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Punto de partida

El sueño medioambiental y latinoamericano de Ladera Sur

El sueño medioambiental y latinoamericano de Ladera Sur

A seis años desde su creación, la plataforma dedicada a difundir temas de medioambiente, viajes y conservación se expandirá a la región. Su fundador Martín del Río cuenta cómo se gestó la operación, y su socio Nicholas Davis -presidente de Euroamérica- adelanta: “Cuando tu objetivo es generar impacto, lo ideal es que esto sea lo más grande posible (...) Esto va a ser un muy buen negocio”.

Por: María José Gutiérrez | Publicado: Domingo 25 de abril de 2021 a las 04:00
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Escogieron la fecha del cumpleaños de la empresa para hacer el anuncio. El 30 de marzo, Ladera Sur -el medio de comunicación dedicado a la naturaleza- publicó un mensaje en todas sus plataformas: “Este 2021, bajo un nuevo propósito, ‘reconectar con la naturaleza para sanar al planeta’, decidimos dar un gran salto e ir más allá. Decidimos abrirnos a toda Latinoamérica, nuestro adorado continente que tanto tiene para contar y que tanto tenemos que potenciar.

Es por eso, que con mucho orgullo hoy lanzamos Ladera Sur Latinoamérica @LaderaSurLatam, un espacio donde caben todos, y donde nuestros mayores tesoros, como son la biodiversidad de la flora y la fauna, los ecosistemas terrestres y marinos, las personas y comunidades, tendrán el sitio que se merecen”.

Seis años antes, el publicista y paisajista Martín del Río lanzó en la web la plataforma que hoy tiene 2.500 artículos publicados y más de 300.000 seguidores. Fue una tarde de diciembre de 2014 cuando el CEO reunió a un grupo de 40 personas -arquitectos, fotógrafos, científicos y abogados- en el restorán Varanasi de Manuel Montt. Y ahí, en el segundo piso, en medio de un cóctel les presentó un powerpoint de lo que tenía en mente.

"Súmate a este sueño de difundir temas de naturaleza para generar conciencia sobre la protección del planeta. Cada uno tendrá espacio para publicar. Estas son las reglas del juego de Ladera Sur que vamos a lanzar el 30 de marzo de 2015”, les dijo. Ese brindis fue el punto de partida del medio.

Aunque en estricto rigor el puntapié inicial ocurrió antes. El día que Martín subió su primera foto a Instagram en la cuenta Ladera Sur, en ese entonces su estudio de paisajismo.

"De repente tenía 7 mil seguidores, que en esos años era como tener 300 mil hoy”, comenta. La cifra lo hizo consciente de que en sus manos tenía una herramienta que tenía que explotar y que cruzaba -al fin- las dos carreras que había estudiado: la publicidad con la arquitectura del paisaje. Lo que estoy mostrando, a la gente le está gustando. ¿Y si creo un proyecto de comunicación de naturaleza, un NatGeo chileno?”, le planteó a su mujer, la fotógrafa Amelia Ortúzar, quien le entregaba imágenes para su cuenta en la red social.

“Ese día”, dice ahora, sentado frente a la pantalla de Zoom, “empezó todo el sueño”.

La bicicleta

Martín del Río (36) estudió Publicidad en la U. Diego Portales. Al egresar, después de vivir un año en Estados Unidos, entró a trabajar a una agencia en Santiago. Le bastaron dos meses para saber que no quería eso para su vida. “Me vino una crisis terrible. Yo quería un trabajo con un sentido”, cuenta.

Criado en una familia de arquitectos y a la vez fanático de la naturaleza y los viajes, se matriculó en Paisajismo en el Duoc durante el día y por las noches en un magíster en Arquitectura del Paisaje en la Universidad Católica. En dos años sacó ambos títulos y creó la oficina Ladera Sur, dedicada al diseño de jardines, parques y áreas verdes. En eso se pasó los siguientes tres años. Hasta que el éxito de la cuenta de Instagram lo hizo pensar en un proyecto colaborativo.

Entonces contactó a los fotógrafos Pablo Valenzuela, Guy Wenborne, Augusto Domínguez, Cristóbal Correa y Pía Vergara para ofrecerles difundir su trabajo. Siguió con el documentalista René Araneda, la ilustradora Geraldine MacKinnon, la agrónoma Josefina Hepp, la arquitecta paisajista Romy Hetch y el montañista Martín Gildemeister. Todos aceptaron colaborar gratuitamente. ¿Por qué? “Quizás porque he logrado transmitirles que esto es más de guata que de cabeza. La gente está por una causa común de protección del planeta”, responde Del Río.

Ese verano se dedicó a crear la página web y a organizar los turnos de las publicaciones. Él editaría el contenido y Amelia las imágenes.

Al mes del lanzamiento, Ladera Sur tenía 30 mil visitas. El mismo año su fundador fue nombrado entre los 100 Jóvenes Líderes de El Mercurio, y cada vez eran más los mensajes de personas de todo Chile que querían sumarse como colaboradores. Hasta entonces, eso sí, no entraba ni un peso al negocio. El matrimonio generaba sus ingresos por fuera, a través del paisajismo y el diseño.

