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¿Podrá el príncipe Andrés de York salir airoso de la trama Epstein?

¿Podrá el príncipe Andrés de York salir airoso de la trama Epstein?

Tras la condena de Ghislaine Maxwell la semana pasada, empieza el próximo capítulo del caso Epstein: la demanda que empapa a Andrés de Inglaterra, el hijo favorito de la reina Isabel.

Por: Angélica Bulnes | Publicado: Sábado 8 de enero de 2022 a las 21:00
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Si no fuera porque en los últimos dos años en Chile hemos estado sumidos en una crisis social, otra sanitaria, una que otra elección, la conformación de la Convención Constituyente y repensando el modelo de desarrollo, es decir, algo ocupados, probablemente le hubiéramos dedicado más tiempo al caso Epstein.

Es una de esas tramas que parecen sacadas de película, pero por más que no dejen de aparecer nombres llamativos o glamorosos, en casas lujosas, castillos o jets privados, no hay que perder de vista que es un escándalo del que se avergonzarían en los más bajos fondos y que alimenta toda la artillería de críticas contra la inmoralidad y perversión de las élites de ricos y famosos del mundo.


Cruza de Nueva York a Londres, donde por estos días, en el palacio de Buckingham se agarran la cabeza a dos manos. La principal ocupante del lugar, la reina Isabel, lo ha resistido todo. Ha sorteado guerras, pandemias, variados escándalos y desde el año pasado, la viudez. Ahora, a sus 95 años, se prepara para celebrar en febrero siete décadas de reinado con un 72 por ciento de popularidad y la lealtad de sus súbditos.

Un hito que amenaza con aguarle su hijo favorito, el príncipe Andrés, quien se precipita en la desgracia luego de que la semana pasada su amiga, Ghislaine Maxwell, fuera condenada por su sociedad con el magnate estadounidense Jeffrey Epstein.

La inspiración de Logan Roy

Salpicado desde el comienzo por este caso de pedofilia VIP, el príncipe Andrés renunció a sus funciones públicas en noviembre de 2019 a la espera de poder limpiar su nombre. Ya no lo invitan a las actividades oficiales y nadie de la familia se saca fotos con él. Solo le quedan sus títulos nobiliarios. Pero los asesores de su madre hoy están evaluando si próximamente no tendrán que quitarle el de duque de York.

Paralelamente, según la prensa, desde las FFAA presionan para que renuncie a los nueve cargos militares que aún ostenta. Un veterano de los guardias granaderos, de los que Andrés es comandante de honor, pidió su inmediata renuncia en el diario The Times. Para alguien que vive de sus honores y emblemas, eso significa despojarlo de casi todo.

El debate en Londres no es nuevo, pero se reactivó luego de lo que ocurrió en Nueva York el miércoles 29 de diciembre, cuando Ghislaine Maxwell fue declarada unánimemente culpable de uno de los peores delitos imaginables: facilitar y participar en el reclutamiento y abuso sexual de niñas menores de edad entre 1994 y 2004.

Ghislaine era la hija favorita de Robert Maxwell, un turbio y despótico magnate británico de los medios de comunicación, propietario del grupo Mirror, que trataba tan mal a su familia como a sus empleados. Su misteriosa historia sigue dando que hablar 30 años después de su muerte.

En febrero pasado se publicó una nueva biografía, Fall: The Mystery of Robert Maxwell, y dicen que él es una de las fuentes que sirvió de inspiración para el personaje de Logan Roy, el tirano patriarca de la serie Succession. En 1991, mientras navegaba por las islas Canarias en su yate -llamado Lady Ghislaine-, desapareció de manera inexplicable y lo encontraron muerto en el agua 12 horas después.

Aún se discute si fue un accidente, suicidio o asesinato, que es lo que cree Ghislaine. La hija favorita se trasladó a Nueva York y pasó de los brazos paternos a los de Jeffrey Epstein, un pervertido y encumbrado millonario.

El romance duró un par de años y tras la separación amorosa ella se quedó trabajando para él.

Ghislaine se la pasaba arriba del jet privado de su ex pareja viajando desde la mansión en el Upper East Side de NY al rancho en Nuevo México, o la villa en Palm Beach, al departamento en París o a la mansión en Islas Vírgenes. Se preocupaba de que en esos lugares estuviera todo a punto, les pasaba un manual de 58 páginas a los empleados para que cada una de las necesidades de Epstein quedara bien cubierta.

