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Su último gran evento: el jubileo de Isabel II con sabor a despedida

Su último gran evento: el jubileo de Isabel II con sabor a despedida

Por cuatro días los británicos se unen para celebrar los 70 años del reinado de Isabel II. Es una celebración -el jubileo- con sabor a despedida e incertidumbre. Una inminente crisis amenaza al país y puede sorprenderlo sin quien ha sido su bastión de estabilidad hasta ahora.

Por: Marcela Vélez-Plickert, desde Londres | Publicado: Viernes 3 de junio de 2022 a las 08:31
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Cuando Elizabeth II llegó al trono con apenas 25 años, Inglaterra todavía gobernaba gran parte de África y Oriente Medio, el Everest seguía inconquistable y llegar a la Luna todavía era una quimera.

En los últimos 70 años, los británicos vieron disolverse su imperio, fueron víctimas de terrorismo, y sobrevivieron crisis políticas, sociales y económicas. Pero, sin importar lo que pase, ella siempre ha estado ahí.

A diferencia de otros monarcas europeos, Elizabeth II se ha convertido en un símbolo en sí misma de la identidad de su país. A pesar de los escándalos de su familia y su largo reinado -el más largo después del propio Luis XIV de Francia-, el 62% de los británicos cree que el país debe seguir siendo una monarquía y el 75%, según una encuesta de YouGov, aprueba o tiene aprecio a la reina.

Eso explica que las principales calles de Londres y otras ciudades inglesas estén vestidas desde hace una semana con banderas y símbolos reales, incluso con grafitis y retratos de Elizabeth cuando joven. Cientos acamparon en las cercanías del Palacio de Buckingham desde cinco días antes para tener el mejor puesto para ver a la reina en su gran día, en la que fue una semana que sorprendió a Londres con tormentas y hasta granizo.

No importa si se consideran súbditos o no, si creen realmente en la monarquía o no, nadie ha querido quedar fuera. Conciertos, concursos de pasteles, ofertas y mercaditos. Se han organizado más de 3.500 eventos públicos y un número similar de fiestas populares para celebrar un jubileo que probablemente no vuelva a repetirse.

La verdad es que, tras años divididos por el Brexit y el manejo de Boris Johnson de la pandemia, los británicos han dejado brevemente las diferencias políticas a un lado, y a la sombra de la Union Jack se respira un aire de patriotismo, orgullo y camaradería.

“La reina afirmó que hoy crearemos hermosos recuerdos. Es cierto. Yo aún recuerdo cuando celebramos el Jubileo de Oro”, afirma Paul Jones, quien decidió organizar la celebración de su barrio en el suroeste de Londres.

Resiliencia y servicio

Para Paul y muchos otros, Elizabeth II se ha convertido en un símbolo de estabilidad. “Da mucha seguridad saber que está ahí”, agrega Jane Dunes, quien salió a celebrar este jueves en una de las tantas fiestas barriales en el distrito de Richmond.

Es curioso, porque en realidad la reina representa ideas y conceptos que no se alinean con las ideas de una democracia occidental. Es difícil creer que quienes reclaman más libertad y democracia puedan apoyar la idea de que Elizabeth II y su familia han sido escogidos por el propio Dios para dirigir los destinos de millones de personas.

Aunque esa idea está implícita en la reina, ella representa otra cosa. Dunes pone como ejemplo el conmovedor y esperanzador mensaje que la Reina dio en medio de la pandemia.

Fue a inicios de abril de 2020 y la primera ola de la pandemia había colapsado los hospitales y provocado una ola de muerte solo vista en tiempos de guerra. En un raro mensaje, pensado para “levantar el espíritu de la nación”, Elizabeth II apareció como siempre serena, pero más cercana que nunca, para pedir unidad y prometer que “nos volveremos a encontrar”.

La frase se convirtió en su “keep calm and carry on”. El efecto de sus palabras fue palpable y al interior del gobierno de Boris Johnson reconocen que fue clave para que la gente cumpliera con una estricta y larga cuarentena.

Una vez más, la reina recordaba a los británicos los valores victorianos de la resiliencia, donde ante las crisis, simplemente se sigue adelante, sin aspavientos ni dramas, sencillamente es lo que hay que hacer.

“El orgullo de lo que somos no forma parte de nuestro pasado, sino que define nuestro presente y nuestro futuro”, recordó Elizabeth II en un mensaje que pareció orientado a los más jóvenes, a esa generación que no conoció los embates de la Segunda Guerra Mundial.

Son ellos quienes más aprecian lo que simboliza la reina. Uno tras otro los invitados a la celebración oficial de la BBC destacan lo mismo: el estoicismo, la lealtad, la dignidad y el compromiso con el servicio.

“Ella bien podría haberse retirado, pero sigue haciendo tanto, sigue allí, a sus 96 años”, destaca Dunes. La decisión se atribuye a la promesa que hiciera la joven Elizabeth en su histórico discurso al cumplir 21 años en 1947. En él, prometió: “Declaro ante todos ustedes que toda mi vida, ya sea larga o corta, estará dedicada a su servicio y al servicio de nuestra gran familia imperial a la que todos pertenecemos”.

Después de ella

Quizás no sea solo por su promesa que, a sus 96 años, viuda, y un claro estado de salud más débil, Elizabeth II se niega a abdicar y dejar el trono. La población respalda su decisión. Seis de cada 10 británicos creen que debe reinar mientras viva.

