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Personaje

John Carlin, biógrafo de Nadal: “Rafa nos tiene acostumbrados a sufrir”

John Carlin, biógrafo de Nadal: “Rafa nos tiene acostumbrados a sufrir”

En 2011 este escritor británico-español publicó el libro “Rafa: mi historia”, que preparó en conjunto con Rafael Nadal, cuando el tenista tenía 25 años. Del jugador -que hoy tiene 36 y recién ganó su Roland Garros número 14-, dice: “Lo lógico es que este va a ser su último año, que va a intentar Wimbledon y el Open de EEUU, pero quién sabe”.

Por: María José López - Ilustración: Sergio Ovalle | Publicado: Sábado 11 de junio de 2022 a las 21:00
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A mí jamás se me habría ocurrido escribir un libro de Rafael Nadal, de ahí mi enorme sorpresa cuando un día de 2010 me llama Carlos Costa, su manager, y me propone este trabajo. Me quedé totalmente estupefacto. Pero bueno, no me lo pensé mucho. Rápidamente llegamos a un acuerdo e iniciamos el proyecto.

No era fan de Rafa, para nada, y nunca había escrito un libro de tenis. Es más, como periodista había escrito muy poco de tenis, pero por casualidad es el único deporte que jugué razonablemente bien en mi vida. Entiendo del tenis, además, cuando era estudiante trabajé tres años seguidos en Wimbledon, en el torneo, pero recogiendo basura y limpiando (ríe). Eso Carlos Costa no lo sabía.

Escribirlo fue demencial, nunca he trabajado de manera más intensa en mi vida. Y espero que nunca se repita. Lo tuve que hacer todo en tiempo récord. Hice entrevistas y hablé con todo su entorno: su mamá, papá, tíos, abuelos, amigos, y todos los integrantes de su equipo. Su entrenador en ese momento era Toni Nadal, y el preparador físico, Joan Forcados, quien sigue hasta hoy.
El tenista posa con el trofeo de su Roland Garros número 14.

El proceso de acumular la materia prima para el libro duró dos meses, el problema es que solo me quedaban otros dos meses y medio para escribirlo. Tenía que entregarlo para antes de finales de mayo y trabajé siete días a la semana, prácticamente día y noche. Me convertí en una máquina total. 

Nos vimos por primera vez en Qatar, el 3 de enero, y después volamos a Australia, Melbourne. El viaje dura unas 13 a 14 horas, estuvimos sentados todo el viaje juntos. Yo llevaba mi computadora portátil y así analizamos el que para mí y muchos era hasta entonces el mejor partido de su vida. El mejor partido de la historia del tenis: el torneo de Wimbledon del 6 de julio de 2008, y que después de cuatro horas y 48 minutos, ganó a Roger Federer.

Yo tenía la grabadora puesta, y lo analizamos punto por punto. Esa fue la primera vez que Rafa ganó Wimbledon, quería meterme en su cabeza, entender cómo funciona su mente para un gran partido: quería conocer su estado de ánimo, qué pensaba a nivel táctico, estratégico, cuál era su visión de las debilidades, puntos fuertes del rival… 

Vi esa final en directo, sin jamás imaginar que haría un libro sobre Nadal, y me acuerdo que la tensión era tan tremenda, que si hubiera sido yo, hubiera salido corriendo gritando a mi mamá ‘¡ven, rescátame, esto es terrible!’
 Torneo de Wimbledon, 6 de julio de 2008, en el que Nadal ganó a Roger Federer.
Algo que fue muy notable, y no lo cuento en el libro, es que Rafa tiene una memoria minuciosa: se acordaba de cada detalle de ese partido. Por ejemplo, estábamos en el segundo set, y él decía ‘aquí hay una doble falta’, o ‘¡este punto es un poco aburrido, avancemos’, tremendo. Tiene una idea de la concentración, del enfoque, impresionante.

Lo que él me decía era que había que estar concentrado 100% en el momento, tipo zen; si cometiste un error, lo borras, lo dejas ahí y eliminas cualquier tipo de autoresentimiento. Y si estás 6-0, 5-0, 40-0 a punto de ganar, no pienses eso. Al momento que crees que ganas y te distraes, es el camino de la perdición. 
 
