Click acá para ir directamente al contenido

Glocal

Marina Silva, la activista medioambiental clave en el gobierno de Lula

Marina Silva, la activista medioambiental clave en el gobierno de Lula

El nuevo Presidente brasileño busca reconectar a su país con la comunidad internacional a través del apoyo de Marina Silva, una referente en la lucha por el medioambiente.

Por: Marcela Vélez-Plickert | Publicado: Viernes 4 de noviembre de 2022 a las 13:00
  • T+
  • T-
Brasil será un protagonista especial de la conferencia COP27. El encuentro que reúne a gobiernos de todo el mundo marcará el regreso de ese país, el “retorno del hijo pródigo” en la lucha contra el cambio climático.

“Durante la administración de Lula, de Dilma (Rousseff), fuimos ejemplo mundial por nuestras políticas medioambientales. Eso se terminó con (Jair) Bolsonaro”, aclara Marcelo Gonçalves de Lima, exconsultor PNUD para licenciamiento ambiental y miembro del Foro Conservacionista de Cambridge. 
Durante la administración de Bolsonaro, el ritmo de deforestación de la Amazonía -mayor reserva natural del mundo- llegó a su mayor nivel en 15 años. En medio de los lamentos mundiales por los escasos avances desde la COP26, Luiz Inácio “Lula” da Silva entiende que volver a liderar la lucha contra el cambio climático es una apuesta segura para ganar el apoyo internacional para su nueva administración. 
En su discurso de triunfo, Lula hizo énfasis en su compromiso con cumplir el Acuerdo de París y, entre otros puntos, buscar la carbono-neutralidad y reducir la deforestación de la Amazonía a cero. 
Como rostro de su campaña medioambiental, Lula escogió a una poderosa aliada: Marina Silva. La recién electa diputada por Sao Paulo es considerada una eminencia en los círculos ambientalistas. Invitada permanente de las COP, este año formará parte de la delegación de Lula. “Marina es alguien con mucho peso en la comunidad internacional ambientalista”, asegura Gonçalves de Lima.
 

La activista

A sus 64 años, Marina Silva es una de las activistas medioambientales más reconocidas a nivel mundial, y no es extraña a Lula. Entre 2003 y 2008, fue la ministra de Medio Ambiente durante la primera administración del Partido de los Trabajadores, en el que militó por tres décadas.
Su gestión estuvo marcada por la reforma de las leyes medioambientales. A inicios del primer gobierno de Lula, se deforestaban unos 28.000 kilómetros cuadrados de Amazonía al año. Según el Instituto Nacional de Investigación Geográfica de Brasil, la cifra había caído en torno a los 6.000 kilómetros para cuando Marina Silva dejó la cartera de Medio Ambiente.
Es cierto que la cifra siguió bajando después de su salida, y que las leyes y regulaciones medioambientales siguieron avanzando durante el siguiente gobierno del PT, el de Dilma Rousseff. Pero, sin duda, Marina Silva fue quien logró capitalizar con más éxito los réditos políticos de la campaña medioambiental brasileña hasta convertirse en su propio rostro.

“Los avances que hizo Brasil no son exclusivos de ella, pero es cierto que fue Marina Silva quien de alguna forma “lanzó” el movimiento”, reconoce Gonçalves de Lima. 
El experto de Cambridge -sin embargo- critica que, como ministra, Silva cedió a las presiones del gobierno de Lula y autorizó en 2007 la construcción de una represa en el río Madeira, a pesar de que los estudios técnicos (en los que él participó) sugerían la necesidad de más investigaciones y resguardos.

“Para poder autorizar la represa, Marina cambió la institucionalidad, dividió el ente regulador ambiental, sacó a los directores y trajo a sus aliados. Nadie entendió por qué lo hizo, porque está demostrado el daño que la represa hizo a las especies de la zona”, afirma Gonçalves de Lima.
La polémica no opacó el currículum de la activista, reconocido con varios premios internacionales. En 2007, las Naciones Unidas la nombró una de las “Campeonas de la Tierra”. En 2010, Foreign Policy reconoció el aporte de Silva y otras cuatro activistas por haber hecho de la lucha medio ambiental un tema masivo. Mucho antes de Greta Thunberg.
 

La política

A diferencia de la joven sueca, Marina Silva tiene un discurso menos catastrofista y más inclusivo. “Es la hora de volver a unir a Brasil. Es la hora de sentar las bases de un país que crezca de manera inclusiva y sustentable. Estamos comprometidos con la unión de Brasil y creo firmemente en predicar con el ejemplo”, declaró Silva entrevistada por el programa Roda Viva tras la elección.
Si bien ella reconoce que no es “vocera del plan de gobierno”, Silva ha sido uno de los rostros del equipo de Lula más activos en la prensa tras confirmarse el triunfo. 
No es gratuito. Silva jugó un rol clave en la escasa diferencia que le dio la victoria a Lula sobre Bolsonaro. Fueron 2,1 millones de votos (1,8 puntos porcentuales) los que llevan de regreso a Da Silva a Planalto. 
En 2008, Silva dejó el gobierno de Lula y el Partido de los Trabajadores para lanzar su candidatura presidencial bajo el alero del Partido Verde en 2010, y luego como parte del Partido Socialista en 2014. En ambas elecciones quedó tercera, con un 20% de los votos, que se le atribuyen es la base capaz de movilizar.
Si bien en la elección de 2018 quedó quinta en la primera vuelta presidencial, analistas le atribuyen todavía un importante grupo de seguidores sobre todo entre la clase media, jóvenes, mujeres, académicos y de personas de centro. Ese voto útil que finalmente fue la clave para inclinar la balanza.
En septiembre, tras años de distanciamiento político, Silva volvió a abrazarse con Lula en público para anunciar una alianza, la creación de un frente por la democracia. “Este es un reencuentro político y programático, porque en lo personal nunca cortamos lazos”, asegura Silva. Sus declaraciones contradicen los rumores que rodearon su figura y su supuesto quiebre con Lula, después de que éste escogiera como su sucesora a Dilma Rousseff. Un puesto que desde el inicio de su gobierno se pensó sería de Marina Silva.
“El Presidente Lula ha prometido que gobernará para todos y no solo para el PT o los partidos que lo han apoyado en la elección”, aseguró Silva en Roda Viva. Desde ese abrazo público en septiembre, Silva ha vuelto a ocupar ese protagonismo que tuvo 20 años atrás en el círculo más cercano del presidente electo brasileño.
 

