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Lecciones de Vida

Boris Tocigl, piloto de helicóptero: “Siempre es recomendable hacer las paces antes de partir a volar”

Boris Tocigl, piloto de helicóptero: “Siempre es recomendable hacer las paces antes de partir a volar”

Por estos días el ingeniero en expediciones trabaja intensamente en el combate de incendios. Fue parte del equipo que contuvo el fuego que asoló a la zona de Requínoa. Aquí cuenta cómo su ánimo aventurero y su vocación de servicio se encontraron en el vuelo.

Por: Sofía García-Huidobro | Publicado: Sábado 8 de enero de 2022 a las 04:00
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Tengo 39 años y luego de cinco años como piloto de helicópteros, esta es mi segunda temporada combatiendo incendios. Ahora estoy en la base de Curacaví, desde donde hemos estado combatiendo el incendio de Rancagua-Requínoa, que partió el 24 de diciembre y se acabó poco antes de Año Nuevo.

En estos momentos trabajo como comandante de una aeronave AS 350 B3 de la compañía Air Lama, que se especializa en combate de incendios y que opera bajo una licitación otorgada por Conaf.
Extinguir un incendio se trata de un trabajo en conjunto, es como una sincronía de actores y elementos.

Solo con el helicóptero vas a ser poco efectivo. Son los comandantes de incidentes y jefes de brigada de Conaf los que te van indicando: “tira más agua hacia esa quebrada, haz un lanzamiento barrido o estacionario, concentra lanzamientos en el flanco derecho”. Te dicen lo que necesitan mientras ellos hacen cortafuegos y evalúan el desarrollo del incendio.

A veces hay muchos helicópteros en el mismo espacio aéreo. En el incendio de Rancagua éramos cinco helicópteros más dos aviones, en constante coordinación. Tiene que haber mucho criterio y rapidez en la toma de decisiones.

Creo que siempre he sido bueno para manejar situaciones de estrés. El nivel de concentración es máximo porque no tienes margen de error, si te equivocas puedes poner a alguien en riesgo. Hay que tener criterio y no tomar decisiones apresuradas, pensar ante todo en la seguridad.

Partí estudiando Ingeniería en expediciones y proyectos turísticos, me encantó la vida outdoor. Me fui a estudiar a Canadá porque allá estaba más desarrollado el tema y estuve en distintas partes del mundo realizando prácticas, trabajando  y viajando.

Volví a Chile el 2008, terminé la carrera de Ingeniería en expediciones en el Inacap y luego trabajé para distintos hoteles en la Patagonia, como Explora y Awasi. Incluso fundé mi propia empresa de consultorías y expediciones. Tuve que cerrarla en 2014 por un tema de flujo, me faltó liquidez.

Entonces me fui a vivir a Puerto Varas y a principios de 2015 entré a trabajar a Barraco Lodge en el Lago Tagua Tagua,Puelo, Cochamó. La idea era proveer a este lodge de un servicio de punta en cuanto a expediciones y sacarle el máximo de recursos al río Puelo: pesca, esquí, cabalgatas, bicicleta, entre otras experiencias.

Durante ese tiempo surgió también la oportunidad de meterme en operaciones de vuelo a través de la compañía hermana del lodge, Barraco Air, empresa pequeña de servicios de helicópteros que el dueño quería desarrollar.

Antes, durante los inviernos, fui voluntario de Patrullas de Ski de Chile, organización que se dedica al rescate en montaña. Se trata de una especie de cofradía y hermandad, un equipo muy cercano que presta servicio de patrullaje voluntario a los distintos centros de esquí. A mí me encanta esquiar y siempre he tenido vocación de servicio, descubrí este grupo y postulé.

Me gustaba la idea de devolver la mano a la vida y a las oportunidades que me ha dado. A lo largo de mi carrera he realizado diferentes cursos y talleres de rescate, supervivencia, navegación, logística, entre otros, entonces podía aportar.

El patrulla de ski es la primera persona en llegar al accidente y tiene que estabilizar al paciente para que pueda ser trasladado a Santiago. Cuando estaba ahí me picaba el bichito de ser uno de esos pilotos que llegan a puntos de difícil acceso y logran una evacuación tan rápida.

A través de Barraco Air se dieron las cosas y fui aprendiendo a volar en los diferentes escenarios de la Patagonia, en donde la adversidad meteorológica hace de esto una experiencia muy constructiva. Partí volando un helicóptero Robinson 44 y saqué mi licencia privada. Si eres constante, eso toma unos cinco meses.

Acercarte a una aeronave al principio es intimidante. Debes sumar horas de vuelo para sentirte más cómodo. La licencia privada requiere de 50 horas de vuelo, luego tienes que sumar otras 100 para adquirir la licencia comercial, además de pasar un nuevo examen. Ahí recién puedes empezar a cobrar honorarios por pilotear. Y a mayor experiencia, vas volando helicópteros más grandes y complejos.

En aeronaves de esta categoría personalmente me quedo con el helicóptero AS 350 B3. Es como un caballito de Troya. Puedes hacer de todo: reconfigurar la cabina para transportar tripulación, carga o camilla de emergencia, en 15 minutos. Es una nave sólida, con buena autonomía y gran capacidad de carga: puedes levantar un contenedor de 1.200 kilos o combatir un incendio cargando 950 litros de agua.

