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Lecciones de Vida

Empresarios de Viña del Mar relatan su odisea con el fuego

Empresarios de Viña del Mar relatan su odisea con el fuego

El empresario Eduardo Dib describe los estresantes momentos en que tuvo que operar directamente la red de incendio de Sodimac para que no se quemara su negocio. “Tres horas luchando contra el fuego”, dice, hasta que llegó la ayuda de su amigo, el presidente de Carozzi Gonzalo Bofill . “Nos salvó”, revela. Por su parte, Alejandro Hormaechea, socio de Suzuval, también cuenta su testimonio del siniestro.

Por: Azucena González | Publicado: Viernes 9 de febrero de 2024 a las 08:02
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Somos viñamarinos. Yo soy primera generación acá, pues mi padre, Eduardo Dib Hauatt, llegó a los 12 años de El Líbano. Los cuatro hermanos estudiamos en el colegio Mackay y la UAI. Tres -Cristián, Marcelo y yo- nos dedicamos al negocio de las alfombras, Dib Carpet & Home. Flavio, el cuarto, tiene las carteras Ámphora y la marca de ropa española Scalpers. Nosotros importamos alfombras y productos para el hogar y distribuimos en el país, Argentina, Perú, Colombia y México. Nuestro centro de distribución está en El Salto. Soy el gerente general.

Tengo que dar infinitas gracias de haber estado (durante el incendio) en el lugar adecuado, en el momento adecuado, con las personas adecuadas. Estaba con mi hermano Marcelo Dib, mi yerno Gonzalo Barrientos y mi amigo Juan Pablo Scarella en nuestro centro de distribución. Entre los cuatro pudimos parar el fuego. Nos hubiéramos demorado media hora más y ya no hubiéramos estado. El recinto contiene toda nuestra historia, vivencias, triunfos y derrotas de mas de un siglo de historia familiar.

“El centro de bodegaje de Uno Norte desapareció, no quedó nada”

El viernes (2 de febrero) en la tarde estaba en el matrimonio de la diputada Chiara Barchiesi. Al salir, era tal la nube de humo en Viña, que me preocupé y traté de llegar a nuestra empresa en el barrio industrial de El Salto. Lamentablemente había tal taco y congestión que era imposible.

A la medianoche me vine aquí a la empresa. Nosotros estamos al comienzo de la calle Limache, frente al Colegio Alemán. Y el fuego estaba de la ruta Las Palmas, desde los puentes gemelos, hacia el oriente. Tomé las medidas de seguridad, hablé con el guardia, pero nunca pensé que podía llegar a nuestra empresa. No se me pasó por la cabeza. Dije: ‘Estamos demasiado lejos, a más de dos kilometros’.

Sin embargo, al otro día, el sábado, a las 2 de la tarde, supe que estábamos en problemas. Tenemos un centro de bodegas en Uno Norte, y me cuentan, a las 14:30, que había quedado arrasado por el fuego. Es un centro relativamente grande. El fuego venía del Jardín Botánico, de ahí atacó a una barraca y a un depósito de Abastible contiguo a nosotros, que se quemó completo y explotaron los balones de gas.

Muchas de las explosiones que se sintieron eran de ese depósito. Varios tubos de gas salieron disparados como proyectiles hacia nuestra bodega. En muy poco rato se quemó todo, cerca de 5.000 metros cuadrados de bodegas, un poco antes de empezar a subir Limonares. El centro de bodegaje de Uno Norte desapareció, no quedó nada.


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 El incendio en Sodimac y la llegada del carro de Gonzalo Bofill

Gonzalo Bofill mandó una bomba de Carozzi para ayudar a Dib en su combate contra las llamas

A las 15.00 vinimos a la planta central, ubicada frente al Colegio Alemán, en El Salto. Y entre el Colegio Alemán y el Estero ya había brotes de fuego, como tambien en nuestros vecinos de Sodimac. La gente había abandonado ese recinto, que había comenzado a encenderse en dos partes. Si se incendiaba -con la madera, pinturas, con todo lo que hay adentro-, no había ni una posibilidad que nos salváramos.

Así que nos metimos a Sodimac y operamos su red de incendio para poder apagar lo que estaba atacando sus instalaciones. Estuvimos como tres horas rociando con las mangueras de alta presión, hacia el Troncal Sur, hacia los vecinos de Sodimac. Y a eso de las 19:00, Gonzalo Bofill (presidente de Empresas Carozzi) me mandó una bomba de Carozzi. Ellos tienen una.

Él es un muy amigo mío y me había estado monitoreando. Sabía que el fuego estaba en El Salto y que estábamos en problemas. Durante el día anterior me estuvo llamando y también me llama cuando yo estaba apagando el fuego en Sodimac. Y yo le digo ‘no te puedo contestar porque estoy desesperado, estoy tratando de apagar’. Me dijo ‘lo que quiero es la ubicación, dónde están exactamente en este minuto, porque te voy a mandar el carro de bomberos de Carozzi’.

