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Personaje

Las demandas que afectan al empresario armenio-estadounidense que armó una viña en Chile

Las demandas que afectan al empresario armenio-estadounidense que armó una viña en Chile

Edward Tutunjian es un magnate armenio-estadounidense que en los años ‘80 construyó un imperio de taxis en Massachusetts, pero terminó siendo denunciado por evasión tributaria y empleo ilegal de extranjeros hace 9 años por Spotlight, la unidad de investigación de The Boston Globe.

Por: Mateo Navas | Publicado: Sábado 14 de mayo de 2022 a las 21:00
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* (Esta edición cuenta con cambios y aclaraciones respecto a su versión original).

En los campos de Apaltagua, en un viñedo emplazado en Santa Cruz, comienza un silencioso conflicto que tiene en una complicada situación judicial a su dueño, Edward Tutunjian, un magnate armenio estadounidense que tras enamorarse de Chile en los ´90 invirtió en una de las industrias más reconocidas del país.

Esta es su historia. 

Auge y caída de un imperio

Dicen que su compañía Boston Cab llegó a ser la empresa de transporte privado más grande del estado y una de las más influyentes del país: en Massachusetts llegó a ser conocido como el “Rey de los taxis”.

Este imperio se derrumbó en 2016 después de que en 2013 Spotlight, la unidad de investigación del The Boston Globe -los mismos que revelaron sistemáticos abusos de la iglesia católica en Estados Unidos-, denunciara irregularidades financieras, tributarias y laborales al interior de la firma. Con esto, el FBI materializó una redada en su oficina contable, bodegas y vivienda.

En agosto de 2016 el Tribunal del Distrito de Boston declaró culpable a Tutunjian. “Para 2014, poseía aproximadamente 372 licencias de taxi (cada una cuesta cerca de US$ 800 mil), las cuales arrendaba a conductores y por las cuales el empresario recibía millones de dólares en ingresos brutos cada año, principalmente en dinero en efectivo”, estipularon en su resolución.

El juez Douglas Woodlock lo condenó a pernoctar 18 meses en un centro correccional comunitario en Boston y a 40 horas semanales de trabajo social. Además, Tutunjian tuvo que pagar US$ 1.4 millones en restitución al Servicio de Impuestos Internos norteamericano (IRS) y otros US$ 700 mil al Departamento de Trabajo de Estados Unidos.

En paralelo a su condena -y movilizado por los malos resultados de su empresa gracias al ascenso de Uber y Lyft- el empresario vendió parte de sus activos en Estados Unidos. En Chile se quedó con su actividad vitivinícola y agrícola en Chile, conocida como Grupo Apaltagua.

Esta operación también vive días complejos: enfrenta diversas demandas de ex altos ejecutivos que acusan, entre otras cosas, despidos injustificados y un mal manejo financiero y societario de las distintas empresas.

Negocios en Chile

Edward Tutunjian nació en 1949 en Armenia. A los 7 años, luego de la muerte de su padre (Adour), su familia emigró a los Estados Unidos. Y a pesar de entrar a estudiar negocios al Bentley College, desertó cuando su primo le presentó el rubro de los taxis. Así comenzó su imperio, el cual, décadas después, llegó a ser tasado en más de US$ 250 millones y ser considerado uno de los más lucrativos de Estados Unidos.

En 1995 llegó por primera vez a Chile de vacaciones. Inmediatamente se enamoró de la zona central: le recordaba ciertos lugares de su país natal. “Vi un pedazo de tierra donde estaban plantando tomates. Toqué el suelo y me atrapó, al igual que el clima. Así comencé mi selección de lugares”, mencionó Tutunjian en un video institucional de la Viña Apaltagua, el cual sigue alojado en su página web. “Me gustaría hacer el mejor vino de Chile y que sea conocido por todo el país”, agregó.

Su primera compra fue un terreno en Curicó donde plantó cerezas. A finales de los años ‘90 adquirió un viñedo en Rauco y un paño en Sagrada Familia para seguir con el negocio agrícola. Luego apostó por locaciones en San Antonio, Pirque y Colchagua. La mayoría de éstas las adquirió con su sociedad Armenia Agrícola Limitada.

En 2006 concretó la mayor operación en suelo nacional: le compró a la familia Donoso Silva la viña Apaltagua, que por ese tiempo tenía una bodega, 60 hectáreas de viñedos y una marca, aunque pequeña, que era reconocida por el público especializado. Fue el mismo Tutunjian el que potenció la exportación y la profesionalización de la producción.

El cambio de mano en la empresa se notó: si en 2007 exportaban 3.800 cajas de vino, cinco años después llegaron a 180 mil y antes de la pandemia alcanzaron 300 mil. Pese a ello, en la industria poco y nada se sabe de él.

La viña -uno de sus vinos íconos lleva el apellido del dueño- exporta a 45 países y tienen presencia en todos los continentes.

