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Johan Dreyer va tras la pista de inversionistas chilenos en hidrógeno verde

Johan Dreyer va tras la pista de inversionistas chilenos en hidrógeno verde

Johan Dreyer nació y creció en Antofagasta. Ahora, desde París se autoimpuso una misión: ser el puente que conecte proyectos chilenos de hidrógeno verde con desarrolladores e inversionistas europeos. Esta es su estrategia.

Por: María José Gutiérrez | Publicado: Sábado 14 de mayo de 2022 a las 21:00
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Hace tres semanas, Johan Dreyer volvió a su ciudad natal. De paso. El antofagastino viajó desde París, donde vive con su mujer francesa, para participar en el anuncio del gobierno de la creación de la Comisión Regional del Hidrógeno Verde (H2V).

Antes, estuvo aquí en diciembre para concretar el primer encuentro presencial con actores de la industria de este combustible. El evento fue el puntapié inicial para la creación de H2 Antofagasta, la alianza constituida en marzo de 13 empresas privadas que están desarrollando proyectos relacionados al Hidrógeno Verde en la Segunda Región, y que tiene como misión buscar sinergias y convertirse en un actor relevante para dialogar con la autoridad y la academia.

Johan Dreyer, que acaba de cumplir 30 años, es su presidente. 

Pero la ambición del nortino por descarbonizar la matriz energética no termina ahí. A fines de 2021, el cientista político emprendió con su propia consultora en Francia, dedicada a conectar proyectos chilenos con inversionistas europeos. “Estamos viendo un interés cada vez mayor de fondos de inversión en apostar por estos proyectos: saben que tarde o temprano la minería dará el salto hacia los combustibles limpios producidos localmente y sus tecnologías asociadas”, señala. 
 

Aterrizaje en Francia

Su apellido es alemán, pero ya van tres generaciones de geólogos tocopillanos que llevan el apellido Dreyer. Y aunque todo apuntaba a que Johan, el menor de tres hermanos, sería vinculado a la minería para trabajar en GNA -la empresa familiar dedicada a la producción de sílice que preside su padre y de la que su madre es directora financiera-, optó por estudiar en la U. Católica (en Santiago) Ciencia Política. “Siempre me gustaron los idiomas”, cuenta por Zoom desde su casa en París, a las 19:30 hrs local del miércoles.

“Estudié en el único colegio bilingüe de Antofagasta, aprendí alemán en la media, me fui a Hamburgo de intercambio a los 16, y siempre estuve perfilado hacia el extranjero: la política, las RRII. Las coincidencias de la vida hicieron que el desarrollo de mi carrera terminara en un reencuentro con la ciudad, que no es solo capital minera sino también ahora energética”, sostiene.

En tercer año de universidad se fue de intercambio a Sciences Po, uno de los planteles más prestigiosos en ciencias políticas, a nivel mundial. “Todos los presidentes de Francia han pasado por acá, me gustó que fuera internacional, abierta, cosmopolita”, asegura sobre la casa de estudios de la que hoy es profesor visitante.

Tras seis meses en Chile regresó a la capital gala para titularse. En el campus latinoamericano de Poitiers conoció a su mujer, con quien luego hizo el master en Energía Internacional enfocado en la geopolítica y finanzas de la industria.
¿Por qué energía? “Había un momentum”, responde Dreyer. Era 2014, cuando Francia estaba en pleno furor organizativo de la famosa Cop21, que terminó en el Acuerdo de Paris. “Y del punto de vista más pragmático, la energía mueve la economía, es cosa de ver lo que pasa hoy en Rusia: con todo el monopolio que tiene de suministro de gas natural y petróleo, la UE tiene poca capacidad de reacción. La energía puede ser un arma”.
 

Brotes verdes

Después de seis meses de práctica en el departamento de análisis de Engie, en Paris, Johan se trasladó por dos años a Londres a trabajar en BCG en el área de inteligencia de mercado y análisis de datos del sector energético.