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Rafa es muy de rituales. Siempre coloca las botellitas de una misma manera, nunca pisa las líneas de la pista, y si se acerca, las esquiva dando unos saltitos. Él ha explicado que si todo esto fuera una superstición, está claro que no funciona porque ha perdido partidos igual.

Esos gestos responden a su enorme concentración, a estar en el momento. Él se convierte en otra persona en la cancha, y los movimientos que hace con sus dedos en su cara, muñecas, y tener las botellitas perfectas, simétricas, forma parte de la idea de tener un cierto orden mental. ¿TOC? No. 

Fuera del campo él no es muy ordenado. De hecho su madre es la típica que se queja de que su pieza era un desastre.
 
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Sobre Roland Garros (torneo que terminó el domingo pasado, 5 de junio), el mejor partido de Rafa fue contra Novak Djokovic en cuartos. Pero hablando de finales, lo de Australia, en enero de este año, fue lo más extraordinario, tal vez lo más extraordinario de su vida. 

Yo siempre creí que el más impresionante, y que de hecho fue el centro narrativo del libro, había sido la final contra Roger Federer. Pero lo que ocurrió en enero de este año fue superior. Piensa que en agosto del 2021, o sea cuatro meses antes, él debía caminar con muletas, no podía apoyar todo su cuerpo en el pie izquierdo. A quien dijera que jugaría unos meses después, le respondía ‘¿qué me estás diciendo? ¿Que vas a disputar en el Open? ¿Que lo vas a ganar? Demencial’. 

Pero llegó a Australia, lo que además implicaba otras dificultades: el cemento le pega de manera más negativa a su pie que el césped de Wimbledon o que la tierra abatida (arcilla). El de Australia es su peor superficie.

Rafa tenía 35 (hoy 36), y en la final jugó contra Daniil Medvédev, 10 años menor. Le iba ganando, ¡y Rafa lo da vuelta! Fue milagroso.

La final de este Roland Garros le salió muy fácil. Jugó contra el noruego Casper Ruud, quien entrena en su academia en Mallorca, se le vio algo así como intimidado. Tal vez si hubiera sido en cuartos de final, hubiera sido más parejo.

Pero fue un partido para Rafa muy inusual, porque Rafa nos tiene acostumbrados a sufrir. Pese a que es un campeón, siempre da la sensación de que está en desventaja. Es una cosa muy curiosa, y es parte del atractivo que él tiene.
En el torneo Roland Garrós del pasado 5 de junio. 

Él es como David y el otro siempre parece ser Goliat. Aunque los números te dicen que él es el Goliat. Esa es la impresión que da. Que siempre está sufriendo, llegando al límite del desastre, del acantilado, y justo a tiempo, se salva. 
Esta final tan fácil, fue un partido inusual para Rafa por su falta de dramatismo.
 
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Todo el mundo estaba atento el domingo: se despide o no Rafa. Él había dicho al principio del torneo que sería tal vez su último Roland Garros, entonces existía ese temor. Pero después del partido dio una entrevista diciendo que sigue. Todo el mundo sintió un gran alivio. Y aplaudimos. 

No, a mí no me sorprendió. Yo con Rafa he perdido toda capacidad de sorpresa. La cantidad de veces que he pensado que está hundido, que no es posible que pueda seguir, vuelve. Es como un insecto imposible de matar. Es Lázaro.

Y prefiero no pensar qué pasará, sino simplemente que ocurra algo. No pienso en el futuro con Rafa porque quién sabe. Lo lógico es que este va a ser su último año, que va a intentar Winbledon y el Open de EEUU, pero quién sabe… él debe tener un temor de si sigue poniendo presión sobre este huesito, que le afecte al resto de sus días, y que pase su vida después del tenis cojeando.

Tiene que formar parte de sus cálculos y algo mencionamos en el libro, cuando él dice que esto de jugar en deportes de alto rendimiento, de alta competividad, es malo para la salud, las consecuencias para más adelante, cuando sea mayor, pueden ser nefastas.