Ex gerente general demanda

La pieza clave de la expansión y crecimiento de Apaltagua fue su ex gerente general Rodrigo Abarzúa. Él y Tutunjian se conocieron a inicios de los años 2000 en una feria de vinos en Singapur. En el último día del evento el empresario norteamericano le pidió a Abarzúa que visitara uno de sus terrenos en Curicó y que escribiera un informe. Así empezó su relación.

Abarzúa ejerció como agente de ventas de la empresa para Estados Unidos entre 2005 y 2009. Luego, regresó a Chile para ocupar el cargo de gerente general de las empresas Viña Apaltagua Ltda., Armenia Export Ltda., Agrícola Apaltagua Ltda., Agrícola Granada Ltda., e Inmobiliaria Valle Tricao Ltda., todas controladas por Tutunjian y su cónyuge Nancy Tutunjian.

Pero en abril de 2020 Rodrigo Abarzúa fue desvinculado de la gerencia general de la matriz, quienes argumentaron que la compañía se encontraba en una crisis financiera relevante. El mensaje se lo dio Bernardo Mateluna, quien ingresó a la firma en julio de 2019 y que ejercía como contralor. Esta semana Mateluna también fue removido de sus funciones como representante de la empresa.

El día 30 de junio de 2020 Abarzúa suscribió un finiquito por el cual se le indemnizó con la cantidad de $ 170 millones, más la entrega de un vehículo Land Rover.

En dicho finiquito el ejecutivo declaró, “que durante todo el tiempo en que prestó sus servicios al empleador, se le pagaron íntegramente todas sus remuneraciones, asignaciones y demás beneficios que le correspondieron de acuerdo con la ley y su contrato individual de trabajo”.

A pesar de eso, el 29 de enero de 2022 Abarzúa ingresó al Juzgado de Letras del Trabajo de Curicó una demanda en contra de las distintas sociedades del grupo Apaltagua. En dicha denuncia acusó, entre otras cosas, el no pago de ciertas cotizaciones y reveló desconocidos episodios del negocio de la viña en Brasil.

La quiebra en Salvador de Bahía

Según la demanda, el origen de las diferencias entre Abarzúa y Tutunjian surge en 2016, cuando el dueño de la viña le solicitó potenciar la actividad comercial en Brasil, el segundo mayor comprador de la firma.

El empresario le habría propuesto crear una oficina comercial en el nordeste del país, específicamente en Salvador de Bahía, para iniciar la expansión en el territorio carioca. Ya habían hecho algo similar con China y Alemania.

El ejecutivo chileno se contactó con tres vendedores de vino brasileños para crear una sociedad en conjunto. En paralelo, Luis Burdiles, gerente comercial y encargado de Brasil de Apaltagua, recomendó “ingresar a una sociedad ya constituida por brasileños agregando como socios a personas naturales extranjeras”.

La idea era que “entraran” Burdiles y Abarzúa para luego incluir a Apaltagua Chile. Esta es una técnica común que se realiza en Brasil para evitar papeleo excesivo, ya que las personas jurídicas requieren más documentos para realizar este tipo de trámites.

Además, esta era la fórmula favorita de Tutunjian, quien quería evitar aparecer en negocios en Brasil, producto de su proceso judicial en Estados Unidos. La idea del empresario era que, una vez “amainadas las aguas de su problema legal en EEUU, traspasar su propiedad a cualquiera de sus sociedades del Grupo Apaltagua”, se lee en la denuncia de Abarzúa.


El 21 de junio de 2017 se compraron los derechos sociales de una sociedad brasileña que luego bautizaron como Apaltagua Brasil Distribuidora de Vinos y Alimentos Ltda. Entraron como socios, con el 50% de participación cada uno, Burdiles y Abarzúa. 

Una vez constituida la filial brasileña se obtuvieron buenas rentabilidades y altos niveles de ventas. Pero meses después, la compañía carioca comenzó a tener problemas económicos por -según consta en una demanda de Luis Burdiles en contra de Armenia Export Limitada- descoordinaciones con el equipo chileno y constantes quiebres de stock.

“Las deudas se fueron acumulando y Apaltagua Brasil quedó en una situación financiera muy desmejorada”, estipuló el exgerente comercial en una denuncia donde acusó despido injustificado y afectación a su honra.

Otra versión que recorre la industria es que, producto del proceso judicial en Estados Unidos, los activos de Edward Tutunjian quedaron congelados. Esto impidió (por un tiempo) que el empresario financiara la operación de la viña, la cual -en ese entonces- estaba materializando una serie de inversiones, como plantaciones y apertura de mercados.

“Entramos en una crisis financiera porque no habían recursos para sustentar las grandes inversiones. Hubo una crisis productiva que nos llevó a experimentar desajustes en el abastecimiento de vino”, declaró Rodrigo  Abarzúa en el juicio de Luis Burdiles. “La compañía no tenía los suficientes recursos para envasar vinos o comprar cajas y etiquetas”.

A Burdiles lo desvincularon de la matriz el 21 de febrero de 2021 por la causal de desahucio.

