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Punto de partida

Una fábrica de startups: la nueva apuesta de los fundadores de Talana

Una fábrica de startups: la nueva apuesta de los fundadores de Talana

“Nadie te prepara cuando vendes, no quieres ser un jubilado a los 45 años”, dice Pablo de la Barra, ex CEO de Talana. Tras la venta de la startup de recursos humanos a Venturance y cerca de un año pensando su nueva estrategia, los tres fundadores acaban de crear The Startup Builders, una fábrica de empresas que ya tiene su primer resultado.

Por: Juan Pablo Silva | Publicado: Sábado 5 de agosto de 2023 a las 21:00
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Pablo de la Barra trabajaba en Payroll, un software de recursos humanos chileno incorporado al grupo Sable, ligado a Héctor Gómez. Uno de sus dolores, dice, “era que encontraba que el software era horrible, funcionaba, pero era feo como el demonio”.

En 2013 la firma fue adquirida por ADP (empresa norteamericana listada en el Nasdaq). “Ahí pensé, ‘este es el minuto, vamos a crear un software increíble’. Pero no, siguió siendo lo mismo”, recuerda De la Barra.

“En algún minuto alguien en el garaje de su casa va a hacer un software increíble y nos va a matar”, temía el emprendedor. Tras una presentación interna de la empresa, en que el lema fue Be Bold (atrévete), el ingeniero comercial se acercó al gerente general y le dijo que quería desarrollar un software. “Con la misma paga ofrecía hacerme cargo de todo. Me contestaron ‘¿cómo se te ocurre? estás a cargo de operaciones, no te puedo pasar más responsabilidades’”.

Tras esa reunión, se acercó a José Antonio Akel, desarrollador de software con más de 10 años de trayectoria, quien se había encargado del sitio de MacOnline. Se conocían porque sus esposas eran mejores amigas, y De la Barra le planteó a él crear un software en conjunto. Ese mismo fin de semana, Akel se encerró en su oficina a pensar y, tras ello, le presentó una idea. Así crearon Talana. Tenía 38 años, casado y con hijos, muchos le dijeron que no era el minuto, tenía demasiados gastos para emprender.

Como anécdota, de la Barra confiesa que al presentarle la renuncia a su jefe, éste le ofreció firmar un acuerdo de no competencia con un bono de varios sueldos. “Él sabía que algo no pintaba bien, pero le dije que no gracias”.
 

Nace Talana

En julio del 2016 salieron al mercado, y cinco meses después firmaron con su primer cliente. “Muchas de las personas con las que lograba reunión nos decían ‘¿pero cómo me aseguran que no van a quebrar en tres meses?’”, recuerda De la Barra. Decidieron crear un área de venta y sumar como socio al ingeniero civil Rodrigo León, quien entonces tenía una agencia de marketing digital.

“Ahí empezamos a explotar”, señalan los socios. Ofrecían un software que hacía la gestión de personas, remuneraciones y control de asistencia. Su diferenciación -dicen- era que tenían una aplicación fácil de usar y que posicionaban al área de recursos humanos como algo entretenido.

En 2019 comenzaron a invertir más en publicidad y apostaron por televisión, por los noticieros de la noche. Como su interés era llegar a tomadores de decisiones, optaron por programas de noticias.

Con un presupuesto limitado -los actores fueron los mismos empleados de la startup-, salieron al aire. Al poco tiempo vino el estallido social. “Todo el mundo empezó a ver noticias y las ventas explotaron”, señalan.

Mantuvieron esa estrategia y con la llegada de la pandemia, los canales de noticias siguieron creciendo en rating y Talana ya tenía tomados los espacios.
 

La nostalgia

Se le empezaron a acercar fondos de inversión y de private equity, pero les hicieron el quite. Hasta que en 2021, por motivos personales decidieron dar un paso al costado. “En mi caso mi señora me decía, ‘en el colegio creen que estoy divorciada’. No fui a ninguna reunión de apoderados en dos años”, reflexiona el emprendedor.