El esfuerzo es bestial, Rafa ha llevado su cuerpo al límite. Existe el temor de que la última mitad de su vida sea muy dura, de no poder mover el cuerpo de manera normal. 

Si se retira o no, depende del pie. Depende todo del pie. Se va a hacer un tratamiento con ondas, porque parece que no quiere seguir infiltrándose y congelar el pie como lo ha estado haciendo hasta ahora. Depende de eso. Y si sigue en las mismas condiciones, es perfectamente capaz de ganar Wimbledon y EEUU. Yo no apostaría contra él. Y si apuestas contra él, debes hacerlo por muy poco dinero”.
 
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Tras la publicación del libro, en 2011, Carlin señaló: “Me temo que la segunda época de la vida de Rafa no será tan importante como la primera. Este chico ya ha llegado a la cima, con 25 años es un caso digno de estudio”.

“La edad de Rafa (el 3 de junio cumplió 36 años) no deja de sorprenderme a mí, ni a su familia, ni a quienes trabajan con él, ni a todos quienes lo conocen. Él tiene un fiel equipo, seis o siete personas, que trabajan con él hace más de 20 años: su preparador físico está con él desde los 13 años, imagínate. Rafa es muy fiel a su gente, porque su gente es muy fiel a él.

Hablé con ellos y me contaron que se quedaron atónitos con su desempeño en Roland Garros, no solo por el aguante y su capacidad de seguir, cuando toda la lógica indica que tiene que frenar. 

Existen varios momentos de su carrera en los que todo indicaba que él no podía seguir. Cuando tenía 20 años le diagnosticaron el problema a su pie izquierdo, el síndrome Müller-Weiss (lesión que afecta al escafoides). Rafa creía que estaba condenado a no poder jugar... pero ganó un Roland Garros. Y sigue.
Me acuerdo que hace cinco años tuvo un problema en la muñeca. Y se alejó de la pista varios meses. Con una persona muy cercana a él bromeábamos: ‘Bueno, mejor que deje el tenis y se incorpore al golf’.
 
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Su historia empieza en la isla de Mallorca, donde la familia Nadal ha vivido durante generaciones. Entrenado por su tío Toni (Nadal) desde que tenía 4 años, educado por sus padres en la modestia y el respeto. Para él Mallorca es un enorme tema, su isla, su lugar familiar, es un tema colosal. Y cada vez que termina un torneo, lo primero que piensa es volver a la isla, como un pájaro migratorio que vuela a su lugar. Él ama Mallorca porque es el lugar donde creció, y es el lugar de su familia. 

Lo notable con Rafa, es que no ha elegido un lugar como Mónaco para vivir, donde pagaría cero impuestos, sino Mallorca, donde se paga un montón, porque en España se paga mucho, pero es algo que no está dispuesto a dejar. Y estoy convencidísimo de que hasta el día de su muerte, ese será su hogar.

Uno de los motivos por los que Rafa quiso hacer el libro fue para demostrar que no solo fue el tio Toni el que ha influido en su carrera y personalidad. Quería que el mundo entendiera la importancia de su influencia más inmediata: su papá, su mamá y su hermana. Y si él no hubiera leído eso en el libro, no hubiera quedado contento.

Dicho eso, Toni ha sido muy decisivo en su vida. Lo estuvo entrenando desde los 3 a los 30, por ahí. Y la fase más importante fueron esos primeros 10 años. Toni no era un tío compasivo, era un sargento de los marines.

A tal punto que los padres pensaban ‘esto es demasiado, este niño es muy pequeño’. Pero Toni insistía y tuvo razón, porque le metía una fibra y una tenacidad, resiliencia, cualidades que le han servido un montón. Porque la diferencia de Rafa con los demás, está en la actitud, en su fuerza mental, se ha dicho millones de veces, y Toni tuvo que ver con eso. Pero creo que el cambio de Toni a Carlos Moyá (su actual entrenador) fue importante, porque con Toni no estaba avanzando en su juego.

