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Hotel Punta Piqueros: puertas adentro en días clave para su futuro

Hotel Punta Piqueros: puertas adentro en días clave para su futuro

Por primera vez en más de diez años los ejecutivos del polémico recinto de Concón abrieron sus puertas. DF MAS entró y conoció los detalles del lugar. Todo esto, en medio de un recurso de protección que busca su demolición.

Por: Mateo Navas | Publicado: Domingo 11 de julio de 2021 a las 04:00
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A las 16:10 del miércoles 7 de julio, el costado del Hotel Punta Piqueros está iluminado por los intensos rayos de sol que contrastan con el cielo despejado del litoral central. El recinto, ubicado entre el campo dunar de Concón y el océano Pacífico, está desolado con máquinas, escombros y obras temporales. Y, por primera vez, los ejecutivos del hotel le abrieron las puertas a un medio de comunicación para que lo conociera desde dentro. ¿Qué esconden los 20.000 metros cuadrados del centro turístico más polémico de la Región de Valparaíso?

La historia del Hotel Punta Piqueros es larga y con muchas marejadas. El proyecto que nació en 2011 y que soñaba con abrir sus puertas en 2013 a los pies del mar de Concón, tuvo que enfrentar otro destino. A lo largo de diez años de tramitación este ambicioso plan inmobiliario ha experimentado numerosas batallas legales que han interrumpido su apertura.

De hecho, en un inicio, la inversión total era de US$ 41 millones, pero hasta ahora, la inmobiliaria a cargo ha desembolsado más de US$ 75 millones. El último gran escollo judicial que enfrentaron fue con la Corte Suprema: en 2019 el máximo tribunal ordenó que el hotel debía someterse a una evaluación ambiental, invalidando el permiso de edificación. Hoy por hoy, la empresa está siendo defendida por el abogado Juan Carlos Osorio, y, en materia ambiental, por Ignacio Urrutia.

En medio de placas de madera, pilares metálicos y sacos de cemento, lo primero que se ve de la entrada del Hotel Punta Piqueros es una puerta giratoria con vidrios quebrados, los cuales, según la inmobiliaria, serán reemplazados antes de su apertura. La entrada oficial es en el piso 7, que contará con un lobby, áreas comunes y habitaciones. Mientras tanto, todo está desértico. 

El eco se hace presente. Techos altos, piso de concreto y polvo. No hay muebles, alfombras ni decoraciones, pero sí se ven mesas de madera y tambores de metal. La entrada nos recibe con una gran vista hacia los edificios del borde costero y una escalera de cemento que será revestida de madera. En una de las paredes del lugar hay numerosos orificios que emulan las distintas constelaciones que se encuentran en Chile: Centaurus, Pegasus y Canis Majoris son algunas. El potencial de un hotel cinco estrellas está, pero todavía falta todo lo demás, todo lo que le dará vida.

Y a pesar de que la construcción ha estado paralizada durante casi 20 meses, la inmobiliaria afirma que la obra gruesa del recinto está terminada. Para los ejecutivos, por ahora, no es una opción desechar el proyecto. De hecho, afirman que, una vez que tengan el permiso, solo necesitarán seis meses para la inauguración. ¿Pero conseguirán la luz verde? Nadie lo sabe.

“Remate”

Fue Enzo Bolocco Cintolesi -padre de la ex Miss Universo- el que hace más de 15 años, caminando por el borde costero de la Quinta Región, encontró un cartel de “Remate” en un terreno olvidado. En ese momento el empresario pensó que, debido a la buena ubicación, el paño podría usarse para desarrollar un proyecto. En un par de meses el territorio era suyo.

Pero el primer obstáculo fue la Ley Lorca, normativa que se creó en 1959 para proteger el borde costero y restringir el tipo de construcciones en la zona. Con esto, los posibles negocios se redujeron. Tiempo después apareció la idea de levantar un hotel de lujo, porque los recintos turísticos eran de las pocas construcciones que la ley permitía.

El proyecto se concretó con la llegada de los inversionistas: primero la familia Said, accionistas de Parque Arauco, Scotiabank y Embotelladora Andina, y luego se sumó el clan Urenda y el grupo Eluchans. Si bien Enzo Bolocco quería vender el paño y luego desligarse de Punta Piqueros, los otros socios le incentivaron a que se quedara con una pequeña porción del negocio.

Entre los tres actores decidieron crear un exclusivo recinto turístico con vista panorámica al océano Pacífico. Con la sociedad ya constituida, se juntaron con el arquitecto de la oficina Flaño, Núñez y Tuca, Max Núñez, para elaborar el diseño del edificio. Luego, obtuvieron el permiso del concejo municipal. Todo estaba listo.

Hasta ese momento, la corriente corría a favor de los inversionistas. 

