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Nueva York: de epicentro de tragedias a ejemplo de perseverancia

Nueva York: de epicentro de tragedias a ejemplo de perseverancia

Cuando se cumplen 20 años de los atentados terroristas que cambiaron la historia moderna, la ciudad se levanta desafiante después de ser el epicentro de otra tragedia: la pandemia.

Por: Marcela Vélez-Plickert | Publicado: Sábado 11 de septiembre de 2021 a las 04:00
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Han pasado 20 años, pero quienes estuvieron en Nueva York, o quienes siguieron las imágenes en vivo, aún pueden recordar con exactitud esa mañana del 11 de septiembre. Las cadenas de televisión comenzaron a transmitir poco después de que un avión de American Airlines se estrellara contra la Torre Norte.

¿Un accidente? Las dudas dieron paso a la incredulidad cuando un segundo avión, el vuelo 175 de United Airlines, se estrelló contra la Torre Sur. No era un accidente. Lo que siguió fue el shock de ver los icónicos edificios en llamas, seguido por el horror de ver desmoronarse no solo el símbolo de una ciudad, sino de Occidente.

“Estaba en una reunión cuando empezó a llegar gente diciendo que un avión se había estrellado contra las Torres Gemelas… Cuando las Torres se desplomaron, lo vimos en vivo y en directo. Es lo más impresionante que me ha pasado. Todos estaban descompuestos, los gringos no podían seguir, el shock no les permitía hablar”, recuerda Antonio Cruz, socio fundador de Aurus Capital, quien había llegado para participar en diversas reuniones a la ciudad.

Un tercer avión se estrelló contra un ala del Pentágono, y un cuarto, destinado a la Casa Blanca o el Capitolio, no logró su objetivo por acción de los pasajeros y tripulantes.

Casi 3.000 personas, incluyendo dos chilenos, murieron en los atentados terroristas que al-Qaeda perpetró el 9/11. Otras 6.000 resultaron heridas ese día. El número total de víctimas es aún mucho mayor, si se toman en consideración los miles de personas que murieron meses o años después por consecuencias físicas y psicológicas de los atentados.

Hasta junio pasado, 112.042 personas recibían atención médica bajo el World Trade Center Health Program, creado en 2010 para atender a sobrevivientes, residentes, y el ejército de bomberos, policías, conserjes y voluntarios que se movilizaron en operaciones de rescate y luego remoción de escombros.

“Recuerdo perfectamente cada día que siguió a los atentados. La vida, especialmente para quienes vivían en Lower Manhattan, se hizo muy difícil. Hubo zonas que fueron acordonadas por mucho tiempo, había una gran cantidad de polvo en el aire, los servicios públicos fueron destruidos, locales y restaurantes cerraron. No había nada”, recuerda Lynne Sagalyn, académica de Columbia University, nacida en Nueva York y residente desde 1992.

Para Cruz, el recuerdo más marcado es el silencio que reinaba incluso en el Upper Side de Manhattan, fuera de la Zona Cero. El silencio en las calles, la falta de tráfico. Pero al mismo tiempo, los esfuerzos por retomar pronto la normalidad, mientras los estadounidenses y el mundo aprendían sobre al-Qaeda, Osama bin Laden, y Afganistán.

Al cuarto día tras los atentados, Cruz se encontraba en Broadway, viendo a Tom Selleck en A Thousand Clowns. Antes de comenzar, el actor dio las gracias por ir y tratar de retomar la vida normal.

Sanar una herida

Lo cierto es que no solo Broadway estaba decidido a no dejarse doblegar por los terroristas. Pronto aparecieron por todo Nueva York, especialmente cerca de la Zona Cero, mensajes como “No nos detendrán”, “Nueva York se levanta”.

Sagalyn, profesora emérita de Real State, recuerda con precisión cómo ya el 12 de septiembre “todos en el área de planificación urbana, autoridades, grupos diversos comenzamos a discutir cómo reconstruir y qué reconstruir”. Para la autora de Power at Ground Zero: Politics, Money, and the Remaking of Lower Manhattan, esta es una clara muestra de la resiliencia y rebeldía de Nueva York frente a los terroristas.

El proceso, sin embargo, no fue fácil. “Este fue un proceso cívico, como debía ser, las discusiones fueron intensas, altisonantes. Pero era necesario. Era parte del proceso para sanar las heridas”, agrega, quitando dramatismo a las acusaciones de que 15 años hasta la reapertura del nuevo World Trade Center fue un tiempo excesivo.

Unos 4.500 residentes de Lower Manhattan se marcharon de la zona tras los ataques.

Quienes vivieron en Nueva York en lo inmediato después de los atentados recuerdan dos cosas: la enorme cantidad de seguridad que se instaló en l

Unos 4.500 residentes de Lower Manhattan se marcharon de la zona tras los ataques, al igual que unos 50.000 empleados de empresas financieras que debieron buscar nuevas oficinas. Los fuertes controles en los aeropuertos y la presencia de militares armados además alejaron a los turistas al menos por el siguiente año.

