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Lecciones de Vida

Jaime Fillol: “Recuerdo mucho más mis fracasos que mis triunfos”

Jaime Fillol: “Recuerdo mucho más mis fracasos que mis triunfos”

El extenista profesional, que ganó 6 títulos ATP y llegó a ser 14 del mundo, habla aquí de su duelo tras la muerte de su mujer Mindy, su visión del deporte y su nieto Nicolás Jarry.

Por: Emilia Palacios | Publicado: Sábado 31 de julio de 2021 a las 21:00
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Éramos ocho hermanos, han muerto dos. Mis padres siempre nos promovieron hacer deporte, cualquiera. Con cinco hombres dando vuelta por la casa, lo único que querían era que saliéramos a entretenernos. Tenían un amigo, el tío Mario, que jugaba tenis y él nos enseñó. A los 12 años tomé una raqueta por primera vez.

Sigo practicando el deporte pero como hobby. Lo hago solo por gusto; dos o tres veces a la semana con familiares y amigos. Con Nicolás (Jarry), mi nieto, no juego hace tiempo. ¡Imagínate lo que es jugar con él hoy día! Es muchísimo mejor que yo. Yo quedé en la leyenda.

El tenis es un deporte muy físico que se va desarrollando. El chiquillo (Nicolás) va creciendo y en la medida que se va poniendo cada vez más fuerte y firme físicamente, va jugando mejor. No es que haya mejorado sus golpes o que esté entendiendo mejor el tenis, sino que al ponerse más fuerte y rápido puede generar mejores jugadas y va dominando el partido.

Es verdad que las condiciones técnicas de las canchas, pelotas y raquetas se han modificado. Y también lo han hecho el conocimiento científico del entrenamiento, los apoyos, aportes y las oportunidades que reciben los tenistas. Pero, la esencia misma del tenis no ha cambiado. Eso es algo que yo trato de comunicarle a mis nietos y a todos quienes quieran escucharme. Pero no lo hacen.

En el fondo el tenis es un juego en donde uno tiene un adversario, que es también un compañero. No se puede querer eliminar al otro porque si lo logro, me aburro y dejamos de jugar. Siempre hay un momento en el partido donde uno de los dos ve una oportunidad y tiene la ventaja. Eso ha ocurrido siempre. Sucedió cuando era chico, después en mi época de profesional y ahora sigue pasando con los profesionales.

"En mi época se aprendía jugando"

Hoy día veo un exceso de entrenamiento y un abandono de la práctica del juego. Y lo que realmente demuestra si un tenista está avanzando o no, es si gana partidos. Que es totalmente distinto a la preparación que tiene, por el factor de juego. Un entrenamiento nunca va a poder replicar la situación de un partido; puedo ejercitar mis golpes, mi condición física y psicológica, pero lo que ocurre dentro de la cancha tiene poca relación con esas tres cosas. Es mucho más relevante saber jugar el partido. Siempre le doy este consejo a Nicolás, pero es difícil que me haga caso y confíe en un concepto que quedó en el pasado. Esa era la manera antigua de entrenar.

Resulta que los tenistas entran a la cancha y quedan solos. No hay nadie más. Soy yo contra el otro y en situaciones que no siempre son las que se esperaron que se iban a dar. En mi época se aprendía jugando. No necesitábamos a una persona que nos dijera “las jugadas se hacen así”. Echo de menos ver eso.

El saque y volea, por ejemplo, hoy casi no existe. El chico comienza desde pequeño a jugar y se da cuenta de que cuando sube a la red no le va tan bien. Hacerlo requiere mucha coordinación y para un niño es muy difícil cubrir un passing shot para un lado y luego para el otro, precisamente por su condición. Como le va mal en la red prefiere no subir, porque no le conviene y se queda atrás haciendo lo que le sale más fácil. En mis tiempos eso no era así.

Además de la metodología han cambiado las canchas. Ahora son todas parecidas y se está jugando a un nivel más o menos intermedio de velocidad. Un partido de tenis en pasto se parece mucho al que uno ve en arcilla, cemento o asfalto. Eso hace que hoy sea mucho más fome ver partidos de tenis. Está muy homogeneizado el deporte.