Por su parte, el 28 de abril de 2022, el mismo juzgado rechazó y acogió parcialmente la demanda de Abarzúa y ordenó, luego de descuentos específicos, que Grupo Apaltagua le pagara $ 115 millones aproximadamente. La causa sigue abierta. De hecho, la parte demandada -representada por el abogado Manuel José Searle- solicitó un recurso de nulidad que fue declarado admisible por la Corte de Apelaciones de Talca. La filial carioca de la viña también enfrenta una serie de demandas civiles y laborales en los tribunales brasileños.

El juicio que parte en Chile

Las tensiones en el mercado brasileño no son las únicas que sacuden la actividad de Grupo Apaltagua.

Este lunes se publicó en el Diario Oficial una modificación societaria en tres entidades ligadas a la viña: su filial agrícola, comercial y vitivinícola. En cada uno de los documentos presentados se anuncia la remoción como administradores de Bernardo Mateluna y Carlos Krauss, quienes habían estado a cargo de la firma. Se dejó, en reemplazo, al abogado Santiago Long y al gerente general del holding José Tomás Larraín.

Se trata de un movimiento de piezas clave en el grupo: ahora ambos ejecutivos representan y lideran las operaciones de la compañía en nombre de su controlador.

Actualmente el equipo está liderado por el gerente general José Tomás Larraín. Edward Tutunjian mantiene contacto con él y con el abogado Santiago Long, quien trabaja de la mano de su socio Manuel José Searle y del exalcalde de Santiago Felipe Alessandri. De hecho, el exedil también trabaja para la empresa, según declaraciones de Long en una de las audiencias judiciales del caso de Luis Burdiles.

Por su parte, el 27 de enero de 2020 la viña sufrió un duro revés en la Superintendencia del Medio Ambiente. Dicho organismo estableció que la empresa -específicamente en un terreno emplazado en la comuna de Santa Cruz- cometió una serie de incumplimientos de las condiciones, normas y medidas establecidas en su Resolución de Calificación Ambiental.

Estas infracciones fueron catalogadas como leves, graves, y gravísimas. Actualmente están llevando a cabo un programa de cumplimiento con el objetivo de evitar una sanción administrativa. 

Respecto a las ventas, personas conocedoras de la operación de la viña dicen que se están recuperando de la caída de exportaciones durante la pandemia. El principal caballo de batalla del grupo es Armenia Export Limitada, enfocada en los envíos de vino al exterior.

Según los distintos documentos presentados a la justicia, Edward Tutunjian sigue viviendo en Boston, Estados Unidos. Luego de cumplir condena visitó Salvador de Bahía donde recorrió la ciudad, conoció a los trabajadores y tomó agua de coco con Rodrigo Abarzúa y Luis Burdiles. También estuvo en sus distintos terrenos en Chile.


Edward Tutunjian: "Nuestras empresas han vendido y siguen vendiendo en el mercado brasilero en forma ininterrumpida hace años"

Una vez publicado este reportaje, el empresario aclaró -vía una carta a DF MAS- ciertos puntos. Además, desmintió información que Rodrigo Abarzúa expuso en su demanda laboral.

"No es efectivo que una supuesta situación de congelamiento de activos en Estados Unidos me haya impedido financiar las operaciones de la viña. Llevo muchos años destinando recursos personales y trabajando en forma ininterrumpida con distintos bancos de la plaza para financiar las operaciones de la viña", aclaró. "Sin perjuicio de ello, no desconozco que en algún momento Viña Apaltagua tuvo problemas para cumplir obligaciones a pesar del financiamiento, pero éstos se produjeron debido a una mala administración del exgerente general citado en el artículo".

Sobre las diferencias con Rodrigo Abarzúa, el empresario afirma que "me di cuenta de que había problemas con él en 2018, cuando se me negó entrar a una de mis bodegas cuando él era gerente y, sobre todo, al reunirme con los bancos (atendido a que él no respondía los llamados o correos electrónicos de dichas instituciones) y enterarme de manera sorpresiva de que existían una serie de impagos respecto de créditos que tomó él, en función de su cargo, garantizados con hipotecas sobre propiedades mías. Este hecho tampoco se informó en el artículo".

"De no haber intervenido en forma personal con los bancos y otros acreedores, estos problemas pudieron haber significado la quiebra de mis empresas y de la liquidación de parte importante de mis activos en Chile. Además de lo anterior, existían en ese entonces una cantidad importante de cobranzas judiciales y administrativas iniciadas en contra de mis empresas", expresó Tutunjian.

Sobre la supuesta oficina comercial en Brasil que Abarzúa y Burdiles detallan en sus respectivas demandas, el empresario aclaró: "Jurídicamente ninguna de mis empresas en Chile tiene una sociedad filial en Brasil. La compañía denominada Apaltagua Brasil le debe a mi firma en Chile aproximadamente US$ 250 mil. Nuestras empresas han vendido y siguen vendiendo en el mercado brasilero en forma ininterrumpida hace años".

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