Tres horas luchando contra el fuego. Nunca me había tocado hacer una cosa así. Juro que estábamos estresados, porque sentíamos que en cualquier minuto se nos podía escapar el fuego y llegar a nuestro recinto. Así que cuando llegaron los bomberos de Carozzi fue una emoción fuerte, que venía alguien a ayudarte, a acompañarte. Porque los bomberos normales no te iban a ayudar, estaban en las llamas combatiendo. Y tienen toda la razón. Gonzalo Bofill se portó maravillosamente. Nos salvó, Con ellos y su carro bomba rociamos todo el perímetro,.

Un tema que fue crítico es que se nos comenzó a quemar una de las palmeras que dan hacia el Troncal Sur. Las palmeras son una verdadera antorcha, tienen tanto material seco adentro, que cuando viene el viento, salen las brasas encendidas. Logramos también apagar la palmera. La suma de haber apagado Sodimac y la palmera, y que hayan parado el incendio del Colegio Alemán, permitió que nos salváramos.


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“No tenemos pérdidas de vidas”

No tenemos pérdidas de vidas. Dos de nuestros trabajadores han perdido sus casas, y vamos a ayudarlos a recuperarlas. Aquí trabajan unas 80 personas en este recinto. Hay gente que no ha podido llegar.

A mi juicio, el Gobierno y la Fuerzas Armadas erradamente colocaron el toque de queda hasta las 10:00. Provocó unas congestiones gigantescas. Porque no es lo mismo colocarlo a las 06:00 AM, cuando se empieza a desplazar la gente en la medida que van cumpliendo su horario, a juntarlos a todos y acumularlos a una hora tarde. Esto impidió el paso de los bomberos al dia siguiente. Yo veía cómo las bombas quedaban en los tacos.

Nosotros ya estamos trabajando, no a plena capacidad, porque es imposible, pero estamos trabajando, despachando camiones. Tenemos una merma en personal con los que no pudieron llegar, pero creemos que se va a normalizar. Tenemos que cuidar los empleos. Tratar de levantarnos.

Viña no tiene otro polo económico de esta magnitud. Era un lugar fantástico. Cerca del centro de la ciudad, cercano a las carreteras. Viña se merece tener un desarrollo industrial.

 “El terremoto quiebra, pero no destruye completamente como fue esto”
Yo nunca había visto una destrucción como esta en mi vida. Es absolutamente dramático. Pérdida de vidas y en lo material, gente que se les quemó su empresa completa o gran parte de ella. Otros se defendieron. Pero mucha gente acá quedó dañada.

Parte importante del patrimonio económico de la ciudad se ha dañado. Eso es muy malo para el empleo. Es primera vez que vivo algo así. Ni siquiera para el terremoto del 27 F, que fue gigantesco, duro y doloroso. El terremoto quiebra, pero no destruye completamente como fue esto. Miles de hogares destruidos. No hay nada que recuperar. Ni un mueble, ni una ropa, ninguna cosa. Esto es tremendamente más devastador que un terremoto.

Ese día creo que eran 27 - 29 grados, lo que es absolutamente excepcional. Nosotros tenemos vaguada costera y eso hace que el clima se tempere. Pero es muy extraño. Porque esto no partió a pleno sol. Esto partió tipo 10:00. Lo sé porque yo tenía una reunión a las 11:00 en Valparaíso y ya teníamos una nube negra gigantesca sobre Viña del Mar y Valparaíso. El incendio partió muy temprano en la mañana, cuando no hay condiciones atmosféricas”.

Alejandro Hormaechea, socio de Suzuval: 

“Ardieron los 95 autos, se quemaron por completo. Uno ve las llantas que son de aleación. Se derritieron enteras. Quedaron como una poza de agua y el auto apoyado en sus discos de freno. Todo destruido. Una cosa impresionante”, relata el empresario que perdió el taller que tenía en El Salto, el cual piensa levantar de nuevo. “No hay tiempo para choquearse. Hay que ocuparse”, plantea.

Soy socio de Eduardo Kovacs en Suzuval. Partimos en Valparaíso con la marca Suzuki y en la medida que fuimos creciendo fuimos tomando todas las marcas que nos fue dando Derco, hoy Inchcape. Fuimos creciendo. Después de Valparaíso, nos instalamos en San Antonio, Viña, La Calera, Concón, Illapel. Tenemos siete concesionarias.

Acá en El Salto teníamos el departamento de desabolladura y pintura, se abrevia DyP. Fue construido hace como siete años atrás. Era una inversión no menor, alrededor de US$ 2 millones. En ese entonces se importaron estos hornos de Italia para hacer un servicio especializado. Aquí hay gente muy especializada. Estos talleres son muy profesionales, pero a su vez tienen una parte muy artesanal, porque la profesión de desabollador la hace un artesano, que logra que un auto quede lo más parejo posible e impecable. No hay cursos, no existe una universidad donde uno pueda ir a estudiar el taller de pintura. Esto viene heredándose y aprendiéndose de los grandes maestros. Y eso es lo que tenemos que cuidar hoy día, porque nos quedamos con 40 o 50 empleados sin trabajo.

