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Cultura

Así "cantan" los hologramas de ABBA en Londres

Así "cantan" los hologramas de ABBA en Londres

Esto puede ser un spoiler. Hace justo un mes fui a un concierto de ABBA en Inglaterra. El show estuvo protagonizado por sus ABBAtares, los artistas no estaban físicamente en el escenario, pero los vi, los sentí, bailé y hasta me reí con ellos.

Por: Nicolás Durante | Publicado: Sábado 20 de agosto de 2022 a las 04:00
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Marcus está ansioso. Mira el escenario, se vuelve a las graderías, luego a su teléfono, hasta que nos ve a metros de donde saldrán los artistas. “He estado aquí 10 veces”, dice, en tono alegre, buscando conversar. 

Marcus, holandés, en sus cuarentas, ha viajado diez veces desde Amsterdam a Londres en tren, solo para verlos a ellos, el cuarteto sueco de pop creado en 1972 y que cambió el mundo de la música -y también su propio mundo-: ABBA. 40 años después. 
 
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Los preparativos partieron hace seis años. La banda integrada por Agnetha Fältskog, Benny Andersson, Anni-Frid Lyngstad, y Björn Ulvaeus (el nombre son las iniciales de cada nombre, ABBA), volvería a los escenarios. Pero no de cualquier forma, no sería con sus vidas actuales, como músicos retirados. No, lo harían otra vez, innovando. 

Se prepararon durante cinco semanas en Estocolmo. Grabaron con luces led incrustadas en un traje tipo astronauta y con 60 cámaras de última generación registraron cada canción, cada movimiento, cada mirada, creando avatares inmersivos inéditos.

Detrás de esta hazaña de la tecnología musical estuvo la empresa Industrial Light & Magic (ILM), fundada por el creador de Star Wars, George Lucas, y que dirigió el cineasta británico, Baillie Walsh, quien ha estado detrás de vídeos musicales de Boy George, New Order, Kylie Minogue y Oasis.

“Todo fue más difícil que lo anterior. Pero el resultado fue increíble”, dice a DF MAS, desde Suecia, Ludvig Andersson, productor de ABBA (ver entrevista).
 
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Las entradas -para el jueves 21 de julio- las compramos en septiembre de 2021. Esperábamos este concierto como si fuera el último que viviríamos en nuestras vidas. Y es que era ver a ABBA, esa leyenda que fue un éxito antes de que naciéramos, pero con canciones que consideramos emblemas hasta hoy.

El camino desde el hotel -incluído en el precio de la entrada- quedaba a 15 minutos en auto del ABBA Arena, recinto construido especialmente para este evento, que alberga a tres mil personas y localizado en el Queen Elizabeth Olympic Park, área donde tuvieron lugar parte de los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Tiene pantallas de 96 millones de píxeles, 100 kilómetros de cables y 291 parlantes, 30 mil luces controladas individualmente y 500 luces movibles. 

Desde el Uber que nos llevó vimos caminando en dirección al Arena a un grupo de cinco señoras en sus setentas que iban felices. Radiantes, más bien. Llevaban poleras plateadas y sobre sus cabezas un cintillo con dos estrellas que saltaban. Parecían veinteañeras rumbo al concierto de su artista favorito. Probablemente vieron a ABBA en sus 20, en vivo, o escucharon un disco apenas salió. 

El Arena es gigante, está frente a la estación de metro Pudding Mill Lane. La entrada es rápida, se escucha música de los años ‘70 y ‘80 de fondo, y hay tienditas para comprar merchandising: recuerdos, poleras, posters. 

El ambiente es una fiesta. La gente, mayormente adultos, se prepararon para este día. Pantalones pata de elefante, zuecos, poleras plateadas y doradas y trajes de lentejuelas. Pelucas, brillos, cintillos. 

Atravesando un pasillo lleno de coloridas luces de neón tintineando y sonidos espaciales, llegamos al Dance Floor, es decir, a centímetros del escenario. El lugar se ha ido llenando con personas de todas las edades y nacionalidades. Escucho hablar en inglés, alemán, sueco, francés. 

Las graderías están llenas, todos sentados esperando que comience el show. No debería haber atraso, bromeamos, porque los artistas están a un click de distancia. En eso aparece Marcus, y nos cuenta la historia de las 10 veces que ha venido. Es un fan sin igual de ABBA. Las primeras veces vino acompañado, pero luego no había fanatismo -ni bolsillo- para seguir acompañándolo. Entonces viaja solo, toma un tren o avión y llega en un par de horas a ver -otra vez- a sus artistas favoritos.

Nos da consejos: esta es la mejor posición y no hay que acercarse mucho al escenario, dice, porque al ser avatares no se aprecia bien el grupo en su conjunto. Agrega que la banda en vivo es muy buena, que todos los integrantes interactúan con el público, y que tocan no solo los grandes clásicos, sino también canciones de culto para sus mayores fanáticos, y que la calidad es fuera de serie. Marcus sabe de memoria lo que vamos a ver. Y sabe que será un día memorable para nosotros. 