En diciembre de 2015, cuenta Martín, tuvo que optar: o mantenía esto como un hobby o lo sacaba adelante como una empresa y le dedicaba su 100%. Y empezó a ver distintos modelos de negocios. Para todos necesitaba capital. Había postulado a dos Corfo, sin éxito, y para el tercero quedó finalista. Asumiendo que se iba a ganar el fondo le planteó a Thomas Kimber la inquietud de lo que debía hacer con esa plata. El fundador de Karün le recomendó juntarse con Roberto Bravo -socio de la marca de anteojos- para que lo aconsejara. Y así lo hizo.
“Al mes, llamo a Roberto y le digo ‘no me gané el Corfo’. Él me responde ‘encuentro increíble tu proyecto. Yo me sumo”, cuenta. Ahí entraron los primeros $ 30 millones de capital a la empresa para armar un equipo periodístico que hacía branded content a las empresas (contenido auspiciado), mientras la plataforma conservaba contenido editorial propio desde las colaboraciones. Luego fueron sumando a ONGs y fundaciones afines como stakeholders.

Los 40 colaboradores iniciales, crecieron a 80, y al contenido online agregaron proyectos offline: charlas, seminarios, exhibiciones de películas. “La bicicleta andaba bien, pero era difícil escalar el negocio”, reflexiona ahora el publicista. “Por eso creo que nunca me gané los Corfo”. Para armar un brazo de ventas contrató a su hermana, la ingeniera comercial Antonia del Río, quien desde 2018 se hace cargo del área. Pero necesitaban un nuevo aliado. Ahí es cuando Martín pensó en el presidente de Euroamérica y de la fundación Punta Lobos, Nicholas Davis.

La mano de Davis

La Fundación Punta Lobos y Aldea Nativa -del empresario- eran socios estratégicos de Ladera Sur. Pero Davis y Del Río no se conocían. El ex director ejecutivo de la ONG, Matías Alcalde, los puso en contacto a fines de 2018. “Me gusta el proyecto, déjame analizarlo”, le dijo Davis tras la exposición. “Vengo del mundo financiero donde todo son papeles, no hay una gran creación de valor en temas más tangibles.

Por eso también siempre he desarrollado otras actividades, todas conectadas con el mundo más terrenal, en negocios que generen un impacto positivo en el medioambiente y en las personas”, dice Davis. “Esto desde la perspectiva de negocios. No es filantropía”, asegura el dueño del hotel Alaia. “En esa línea, Ladera Sur nos calzaba porque era un medio que nos permitía desarrollarnos como negocio con lo que queríamos que era impactar a las personas”, añade.

Los números eran rojos, entonces el empresario le ofreció pagar el delta para que el medio funcionara durante unos meses mientras él analizaba la operación. En mayo dio el ok. Y en agosto de 2019 entró como socio con el 50% de la propiedad.

El rol de Davis fue ordenar y aterrizar números, determinar riesgos y priorizar las líneas de negocio: dónde enfocarse, en qué áreas serían más influyentes.

El estallido social y la pandemia hicieron que las visitas de Ladera Sur se dispararan. Tres semanas despues del 18 de octubre, el medio organizó un evento en el Parque Metropolitano -donde asistieron 600 personas- en el que hacía un statement: el estallido era resultado de una problemática socioambiental y había que hacer cambios en la Constitución.

“No somos un medio de izquierda, ni de derecha. Somos un medio basado en una lógica científica, donde lo bueno y lo malo no es subjetivo. Y eso es importante, porque no nos interesa ser un medio activista”, explica el presidente de Euroamérica. De la misma forma, añade, la compañía ha sido muy meticulosa en cuidar la marca, es decir, no aceptan publicidad de cualquier empresa: mineras, salmoneras y forestales, no.

Un evento clave en el despegue fue el festival Wild Santiago que se llevó a cabo en julio via online y alcanzó las 50 mil reproducciones. Tras la exhibición los contactaron desde diferentes países, y de ahí nacieron alianzas con el instituto científico Smithsonian y la ONG Jackson Wild de EEUU.

Al desglosar la audiencia, se percataron de que 40% de las visitas provenían desde fuera de Chile.  Con los números azules por primera vez, había llegado el momento de dar el salto.

El puente


El plan de crecimiento es a cinco años. La meta es convertirse en el medio más influyente de la región en temáticas medioambientales. El primer paso es la generación y publicación de contenido regional y local de distintos países. Y luego armar sedes en aquellos países que amerite. Para eso Martín del Río dejó el cargo de editor, para dedicarse a armar redes de colaboradores internacionales. A cargo de la edición chilena llegó la periodista Bárbara Tupper, y para hacerse cargo de una nueva area de experiencia offline, viajes y educación contrataron a Felipe Howard.

“Por ahora estamos logrando financiar la operación los propios socios, pero el desafío es buscar una red de partners estratégicos para trabajar en conjunto en Latinoamérica. Queremos ser la voz desde LA en temas medioambientales. Somos los que tenemos que potenciar, defender, querer lo nuestro”, dice Martín.

“Nuestros papás vivieron un mundo más libre de un planeta sin problemas. A  nosotros nos tocó uno que dice que está enfermo, y somos la generación puente para que le toque un mundo mejor a nuestros hijos”, agrega. Davis complementa: “Cuando tu objetivo es generar impacto, lo ideal es que esto sea lo más grande posible, no solo en la cantidad de gente que alcanzas sino también en las multiplataformas donde despliegas tu contenido tanto online como offline”.

Ahora los socios están buscando nombres para crear un directorio externo que los ayude a concretar el despegue.

“No tengo dudas de que esto es un negocio, un muy buen negocio”, remata Davis .

El emprendimiento campestre de la familia Longueira

Tomás y Alejandro Longueira están a cargo del negocio familiar que tiene cuatro aristas: paisajismo, producción de compost a partir de residuos de la cosecha de champiñones, viveros y traslado de árboles adultos.

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