localidad, esta mañana de septiembre, cuenta que es amigo de los pescadores de la caleta, que con ellos ha salido en innumerables ocasiones a alta mar y que fueron ellos quienes le regalaron un ancla rescatada de un barco que naufragó en la bahía. El objeto hoy decora la entrada de su casa. Es la pesca precisamente una de sus aficiones preferidas, lo que queda en evidencia en los muros de su “refugio”, donde cuelgan fotografías y una reproducción de un gran pez espada que capturó en un viaje a Centroamérica.
  
 
Cuando Massad concluye la conversación reconoce que está tranquilo. Que pese a los 64 años de matrimonio -él tenía 23 años cuando se casaron, ella 21-, dice no sentir la soledad. “Lily me preparó. Su propia enfermedad me fue preparando para estar solo. Ella se fue alejando de a poquito. Haciéndose cada vez menos accesible, menos consciente de lo que la rodeaba. Si su muerte hubiese sido repentina, no sé cómo lo hubiese afrontado”, reflexiona. 
  

Sobre el ajuste del BC en la tasa de interés: “Faltó decisión”

El expresidente del Instituto Emisor discrepa en cómo el actual Consejo del Banco Central ha actuado desde julio de 2021, cuando comenzó a subir la tasa de interés para controlar el brote inflacionario. “Tengo una discrepancia porque si uno quiere parar la inflación realmente, no puede seguirla con la tasa de interés. Tiene que anticiparse. He visto que faltó decisión, no sirve de nada subirla de a poco”, señala.
 
A su juicio, el Consejo debió haber apuntado a una tasa real. “Por lo menos de cero, no negativa como la hemos visto en este periodo”, añade. Mientras que a aquellos que plantean que el alza de tasas puede profundizar la caída de la economía, responde: “Es verdad, el problema es que cuando entras en una situación como esta no hay manera de salir sin costo. La pregunta es quién paga el costo”.
 
¿Qué hubiera hecho él? Massad cree que haber subido fuerte y rápidamente la tasa habría evitado que la inflación ascendiera hasta el 14%. “Había que subirla a un nivel alto rápidamente de manera transitoria y por un plazo corto para cortar esta especulación”, dice y agrega que esto podría haber ayudado a corregir la salida de capitales que se vivió. “¿Por qué salen los capitales? Porque aquí están en riesgo. Como salen, piden préstamos en pesos, con ello compran dólares y se los llevan”. 
 
Massad, uno de los creadores de la Unidad de Fomento en la década del ‘60, señala: “Hay un problema de psicología personal en todo esto. Si una persona tiene ambiciones de llegar más lejos políticamente se cuidará mucho de lo que los demás piensen. Yo no tenía interés en eso. No me importaba que dijeran que Carlos Massad provocó una recesión. No tenía aspiraciones de alcanzar otras cosas. No sé si ella (Rosanna Costa) tiene, pero Mario Marcel sí. Y la prueba es donde está ahora. Pero es un buen hombre y creo que está haciendo lo mejor que puede”.
  

Frei, Marcel y Boric

El economista está retirado de la actividad profesional, pero sigue atento la coyuntura a través de grupos de WhatsApp, así como las discusiones políticas y económicas. Histórico DC, dice que tiene una visión crítica de la actual clase política, lamenta la “falta de liderazgos y ausencia de doctrina en los partidos”.
 
“En los ‘40, ‘50 y ‘60, los partidos tenían principios definidos que inspiraban sus conductas. Hoy eso se ha abandonado totalmente. El mejor ejemplo es Amarillos: no tiene doctrina y están armando un partido político. La gente que se unirá son de muy distinta procedencia, es muy difícil que vayan a coincidir en una visión sólida común”, sostiene.
  
Massad no es de los decé que optaron por renunciar. Entró a militar cuando era alumno del Internado Barros Aranas, y pretende seguir ahí, pese a creer que “de ese partido no queda nada. Todos nos sentíamos un equipo. Nos sentíamos compartiendo una visión de Chile común. A veces discutimos y peleábamos, pero llegábamos a una visión común. Eso ha ido desapareciendo”, argumenta.
 
No veo a nadie que pueda compararse a Frei, a (Radomiro) Tomic o a (Bernardo) Leigthon. En los otros partidos pasa lo mismo: en el Partido Comunista no hay nadie que pueda compararse con Elías Lafertte, o en el Partido Radical a Raúl Rettig. En los de derecha no existen Francisco Bulnes, Luis Felipe Letelier o los Alessandri (Arturo y Jorge)”, dice.
  
De los últimos gobernantes, su “preferido”, es Frei Montalva. “Eduardo es lejos superior a todo el mundo”, señala. Aún recuerda una anécdota que compartieron en sus años trabajando juntos: “Tuvo gestos increíbles como invitar a la Reina Isabel a su casa. La sentó en el mismo comedor en que se sentaba con nosotros. Era cercano y de gestos de austeridad inmensos”.
  
En cuanto al liderazgo de Gabriel Boric -por quien votó en las presidenciales-, dice que lo ve “complicado”. “Fue líder muy joven de una generación de jóvenes. Un líder sin limitaciones que podía decir lo que quisiera y nadie le iba a reprochar nada. Ahora tiene que desdecirse de muchas cosas, lo cual le quita autoridad y seriedad. Le será difícil hacer un buen gobierno por la forma en que compuso su base de apoyo con dos coaliciones que no se entienden entre sí. Eso siempre le estará complicando la vida”, sentencia.
 
Y agrega: “No existe un grupo mayor que los guíe”. ¿Y Mario Marcel? “Mario no es un líder. Es un científico, en mi visión. Y aplicará sus conocimientos al servicio de otros, pero no va a orientar ni guiar a otros en una dirección determinada. No es para eso”, responde.
 

Su mejor negocio

“Fue un negocio magnífico. Cuando era director ejecutivo en el FMI (1970 a 1974) venía a Chile de vez en cuando a reunirme con el Presidente Allende y sus ministros. Me alojaba en casa de mi hermano. Un día me dice que hay un sitio a la venta en Charles Hamilton.
 
Tenía 4 mil metros cuadrados, con un pequeño declive y árboles, maravilloso. Pensé ‘seguro está fuera de mis medios’. Pero era el momento en que todos estaban vendiendo para arrancar del país, así es que me costó US$ 10 mil. De vuelta del FMI tenía unos $ 40 mil de ahorro, y me construí mi casa ahí. Fue el mejor negocio de mi vida: vendí en US$ 1 millón y ahí fue donde hice un poco de capital”.

María Teresa Ruiz y su progresiva pérdida de visión: “Cuando cierro los ojos ya no soy ciega, porque ahí está mi memoria”

La astrónoma, Premio Nacional de Ciencias Exactas 1997, sufre un trastorno ocular que le ha ido apagando la vista. En el ojo izquierdo ya no tiene visión central; en el derecho es de apenas un 2%. No maneja, no dicta clases, ha cambiado rutinas cotidianas. Pero está activa y con energías. “Lo siento como un desafío para buscar otros espacios donde seguir siendo feliz”, dice.

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