Cultura
Mirar su pasado y proyectarse al futuro: las claves del nuevo Museo Regional de Atacama

Mirar su pasado y proyectarse al futuro: las claves del nuevo Museo Regional de Atacama
Con 52 años de historia, el Museo Regional de Atacama se encuentra en pleno proceso de mudanza. Las miles de piezas que componen su colección están siendo trasladadas al nuevo edificio, que abrirá al público durante el segundo semestre de este año y que significó una inversión total de 14 mil millones de pesos.
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6.445 mil metros cuadrados y una colección de 32 mil piezas tiene el nuevo Museo Regional de Atacama, un proyecto que comenzó hace más de 10 años con las primeras ideas y gestiones, seguido por la entrega de infraestructura en 2024 y, finalmente, la fase actual de habilitación, para poder abrir sus puertas entre septiembre y octubre de 2025.
El nuevo edificio se encuentra en avenida Alameda 265, Copiapó, y cuenta con tres pisos y dos subterráneos, siete salas de exhibición, salas de convenciones y de exposiciones temporales, hemeroteca, biblioteca, cafetería y tienda. Se trata del museo regional más grande del país, sólo superado en metros cuadrados por el Museo Nacional de Historia Natural.
Es una obra inédita en la zona y uno de los proyectos más relevantes en su tipo que se han construido en el norte de Chile, contribuyendo con la descentralización, el turismo y el rescate del patrimonio.
Es una obra inédita en la zona y uno de los proyectos más relevantes en su tipo que se han construido en el norte de Chile, contribuyendo con la descentralización, el turismo y el rescate del patrimonio.
Colecciones y comunidades
Separado por apenas 800 metros de su antigua sede, Casa Matta, el nuevo museo ya no es sólo un museo histórico y arqueológico, como en un principio. Piezas paleontológicas que datan del 12.000 a.C., la cápsula Fénix usada en el rescate de los 33 mineros y un rosicler de plata, una piedra semipreciosa de las cuales sólo hay 2 en Chile, son algunos de los tesoros que albergará el nuevo edificio cuyas salas se recorren “de abajo hacia arriba”: la primera dedicada a geografía y geología y la última, a astronomía.
“Podría decir que aquí se sintetiza el conjunto de las expresiones culturales, naturales y también sociales que reflejan a la región, a sus provincias y comunas. Expandimos la oferta para tener un museo también de geología, geografía, paleontología; además hemos ido agregando cosas del presente para compilar una historia más larga, porque pensamos que las colecciones tienen que estar al servicio de las comunidades”, explica Guillermo Cortés, director del museo regional desde 2009.

Las 5 mil piezas que se exhibían en la Casa Matta crecieron a más de 30 mil, pero a medida que aumentaba la colección fue quedando en evidencia lo que aún faltaba por incorporar: piezas etnográficas y antropológicas de los changos, diaguitas y collas, los pueblos originarios de la región. Estas hoy sí son parte del museo, luego de un trabajo participativo junto a comunidades, organizaciones y especialistas para lograr que el espacio refleje de manera integral la diversidad y heterogeneidad del patrimonio atacameño.
“Ha habido más de 200 entrevistas a especialistas en distintas materias y representantes de organizaciones y comunidades para el desarrollo del guión museográfico, y los equipos han realizado recorridos por el territorio para recolectar elementos que permitan ampliar la representatividad de las localidades”, señala Catisis Lobos, directora regional del Servicio de Patrimonio Cultural, quien además destaca un ejercicio inédito que finalizó recientemente: un proceso participativo junto a más de 30 lideresas de la región para decidir el nombre de la biblioteca patrimonial del nuevo museo.
Se llamará Biblioteca Delia Rojas Garcés de White, en honor a la escritora, dramaturga y ensayista feminista y copiapina, pero también en homenaje a la memoria y legado de las mujeres de la zona.
Nuevos espacios públicos
El color de los cerros que rodean Copiapó es similar a la tonalidad terracota del edificio y la luz rojiza de su interior -producida por un juego entre la iluminación indirecta que llega a través de celosías de arcilla y su reflejo en el hormigón pigmentado- busca imitar esa luz característica del norte de Chile. Así Max Núñez, arquitecto a cargo del diseño del nuevo edificio, buscó reflejar la geografía atacameña en la misma infraestructura del museo, el cual describe como “una grieta en el desierto”: es en esas fisuras donde se puede encontrar el agua y la sombra que hacen posible la supervivencia en el lugar más árido del mundo.
“La vida en el desierto se origina en sus quebradas que, gracias a su mayor nivel de sombra, son lugares de menor temperatura. El diseño para el museo buscó traducir estas cualidades geográficas, el edificio es un gran volumen monolítico de hormigón, interrumpido por distintos vacíos, espacios estrechos que emulan las quebradas nortinas generando nuevos espacios públicos”, señala el arquitecto.
La plaza central de acceso al museo es abierta a todo público, pero además se suman otras dependencias, como un auditorio y la cafetería. Se conforma así un primer piso que sirve como centro cultural, superando lo museográfico y entregando a la región no sólo un nuevo y espectacular edificio para el rescate y valor de su rico patrimonio, sino también espacios públicos de calidad para la ciudad.