Si uno observa a jugadores que son realmente buenos, los más conocidos a nivel mundial son: Federer, Nadal, Djokovic. Los tres tienen un nivel superior al resto, y ya por muchos años. Eso debiera ser también un tema de análisis. ¿Cómo es que tres personas pueden dominar el tenis por 15- 20 años? Eso no había ocurrido nunca. Antes eran dos o tres también, pero duraban ocho años y se renovaban, porque venían otros que tenían las mismas cualidades que ellos y que estaban avanzando incluso a un nivel más rápido.

"Hoy día se aprecia demasiado el recurso científico"

Mi nieto Nicolás nunca se dopó. Eran minerales y vitaminas que estaban contaminadas, pero a un nivel bajísimo, que no significó ningún doping. Se le castigó porque apareció una cantidad de esa sustancia en su cuerpo, generando sospechas. Quedó con cero puntos y tuvo que partir de nuevo. Me dio mucha rabia lo que pasó con Nico, porque tengo plena confianza en él.

Si me preguntan qué falló en su sistema de entrenamiento, creo que fue esta cultura que presiona a los tenistas a hacer ciertas cosas. La ciencia está claro que contribuye, pero no hay que estar dominado por ella. Yo jamás tomé alguna proteína o esas cosas que ahora se incluyen en las dietas de los deportistas. Una vez me comí unas tabletas de sal que decían que eran buenas. Obviamente eso quedó demostrado después, que no. El exceso de sodio no es bueno para uno. Y después en los años ‘70 salió la Gatorade y eso sí lo consumí.

La dieta no te asegura nada y la condición física tampoco. Tú puedes jugar un partido cansado y ganarlo. El laboratorio es un laboratorio, y el partido es un partido. Son cosas totalmente distintas. Pero esa diferencia hoy día no está y se aprecia demasiado el recurso científico.

A Nico le gusta mucho el tenis y creo que tiene una personalidad de carácter fuerte que le permite no decepcionarse tanto cuando le va mal, ni volverse loco cuando le va bien. Tiene un buen equilibrio. Entonces, eso es valioso no solo para su rendimiento, sino que para su crecimiento personal. El tema de tener una mejor percepción puede ser una cosa que trabajar, que le generaría más tranquilidad.

Siempre he pensado que el tenis es un deporte que ofrece mucho aprendizaje. Pero también es duro y por eso no a todos les agrada. Practicarlo estimula cognitivamente a la persona, ya que es un juego. La palabra tenis es un derivado de la expresión francesa “tenez” que significa “tenga usted”, “tened”. Hasta en el nombre está el concepto de juego.

Es un deporte con mucha ética, cultura y tradición, lo que lo hace estéticamente muy bonito. Además, te ayuda a conocerte mucho. Yo descubrí cosas de mi personalidad en él. Veía que me gustaba y disfrutaba algo que a otros les ponía nervioso. Claro que algo de nervio tenía, pero era uno que me permitía salir a jugar. Esa diferencia de control me daba dominio de la situación y aunque suene exagerado para mí era rica esa sensación de jugar y tener el control del otro. Te permite también conocer tus debilidades, porque no puedes echarle la culpa al otro por cómo jugaste en la cancha.

Recuerdo mucho más mis fracasos que los triunfos. El más grande fue perder la final de Canadá 6-1, 6-0. Eso me remeció, me hizo aprender y averiguar. Tenía 30 años, fue el año 76. Al poco tiempo me topé con el tenista australiano Ken Rosewall y me acuerdo que le pregunté qué creía él que me había pasado. Su respuesta fue: “Jaime, no te preocupes lo estás haciendo bien. Tener estos desequilibrios son cosas del tenis”. Yo no entendí. Necesitaba una explicación y él me decía que no me preocupara, que eran cosas que pasaban. En esos tiempos prácticamente los entrenadores no existían, entonces los tenistas conversábamos entre nosotros. Nos preguntábamos y nos apoyábamos. Solo con el tiempo me di cuenta que era verdad lo que me decía el jugador estrella australiano.

El deporte no forma parte de la cultura chilena. El país no piensa en el valor y la importancia que ofrece el deporte. Está visto solamente bajo la mirada de lo que ocurre en la cancha. Incluso hasta los mismos deportistas están pensando nada más que en lo que ahí sucede. Y lo que en realidad pasa es gigante. Es una pena que en los colegios públicos apenas exista Educación Física.