El personaje

A Lula y Marina los une un pasado similar. Hijos de familias humildes, criados en la pobreza, convertidos en líderes sindicalistas y luego políticos internacionales. 
Marina Osmarina da Silva nació y creció en una plantación de caucho en Acre, el norte del país. La casa que habitaba junto a sus 10 hermanos y hermanas quedaba en medio de la selva. Desde los 11 años trabajaba 12 horas diarias extrayendo caucho junto a su padre y hermanas. 
Su madre y dos de sus hermanos murieron de malaria, ella logró sobrevivir dos veces a la enfermedad. En una entrevista con The Guardian en 2008, Marina Silva liga la construcción de un camino para unir al asentamiento cauchero con la ciudad más próxima con el brote de malaria que afectó a su familia. Da entender que fue entonces cuando entendió la necesidad de defender la Amazonía y sus comunidades.
Tras quedar huérfana a los 16 años, la joven Marina fue acogida en un convento católico en la capital estatal Río Branco. Las monjas no solo le dieron instrucción religiosa, también hicieron de Marina la primera de su familia en aprender a leer y escribir.
Si Lula fue obrero metalúrgico, Marina fue empleada doméstica. Ambos se convirtieron en líderes sindicalistas en las filas del Partido de los Trabajadores desde el que lucharon contra la dictadura militar.
En el caso de Marina, la joven trabajó hombro a hombro en la formación de la primera central sindical en su natal Acre junto al icónico Chico Mendes. El líder sindical y activista por defensa de la Amazonía fue asesinado en 1988. Con su muerte, la causa por la Amazonía se convirtió en tema nacional e internacional.
 

La visionaria

Cuando Marina Silva dejó el ministerio de Medio Ambiente en 2008, organizaciones brasileñas e internacionales recibieron la noticia como una derrota de la causa por la biodiversidad y la lucha contra el cambio climático. La propia Marina dio a entender que no tenía fuerzas para luchar contra las fuerzas que ganaban espacio al interior del gobierno de Lula. 
No fue necesario que mencionara nombres específicos, pero al momento de su partida, Lula había creado un nuevo ente a cargo de un plan de desarrollo para la Amazonía, y la entonces ministra de Energía, Dilma Rousseff, avanzaba en su plan para atraer inversiones en minería y electricidad. La elección de Rousseff como heredera política de Lula fue la confirmación de que el presidente había decidido postergar la agenda medioambiental.
Una semana después de su salida del ministerio, Marina Silva afirmó a The Guardian: “El crecimiento es importante, pero tiene que ser un crecimiento con desarrollo y sostenibilidad, en todos sus sentidos: social, medioambiental, económico, cultural”.

Más de una década antes de que se pusiera en boga, la activista planteaba ya el desafío ESG y el eje que hoy domina el discurso de las políticas públicas. De ahí que hace sentido la opción de Lula de reencontrarse con su vieja aliada.
 

Apoyo en la mira

“No es solo Marina Silva, también está Izabella Texeira, quien también fue ministra y es muy respetada y tiene una posición internacional (en la ONU). Son nombres que van a ayudar a la administración de Lula a tender nuevamente puentes con la comunidad internacional”, explica Graham Stock, estratega senior de Blue Bay Asset Management y copresidente de la Alianza de Inversionistas para el Diálogo de Políticas contra la Deforestación.
El triunfo de Lula y la participación de Silva y Texeira, y otros activistas, cree Stock no necesariamente atraerá capitales de inversionistas ESG, pero sí la llegada de fondos de organismos internacionales. “Brasil y las empresas brasileñas ahora podrían pensar en emitir bonos verdes como lo han hecho Chile y otros países. Eso era imposible bajo la administración de Bolsonaro, por un tema de credibilidad”, proyecta Stock.
Hasta ahora, Marina Silva corre como favorita para volver a la cartera de Medio Ambiente, aparentemente esta vez con un Lula más comprometido con la agenda verde, en sintonía con la tendencia global. Pero hay otros nombres más cercanos al PT, de ahí que no se descarta que Silva sea reservada como pieza clave en el Congreso, donde Lula no tendrá mayoría, y como lazo con el resto del mundo. 

El hombre a cargo de la autopsia a FTX

JJR III asumió el 11 de noviembre como CEO del alicaído imperio de Sam Bankman-Fried y desde entonces, afirma, se ha dedicado “sin parar” con equipos de diversos bufetes de abogados y una empresa de ciberseguridad para recuperar “activos de los deudores donde quiera que estén” e identificar información financiera confiable sobre las actividades de la empresa.

SIGUIENTE »
« ANTERIOR