Así, con 180 empleados, 5.000 clientes y pagándole el sueldo a cerca de 300 mil personas, en junio del 2021 vendieron la empresa al fondo Venturance (ex Endurance).

Hoy, miran hacia atrás con nostalgia. “Es como ver a tu guagua en otra dirección, yo habría hecho distinto varias cosas. Pero al mismo tiempo son etapas que uno va cerrando, entonces yo creo que es importante no quedarse pegado mucho en qué hubiera pasado si nos quedamos, y creo que los tres disfrutamos la etapa de Talana”, comenta De la Barra.
 

La fábrica de startups

Akel viajó por el mundo por siete meses, León hizo algo similar, pero por siete semanas, y De la Barra se tomó siete días, recuerdan entre risas los fundadores. Una vez al mes se juntaban para pensar ideas. “Nadie te prepara cuando tú haces el exit, no quieres ser un jubilado a los 45 años. Entonces tú dices, ‘ok, ya hicimos la venta, estamos muy bien’, pero no te vas a quedar en la casa viendo cómo madura la palta”, comenta el ex gerente general.

Las ideas eran desde hacer un fondo e invertir, crear una nueva startup o ser asesores.

Cuentan que muchos emprendedores se acercaban a pedirles consejos que luego no seguían. “Hagamos una fábrica de startups”, dijeron. “Tenemos el conocimiento, nos gusta partir de abajo y hay potencial”, agregan. Decidieron enfocarlo en firmas de recursos humanos, y lo llamaron The Startup Builders. La idea, explican, es que ellos son quienes crean los negocios, y quienes son sus dueños.

“Hagamos una fábrica de startups”, dijeron. “Tenemos el conocimiento, nos gusta partir de abajo y hay potencial”, agregan.
En octubre del año pasado, ya los tres fuera de Talana (De la Barra salió del directorio en mayo de ese año) empezaron a trabajar. La primera firma que inventaron salió a principios de julio al mercado: un seguro complementario flexible al que llamaron Pango.

“La premisa que dijimos fue: todas las personas en la empresa tienen intereses distintos, realidades distintas y necesidades distintas. Entonces, más que ofrecer un solo seguro de salud para todos, dijimos, ‘¿por qué no creamos un seguro 100% flexible?’ Así, se puede usar para los que les gusta viajar, para los que tienen mascotas o para los que tienen cuatro hijos. Fuimos personalizando y que cada persona pudiera elegir el seguro que más le acomodaba a ellos. Y esta flexibilidad y este esquema es lo que nosotros hoy día logramos armar bajo la estructura del banco”, dice Akel. Armaron una alianza con BCI y, a diferencia de como fue en Talana, donde se demoraron cinco meses en su primer cliente, aquí cerraron el primero en un mes.

Hoy trabajan 12 personas en el venture studio -como se le conoce en el ecosistema a este tipo de firmas- y dicen que la mejor ventaja de este modelo es “que podemos hacer apuestas, tenemos permiso para fallar, botar a la basura el negocio y la idea, pero no el equipo.

Entonces básicamente puedes experimentar el costo de fallar más bajo y puedes quedarte con un equipo súper potente y reciclarlo para el siguiente proyecto”. El financiamiento viene 100% de ellos, y su plan es tener alrededor de tres startups en carpeta. Algunas se venderán, con otras harán alianzas.
 

Su opinión del ecosistema

Sobre las altas valorizaciones de las startups, de la Barra afirma “somos fieles creyentes de la creación de valor y que el valor de las empresas está asociado realmente con el valor que crea”. Dice entender el juego de los inversionistas de riesgo, pero “nosotros estamos en el juego un poquito más tradicional, el del valor creado directamente”.

Además, agrega, “en los últimos años se malinterpretó el tema del emprendimiento y había muchas personas que querían emprender porque era cool, pero sin tener necesariamente un dolor muy identificado que solucionar. Pero ser emprendedor porque es cool en general es el motivo incorrecto, porque vas a trabajar más horas, vas a sacarte la mugre y no vas a tener un jefe. Vas a tener miles de jefes porque todos tus clientes van a ser tu jefe”. 

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