En Chile no hay una estructura que le dé sustento al desarrollo del tenis. Si miramos el ATP de Chile hubo cinco años en que no se realizó. No se podía sostener porque no había público interesado en ver un campeonato. Y no existía porque ningún chileno tenía posibilidades de ganarlo. Dependemos de que alguien gane y tanto el público como las marcas se olvidan de todo el beneficio que entrega el deporte y de su real objetivo y razón de ser. Si no hay un programa que produzca estabilidad en el deporte en Chile, éste no va a crecer. El desarrollo debiese ocurrir independiente si hay un Chino Ríos o un Fernando González.

La pandemia ha sido cansadora. Dirijo la carrera de entrenador deportivo en la Universidad Andrés Bello, y hacer las clases por Internet me genera bastante nervio. Enseñar en línea me ha ayudado a buscar otras maneras de atraer el interés de mis estudiantes. Creo que eso me va a beneficiar cuando volvamos a lo presencial. Muestro videos, los analizamos y los discutimos, algo que no hacía con frecuencia antes.

"Me fui acostumbrando a que en muchos momentos ella no estuviera"

Con todos mis hijos todavía juego tenis y me entretengo. Con Mindy (su mujer, recién fallecida) no lo hacía mucho. Cuando jugábamos me decía: “Jaime, no me hagas correr… tíramela normal nomás, no me hagas sufrir”. Desde su muerte he estado bien, aunque la echo mucho de menos. Pero he estado acompañado y rezando harto. Como familia siempre fuimos de ir a la iglesia.

La despedimos en una misa con un aforo de 20 personas. Solo los hijos y nietos estaban ahí. Y además conseguimos que el sacerdote abriera el salón parroquial y transmitimos por internet la ceremonia para que fueran otras 20 más.

Han pasado cuatro años desde que empezó a estar en cama. Y anterior a eso pasaron otros cuatro años más. Desde el 2013 al 2016 no sabíamos qué era lo que tenía, aunque igual no sacábamos nada sabiéndolo porque no había tratamiento para su enfermedad. El 2016 nos dieron el diagnóstico. Se llama parálisis supranuclear progresiva. Dicen que hay más casos, pero no es muy común.

Ella estaba bien de cabeza y se daba cuenta de todo. Lo que le fallaba era la musculatura. Dejó de mover primero la cara, luego la boca, la mandíbula, el cuello, los ojos. Y así sucesivamente hasta que se quedó en cama. Hace como año y medio que no hablaba. Al principio podía escribir, después dejó. Durante el último tiempo, le hacíamos una pregunta y si era positiva ella nos apretaba la mano. Tenía su manera de comunicarse.

Ciertamente nos da paz ver que ahora ella está mejor en el cielo. Nuestra fe nos dice que para allá vamos y tenemos que tener una mirada de ir en esa dirección. Mindy murió acá en nuestra cama el 8 de julio. Sabíamos que iba a pasar, pero no cuándo. En la casa se hablaba de la muerte como hace ya dos años. Había bastante humor. Las niñitas le decían: “¿qué te vas a poner?, ¿cómo quieres que te enterremos?, ¡no puedes ir con esa tenida!”. También hace un tiempo atrás miraban cosas y les pegaban post it para heredarlas.

Supimos que ya no tenía vuelta atrás cuando dejó de alimentarse. Tuvo que parar porque le daba neumonitis y la comida junto a la saliva le generaban infección. Eso no le daba mucho tiempo más de vida. Diez días o dos semanas como máximo. Esos últimos días mis hijas venían a la casa, le registraban la ropa y le preguntaban si se podían quedar con las cosas.

El proceso de echar de menos, yo ya lo estaba viviendo, porque hace tiempo que no podíamos hacer cosas juntos. La última vez que salimos de casa fue cuando fuimos a tener su diagnóstico en 2016. Al año siguiente todavía se movía, pero tuvo una caída en la calle cerca de donde vivimos, se fue al hospital y no se levantó más. Me fui acostumbrando a que en muchos momentos ella no estuviera.  

Fue muy lindo que para su muerte alcanzara a llegar mi hijo que vive en Nicaragua. Nico, lamentablemente, no alcanzó.

Estoy muy contento de que en un par de meses seré bisabuelo. Creo que es súper bueno que Nicolás sea papá y tenga una familia, porque el hecho de estar viajando y jugando no debiese postergar eso. Estuvimos festejando la noticia con champaña en un Zoom. 

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