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Punto de partida

Quiroga, Undurraga y Recart crean edtech con antenas de Elon Musk en escuelas rurales

Quiroga, Undurraga y Recart crean edtech con antenas de Elon Musk en escuelas rurales

Emocionada, llamó a Mauricio Rodríguez, el técnico informático del establecimiento, quien veía lejano el sueño de que su comunidad educativa se beneficiara con este proyecto. “Esta antena se podría conectar a un cinturón de satélites, unos 12 mil, que están en el cielo”, afirmó.

Por: María José López | Publicado: Sábado 1 de enero de 2022 a las 21:00
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El 23 de noviembre de 2021 llegó una encomienda al Liceo de Trovolhue, en la IX Región: una caja sellada con un adhesivo que decía: “From EEUU. Frágil”. La directora, Alejandra Lavín, la abrió y tuvo el primer acercamiento a la antena satelital que cambiaría la velocidad del internet de su escuela de 200 estudiantes.

Para que esto sucediera, en agosto de este año Benjamín Quiroga (32), socio de Humboldt Fund -fondo chileno basado en NY, que invierte en ciencias y foodtech-, le escribió un mail a Daniel Undurraga, cofundador y CTO de Cornershop.

Conexiones

En enero del 2021 un ingeniero estadounidense que trabaja en SpaceX le comentó a Benjamín Quiroga que la firma -propiedad del empresario sudafricano Elon Musk- estaba en conversaciones avanzadas con el gobierno de Chile para iniciar sus operaciones aquí e instalar conexión satelital en lugares remotos.

Lo que le dijeron, le prendió la ampolleta: querían partir con la instalación de antenas a través de un proyecto social ojalá ligado a educación.

“Yo no tenía mucha idea de cómo ayudarlo. Pero esta persona me dijo que si conocía a alguien, lo contactara”, relata Quiroga, ingeniero comercial de la UC. Le dio vueltas a las palabras del norteamericano, y se acordó de Enseña Chile. Un amigo que trabajaba ahí le dio el celular de Tomás Recart, director ejecutivo de la institución, a quien le mandó un WhatsApp.

“Le conté que la gente de SpaceX buscaba cómo proveer de internet a escuelas rurales, y Tomás enganchó altiro”, añade Quiroga. Corría abril de este año.

Recart reflexiona: “La tecnología por sí sola no resuelve el problema. Tiene que haber un equipo humano que haga la bajada del proyecto. Y ahí es donde podemos aportar: vincular internet con comunidades, y que resulte muy bien y escalar”.

En paralelo Quiroga inició conversaciones con personas que pudieran empujar la idea, con inversión y con algún tipo de responsabilidad. Y buscó referentes en el tema digital: Daniel Undurraga era el idóneo, pensó. A mediados del año le escribió un email contándole de la iniciativa.

“Yo era un completo desconocido para él. Pero me dijo: ‘Me interesa. Hablemos por Zoom’”, rememora el socio de Humboldt. Charlaron durante 30 minutos. Undurraga -quien vive en San Francisco, EEUU- le confesó que este era un asunto que le motivaba muchísimo y que quería sumarse. Al día siguiente integraron a Recart a la conversación y, al tercer día, comenzaron a concretar el trabajo: lo llamaron Ed4All.

Filantropía

“Hace un tiempo vengo pensando en hacer proyectos filantrópicos y llegué a la conclusión de que la educación es el espacio donde se puede tener el impacto más profundo. La fundación que estoy armando se va a dedicar a eso. La desigualdad de oportunidades está ligada siempre de una manera u otra a la educación”, explica Daniel Undurraga.

Por otra parte -añade- los programas educativos actuales están diseñados en los siglos XIX y XX, y están preparando a los estudiantes para un mundo que ya no existe.

“Yo creo que la habilidad más importante para el siglo XXI es aprender a aprender, la capacidad de autoaprendizaje. Hay muchas cosas que se deberían enseñar como tecnología y software, inglés, finanzas personales, educación cívica, psicología, que son importantes para ser adulto en una sociedad del siglo XXI y que no se están enseñando en los colegios”, reflexiona.

