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Personaje

Rob Riemen: “Ninguna inteligencia artificial, ninguna máquina podrá jamás reemplazar el alma humana”

Rob Riemen: “Ninguna inteligencia artificial, ninguna máquina podrá jamás reemplazar el alma humana”

De visita en Chile, el pensador holandés -que acaba de publicar su último libro “El arte de ser humanos”- discute sobre las principales tensiones del mundo contemporáneo. Dice que ha ganado la “estupidez” y responsabiliza a las grandes universidades. También, alerta sobre las redes sociales y las vincula a la alegoría de la caverna de Platón. “Vivimos en un mundo de cifras, de cantidad, de cuál es el mayor número”, advierte. Sobre Estados Unidos, es taxativo: “Ahora sus ciudadanos tienen que elegir entre un criminal convicto o un hombre de 81 años”.

Por: Mateo Navas | Publicado: Sábado 8 de junio de 2024 a las 21:00
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Sócrates, a lo largo de su vida, repitió dos grandes preguntas a los habitantes de Atenas: cuál es la mejor forma de vivir y en qué consiste una sociedad justa. Dos interrogantes que parecen simples, pero que, desde entonces, han marcado el curso de la historia filosófica. También, sin ir más lejos, le costaron la vida al pensador griego.

“Muchos de los que ostentaban el poder en Atenas preferían no conocer la respuesta. Sócrates fue denunciado y hallado culpable de corromper la moral pública”, se lee al principio de El arte de ser humanos, el libro -recién lanzado en Chile- de Rob Riemen, ensayista y fundador del Instituto Nexus, uno de los think tanks más activos de Europa y que se define como un núcleo en el que convergen los más famosos intelectuales del mundo.

Por sus salones -emplazados en Ámsterdam- han pasado académicos, políticos, economistas y escritores como Jürgen Habermas, Amartya Sen, Mark Lilla, Francis Fukuyama, Emmanuel Macron, J.M. Coetzee y Mario Vargas Llosa, entre otros.

Divulgador nato y un pensador sin miedo a represalias, Riemen -teólogo de profesión- ha escrito distintos libros sobre humanismo eurocéntrico, siempre bajo la influencia de pensadores como el Nobel de Literatura Thomas Mann, Nietzsche, George Steiner y Eric Voegelin.

Esta semana estuvo por primera vez en Santiago para conocer a Benjamín Labatut, el novelista chileno que participará -adelanta- en una mesa redonda en la próxima Nexus Conference, un evento anual que reúne a una serie de intelectuales y que este año trabajará bajo la idea de ciencia y ansiedad. Riemen y Labatut comparten, aparte de su cercanía a la literatura, su lugar de origen: ambos nacieron en Países Bajos.

“Una de las principales preocupaciones del instituto es mantener viva la tradición del humanismo europeo como centro de una idea de civilización que pone la dignidad humana en el primer lugar. Cada ser humano, quienquiera que sea, tiene derecho a existir y vivir su vida en libertad. Ahora eso está amenazado: en Estados Unidos Trump puede ser reelegido y en Europa existe un ascendente movimiento fascista”, parte reflexionando este pensador, conocido por sus libros Para combatir esta era (2017) y Nobleza del espíritu (2008).

“La inteligencia artificial no sabe nada de sabiduría”

Sentado en una pequeña sala en las oficinas de Penguin Random House en Providencia, Riemen -casado, 62 años- habla, habla y habla. Mueve las manos y golpea la mesa con sus dedos para hacer énfasis. No necesita preguntas para saltar de un tema a otro.

Acelerado, dice: “Vivimos en un mundo de cifras, de cantidad, de cuál es el mayor número”, critica.

“Hoy el mayor número son los influencers porque tienen 50 millones de seguidores, como Taylor Swift. Ella probablemente es una persona muy agradable, pero todo se reduce a dígitos. Y la consecuencia es que desaparece toda noción de calidad. Entonces, bajo esa lógica, ¿por qué deberíamos dedicar tiempo a la cultura? ¿por qué deberíamos dedicar tiempo a la filosofía? ¿por qué deberíamos dedicar tiempo a la historia?”, se pregunta.

Por eso, en su último libro propone una idea central que traspasa todos los capítulos: la vida no es una ciencia, sino que un arte. Riemen quiere, entonces, alejarse de lo exacto, lo medible, lo tangible.

