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Lecciones de Vida

Carmen Phillips, ex consejera regional de La Araucanía: “No he llorado. Ni en ese minuto, ni después. Pero temo por mi vida”

Carmen Phillips, ex consejera regional de La Araucanía: “No he llorado. Ni en ese minuto, ni después. Pero temo por mi vida”

La ex core de La Araucanía, cuenta cómo ocurrió el atentado que sufrió la semana pasada, que terminó con su casa en Perquenco incendiada. “Tengo miedo porque además, al día siguiente del ataque iba en la calle y me dijeron ‘ahí va el enemigo’”.

Por: María José Gutierrez | Publicado: Sábado 22 de octubre de 2022 a las 04:00
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Tengo 70 años y vivo sola con mi nana Marina, que tiene 61. El miércoles 12 de octubre llegué a mi casa en Perquenco, Lautaro (Región de la Araucanía), a las 10 de la noche. A las 12 me acosté. Venía viajando una hija mía e iba a llegar a las 5 de la mañana para poder ir a un velorio aquí el jueves. Siento un ruido tremendo, me levanto pensando que era ella, salgo en camisa de dormir, abro la puerta de mi galería y ahí me encuentro con que venía Marina encañonada acompañada de ocho de estos compadres encapuchados todos provistos de armas, entre pistolas, metralletas y fusiles. Habían ido a su pieza, la despertaron con un foco en su cara y la pistola en la sien y partieron con ella hacia adentro de la casa. Me dicen ‘ya vieja…’ y todas las cosas habidas y por haber. Y me encañonan. ‘¡Donde están las armas!’, preguntaban. Realmente temimos por nuestras vidas. Pensé ‘hasta aquí llegué’. Eran las 2:20 de la mañana.

Yo tenía dos miserables armas: un revólver calibre 22 y otro calibre 32. Los heredé de mi mamá y estaban inscritos. Teóricamente eran para defendernos, así es como se vive aquí. Supongo que las encontraron porque descerrajaron todo y estaban en una caja. Ellos destruyeron todo: dieron vuelta los clósets, cajones, colchones, la cocina. Andaban con un combo de fierro -con el que se martilla- y con eso frente a mí rompían los vidrios. No decían nada de la causa mapuche, solo querían destruir. Eran jóvenes, ninguna mujer, todos vestían ropa negra y botas negras. Uno de ellos tenía un rostro muy claro con los ojos bien redondos. A él yo me quedé mirándolo, inconscientemente diciendo ‘grábate esta cara, estos ojos’. Y había un jefe que dijo ‘ya nos estamos demorando mucho, vámonos’, mientras el resto rompía y echaba el acelerante. Cuando prendieron fuego, ya tenían las ventanas rotas para que esto se inflamara de inmediato.

Nos sacaron de la casa a empujones, yo traté de poner algo de resistencia pero me pegaron dos culatazos. Mi nana con una fortaleza enorme les dice ‘déjeme ir a buscar las zapatillas de la señora’ y me trajo también una parka.

Nos sacaron a 20 mts de la casa, nos sentaron en una banca. Dos de ellos se fueron a mi camioneta, abrieron puertas, tiraron acelerante y empezó a arder de inmediato. Después gritaron: ‘el tractor’, con otro combo lo golpearon, pusieron acelerante y prendió. Y a continuación se encendió un estanque de mil litros de petróleo que yo tenía.

Nos hicieron caminar hacia el norte por un camino, ellos se fueron al oriente por unos potreros y cuando ya se iban la casa estaba totalmente en llamas. Vi que mi casa explotaba. Mis hortensias, mis rosas… está todo destruido, no queda nada.

Dejaron un lienzo reivindicando la causa mapuche. Cuando se fueron fuimos a pedir ayuda a la casa de uno de mis empleados que vive en el campo: tengo animales de engorda y también crianza. Llama al 133 y da aviso del atentado. Los bomberos llegaron a la media hora y Carabineros a las dos horas y media porque no pueden ir a un evento terrorista a menos que estén acompañados del COP, el grupo asignado a estos atentados. Y ese COP estaba en Temuco, yo vivo a 55 kms de Temuco. Entonces esperaron que llegara el COP para poder ingresar.

***

No habían atentado a ningún vecino, sí habían pasado por fuera de mi campo gente en bicicleta grabando desde el camino rural. Yo siempre pensé que estaba muy expuesta. Me mandaron un mensaje hace un tiempo -cuando le quemaron el campo a Carolina García en Lautaro- que decía: ‘te deben estar temblando las nalgas porque vamos a recuperar tu tierra’. Cuando lo recibí, le comenté a mis hijas, tratamos de averiguar, pero no pasó nada. No di aviso a Carabineros, no sé si por miedo, tal vez por hacerme la chora porque yo siempre dije ‘¡que vengan! Pero que vengan a rostro descubierto’. Yo pensé que me podían tomar el campo, pero no quemar mi casa.

No he llorado. Ni en ese minuto, ni después. Pero temo por mi vida, estoy en Temuco en un departamento que me prestaron.

Yo creo que esto va más allá. En el comunicado que mandaron (el Movimiento de Liberación Nacional Mapuche) a las radios dicen expresamente que esto es contra la familia Phillips, ‘acérrimos partidarios de la derecha golpista’; que mi papá estuvo metido en el gobierno militar ¡cosa que no es cierta! Dicen también que yo como Core asigné recursos y no me preocupé de la ‘causa mapuche’; y que estamos usurpando tierras que pertenecen a las comunidades.

Hace cuatro o cinco años, cuando estaba el ministro Alfredo Moreno en Desarrollo Social y Andrés Chadwick en Interior, una comunidad que está al lado mío llegó con su familia a las 6 de la mañana un 6 de febrero y me pusieron banderas y marcaron unos pilares. Yo salí a conversar con ellos y se fueron pacíficamente. Hace poco, este año, fui a hablar con ellos y le pregunté al lonko por qué habían hecho eso. Yo no le temo a esa gente porque llegaron a rostro descubierto. Me dijo ‘señora Carmen, en esto hay ciertos jóvenes’. Fue muy cortés la conversación, nada que ver con estos energúmenos.

Este campo fue de un señor llamado Nicasio de Toro. A él se lo compró mi bisabuelo hace 200 años. Esto era selva, mi bisabuelo y mi abuelo limpiaron todo el terreno (son 600 hectáreas). Mi abuelo Cristóbal Sáenz no solo fue el primer senador del Frente Popular, sino que además fue el primer productor de trigo de Sudamérica. En esa casa pasó mucha gente, don Jorge Alessandri alojó ahí para su campaña. Estas tierras nunca han sido merced de alguna comunidad.

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Vino el subsecretario Manuel Monsalve, me brindó todo el apoyo, me dice que recurra a la oficina de reparación de víctimas, pero ellos no asumen que es un atentado terrorista. Me llamó la subsecretaria Ana Lya Uriarte, me dijo que solidarizaba conmigo, que lo encontraba terrible, que conocía a mis padres… palabras de buena crianza solamente.

RN presentó una querella y como familia estamos viendo qué haremos. Yo nunca he tenido malas relaciones con mapuches. No he recibido ninguna información de la fiscalía o PDI, no tengo ni siquiera el informe de Bomberos. No sé quiénes son los que atentaron en mi contra.

Tengo miedo porque además, al día siguiente del ataque iba en la calle y me dijeron ‘ahí va el enemigo’.

Por el momento no volveré a vivir allá. La casa es irreconstruible. Pero voy a seguir con mi actividad agrícola. No me voy a retirar. Ahora, tengo mucho dolor en el alma”. 

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