“Se quemó todo, todo, todo. No quedó nada, nada, nada”

Esto partió el viernes (2 de febrero), el incendio comenzó primero en Peñablanca, en varios focos, pero no estaba en El Salto. A través de los cerros se fue trasladando con el viento. Nosotros estamos ubicados en la calle Limache 4021, debajo del puente del Troncal. Están las bodegas Bodemar, viene después Suzuval y está Indura; y lamentablemente tiene que haber caído alguna pavesa, algo con fuego en el techo, y por ahí partió el incendio. Y como todos los bomberos en ese minuto estaban tratando de salvar vida humana, no fueron a El Salto en esa oportunidad.

Yo estaba en el sur, de vacaciones en el lago Caburga, y me vine apenas pude. Tomé el primer avión, llegué el sábado, y lamentablemente cuando llegué en la tarde, fue cuando explotó Tricolor. Entonces, no nos dejaron pasar. Así que el domingo, a primera hora, me apersoné en el taller. Y ahí me di cuenta de la magnitud de la catástrofe que nos pasó.

Esto se quemó como quien tiene 95 autos metidos dentro de un horno en la casa. Ardieron los 95 autos, se quemaron por completo. Estaban esperando repuestos, cambios de parachoque, de tapabarros, puertas. Se quemó todo, todo, todo. No quedó nada, nada, nada. Una cosa impresionante.

Es como que hubiese caído una bomba. Uno ve las llantas que son de aleación. Se derritieron enteras. Quedaron como una poza de agua y el auto apoyado en sus discos de freno. Todo destruido. Una cosa impresionante.

“Tenemos que tratar de no despedir a nadie”

Afortunadamente todos evacuaron. No tuvimos ningún herido ni muertos en la empresa. Sí tenemos varios damnificados, alrededor de 11 personas. Estamos tratando de ayudarles en todo.

Lo peor de todo es que nosotros perdimos una fuente de trabajo, que es lo más importante. Cuánta gente quedó sin trabajo aquí. Quedaron 60 personas sin trabajo, y tenemos que tratar de no despedir a nadie. Reubicar a las personas. Nos debemos a las personas, a nuestros empleados.

El taller vamos a levantarlo, y tratar de hacerlo incluso mejor. Ahí mismo. Esa es la idea.

“No me atrevería a culpar a alguien”

Personalmente pienso que son cosas fortuitas que lamentablemente están pasando. Hay informaciones que uno no sabe si son reales o no, que en el fondo son personas pirómanas, que hay política metida de por medio. Pero no me atrevería a culpar a alguien. Las redes sociales, WhatsApp, dicen que hay gente que está detrás de todo esto, pero en el fondo no está claro.

Indudablemente que tiene que caer toda la fuerza de la ley a las personas que producen esto. La gente tiene que tenerle miedo a la ley para que todo resulte. Si a usted lo van a meter 20 años preso por un incendio o una fogata donde no debe, evidentemente nadie va a hacer la fogata. Hoy día la delincuencia está desproporcionada.

“No hay tiempo para choquearse” 

Hemos vivido los terremotos; nos hemos visto perjudicados con la pandemia; la delincuencia que hubo en octubre, que nos rompieron los locales. Yo creo que esto ha sido lo más duro, perderlo todo en el taller. Hay que mirar para arriba y tratar de pararse nuevamente.

No me muevo de acá. Voy a ir a buscar a mi familia, que la dejé en el sur, y me devuelvo. Uno no puede estar choqueado, tiene que seguir para adelante nomás. Hay una responsabilidad empresarial respecto a la gente que uno tiene, son familias detrás, y no puede fallarles. No hay tiempo para choquearse. Hay que ocuparse y sacar las cosas adelante. Ver dónde podemos reinstalar a la gente, si podemos arrendar otro local para poder seguir funcionando.

“Estamos conversando con los clientes, enviándoles una carta”

Tenemos seguro, por supuesto, pero aquí empieza el factor tiempo. Es un tema de fuerza mayor. Tenemos que hacerle entender a los clientes que tengan paciencia y que vamos a llegar a buen término.

Lo que nosotros más recomendamos hoy es que el cliente haga su denuncia en su compañía de seguros, de manera que ésta le pague el auto y su compañía nos cobra a nosotros, a nuestra compañía, porque eso va a ser mucho más rápido.

Estamos conversando con los clientes, enviándoles una carta, explicándole todo esto y recomendándole que lo mejor es que active su seguro para que todo sea más rápido. Y la verdad es que todos los clientes nos han estado apoyando. Hubiese preferido que hubiesen sido autos nuevos y no autos de clientes. La gente igual está encariñada con sus autos.

“Lo más importante son estos créditos blandos para poder pararnos nuevamente”

Yo creo que para poder ayudar a los empresarios, lo más importante son estos créditos blandos, ese tipo de cosas para poder pararnos nuevamente y salir de esta situación. Están los seguros, pero a la gente hay que seguirle pagando los sueldos y seguir funcionando.

¿La pérdida? Como de $4.200 millones. Estamos tratando de juntarnos y ver cómo nos puede ayudar el Gobierno”.

 

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