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Gabriel Alemparte y cambio de gabinete: "Ha vuelto la política seria, esa que se hace sobre la base de la confianza y fuera de la altisonancia de tweets"

Gabriel Alemparte y cambio de gabinete: "Ha vuelto la política seria, esa que se hace sobre la base de la confianza y fuera de la altisonancia de tweets"

“¿Qué triunfó el domingo pasado?” el abogado y cientista político, y uno de los rostros del rechazo desde la centro izquierda, argumenta en contra del paternalismo de la propuesta constitucional y comenta el cambio de gabinete.

Por: Gabriel Alemparte | Publicado: Sábado 10 de septiembre de 2022 a las 21:00
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Un choque con la realidad

El triunfo inapelable del domingo pasado del Rechazo tiene múltiples lecturas. Algunas ideas: Concluye una forma de hacer y pensar la política desde los partidos oficialistas, pero también de una generación que pasó desde la dirigencia estudiantil, directamente al Congreso y al gobierno.

Esa generación que creyó, particularmente desde el Frente Amplio, que la sociedad en Chile está compuesta por una élite desconectada de la realidad, abusadora y eminentemente neoliberal, que domina a un pueblo abusado que requiere de una redención religiosa de jóvenes cultivados en universidades de verdes prados europeos.

Esa redención cuasi religiosa de lo “políticamente correcto”, acotada desde la izquierda más radical con una fijación por la defensa de políticas típicamente identitarias, pensada desde élites universitarias y traspasadas por el Presidente Boric y el Frente Amplio al gobierno.

Cambio de gabinete

Frente a la mayor derrota electoral sufrida por un Presidente en democracia, éste acudió a un acotado cambio de ministros que, ante la desprolijidad, abrió una amplia crisis en partidos de gobierno como el PC y Revolución Democrática en que, sin duda, el PC no afloja en su gran influencia dentro del gobierno.

La pugna por equilibrar el poder se vio compensada por la posibilidad de recurrir a figuras de la ex Concertación para dar mayor densidad política al gobierno.
Aunque la centroizquierda se dividió en el plebiscito, lo que llevó a allegar importante votación de aquella al rechazo, la aparición en el Gabinete de figuras como Carolina Tohá o Ana Lya Uriarte aparecen en medio para poner sentido de realidad a un Gobierno más preocupado de los símbolos que de aquella.

Auspiciosa, en particular, es la llegada de Ana Lya Uriarte, una política con grandes capacidades de diálogo, con una inteligencia privilegiada y una gran capacidad como jurista. Su ánimo de negociar un acuerdo político con todos los sectores para resolver el nudo de continuación del proceso constituyente, a puertas cerradas y manteniendo cierto hermetismo fuera de la política del espectáculo, demuestran seriedad y capacidad.

Ha vuelto la manija y la política seria, esa que se hace sobre la base de la confianza y fuera de la altisonancia de tweets e inflamadas declaraciones de prensa. ¿Llegó el tiempo de una nueva (o clásica) forma de hacer buena política? Difícil saberlo aún, pero lo que sí comienza a aparecer es la necesidad de experiencia y sentido de realidad, de la que gobierno y Convención se alejaron cosechando una derrota monumental.

Paternalismo inaceptable

No eran las fake news, ni el deplorable ensayo de paternalismo al que acudieron varios para explicar la derrota. Un ensayo que intenta, sin capacidad de reflexión y en una suerte de “buenismo” perplejo, explicar la debacle en la estulticia de los chilenos, en su incapacidad de entender “los altos propósitos” que nos ofrecía el paraíso en la tierra. Sencillamente hablaron los chilenos.

Los innovadores que vieron incerteza jurídica en un texto mal digerido, o bien los pescadores y regantes pequeños que no podían acceder al crédito por el debilitamiento de la propiedad ante sus concesiones acuícolas y derechos de aprovechamiento de agua, amenazadas además, por políticas indígenas que ni los más radicales asimilaban como propias, para qué decirlo en el caso de los descendientes de pueblos originarios, que sienten una identificación mayor con Chile, que con su origen, tal como lo sentimos todos los chilenos llegados de alguna parte.

De ese choque con la realidad diaria de los chilenos, intenta despabilar una élite joven con buena educación universitaria, enamorada de sus propias tesis y que hoy se encuentra en La Moneda.

El hecho de que el Rechazo ganase en los quintiles más pobres, mientras disminuía su votación al ser más altos los ingresos, nos refleja el mensaje claro a los chilenos de a pie que quieren trabajar, sacar adelante sus emprendimientos, que necesitan al Estado no para levantarse, sino para ser apoyados. Aquellos que quieren a sus hijos educándose y que reconocen la virtud de 30 años de reciente historia política como socialmente exitosa. ¿Muere una época? Es difícil saberlo.

La “simbolocracia” del poder

Desde ahí, la disonancia entre realidad y el campo de las ideas que sufrió la Convención y la caída estrepitosa del gobierno y el Presidente. Un choque de frente con la realidad de millones.

Mientras los chilenos esperaban un gobierno y una Convención que solucionara sus problemas más acuciantes; seguridad, orden público, terrorismo en la Araucanía, migración en el Norte, una economía con alto costo de la vida, dramática desaceleración y crisis en distintos sectores productivos,
se trabajó en un texto lleno de guiños a minorías, con un sistema político y judicial con graves errores, que solo aumentaría la incerteza jurídica y política en un país que clama por la misma.

El "Robin Hood" y sus potenciales efectos en el mercado

Quienes defienden la iniciativa resaltan las cualidades de eficiencia y progresividad, mientras que los críticos apuntan a una distorsión del mercado de valores, traspaso de costos al pequeño inversionista y una potencial pérdida de competitividad de la bolsa local.

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