Son las 19:45. Un guardia pasa pidiendo que las personas sentadas en el piso se pongan de pie. “ABBA is almost here”. 
 
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20:04 horas. El Arena se va a negro. Esto va a comenzar. 
Se escucha la música, luego un sonido computacional, un teclado, luces en el escenario, y emergen, desde el suelo, las cuatro figuras. ABBA. Cada uno se ubica en su posición. Benny que se sienta en el piano, Björn toma su guitarra. Anni-Frid y Agnetha van al frente, micrófonos en mano. 

Y la voz de Anni-Frid, con su pelo rojo y sus movimientos joviales, empieza con un emblema de la banda, “The Visitors”, justo la canción que da nombre al título del disco de 1981, que fue el último que lanzaron antes de terminar su carrera.


“​​I hear the doorbell ring and suddenly the panic takes me”,
canta y se pasea por el escenario. Ella está ahí, con su piel, pelo y cuerpo congelado en 1979, la última vez que se presentaron en vivo. 

Es real, no sé cómo, pero retrocedí en el tiempo y veo a Anni-Frid ahí. Cantándole a tres mil personas tan impresionadas como yo. El ABBA Arena se desborda, hay más gritos. Llega el coro, y la gente, de todas las edades y nacionalidades, brinca al ritmo de la música. 

La banda en vivo hace lo suyo y permite trasladarse a los años ‘80, con una calidad de sonido fenomenal. Las dos pantallas gigantes a los costados del escenario hacen zoom a los rostros de los cantantes, y me quedo congelado: veo las venitas de su frente, sus ojos son reales, las líneas de expresión están ahí. Se nota su respiración, el pelo se mueve al ritmo de los acordes. 

A pesar de que sabemos que las relaciones entre los ABBA no terminaron de lo mejor por divorcios y conflictos, hay complicidad entre ellos. Bailan como si no hubiera un mañana. El público desborda de energía. 

Terminada la tercera canción, Björn Ulvaeus se queda solo en el escenario. Toma el micrófono y saluda. Dice que está feliz de estar en Londres gracias a la tecnología, que este ha sido un gran trabajo y que le gusta verse más joven otra vez. Björn es sincero; esto no es una película de un mundo perfecto, son ellos, 40 años después usando la tecnología para revivir su mejor momento en el escenario.

Mientras habla, hace bromas, a veces no tan graciosas, y su imagen se queda esperando las risas del público que no llegan. Pero es su espera, supuestamente en vivo, la que termina generando risas. En las pantallas se nota un desfase minúsculo, menos de un segundo, entre el sonido de su voz y el movimiento de sus labios. Es casi imperceptible.

La fiesta sigue, pasando por sus éxitos pop más bailables, como “Voulez-Vous” o “Mamma Mia”, con varios cambios de vestuario, que diseñó Dolce & Gabbana especialmente para la ocasión. Cada uno más excéntrico y brillante que el siguiente.

El escenario, además, se mueve y vibra. Aparecen en otro planeta, con trajes de luces, en primer plano, solos y luego en grupo. También hay dos canciones con ilustraciones animadas que simulan un viaje. Un telón que cubre el escenario permite ver a los artistas muy cerca del escenario. Casi tocarlos. 

Llega una de las partes cúlmine. Un eclipse total de sol, musicalizado por “Chiquitita”, casi acústico, acompañado por la guitarra de Björn y el piano de Benny. 

Inevitable sentir los pelos de punta y los ojos aguados cuando todo se ilumina por un sol gigante y se escucha a Anni-Frid y Agnetha cantando a todo pulmón: ‘Chiquitita, tell me what’s wrong’. La luna a sus espaldas va tapando el sol y siguen: ‘You’ll be dancing once again and the pain will end/ You will have no time for grieving’.

El público, en silencio, se balancea al compás de la melodía. Y “Chiquitita” termina. 
El show lleva una hora y media, esto ya está por terminar.

Pero antes suena uno de los “himnos” indiscutidos de la banda: “Dancing queen”. Los que estaban sentados se levantan.
“You can dance, you can jive
Having the time of your life
Ooh, see that girl, watch that scene
Digging the dancing queen”.
Detrás de mí una madre y su hija abren los brazos, tararean la canción, se abrazan y bailan en círculos justo en el momento en que suena “You are the dancing queen/ Young and sweet, only seventeen/ Dancing queen /Feel the beat from the tambourine, oh, yeah”. Me acuerdo de las amigas septuagenarias con cintillos de estrellas que vimos antes del concierto. 

Cuando el reloj marca las 21:35 horas, el escenario cambia de color y suena la canción final, una balada que muchos esperan. “The winner takes it all”, parte con la icónica entrada en la voz de Agnetha. 

Las imágenes de las personas en el escenario cambian. 
Ya no están 40 años más jóvenes. Son Benny, Anni-Frid, Agnetha y Björn hoy, con sus arrugas y sus canas, cantando tan bien como siempre, agitando sus brazos y dando la despedida a las tres mil personas que los vieron hoy, cuatro décadas después de su última presentación. 

