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Opinión

Elon y los matinales

Elon y los matinales

La pulsión por influir ha estado presente desde siempre entre los exitosos del mundo empresarial. Ya lo había demostrado tímidamente, al menos para el estándar de Elon, Jeff Bezos al adquirir el Washington Post hace algunos años.

Por: J.J. Jinks | Publicado: Sábado 30 de abril de 2022 a las 21:00
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A los 26 años el genio de Orson Welles escribió, dirigió e interpretó Ciudadano Kane, película que aparece en el top ten de cualquier ranking que se haga sobre las mejores obras de cine de la historia. De hecho, en muchos de ellos ocupa el incómodo primer lugar, lo que genera un nivel de expectativas en el espectador absolutamente imposible de cumplir.

Doy fe de aquello. La película parte el día de la muerte del magnate de la prensa Charles Foster Kane, cuando en su último suspiro pronuncia entre dientes la palabra Rosebud. El misterio sobre el significado de esa frase será resuelto en el final. Si bien la película tiene 80 años, vamos a evitar el spoiler por respeto a los que se quieran poner al día.

Si bien Charles Foster Kane es un personaje ficticio, está fuertemente inspirado en el barón de la prensa estadounidense William Randolph Hearst quien, a través de la principal cadena de diarios, influyó durante años en el periodismo y en la política norteamericana.

No hay nada nuevo por tanto en el deseo de Elon Musk de adquirir Twitter. La pulsión por influir ha estado presente desde siempre entre los exitosos del mundo empresarial. Ya lo había demostrado tímidamente, al menos para el estándar de Elon, Jeff Bezos al adquirir el Washington Post hace algunos años.

La apuesta de Musk es bastante más osada: la cifra que acordó pagar es astronómica y si bien entre PayPal, Tesla y Space X el tipo ha demostrado una genialidad pocas veces vista, hay un olorcillo a capricho en esta decisión que veremos cómo evoluciona. El debate sobre el excesivo e incontrarrestable poder que tendría Musk moviendo un par de perillas en Twitter está desatado, si bien hay razones para preocuparse, por otro lado la tecnología avanza rápido y muchos de los antiguos poderosos de los medios hoy no lo son.

Lo que no se puede descartar livianamente es la influencia de los medios en el tejido social que armamos. Con algo menos de genialidad que la de Welles y Musk, la sociedad chilena se ha puesto en las manos de los matinales televisivos para pergeñar sus próximos años.

Por ahí desfilan en cadena nacional todo tipo de chifladuras, economistas que no saben de economía, astrólogos que saben de astrología y un grupo de comunicadores que opinan de todo lo que ocurre en la sociedad chilena con un desparpajo y liviandad espeluznantes. Esto no dejaría de ser solo una anécdota, si no hubiese sido en esos espacios donde se romantizó y bendijo la violencia postestallido o donde se azuzó uno tras otro los retiros de las AFP que han dañado profundamente el andamiaje económico del país.

Muchos de los acontecimientos que han marcado al país en los últimos años se han jugado más en los matinales que en cualquier otro espacio de discusión pública. No es casualidad que los políticos, siempre listos para olfatear la conveniencia, hayan comenzado a desfilar por las pantallas tempranito en mañana.

Ahí está el rating y los auspiciadores para mostrar que la ciudadanía parece feliz con este show permanente de nuestra discusión pública. Lamentablemente, los efectos en la sociedad están a la vista. A veces se echa de menos que quienes alguna vez soñaron con influir, realmente intenten hacerlo y no descansen en una cómoda prescindencia.

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