Se unieron tres cabos, comenta Recart: “la necesidad de llegar con educación a todos lados, la necesidad de llevar internet, y en el caso de Daniel, es alguien que sabe muy bien la experiencia de usuario con herramientas masivas en tecnología”. Y comenzaron a armar el piloto.

Cruzar los dedos

“¿Puede instalarla?”, preguntó la directora del Liceo de Trovolhue a Mauricio Rodríguez, informático del establecimiento de esta localidad de 4.500 habitantes, rodeado de humedales y bosques en la mitad de la cordillera de Nahuelbuta.

Él venía preparado. Había buscado en Google cómo instalar una antena Starlink paso a paso. “Vi en YouTube algunas experiencias con estas antenas en escuelas de Canadá y EEUU. No lo encontré tan difícil, creo que puedo hacerlo”, respondió el técnico. “Esta antena se podría conectar a un cinturón de satélites, unos 12 mil, que están en el cielo”, pensó entonces.

Partió con la antena Starlink a la sala de computación. La estudió durante un día completo. Sus componentes, capacidades y la manera de instalar. Cuando estuvo listo, al día siguiente, subió al techo con una escalera y se puso manos a la obra. En 45 minutos la misión estaba hecha.

“Es increíble cómo la antena, una vez conectada, busca sola la orientación que más le conviene. Gira, gira, gira y ahí se queda. Después uno tiene que fijar el mástil. El empotrado original lo adapté, puse uno más resistente por los vientos del invierno. El cable también hay que protegerlo para que no lo dañe la radiación, ni que tampoco lo picotee un pajarito. La caja decía que resistía desde menos 26 grados hasta 70° de temperatura”, recuerda Mauricio.

Por la geografía, antes de la llegada de la antena, los alumnos cruzaban los dedos para que no lloviera y así lograr entrar vía WhatsApp a las aulas virtuales que armaron sus profesores en el auge de la pandemia.

-¿Cómo se comporta la conexión?
-”Hice un test de velocidad y con 4G lo máximo que pude medir fueron 20 megas por segundo. Con Starlink medí 276 megas por segundo”, responde Rodríguez.

—¿En qué se nota el cambio?
—Los profesores descargan videos de YouTube para los niños mucho más rápido. Por ejemplo, un video de 250 megas antes se demoraba una hora. Ahora las profesoras tardan cinco minutos.

Trovolhue es una de las 10 localidades donde operará el piloto de Ed4All. Hasta ahora -considerando el local de la IX Región-, suman 622 estudiantes del Liceo Manuel de Salas de Guanaqueros, en la Región de Coquimbo; y la Escuela rural Aucar de Quemchi, en Chiloé, Región de Los Lagos.

La selección de estos establecimientos no es al azar. Ed4All los identificó como colegios con una comunidad escolar sólida y cohesionada: directores y equipos docentes comprometidos, a quienes acompañan además con contenidos seleccionados y recomendados por Enseña Chile.

“El piloto concluye en marzo, y nos permitirá afinar los detalles del proyecto. Pero lo que tenemos claro, es que no se trata solo de conectar. También hay que acompañar permanentemente a la comunidad integrada por alumnos, apoderados y profesores”, dicen.

“Estamos partiendo con ofrecer conectividad satelital de alta velocidad a escuelas que no tienen o tienen mala conexión y luego queremos entregar tablets y software educativo para ayudar a que los estudiantes puedan insertarse en una sociedad donde la única constante va a ser el cambio como se dará durante el siglo XXI”, explica Undurraga.

La ambición es grande. Hasta ahora han invertido US$ 20 mil pero están levantando capital a nivel local y en Estados Unidos para juntar US$ 1 millón en donaciones en 2022. Con ello, el equipo pretende expandir el proyecto a otras localidades de Chile y Latinoamérica. “Llegar a entre 50 y 100 escuelas en Chile con una buena solución, y que demuestre que se puede hacer algo masivo”, concluye Quiroga.

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