“Todos los que quieren hacerte creer que la vida es una ciencia y que presentan libros de autoayuda basados en la idea de que, si haces esto, todo irá bien, te están mintiendo. La vida es un arte porque es una búsqueda, es un fenómeno continuo de decisiones que tienes que tomar. Y las principales preguntas siempre apuntan a: ¿quién soy?”.

Riemen agrega: “Esto es lo que ya escribió Ludwig Wittgenstein en su Tractatus. Él dice: incluso si todos los problemas científicos estuvieran resueltos, todavía no habríamos, ni siquiera, abordado las cuestiones de la vida”.  

En todo caso, el pensador holandés afirma que su generación es la responsable de las divisiones y tensiones del mundo actual. “No culpo a la generación más joven de que estén enganchados a las redes sociales. Pero sí quiero explicarles que tienen un punto ciego y que están tomando un atajo que simplemente no va a funcionar”, asegura Riemen.

Para él, la discusión tiene que girar en torno a las grandes compañías que controlan el flujo de la información: “El verdadero problema no está en el lado de la demanda, sino que en el lado de la oferta. Si realmente quieres saber algo puedes ir a Amazon y ellos te pondrán en la cueva de Platón. Ellos te dirán: ‘¿Estás interesado en este libro? ¡Quizás te interese este otro!’. El algoritmo te lo dirá. Nunca te dirá algo sorprendente. Sólo confirmará lo que ya sabes y quieres saber”.

- ¿Y la inteligencia artificial?
- Se mantendrá artificial. ChatGPT puede escribir artículos, ensayos, lo que sea. ¿Pero quién engaña a quién? En un momento tu empleador dirá: “Bueno, si dejas todo a ChatGPT, ya no te necesitamos”. Al final, sólo has aprendido a usar la máquina, pero no hay nada que hayas aprendido tú mismo: te has vuelto más estúpido de lo que ya eras.

Rob Riemen hace una pausa y complementa: “Para mí, la conclusión es la siguiente. Hay una pregunta que fue dirigida a Sócrates hace 2400 años en el diálogo con Alcibíades, quien le preguntó: ‘¿qué es lo que nos define como seres humanos?’ Y la respuesta de Sócrates fue: es el alma lo que nos hace seres humanos. Ninguna inteligencia artificial, ninguna máquina podrá jamás reemplazar el alma humana. Toda la noción de cultura viene de la frase de Cicerón cultura autem animi philosophia est, es decir, la filosofía es el cultivo del espíritu. La inteligencia artificial no sabe nada de sabiduría. Sabe de inteligencia, pero no de sabiduría”.

 “La generación Z no es una generación feliz”

“Ya nadie se acuerda de ‘Hakuna matata’, esa alegre canción que es el mantra de El rey león (…) La tendencia generalizada entre los jóvenes ahora es que el ‘no te preocupes’ (hakuna matata) sea reemplazado por una negación masiva de la ansiedad, del miedo. Y eso se expresa en escapismo: sumergirse lo más posible en la masa, una necesidad física de distracciones, estímulos y diversión, miedo al silencio…”. Esto escribe Riemen en la primera mitad del libro.

Todavía sentado en las oficinas de Penguin, Riemen dice que para llegar a esta situación sucedieron tres eventos que marcaron un punto de inflexión: el atentado a las Torres Gemelas, la crisis financiera de 2008 y la pandemia. “Todas estas cosas crearon una nueva era de la ansiedad. Y si quieres entender por qué la gente ahora sigue a los demagogos, mira las cifras de problemas psicológicos entre los jóvenes: los suicidios están aumentando, los burnouts están creciendo y las depresiones están subiendo”, dice el autor. “La generación Z no es una generación feliz”, remata.

Y esto, lo que genera, dice Riemen, es que la gente termine perdiendo la fe en el futuro y en la clase política: “Mira a Estados Unidos, que suponían ser los reyes del mundo libre. Y ahora sus ciudadanos tienen que elegir entre un criminal convicto o un hombre que tiene 81 años. El país se está volviendo loco. Paralelamente, tenemos a Putin en nuestro patio trasero y lo que está pasando con China. La era de la ansiedad es un hecho”.

“No culpo a la generación más joven de que estén enganchados a las redes sociales. Pero sí quiero explicarles que tienen un punto ciego y que están tomando un atajo que simplemente no va a funcionar”, asegura Riemen.

