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Punto de partida

Los inicios de Nico Orellana: acelerado en Silicon Valley, un exit fallido y reinvención

Los inicios de Nico Orellana: acelerado en Silicon Valley, un exit fallido y reinvención

Hoy está enfocado 100% en su nueva startup, Flycrew, que ayuda a creadores de contenido a monetizar sus audiencias. Desde el 2007 está inserto en el ecosistema tecnológico. Creó Webprendedor, tuvo como primer inversionista a Oskar Hjertonsson en Welcu -que casi fue adquirida por Eventbrite- y se reinventó en la pandemia. Su historia está en el segundo capítulo del podcast Mas Pitch.

Por: Juan Pablo Silva | Publicado: Sábado 15 de junio de 2024 a las 04:00
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El 28 de octubre de 2023 el Instagram de Nicolás Orellana cambió: las fotos familiares o del día a día cambiaron por videos de su podcast, conversaciones con personajes conocidos y tips de autoayuda. Pasó de tener menos de 100 me gusta a llegar a videos con millones de reproducciones. Se convirtió en “influencer”. Para las nuevas generaciones, nativos de Instagram, es tal vez “Nico el del podcast”, pero su recorrido es mucho más que eso en el ecosistema tech chileno.

En 2007 creó Webprendedor, un blog para hablar de emprendimiento tecnológico que buscaba incentivar, difundir y potenciar emprendedores digitales. “Soy de La Serena y buscaba conocer a todo el mundo, se me ocurrió entonces montar un evento”, recuerda.

Le interesaba la tecnología y quienes la estaban construyendo en nuestro país: tras seis meses de entrevistas creó el primer webprendedor en Matucana 100. Llegaron 350 personas y no paró más. Desde ese año, emprendedores -en ese minuto no tan conocidos como hoy- como Daniel Undurraga, Oskar Hjertonsson, Paolo Colonnello, Leo Prieto y otros fueron los speakers. Incluso estuvo Hernán Kazah, fundador de Mercado Libre y hoy socio de Kaszek.

“Éramos puros hippies computines haciendo cosas divertidas, no había capital, olvídate del financiamiento”, afirma Orellana. Como hacía eventos y las ticketeras no le prestaban servicios, desarrolló un sistema para vender tickets baratos, “y me acuerdo de que el 2012 conversando con Oskar de Cornershop -que recién habían vendido a Groupon- me dice ‘¿por qué no haces una startup y levantas capital y lo hacemos en serio?’”. Así Partió Welcu, una plataforma para mejorar la experiencia de asistentes a eventos.

Al poco tiempo, el sueco le dijo que tenía que irse a Estados Unidos. Con 25 años Orellana partió a Silicon Valley y empezó a golpear puertas, hasta que 500 startups los eligieron para acelerarlos. A su vuelta, la startup creció fuerte, llegaron a otros países y facturaban cerca de US$ 700 mil al año.

Exit fallido
En 2013 Orellana recibió un llamado de Kevin Hartz, CEO de Eventbrite, con quien ya tenía una relación. “Es una llamada de adquisición”, le dijeron, “queremos expandirnos a Latinoamérica, juntémonos”. En esos tiempos no había mucha competencia, en Argentina existía una firma llamada Eventioz.

El 3 de septiembre de ese año, a las 9 de la mañana, “iba a un evento y se puso a llover muy fuerte, de repente me escribió mi hermana, ‘¿Nico, viste TechCrunch?’. Llegué a CasaPiedra a un evento a dejar equipos, miré mi teléfono y Eventbrite había comprado a la competencia argentina Eventioz. Me acuerdo de estar empapado, mirando a mi equipo y a la gente entrando al evento, pensando ‘mi vida es miserable’”, rememora el emprendedor.

Le pegó duro, empezó a subir cerros, “se derrumbó mi sueño. Hoy día con 10 años más me doy cuenta de que finalmente a uno le pega muy duro porque como emprendedor chico, en ese tiempo tenía 28, uno ata mucho la identidad a la empresa. Entonces cuando la empresa falla es como que se muere la identidad de uno como emprendedor también”. Gracias a los cerros, Orellana decidió que Welcu se metería en eventos deportivos y para abrir más países tomó su jeep y llegó hasta Alaska en auto. La startup siguió funcionando. Hasta la pandemia.

“Cuando todo se va al carajo, los emprendedores somos creativos”
“Literalmente, igual que todas las ticketeras y los eventos, (en pandemia) Welcu casi muere, yo digo que el 13 de marzo me cerraron el negocio, porque básicamente salió Sebastián Piñera, que en paz descanse, y nos dijo ‘se cancelan los eventos porque llegó el COVID’.  Fue una cadena nacional ese día, dijo que máximo 500 personas; y el lunes 16 dijo máximo 50 personas y me liquidó”, recuerda.

Conversó con los inversionistas, a algunos les devolvieron el dinero invertido, a otros los sacaron del cap table y buscaron qué hacer. Se metieron en eventos virtuales, y dice: “Nos salvó un cliente colombiano que se llama Silvestre Dangond, empezó a vender todos sus tickets con nosotros el 2020 y eso nos paró la olla”.

Orellana hace una pausa en este tema y destaca “cuando todo se va al carajo, los emprendedores somos creativos. Yo lo que siempre digo es que como emprendedor, jamás me voy a morir de hambre, algo se me va a ocurrir”. En ese minuto pasaron de facturar US$ 10 millones anuales a vender $ 0. 

Flycrew
Durante esa época, el emprendedor veía cómo mucha gente tenía clases de yoga por Zoom, hacía deporte por la pantalla “y me preguntaba cómo diablos cobraban estos profesores que hacían clases todos los días”

Les escribió y la respuesta fue “transferencia bancaria”, pero además no sabían bien quién les había pagado. Fue ahí que pensó: “¿Y si hacemos una plataforma para que ellos puedan montar por un lado los pagos y que puedan, por otro lado, organizar la agenda de todas las actividades que están haciendo online?” Así nació Flycrew, donde ayudan a creadores de contenido a monetizar comunidades de aprendizaje con cursos online, sesiones 1 a 1, terapias, coaching, etc.

Y fue precisamente esto lo que lo llevó a convertirse en un creador de contenido, que hoy tiene 476 mil seguidores. “Yo le escribía a creadores de contenido con un millón de seguidores y no me pescaban porque yo tenía 4.000 y las fotos con mi hija y mi señora; decían ‘¿quién diablos es este loco?’ Y los algoritmos también te bloquean. Entonces tengo que ir a generar contenido, y en eso dije ‘ok, creo que la clave es contar lo difícil, los errores, lo que te hace vulnerable’. Porque la vulnerabilidad genera empatía”, cuenta.

Cuando partió, se demoraba tres o cuatro horas en hacer un video, hoy asegura hacer siete en una hora, y “la única forma de lograrlo es con rutina, Por eso me metí en temas de longevidad, de disciplina, de entender cómo ordenar mejor tu tiempo”.

Para conocer más detalles de esta historia, saber cuál fue la startup que estaba a punto de lanzar y que la pandemia evitó, aprender tips de emprendimiento y saber qué emprendedores hay que seguir, el segundo capítulo de la tercera temporada del podcast MAS Pitch ya está disponible en YouTube y Spotify.

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