Cuando el productor audiovisual y fotógrafo chileno Cano Rojas llegó a la ciudad en 2004, los neoyorquinos todavía “hablaban a cada rato de dónde estaban para el 9/11, qué estaban haciendo en ese momento”.

Era la época de la alcaldía de Michael Bloomberg, quien se concentró en reconstruir, reconstruir y reconstruir. Su administración aprobó beneficios tributarios para impulsar el regreso de la gente y las empresas a Lower Manhattan, y esto generó una mayor diversificación del área.

El World Trade Center, donde hoy se levantan nuevas torres, pero además un museo y un parque, ya no es solo finanzas, ahora también hay grandes empresas tecnológicas, mediáticas, de publicidad, etc. Es más, de los grandes nombres de Wall Street, hoy solo Citi, Goldman Sachs, BNY Mellon y American Express continúan en la zona, cerca de la Bolsa. Por el contrario, la Zona Cero se ha vuelto más residencial. Según la organización cívica Downtown Alliance, la población de Lower Manhattan pasó de 25.000 en el 2000 a unas 64.000 personas hasta antes de la pandemia.

El cambio de la ciudad se refleja también en la arquitectura de la zona. Sagalyn explica que no es anecdótico que el World Trade Center ya no esté elevado en una plataforma, sino que está a nivel de calle, se puede acceder fácilmente a éste, y el Distrito Financiero se ha integrado más con los barrios aledaños de Tribeca y Chinatown.
Sin embargo, no todos los cambios han sido positivos.

“La vida en Nueva York era simple, se vivía bien. Pero la ciudad cambió mucho, y no necesariamente por la pandemia”, apunta Rojas.

Epicentro… otra vez
“No hay nada que no puedas hacer (aquí),
Ahora estás en Nueva York.
Estas calles te harán sentir como nuevo,
las grandes luces te inspirarán”.

Reza el coro de “Empire State of Mind”, la canción tributo a la ciudad de Jay-Z y Alicia Keys. Pero en 2020, los neoyorquinos, o al menos 320.000 de ellos, según datos de la oficina postal, no se sintieron así y optaron por abandonar la ciudad.

Si en 2001 Nueva York fue el epicentro de los ataques terroristas islámicos, y en 2008 de la Crisis Financiera y Gran Depresión, en marzo de 2020 la ciudad fue el epicentro de la pandemia de Covid-19 fuera de China. La ciudad vivió un estricto lockdown y sus famosas calles estuvieron prácticamente desiertas durante meses.

Pero Rojas asegura que el éxodo de neoyorquinos comenzó desde antes.

“No fue por la pandemia, es porque la ciudad cambió, por la gentrificación. Vivir se volvió más caro, y eso no es viable para los creadores y artistas, sobre todo jóvenes. Se botaron más y más edificios antiguos para construir, cerraron locales independientes. En lugar del Deli, de los diners, de la cafetería del barrio se multiplicaron los Starbucks y Dunkin’ Donuts”, cuenta Rojas, quien poco antes de la pandemia puso fin a 16 años de residencia en la ciudad y se mudó a Tokio.

Rojas tiene razón. Según datos del Empire Center for Public Policy, entre 2010 y 2019, 1,4 millones de neoyorquinos se mudaron a otros estados, principalmente Florida y New Jersey.

“No los culpo por irse. Nueva York se ha vuelto demasiado violenta, demasiado burocrática, y demasiado cara para hacer negocios”, declaró a WSJ, Eric Adams, candidato demócrata, que aparece como favorito para ganar la alcaldía de la ciudad en las elecciones del 2 de noviembre.

Reinventarse

Sagalyn coincide con el diagnóstico, especialmente respecto a la criminalidad como el principal desafío por resolver. Otro problema será la caída de ingresos fiscales, precisamente producto del éxodo de empresas y negocios. También importante es la psique neoyorquina, que se ha visto golpeada por la variante Delta, que interrumpió la recuperación de la ciudad.

Anticipa, sí, que habrá cambios provocados por la pandemia, ya sea por el mayor trabajo a distancia como por las demandas por mejor calidad de vida: “Habrá cambios en la forma en que se usan las calles, en la forma que se usan las oficinas, los alquileres bajarán y eso atraerá a nuevos negocios”.

No todos son tan optimistas. La prensa estadounidense está repleta de testimonios de neoyorquinos que planean quedarse en las soleadas playas de Florida.

“Cuando vives en Nueva York, es curioso, vives del mito de la ‘Mejor ciudad del mundo’. Es como si Nueva York tuviera una personalidad propia. Pero cuando sales y te mudas descubres que no es cierto, que es más sucia, más violenta que otras ciudades”, afirma Rojas.

Pero los neoyorquinos están acostumbrados a los titulares sobre cómo “Nueva York está muriendo”.
Para ellos Sagalyn tiene una respuesta: “Siempre es riesgoso apostar contra la ciudad de Nueva York”.

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