Era la época de consolidación de la política pública que implementó Máximo Pacheco en el gobierno de Bachelet para las licitaciones del suministro eléctrico. “El precio de la energía en Chile marcó pauta internacional porque tuvimos el costo de generación solar más bajo del mundo”, recuerda.

Dice que fue la falta de luz solar lo que lo llevó de vuelta a Antofagasta. En 2018 se hizo cargo del área de nuevos negocios de la empresa familiar GNA, y comenzó a explorar cómo descarbonizar la operación de la compañía.

Entonces viajó invitado por Corfo y la agencia alemana GIZ a a un viaje a Europa que duraría un mes. Pero llegó la pandemia y no volvió más. Allá se cruzó con el incipiente hidrógeno verde. “La UE estaba recién fomentando lo que sería después la política de H2V como un vector para sectores difíciles de descarbonizar”, dice.

Se empleó en la consultora franco-belga Hinicia y se dedicó a hacer una serie de estudios de mercado en distintas tecnologías de H2V, y due diligence a proyectos donde el mandante eran actores del mundo financiero europeo que querían entender el detalle del costo de la nueva tecnología y su rentabilidad.

“Si 2020 fue el año de la política pública del Hidrógeno Verde, en 2021 se empezó a dar una dinámica más de M&A en el mercado europeo, empezaron a entrar los inversionistas institucionales. Me di cuenta de las tendencias del mercado y del potencial que tenía Chile, que había anunciado la estrategia nacional del H2V, con los hubs en Antofagasta y Magallanes”, relata. 
 

Capital de riesgo

Esta semana Johan asistió al Hyvolution en París, la mayor convención Europa de hidrógeno. Estar ahí es parte de un nuevo proyecto: desde diciembre, el cientista político trabaja como consultor independiente con el fin de unir inversionistas europeos con proyectos chilenos.

“Hasta la fecha los proyectos en Chile se han financiado principalmente gracias al capital propio de las empresas, algunas complementadas con el aporte de CORFO. Como son todavía etapas tempranas, han sido montos razonables para ser costeados por las compañías. Pero al entrar en tierra derecha con la construcción de los primeros pilotos en 2022 y 2023, pasamos a una escala de millones de dólares.

Por eso, la primera generación de proyectos va a necesitar sí o sí de inversionistas cuyo capital de riesgo le permita a los proyectos apuntalar su modelo de negocio durante los primeros años, ya que la paridad del H2 verde con los combustibles fósiles que busca sustituir no se espera que llegue antes de, por lo menos, el 2027”, explica.

Y agrega: “Vemos la lógica de las startups, donde será necesario capital de riesgo o subsidios que permitan a los proyectos sobrevivir al valle de la muerte por lo menos un par de años”. 

Dryer dice que hay actores dispuestos a invertir en Chile “porque saben que es el país que va a producir H2V con menor costo a 2030. La mayoría de los fondos de energías renovables y otros especializados en H2V están preguntando por proyectos en Chile. Esto va desde invertir en un terreno bien ubicado para hacer un desarrollo -en Magallanes hay casi una burbuja por lo mismo-, hasta un proyecto más avanzado con prefactibilidad”, asegura.

“Justamente este gran apetito de actores tanto nacionales como extranjeros hay que manejarlo con precaución, con tal de que no se convierta en una fiebre”, advierte.

Y agrega: “Aunque es normal que en todo nuevo mercado los primeros años vean una explosiva dinámica de M&A y luego el mercado va acomodándose solo, la idea es no malgastar recursos ni dar cabida a especuladores, porque le puede jugar en contra al desarrollo sostenible de la industria del H2V”. 

Hasta que no se defina qué pasará con la nueva Constitución, dice Dreyer, el interés se mantiene alto en Europa. “El ejecutivo ha dado hartas certezas a futuro del sector energético, se ve que hay continuidad”, dice. 

¿Volver a Antofagasta? “¡Por que no! Tiene buen clima, la ciudad está cada vez más bonita y hay una oportunidad histórica de convertir a la región en una capital energética. Antofagasta puede ser el Dubai del Hidrógeno Verde”, remata. 

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