La música se detiene y ellos caminan juntos hacia atrás del escenario. En el estadio inunda una extraña sensación, de alegría y tristeza al mismo tiempo. Marcus, el holandés, se seca una lágrima. Probablemente sea la décima vez que llora en la misma parte del concierto. 


Entrevista al productor de ABBA: 

“Queremos llevar el concierto a Sudamérica” 

Ludvig Andersson, productor del evento, y su padre, Benny, integrante de ABBA.

Ludvig Andersson, hijo de Benny Andersson y productor del grupo en su regreso virtual a los escenarios, conversó con DF MAS. Confidenció que, aunque por ahora solo están en Londres, piensan llevar el concierto a Sudamérica y otras partes del mundo, aunque no tiene ni fechas ni lugares todavía. 

-¿Cómo fue para ti esta experiencia?
-Ha sido maravilloso. He estado trabajando en esto durante seis años y ha sido un largo y aventurero viaje y todo en el camino ha sido divertido. Trabajar con todas estas personas tan talentosas para crear algo que no se había hecho antes, es el trabajo soñado, de verdad. Y ver el resultado final ha sido increíble.

-¿Cuál fue la parte más difícil de hacer el show?
-El principal desafío fue lograr lo que queríamos hacer. Eran tantas tantas partes, tantas incógnitas y queríamos mantener un nivel de integridad artística y nunca comprometer el valor creativo. Mantener eso durante todos los años fue difícil y desafiante. Además estuvo el Covid y tuvimos que construir nuestro propio edificio. 

Básicamente cada aspecto del proceso ha sido muy, muy difícil. De alguna manera extraña, a pesar de las dificultades, todos los involucrados seguimos trabajando y mantuvimos la cabeza en alto, y disfrutamos. Creo que nunca nos dimos cuenta de que era tan difícil, porque era muy agradable. Todo era imposible, pero lo hicimos de todos modos.

-¿Crees que este es el futuro de los eventos de las grandes bandas?
-No puedo decirlo, no sé cuál será el futuro. Pero esto es algo único de ver. Si alguien más quiere hacer esto, puede hacerlo, pero no se trata solo de tecnología, y eso fue muy importante para nosotros. Por supuesto, es muy avanzado tecnológicamente, pero siempre se trató de la emoción.  Y eso viene de un trabajo en equipo, que busca una experiencia que te haga sentir algo.

Por supuesto cualquier otra banda puede hacer esto, pero necesitan una idea, un objetivo. El hecho de tener una cámara no significa que puedas hacer una gran película. Lo mismo ocurre aquí. Se necesita algo de suerte, talento y una buena idea. Creo que este fue un proyecto único, y estoy seguro de que habrá otros similares después de este, pero no serán iguales. 

-¿Estás trabajando ahora en un show similar? 
-(Risas) Estoy de vacaciones durante dos semanas por primera vez en dos años, así que ahora mismo estoy de vuelta en Suecia, en mi casa de campo. Pero, por supuesto, sigo trabajando todos los días y luego volveré a Londres a ocuparme del espectáculo. El trabajo es diferente ahora, no tenemos que hacer de nuevo el espectáculo, pero tenemos que ocuparnos de él. La mayoría de nosotros seguimos trabajando para que el espectáculo sea tan bueno como la primera noche.

-¿Cómo han reaccionado los miembros de ABBA con el resultado del concierto?
-Están muy contentos y orgullosos. Han estado muy involucrados todo el tiempo, y creo que una de las razones por las que es un buen espectáculo es porque el público siente que está hecho por ABBA. No está hecho por otras personas que inventaron algo, sino que en realidad vienes a verlos a ellos. Así que han estado muy involucrados en todo el proceso, es su espectáculo, y creo que están muy orgullosos de haber creado algo tan especial.

-¿Cómo ha sido la respuesta de los fans?
-Eso es lo mejor. Todos sabíamos lo que estábamos haciendo, pero eso no significa que al público le fuera a gustar. La primera noche que tuvimos público, vimos la reacción de toda esa gente y nos dimos cuenta de que realmente funcionaba. La gente estaba feliz, lloraba y bailaba. Esa fue la mejor parte de estos seis años. Y sigue ocurriendo cada noche. La gente viene, baila, ríe y llora y tiene una experiencia muy emotiva. No podría estar más contento, era exactamente lo que soñábamos.

-¿El concierto se queda solo en Londres o sale de gira?
-Se queda en Londres mientras la gente quiera venir a verlo. Pero estamos pensando en formas de llevarlo al mundo. Y eso puede llevar un tiempo, porque tenemos que encontrar un lugar y enfrentarnos a otro escenario. Con suerte, si todo va bien, viajaremos e iremos a América del Norte y del Sur y quizá a Asia. Queremos ir a todas partes. Todavía no hay nada fijo, pero estamos trabajando en ello.

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