Ahora sabemos que eso también incluia atraer adolescentes para que Epstein abusara de ellas. Maxwell, siguiendo un patrón habitual en estos casos, se acercaba a niñas en dificultades, con situaciones familiares precarias o complicadas y usaba su posición y elegancia para hacerlas sentir seguras o importantes mientras las tentaba con regalos caros.

Por qué esta conspicua británica educada en los mejores colegios y universidades, se prestó para algo tan repulsivo, ella nunca lo ha explicado. Si algo mostró en el juicio no fue arrepentimiento sino que cierto desprecio.

Sus acusadores dicen que fue porque encontró en Epstein la manera de recuperar el estándar y estilo de vida de socialité premium al que estaba acostumbrada y había perdido tras la muerte de su padre, cuando se destapó que el patriarca estaba totalmente quebrado.

Seguramente el asunto es sicológicamente más complicado, pero los documentos presentados en el juicio, en los cuales Epstein aparece transfiriéndole más de 30 millones de dólares entre 1999 y 2007, contribuyeron a sustentar el punto de la fiscalía.

En 2019, el millonario se fue preso y tras 36 días en la cárcel, se suicidó. Para las mujeres que lo acusaban, el juicio a Ghislaine que comenzó en noviembre pasado se convirtió en la única medida de justicia posible. Había además expectación, porque se esperaba que la británica diera más luces sobre la vida de su ex pareja y detalles de sus correrías con amigos como Donald Trump, Bill Clinton, Kevin Spacey, Bill Gates y el príncipe Andrés.

No fue así. Lo que la fiscalía quería era una condena más que un espéctaculo, y fue directo al grano.

En un juicio breve y tras nueve días de tensas deliberaciones del jurado, logró que a Maxwell la condenaran por cinco de los seis cargos imputados. A menos que apele y le vaya bien, pasará el resto de su vida en la cárcel. Es probable que varios conocidos y cercanos a Epstein respiraran aliviados cuando el juicio se cerró sin que ella abriera su boca ni su libretita de contactos.

Transpirar

No es el caso del príncipe Andrés, porque sus problemas corren paralelos, y ahora el capítulo que sigue en la saga Epstein es precisamente sobre él.

En agosto del año pasado, una mujer llamada Virginia Giuffre demandó al tercer hijo de la reina Isabel acusando que fue obligada por Epstein y Maxwell, a tener relaciones sexuales con el Duque de York cuando tenía 17 años en Londres, Nueva York y las Islas Vírgenes.

“Exijo que responda a lo que me hizo. Los poderosos y los ricos no están exentos de que se les considere responsables de sus acciones”, aseguró en esta demanda en la que pide una indemnización por daños y perjuicios. Entre otros detalles dice que cuando lo conoció, el principe transpiraba profusamente.

Andrés ha dicho que no la conoce, negando una publicitada foto donde sale abrazándola por la cintura.

Agregó que por una condición médica relacionada con su servicio en la Guerra de las Malvinas de 1982, él no transpira o no lo hacía en esos años. El abogado de ella, David Bois (que dicho sea de paso también representó a Elizabeth Holmes y tuvo un controvertido paso en el escándalo Theranos, juicio que también dio noticias esta semana, leer página 34), pide que el príncipe pruebe médicamente su peculiar condición transpiratoria.

Sus representantes en tanto han tratado de desestimar el juicio de varias maneras. La última fue el lunes, cuando consiguieron que se abriera un acuerdo secreto que firmaron en 2009 Epstein y Virginia Giuffre. Según éste, el millonario le pagó 500 mil dólares a la mujer para que desistiera de cualquier acción legal en en su contra y de otros “potenciales acusados”.

Aunque no sale explícitamente mencionado, los abogados del príncipe dicen que ese documento lo protege y que Giuffre no puede demandarlo. Con ese argumento se presentaron el martes ante el juez Lewis Kaplan en Nueva York, quien después de hacer varias preguntas, solo anunció que tomará muy pronto una decisión.

Afortunadamente el príncipe Andrés no transpira, porque de lo contrario tendría la camisa empapada.

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