Carlos Moyá le dio una dimensión adicional. Él armó una investigación casi forense de sus rivales. Y con él supera su saque, que ha siempre sido su punto débil y que le hace estar en desventaja con Djokovic y Federer...Verás que su saque ha mejorado, y también su revés. Ahora tiene un revés que es un martillo, como nunca. Siempre hablábamos de su derecha, de su drive, pero ahora no se puede distinguir mucho de los dos golpes. 
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Él tiene algo que lo hace tremendamente atractivo para las mujeres. Disculpa que me entrometa en tu terreno, pero esta es mi teoría (ríe). Yo creo que él tiene la fórmula mágica para atraer mujeres, que es una combinación de fuerza y vulnerabilidad.

Por un lado él es un toro, no solo en su porte, sino actitud en el deporte, pero transmite una vulnerabilidad casi de niño pequeño. Es dulce, y a la vez muy bestia. Es las dos cosas a la vez, y no quiero sonar frívolo, pero es parte de su secreto para ser tan atractivo con mujeres.

Y también para hombres. Es una combinación muy seductora. Y lo diferencia de Djokovic, quien es una figura dura dentro y fuera del campo, fuera y dentro de la pista, y de Federer; que es como cool siempre, un hielo: cuando está hablando y cuando está jugando. Con Rafa hay una diferencia enorme entre las dos personalidades: cuando está jugando es un guerrero, es un gladiador, no hay nadie como él. Pero cuando está hablando, cuando da entrevistas, siempre es dulce, rozando la timidez incluso.

Lo increíble es que Rafa está con esta chica desde hace ya 18 años, algo así, con María Francisca. Su madre y su esposa se llevan muy bien. Son prácticamente mejores amigas. No tiene hijos aún. Estoy segurísimo que quiere tener hijos. Ojalá que los tenga.
 
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Rafa no es un jugador conflictivo. No sé de ninguno en particular por el que Rafa sienta especial bronca. Con todo el lio de Novak de las vacunas, prácticamente salió a defenderlo. Fue crítico con su actitud, pero fue generoso y comprensivo. Él jamás va a decir nada negativo en público sobre un rival, eso es seguro.

Si le preguntas a él, no te diría que es el mejor tenista. Con Djokovic y Federer están parejos. Él ahora tiene más Grand Slams...Federer no lo va a superar, eso dalo por seguro. Novak tal vez… tiene aún tiempo para hacerlo.
 
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Una vez dije que se parecía a Mandela, sí, es cierto. Pero si Rafa leyera que dije eso, me diría, ‘estás loco de remate’. Lo dije porque he entrevistado a mucha gente muy famosa a lo largo de mi vida. Y siempre me fijo en algo: en cómo se comportan en privado sin cámaras y sin fotógrafos. Y si veo que hay coherencia en privado y público, les respeto más. Y Rafa y Mandela, se comportan con la misma cortesía y respeto, con la señora que lava los platos, la azafata del avión y la reina de Inglaterra. 
 
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No tengo fotos con Rafa, qué ridículo. No soy de selfies. No me gusta esto de pedir fotos a famosos. Tengo un exceso de pudor y dignidad. Tengo su número de teléfono y de vez en cuando le mando un mensajito. Pero no me gusta ser otro más que lo esté jorobando, es un poco indigno.

Tengo mayor relación con otras personas de su equipo, como su preparador físico, que es el tipo más erudito del grupo curiosamente, el más intelectual, Joan Forcadez, y Benito Pérez Barbadilla, su periodista de toda la vida. Escribo artículos en la prensa española, y esa es mi manera de mandarle mensajes.

Haber escrito de Rafa fue más que nada divertido. El proceso de escritura fue durísimo, pero conocerlo a él, a su fanástica familia y equipo, y pasar tiempo en su isla de Mallorca fue enriquecedor.
Me dedico a vender palabras. Y la suerte es que hasta ahora me las siguen comprando”.

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La astrónoma, Premio Nacional de Ciencias Exactas 1997, sufre un trastorno ocular que le ha ido apagando la vista. En el ojo izquierdo ya no tiene visión central; en el derecho es de apenas un 2%. No maneja, no dicta clases, ha cambiado rutinas cotidianas. Pero está activa y con energías. “Lo siento como un desafío para buscar otros espacios donde seguir siendo feliz”, dice.

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