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Lecciones de Vida

Valentina Correa: “Perdí a mi padre y ahora estoy perdiendo el terreno por el cual lo mataron”

Valentina Correa: “Perdí a mi padre y ahora estoy perdiendo el terreno por el cual lo mataron”

Han pasado 15 meses desde que el empresario Alejandro Correa murió asesinado en la puerta de su casa en Viña del Mar. Una de sus tres hijas, Valentina (33), aún espera que los implicados sean condenados y que el Estado desaloje el terreno que su padre tenía en Quilpué.

Por: Marcos Sepúlveda Loyola | Publicado: Sábado 30 de octubre de 2021 a las 04:00
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Ha sido un absurdo, tienes que aprender a vivir con el dolor de no tenerlo. Aún tengo su número guardado y a veces me dan ganas de llamarlo, pero me acuerdo de que ya no está. 

Siempre fui muy cercana a él, hacíamos retiros espirituales juntos, compartíamos el amor a la naturaleza, tenía las contraseñas de sus correos, hablábamos día por medio, siempre me apoyaba en mis decisiones, aunque no estuviera de acuerdo.

El día antes de su muerte (18 de mayo de 2020), nos juntamos por Zoom a tomarnos un pisco sour. Al otro día a las 9:00 de la mañana recibí un llamado en el que me contaban que un hombre le disparó en la puerta de la casa.

He intentado comprender tanta maldad. Esa bala dividió el tiempo en dos, he tenido que integrar a mi vida el dolor de la muerte y enfrentar un proceso judicial para esclarecer su asesinato. El duelo ha sido una lucha constante. 

Los primeros peritajes dieron con que una persona había contratado un sicario para matar a mi padre. La palabra sicario me resulta tan ajena, no puedo comprender cómo existe tanta maldad. 

Es tan ilógico, ya que él no tenía enemigos, pero hay gente que soluciona problemas eliminando personas. Es el caso de Renato López, quien contrató a Víctor Gutiérrez Londoño, alias “El Parce”, para concretar el crimen. Él es vecino de mi papá en el terreno de Quilpué y había tenido un par de problemas porque éste se apropió de dos hectáreas del terreno y mi papá lo demandó. A López le molestó y la manera más fácil que encontró fue encargar su muerte. Ambos hoy están en prisión preventiva.

El terreno de la discordia 

Mi papá compró en Quilpué un terreno de 12 hectáreas, a finales de los años ‘90, para inversión. Éste ha cambiado en varias ocasiones de uso de suelo, menos por uso habitacional, por lo que le fue muy difícil venderlo. Regularmente iba a visitar el sitio, nunca estuvo en situación de abandono. 

En abril de 2020, dos semanas antes de ser asesinado, se enteró de que un grupo de personas se estaba tomando los alrededores del terreno. Decidió ir al sector para conversar, ahí se encontró con Luis Alarcón quien fue muy empático con él, recorrieron juntos el lugar y le ofreció cercar el paño para que no se tomaran el sitio de mi padre, cosa que no sucedió. 

Alarcón se autodenomina “asesor de tomas”. Después de la muerte de mi padre loteó el terreno y se construyó una casa de dos pisos en medio del lugar. En el sitio de mi padre puedes encontrar casas prefabricadas, algunas tienen paneles solares, hay pequeñas empresas constructoras realizando casas en el sector. Esto no es un campamento improvisado ni precario. 

No puede ser que mi familia, a 15 meses del hecho, aún no recupere el terreno. El escenario que tenemos hoy es que perdí a mi padre y estoy perdiendo el terreno por el cual lo mataron. Es una muy mala señal para el resto de los ciudadanos.

Ya perdí lo más importante de mi vida: mi padre. Para mí el terreno más que un bien material, representa justicia. La devolución de éste es la posibilidad que tiene el Estado de reparar, restituir el estado de derecho y que esto no se vuelva a repetir. 

Espero que las autoridades respondan y realicen una desocupación pacífica y ordenada, lo que menos quiero es que ese terreno traiga más dolor para las personas. 

Ineficiencia de las autoridades

Me he reunido con el ministro de la Vivienda, Felipe Ward; con el Subsecretario de Interior, Juan Francisco Galli; con el Delegado Presidencial de la Región de Valparaíso, Jorge Martínez; y el próximo jueves me junto con el Subsecretario de Interior nuevamente. Todos han sido bastante acogedores y empáticos, pero no han ejercido sus atribuciones. 

Siento que están perdidos, que no han sido transparentes conmigo y que han jugado a que yo me canse. Con algunos me he reunido en más de ocho oportunidades, han sido meses de conversaciones, acuerdos que no llegan a nada, y que afectan el duelo que uno está llevando.

He perdido lo más importante de mi vida, así que prefiero que el gobierno me diga en la cara que no va a ejercer sus atribuciones para que yo recupere el terreno porque están preocupados de otras cosas. 

Soy una persona bastante perseverante, busquilla, que golpea la mesa y que sabe a quién llamar para que me garanticen mis derechos. A pesar de esto no he logrado reparación ¿Qué queda para el resto de las personas que no saben a quién llamar cuando les pasan estos problemas? Hay desesperanza. 

Justicia, verdad y reparación 

Desde mi trabajo en la Fundación Para la Confianza creo que la justicia tiene un rol reparador, pero veo que ésta no tiene los conocimientos suficientes para enfrentar este tipo de crímenes. En el sicariato hay poca experiencia y en el delito de la usurpación hay poca jurisprudencia de cómo reaccionar. Eso ha dificultado el obtener justicia. 

Es un proceso lento y doloroso que se centra más en la criminología que en la víctima, que no me ha dejado vivir mi duelo tranquila porque he tenido que preocuparme de toda la arista penal. 

Estamos ad portas de un juicio oral y hay una alta posibilidad de que lo posterguen, ya que es en temporada estival. Llevamos casi dos años sin sentencia.

Esperamos que la justicia aplique las penas más altas acorde a los terribles crímenes cometidos.  Quiero confiar en que la justicia sí va a funcionar.