No solo es nostalgia. También es temor. “Nos ha dado estabilidad y continuidad durante los últimos 70 años, así que es un poco preocupante que, cuando ella ya no esté, la monarquía se disuelva. En realidad, ella es la monarquía”, afirma Doreen Joy, desde Northfolk.

Windsor, Buckingham, Londres, Gran Bretaña… Es impensable una monarquía sin la reina. Pero al interior del palacio la transición ha comenzado. Fue el príncipe Carlos quien este año inauguró el nuevo año legislativo, y quien realizó la tradicional revisión a la guardia real. Ambos actos reservados solo para los monarcas. La propia reina se ha referido a la sucesión y la próxima llegada al trono de su hijo.

Pero con casi 40% de desaprobación, Carlos no es un futuro rey muy popular. Según una encuesta de YouGov realizada a propósito del Jubileo de Platino, son los duques de Cambridge, William y Kate, los miembros de mayor popularidad y niveles de aprobación, solo superados por la propia reina.

“Yo no soy fan de la monarquía. Encuentro que muchos de ellos no hacen nada. Pero sí admiro a la Reina. Ella es diferente. Nunca ha tenido ningún escándalo. No sé, da seguridad saber que siempre está ahí”, dice Ivy Thomas, una estudiante de lingüística, que este jueves se vistió con los colores de la bandera para unirse a las celebraciones.

A sus 20 años, Ivy es una excepción. Solo un tercio de los jóvenes (18-24 años) apoya la continuidad de la monarquía, incluso así el trono pase directamente a los populares duques de Cambridge.

Delicado momento

El inminente cambio no podría llegar en peor momento. En una tasa de 9%, la inflación alcanzó en abril su mayor nivel en 40 años. El aumento del costo de la energía supondrá a los hogares británicos un aumento de entre 800 y 1.000 libras esterlinas en sus cuentas este año.

El gobierno conservador de Boris Johnson se ha visto obligado a seguir aumentando el gasto público para subsidiar a los hogares, mientras eleva impuestos, en una medida que está alienando a su base electoral.

Aunque la tasa de desempleo está en mínimos (3,7%), la economía se contrajo ya en marzo y todo apunta a que Reino Unido enfrentará una recesión en los próximos trimestres.

A la crisis económica se suma una política. El primer ministro británico Boris Johnson ha visto en la última semana derrumbarse el apoyo entre las filas de su partido, después de que un informe policial confirmara su participación en fiestas ocurridas en las oficinas del gobierno durante las cuarentenas. Una derrota electoral más y Johnson podría perder un voto de confianza en el parlamento en el corto plazo.

Como si fuera poco está el Brexit. A 18 meses de su separación de la Unión Europea, las promesas de mejoras (inversiones, aumento del comercio, más recursos fiscales) no se han concretado. Por el contrario, pequeñas y medianas empresas han visto multiplicarse la cantidad de trámites y costos para exportar sus productos.

El resultado es que las exportaciones británicas se han de reducir en un 11% respecto a 2018, antes de que comenzara el proceso de transición hacia el Brexit.

En medio del caos, partidos independentistas han ganado terreno en Escocia e Irlanda del Norte. Mientras en Escocia el 50% de la población apoya la idea de separarse de Inglaterra; en Irlanda del Norte, el separatista Sinn Féinn lidera desde este mes el gobierno, tras una histórica victoria electoral que confirma el creciente nivel de desafección no tanto con la monarquía como con el gobierno de Londres.

Elizabeth II fue testigo de la desintegración del imperio británico. Pocos años después de asumir el trono, Inglaterra perdió una a una sus colonias. Aún sigue siendo la jefa de Estado de 15 países, incluyendo Canadá, Nueva Zelandia y Australia. ¿Reconocerán estos países también a su sucesor o aprovecharán el cambio para concretar su definitiva independencia?

Aunque no sea así, sin el poder simbólico de Elizabeth II, Carlos o William verán reducirse aún más el poder de la casa de Windsor.

Quizás consciente de ello, Elizabeth II se aferra a sus últimas fuerzas. Ahí está parada con la ayuda de un bastón, vestida de azul pastel, con una sonrisa radiante en el balcón del Palacio de Buckingham. Las cámaras la muestran alegre, de buen semblante, conversando con su nieto mientras observan a las multitudes y el espectáculo de los aviones militares.

No hay que engañarse. Ha sido un gesto más de disciplina y estoicismo. Horas después se anuncia que la reina suspenderá su aparición en la tradicional ceremonia de Acción de Gracias en la catedral de San Paul, acto central de las celebraciones.

Desde el palacio explican que la Reina ha sentido “some discomfort”, “ligeras molestias”, durante las actividades del jueves. Una forma muy británica de reconocer que Elizabeth II no tiene fuerzas. Es por eso que la celebración de este jubileo tiene sabor a fiesta de despedida.

 

El hombre a cargo de la autopsia a FTX

JJR III asumió el 11 de noviembre como CEO del alicaído imperio de Sam Bankman-Fried y desde entonces, afirma, se ha dedicado “sin parar” con equipos de diversos bufetes de abogados y una empresa de ciberseguridad para recuperar “activos de los deudores donde quiera que estén” e identificar información financiera confiable sobre las actividades de la empresa.

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