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Lecciones de Vida

Subsecretario de Redes Asistenciales: “Cuándo veremos la luz es la pregunta del millón"

Subsecretario de Redes Asistenciales: “Cuándo veremos la luz es la pregunta del millón"

"Esperamos que las cifras se tiendan a estabilizar, porque se han tomado todas las medidas restrictivas posibles. No existen otras medidas", dice Alberto Dougnac.

Por: María José Gutiérrez | Publicado: Sábado 17 de abril de 2021 a las 04:00
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Quien me llamó para saber si estaba disponible para trabajar en el gobierno fue Cristián Larroulet. Varias veces antes, en SP1 y SP2 ,me habían hecho la pregunta. Algunas veces eso no perseveró, otras dije que no. No era el minuto. Ahora la pandemia hizo que se dieran cosas especiales: yo había participado bastante en la elaboración de los informes de camas críticas con Tomás Regueira y estaba muy al corriente de lo que estaba pasando; luego en el momento peak de la primera ola pedí autorización a la Finis Terrae -donde era decano de la Escuela de Medicina- para ir a trabajar como intensivista durante dos meses a la Clínica Las Condes.

Aterricé en noviembre en reemplazo de Arturo Zúñiga, cuando la pandemia estaba en su momento más bajo. De hecho, por esos días tuvimos la cifra más baja de hospitalizaciones. Yo tenía la esperanza de que lo peor había pasado, porque tenía mucha confianza en las vacunas. Venía el verano, sabíamos que disminuiría el número de contagios y pensábamos que las vacunas iban a hacer el efecto antes de que se diera un rebrote en otoño.

Si lo había, iba a ser menos intenso. A pesar de eso, en noviembre formulamos distintos escenarios con proyecciones para estar preparados. Nos planteamos tres escenarios: 3 mil contagios, 6 mil y 9 mil nuevos casos diarios, cosa que no pensamos que iba a ocurrir.

Trabajamos con proyecciones, hechos, datos. No tomamos medidas en base a lo que otras personas dicen. En la medida que nuestros datos fueron demostrando que esto iba al alza, seguimos una estrategia muy ordenada para irnos preparando para los muy posibles escenarios que se iban a dar. Lo nuestro no es solo un tema de tener una cama física; es que haya personal, que el equipamiento esté disponible y operativo para que todo funcione de manera adecuada.

Somos capaces de hacer proyecciones bastante precisas respecto a la evolución del requerimiento de camas a 7 días, y estirar eso hasta 14 días. Más es imposible. Tenemos esperanza de que el proceso de vacunación siga haciendo su efecto, hemos visto con cifras objetivas cómo ha ido decayendo la incidencia de contagios y de hospitalizaciones en los grupos mayores que son los que ya han recibido sus dosis completas. Y esperamos que en la medida que vayamos bajando la edad de vacunación, esos grupos sigan protegidos y por tanto empecemos a controlar de alguna manera esta pandemia.

Es evidente que ha habido un cambio en el comportamiento del virus, y si bien hay que hacer estudios más finos, uno podría atribuirlo a dos razones: que cuando este virus no encuentra a los huéspedes más susceptibles -que son los mayores-, empieza a atacar a los mas jóvenes; otra explicación sería que exista una variante distinta que es más contagiosa. Todavía no tenemos suficientes elementos para decir si es una o la otra.

Se han tomado todas las medidas restrictivas posibles. No existen otras. Aquí hay tres factores que son fundamentales en la existencia de un contagio: el virus mismo y sus características; la interacción entre persona y persona -mientras con más personas yo interactúo, más riesgo tengo de trasmitir el virus-; y las barreras físicas de contención. Estamos atacando el covid-19 con la vacuna (punto 1), hemos tratado de restringir o disminuir el contacto persona a persona -hay 17 millones de chilenos en cuarentena- (punto 2) y hemos puesto todos los métodos de barreras: distanciamiento social, mascarillas, lava manos. Por lo tanto, en la medida que seamos capaces de ir cumpliendo todas las medidas se tiene que ver una disminución. Ahora, cuándo veremos la luz es la pregunta del millón. Yo espero que de aquí a una o dos semanas baje el número de contagios progresivamente y subsecuente la demanda de camas críticas.