He tenido la oportunidad de operar y volar desde Puerto Natales hasta Santiago. Me he especializado principalmente en el territorio de la Patagonia Chilena, que es lo que más me apasiona. El verano pasado me llamaron porque el helicóptero que volaba en Barraco Air fue subcontratado por Air Lama Helicopters para prestar apoyo en el combate de incendios en Aysén y Magallanes. Necesitaban alguien que conociera la zona como la palma de su mano. Esa fue mi primera temporada de incendios.

Como los pilotos eran casi todos extranjeros, yo podía aportar mucho en navegación, logística y comunicaciones. Y ellos tenían habilidades de vuelo altísimas, tuve la oportunidad de volar con cinco pilotos diferentes y aprender mucho de cada uno.

A la empresa le gustó mi perfil y quedamos en contacto. Ellos me recomendaron que sacara licencia de piloto comercial en Estados Unidos. Aproveché el invierno y mis vacaciones e investigué una escuela súper buena en Oregon, EEUU. Mandé mi cv sin mucha expectativa, y quedé. Partí en julio de 2021 y estudié mucho. Entrené con instructores norteamericanos de muy alto nivel, di mis exámenes, me fue súper bien y volví a Chile con licencia de Piloto Comercial de Helicópteros de la FAA.

En septiembre del 2021 me salí de Turismo Barraco, porque quería seguir especializándome como piloto en equipos humanos. Ahora trabajo como contratista independiente para un par de empresas, lo que tiene bastantes ventajas.

Entre agosto y octubre está el control de heladas, y en ese periodo el 90% de los helicópteros de Chile prestan servicios a empresas agrícolas. Cuando baja mucho la temperatura, generalmente de madrugada, te avisan y tienes que salir a sobrevolar los campos para revolver el aire y evitar que los cultivos se quemen.

En noviembre-diciembre se activan los trabajos de carga externa como montaje de antenas, paneles solares, refugios, entre otros. Diciembre a abril sube la demanda de turismo: traslado entre hoteles, excursiones a pescar o a lagunas de difícil acceso, producciones o proyectos de cinematografía, sin duda esta es una de las áreas más entretenidas.

Entre diciembre y abril también atendemos la temporada de incendios. La demanda es cada vez mayor por varias razones: calentamiento global, sequía aguda, altas temperaturas, vientos cálidos. El año pasado fue más tranquilo por la pandemia, pero ahora hay más movimiento, y, por ende, más focos de incendios.

Actualmente estoy trabajando en el equipo de Air Lama Helicopters, que se dedica principalmente al combate de incendios. Es como estar en una escudería de la Fórmula 1. El equipo está compuesto por administrativos, mecánicos, conductores, ingenieros de vuelo, operadores, pilotos y una flota de seis helicópteros.

Durante las operaciones que requieren mayor nivel de concentración vas aprendiendo a mantener la cabeza fría en la toma de decisiones. Yo diría que ha sido una sumatoria de experiencias las que me han ido puliendo para manejar situaciones de estrés. Entras como en un trance, tienes que mantenerte tranquilo y alerta. Yo uso la respiración y voy murmurando lo que estoy haciendo y pensando en los próximos dos o tres pasos adelante.

Es muy importante estar en paz con los otros elementos que te rodean. El tema de la familia para mí es fundamental, necesito estar en armonía con mi señora que me apoya 100%, mis papás, mis hermanos, mis amigos. Ellos se llevan una parte bien sacrificada, porque se preocupan.

Tener presente que cuentas con el apoyo de la gente que te quiere, es una tremenda motivación. Si tienes una pelea, siempre es recomendable hacer las paces antes de partir a volar. Para estar en paz, y volar tranquilo y sereno.

El incendio es uno de los escenarios más demandantes y dinámicos. Son muchos actores trabajando en sincronía para un fin común. Y muchas variables con las que tienes que estar lidiando: de dónde viene el viento, con qué intensidad, la cantidad de combustible disponible, qué temperatura hay, la densidad de altitud a la que estás trabajando, cuánta agua puedes cargar. 

En las mañanas por lo general intento llegar temprano para hacer mi pre vuelo con tranquilidad, le hago cariño al helicóptero. Lo limpio, lo saludo, lo reviso bien. Algunos se ríen, pero soy de la opinión de que si tú cuidas a las aeronaves, ellas te van a cuidar a ti y te responderán cuando las necesites llevar al límite. Hay que prestar atención a cualquier detalle, atender cada señal como prioridad.

En algún minuto me gustaría tener una operación junto a un buen socio. Creo que la calidad humana de un equipo es la clave del éxito. Quizás formar una empresa y entregar servicios que ayuden a la comunidad, ya sea a través de rescates, incendios o expediciones. También me encanta el turismo, los deportes y la cinematografía, la naturaleza y conservación.

Algunos de mis hitos como piloto de helicóptero han sido realizar la evacuación de 45 personas atrapadas en el fiordo de Aysén durante un temporal, realizar un operativo para siete personas en el Glaciar Steffens para Onemi y participar del combate de incendio en el límite del Parque Nacional Cerro Castillo.

Las misiones con sentido me apasionan: instalar una carga con paneles solares en una comunidad sin electricidad para que las familias puedan tener comunicación. Y combatir incendios, que es una problemática real, donde puedes ayudar desde lo ecológico hasta evitar que se quemen viviendas y bosques. Creo que si tienes las habilidades y puedes hacer algo al respecto para ayudar a quienes te necesitan, es mucho más reconfortante que quedarte de brazos cruzados. 

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