De la azotea a la habitación

El piso 10 es uno de los más importantes. No solo es el último nivel y tiene una privilegiada vista al mar, sino que es el área segura en caso de un tsunami. Para llegar ahí subimos por ascensor. A pesar de la falta de las terminaciones, el circuito eléctrico del hotel parece funcionar. Ahí, desde la terraza y con una piscina vacía, se divisa la famosa roca oceánica, un peñón de 25 metros conocido por su valor geológico, ecológico y biológico marino. En marzo de 1990, el espacio fue declarado Santuario de la Naturaleza por el Consejo de Monumentos Nacionales.

Desde 2011 diversos vecinos, agrupados en el Comité Pro Defensa del Patrimonio Histórico y Cultural de Viña del Mar, han expuesto los posibles daños que podría sufrir este santuario por la operación del Hotel Punta Piqueros. Desde la inmobiliaria, sin embargo, dicen que el impacto es nulo, y que, de hecho, han realizado labores de reparación en la infraestructura del lugar.

“La mejora quedó muy bien, se cumplió con lo aprobado por el Consejo de Monumentos Nacionales y el público lo celebró. De hecho, conforme con esta acción, la Municipalidad de Concón instaló un cierre perimetral para cuidar el lugar y permitir un acceso controlado”, dice a DF MAS Ambrosio García Huidobro, gerente general de la compañía. 

En el décimo piso se ven las olas de agua cristalina que revientan cada ocho segundos en el cordón rocoso natural, una serie de piedras gigantes, producto de erupciones volcánicas hace millones de años. Esto impide que, en caso de intensas marejadas, el oleaje impacte directamente con el recinto, el cual está a siete metros de altura. Eso sí, cuando ocurren este tipo de eventos, el agua puede llegar hasta las ventanas del cuarto o quinto piso. No obstante, desde la inmobiliaria afirman que el vidrio de las habitaciones es lo suficientemente grueso para resistir la presión de estos oleajes. 

“El edificio está preparado para una evacuación vertical tanto de los pasajeros como del personal del hotel permitiéndoles refugiarse en los pisos más altos, que están a más de 30 metros sobre el nivel del mar”, agrega García Huidobro. 

Piso abajo, en el nueve, está la explanada más grande del hotel: el salón de eventos con una capacidad para 250 personas. Tiene una vista infinita al mar y un piso de concreto, el cual llevará un alfombrado especial. Mientras que en el ocho, estarán el restorán y el bar. Pero todavía no se aprecia nada, ya que no hay mesas, ni cocina ni personas.

En el séptimo empiezan las habitaciones. Los pasillos, por ahora, son lúgubres y con cables sueltos, pero la pieza piloto cambia todo. Es un oasis de color en medio de la grisácea obra gruesa. Se trata de una habitación con una terraza con vista al mar y al cordón rocoso. Todo está en su lugar y delicadamente decorado: la cama lista y la televisión conectada.

De ahí para abajo, hay cientos de habitaciones vacías, sin camas ni muebles. Sin turistas ni trabajadores.

El atardecer

Cuando llegamos al primer piso todo cambia. A los pies del cordón rocoso chocan las olas y la espuma aparece. Ahí, desde el gimnasio, el spa y la piscina estilo romano, se ve el mar a casi el mismo nivel de la edificación. Todo está vacío: el gimnasio sin máquinas, la piscina sin agua y los camarines sin implementos.

Son las 18:00 y han pasado más de 90 minutos desde que entré al hotel. El cielo está teñido de naranjo y el sol se esconde lentamente. Los pocos rayos de sol pasan por los orificios que emulan las constelaciones e iluminan el salón central.

El Hotel Punta Piqueros cuenta con 134 habitaciones de lujo, 134 estacionamientos, dos piscinas, un área de spa y salas de eventos. Para construirlo tuvieron que extraer más de 20 mil metros cúbicos de tierra. Todo el recinto, si llega a conseguir las aprobaciones, será operado por el grupo InterContinental Hotels, compañía británica que administra 5 mil hoteles en más de 100 países. Según ha trascendido, el holding sigue apoyando a las familias Said, Urenda, Eluchans y Bolocco, ya que las cifras que proyectan son prometedoras: esperan atraer a más de 40 mil turistas al año.

Mientras tanto, la inmobiliaria pronto espera recibir novedades. Ahora viven días que son clave. En las recientes semanas se presentó un recurso de protección ante la Corte de Apelaciones de Valparaíso que busca la demolición del lugar, pero las energías de la empresa están puestas en conseguir el permiso de edificación.

Para eso, sin embargo, deben obtener la luz verde del nuevo alcalde Freddy Ramírez (independiente) y del concejo municipal. Todavía la incertidumbre reina. Ya solicitaron una reunión con el edil, esperando que esta nueva administración les entregue el documento.

¿Y qué pasa si no? Podrían demolerlo o todo lo contrario: que el Hotel Punta Piqueros siga ahí, en la Avenida Borgoño 18.115. Seguiría desolado, vacío y esperando un milagro. 

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