- Usted dice que hay una decadencia moral en nuestras democracias debido a la destrucción de la inteligencia y el triunfo de la mentira…
- Bueno, hay una cosa que se llama la trahison des clercs (la traición de los intelectuales). Los intelectuales tienen una vida muy privilegiada. Te levantas cuando quieres, vas a tu estudio, empiezas a leer tus libros, escribes algo y consigues que te lo publiquen. Criticas al mundo. No tienes que levantarte temprano por la mañana, trabajo duro o laborioso. Pero la única justificación para ello es tener un compromiso sagrado con la verdad, porque ése es el deber y la obligación de los intelectuales: proteger el significado de las palabras. Esto, porque siempre están esos poderes que quieren dividir a la gente. Pero ahora, una de las cosas que ocurre es que la clase intelectual se politiza, tanto hacia la derecha como a la izquierda. Cuando se va a la derecha, van a ser cómplices de una cultura fascista, y cuando pasen a la izquierda, se convertirán completamente en lo que llamo la cultura estalinista.

- ¿Y esa decadencia se puede vincular al conflicto en Gaza?
- Por desgracia, este conflicto no es nuevo en absoluto. Sabemos que la gente que mataba en los campos de concentración (en la Segunda Guerra Mundial) podían leer o escuchar a Beethoven y Chopin a primera hora de la tarde, disfrutar de una buena copa de vino, e incluso leer poesía de Rilke. Y a la mañana siguiente podían matar y hacer cosas horribles. Esto en psicología lo llaman compartimentación. Sólo puedes hacer estas cosas si realmente crees en la noción de untermensch (infrahombre, en español): la lógica de que tus adversarios no son personas reales, que tienen que ser destruidos. Por esto es tan peligrosa la retórica que usan los Trumps contemporáneos, que se basa en que los inmigrantes son extraterrestres y que vienen aquí a asesinar a nuestros hijos y esposas. Y esto es exactamente lo que pasa en Gaza: Hamás demoniza a los judíos y desgraciadamente el gobierno fascista de Israel está deshumanizando a los palestinos. 

“La gente lo ha olvidado, pero Hitler era adorado por niños y madres”

- La semana pasada Donald Trump fue declarado culpable por 34 delitos. Ese mismo día rompió récords de donaciones. ¿Cómo se explica esa dicotomía?
- Esto está en la psicología de la religión: cuando tienes una fe santa en tu mesías. La gente lo ha olvidado, pero Hitler era adorado por niños y madres. Mira las fotos de él marchando hacia Viena en 1938. Millones de personas salieron y allí estaba el “Salvador”, el “Mesías”. En mi libro anterior (Para combatir esta era, 2017) escribí un ensayo sobre el eterno retorno del fascismo porque veía lo que sucedía en los Países Bajos. Pero en 2016, con la elección entre Donald Trump, Hillary Clinton y Bernie Sanders, yo estaba fascinado porque había una cosa que no podía entender: ¿Por qué la gente le creía a los mentirosos? Y entonces vi a Trump y me di cuenta: él es puro carisma. Y lo interesante es que Bernie Sanders tenía el mismo carisma. Y si los Demócratas no hubieran sido tan corruptos, Sanders le habría ganado a Trump, de eso estoy seguro. Al menos habrían tenido a un tipo decente en la Casa Blanca.

- Usted dice que las universidades se han convertido en bastiones de la estupidez. ¿Cómo puede cambiar eso?
- Aquí está la solución. No es mía, la cito de Maquiavelo. Él se enfrentaba a esta pregunta: ¿Cómo es posible que el Imperio Romano, que estuvo allí durante cinco, seis, siete siglos, que controló para ellos el mundo entero, que les proveyó leyes y cultura, podría derrumbarse? Su primera conclusión es que se derrumbó no por los bárbaros fuera de la puerta, sino por los bárbaros dentro de la puerta. ¿Y por qué los bárbaros? Porque esas élites de poder, la clase política, los ricos, se volvieron decadentes. La gente sólo servía a su propio interés. Luego, Maquiavelo dijo que existía una corrupción moral e intelectual en marcha. Es decir, ya no importaban los valores morales, los valores espirituales, sólo se trataba de materialismo, ser rico, proteger las cosas.
Por lo tanto, se preguntó cómo se podría detener esa situación. Y lo único que ayudará, estipuló, es si las fuerzas que estaban sosteniendo la civilización volvían a su primer principio, porque en ese primer principio estaba el tipo de energía para construir una civilización. Esta es mi respuesta a tu pregunta: las universidades sólo pueden llamarse universidades si hacen justicia a la palabra universidad, que viene de la palabra universitas, que ofrece un tipo de educación que quiere “liberar” a la gente: humanidades, historia, filosofía, y literatura como base. 

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