El año pasado, el covid-19 ocasionó el 20% de las muertes del país, muy poco menos que las enfermedades cardiovasculares en su conjunto y los cánceres. Una sola enfermedad ha sido responsable de una enorme cantidad de muertes. Y en este primer trimestre es la causa de muerte más frecuente, incluso comparado con estos dos grupos de enfermedades.

Cuesta enfrentarse con el mundo económico. Uno entiende esa necesidad de las personas, pero por otro lado uno está justamente para defender la salud y tratar de contener esto porque si no va a tener un costo a la larga que es mucho más grande: en vidas, en economía, en todo. En ese sentido soy de medidas como las que tenemos hoy, cortas pero más intensas.

Cómo ha sido el manejo de la pandemia por parte del gobierno es algo a lo que no me voy a referir, ni tampoco a las críticas que haya hecho la oposición.

***

Llego al Minsal alrededor de las 7:45 am. Lunes y jueves tenemos reunión en La Moneda con el Presidente, el ministro Paris, algunos ministros y subsecretarios para analizar la situación de la evolución de la pandemia con todos los elementos y antecedentes que hay, comuna por comuna. Esos datos están centralizados en el Minsal y se presentan en informes. Fuera de esto, mi trabajo implica todo el manejo de la red asistencial, la reunión con los 29 servicios de salud del país, el proceso de vacunación; el personal -hay 400 mil personas vinculadas a salud-, inversión e infraestructura en hospitales y Cesfam.

Soy casado dos veces, tengo siete hijos de los cuales solo vive conmigo el menor, todo el resto ya son grandes. Me gusta trotar, pero no tengo tiempo ahora y no me da la capacidad para levantarme a correr a las 6 am. Las levantadas temprano me han costado siempre. Hasta noviembre iba a todas partes en moto, hace 25 años ando exclusivamente en moto, no uso auto. Ahora no me dejan hacerlo por ser una persona pública. He tenido varios accidentes, aunque ninguno grave. Ando en una Yamaha Gran Turismo, con la que he viajado por Sudamérica, Europa, y por todo Chile. Cuando uno anda en moto no piensa en nada. Tengo un grupo de amigos con quienes salíamos los fines de semana a cualquier parte: Viña, Algarrobo, Farellones, La Ligua...

Cuando deje este puesto me quiero ir a vivir al sur. Tengo una casa en el lago Calafquén. Es una decisión que ya teníamos tomada con mi señora. Tengo 63. Lo pensaba para mi jubilación, pero siempre pensé que me iba a retirar antes. Así que probablemente de aquí me vaya para allá. Ahora que hay teletrabajo puedo hacer algo por ahí, ligado a la universidad, o volver a estudiar. He incursionado en la filosofía en estos últimos 5 años y me gusta mucho.

Al Presidente no lo conocía personalmente, a Enrique (Paris), en cambio, lo conozco hace 30 años. Ambos éramos profesores de la UC -yo estudié, me especialicé, fui profesor y director del hospital clínico ahí-; y ambos nos formamos en el mismo hospital en Bélgica en distintos momentos de la vida.  Cuando Enrique terminó la presidencia del Colmed se fue a trabajar conmigo a la Finis Terrae.

He estado en situaciones bastante complejas como médico, pero esto es lo más difícil que me ha tocado profesionalmente, de verdad que sí. Es como capitanear un buque en la mitad de una tormenta.
Es la primera vez que estoy en un cargo público y hay dos cosas que me han costado: la alta exposición es una, y segundo, que uno no responde por uno mismo, sino por una institución. Y eso a uno le quita ciertos grados de libertad.

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